Entradas

Mostrando entradas de abril, 2013
Le miré los labios mientras me abrazaba.
Si el cielo existía, él estaba haciendo una buena imitación de él.
Le abracé aún más fuerte, como reteniendo cada parte de él a mi lado. Desde su pecho el mundo parecía mejor, menos cruel, más estable. Su respiración acompasada marcaba la velocidad a la que mi corazón tenía que latir. Todo parecía fácil, todo era sencillo.

- Tú y yo.
- Por fin.
Bajó su mirada hasta posarla en mí, y se acercó lentamente para besarme.
- Tengo la sensación de que compensas todo lo malo que ha habido antes de ti, antes de tu aparición en mi vida.
- Exageras- afirmé temiendo a su respuesta. Me acarició los hombros desnudos con una suavidad que parecía estar calculada a la perfección. Temblé bajo el tacto de sus manos.
- No lo hago- su cara se tornó triste y miró el infinito en las paredes grises de mi habitación. Empezaba a hacer frío y me estreché aún más sobre su cuerpo.- A mí siempre me salían las cosas mal. No sé, me despertaba por las mañanas con la sensación de q…

RN.

Imagen
Ya no hay prisas. Caminamos despacio. Todo está por llegar, así que...¿para qué correr? No sé exactamente el momento en que temblé al primer roce de tus dedos en mi piel, no consigo recordar en qué milésima de segundo comenzó todo esto. No tengo ni idea, no sé qué día era en el que pensé por primera vez lo mucho que te echaba de menos. Y sin embargo, ahí estás. Las yemas de tus dedos paseando por mis mejillas y llegando a mis labios. Eres todo cuanto necesito ahora, y lo sé con tanta certeza que podría afirmarlo. Me abrazas y tus brazos abarcan ciudades enteras llenas de sueños. Y ahí está, la lista de sitios que nos queda por pisar cogidos de la mano, colgada en mi pared. Y ahí estoy yo, junto a ti, en mil fotos, la mayoría tontas, la mayoría sin sentido, la mayoría perfectas. Y me sobra hasta el aire, la piel, la atmósfera, me sobra el mar, me sobra esta ciudad, y los coches, las farolas, las personas, me sobra todo cuanto estás tú.
Y me meces en tus proyectos y cavas un túnel que lle…

Let me make you happy.

Perdimos los zapatos y anduvimos descalzos a través del tiempo.
Qué más da, el tiempo es solo tiempo.
Tiempo perdido, que no volverá.
Consumíamos el espacio a besos.
Qué más da, el espacio es solo espacio.
Donde no cabía más amor.
Éramos polos opuestos, como imanes que se atraían hasta impactar. Y creíamos que éramos fuertes, pero sabíamos que al separarnos, la propia inercia nos haría volvernos a juntar. Entonces, ¿dónde queda el miedo? Nosotros no dejábamos espacio para él.
No había espacio para él.
Nos saltamos las normas y creímos que hacíamos lo correcto a nadar a contracorriente. De hecho, el agua nos golpeaba con tal fuerza la cara que muchas veces nos planteamos el hecho de nadar en la dirección ''correcta''. Pero nos dimos cuenta de que lo correcto no es hacer lo que los demás quieren, no. Que quizá lo correcto era hacer aquello que queríamos hacer.
Y eso hicimos.
Apostamos.
Como solo un par de locos apuestan.
Dejándolo en manos del azar.
Y ganamos todas y cad…

Annie.

Barcelona lloraba, y mientras, Annie, veía por la ventana, distraída, cómo caía la noche. Se acurrucó en sus propios brazos, ingenua, creyendo que así conseguiría aislar el frío. Pero sabía que ese frío no lo calmaban las chaquetas, ni la calefacción. Que el frío que sentía se resguardaba en su alma y no tenía intención de irse. Ahogó un grito en silencio. Ella ya estaba acostumbrada a callarlo todo, así que no le extrañó confundir su voz con el susurro del viento golpeando fuertemente las ventanas. Arnau le habría dicho algo así como que esa bata le quedaba muy bien, aunque ella se viese feísima al mirarse en el espejo y darse cuenta de que se había amarrado el pelo en un moño y ya no llevaba una sonrisa pintada en la cara.
Se preguntaba a qué distancia estaría ahora Arnau. Se preguntaba hacia dónde irían las personas cuando dejan de respirar.
Tragó saliva y con ella, también tragó sus lágrimas. Sintió un escalofrío y se sentó en la cama, sin dejar de mirar la ventana. Tenía la esperan…

La excepción a todas esas reglas que una vez te partieron el corazón.

Imagen
- ¿Sabes lo que te da miedo, Noelia? Que yo no voy a hacerte daño. Que yo no soy ellos, que yo no me voy a ir.  Que yo te quiero. Y eso te acojona. Porque querer da miedo, pero que te quieran, da aún más miedo. Sabes que puedo hacerte reír, llorar, puedo hacerte temblar, estremecer. Y eso te da miedo, porque por primera vez no eres tú quien puede controlar tu vida, que alguien también influye en ti. Y eso te acojona, y lo que más miedo te da es que ni si quiera puedes salir corriendo. Porque no quieres, porque conmigo te sientes a salvo. ¿Y te confieso algo? Me da muchísimo miedo quererte, y que me quieras, aún más. Pero, ¿sabes qué? Cada vez que me miras el resto del mundo me da igual.
Tiró el cuchillo al suelo y sonrió.
- Ya está.
Pero no había acabado, no todavía. Jack cogió la espada y la lanzó al mar, y después observó el cuchillo.
- Alguien podría vernos por aquí.
- ¿Confías en mí?
- Sí.- No fue una afirmación, más bien lo dije en tono pregunta. Él se hizo el sordo y continuó caminando. No sabía dónde estábamos. - ¿Por aquí es por donde habíamos venido?
Se giró bruscamente y contempló mis pupilas prendidas en él.
- Creo que sí, no estoy seguro. De todos modos, aquí no podrían encontrarnos.
Estábamos cubierto por una especie de cueva, un gran refugio, donde se mantenía el calor. Menos mal, porque el frío había empezado a calar mis huesos.
- ¿Estás bien?- dijo de repente. Le miré, serena, y no articulé palabra, pero asentí con la cabeza.- Yo tengo miedo también, Ayla, pero no nos quedaba otra opción.
Sonreí triste, y con la mirada melancólica miré a nuestro al rededor.¿ Cómo coño habíamos llegado hasta allí?
- ¿Recuerdas eso que te conté sobre lo que me decían m…

Tus ojos nunca mienten.

Elaan se sentó con las piernas cruzadas y miraba el mar.
- Estás realmente loca.
Sonreí. Estaba guapo así, tan inocente, con esa mirada que atravesaba océanos de experiencia con tan solo diecisiete años.  - No es una novedad.- le contesté segura de mí misma y sonrió ampliamente. Me miró a los ojos después de echarle un último vistazo al mar.  - ¿Sabes? Siempre oía hablar a la gente de que por amor se hacen locuras y no sabía de qué hablaban hasta que te conocí. Nunca había hecho algo así. - ¿Trepar hasta llegar a la zona más alta del muro? - No, me refería a ti. A nosotros. Nunca he llegado tan lejos, nunca me he saltado tantas normas, nunca he roto tantos esquemas, nunca había dejado atrás mis objetivos por nadie...Pero tienes algo que nadie más tiene y eso me ata. Le miré curiosa.  - Por amor se hacen grandes locuras- le miré a los ojos y después miré el mar, tan infinitamente tranquilo que parecía estar sacado de una película. Algunos habrían visto aquello como un momento romántico…
Bésame hasta que deje de existir. Quiero consumirme si el que va a gastar mi piel, eres tú. Bórrame las huellas dactilares, no las necesito. Quiero que traces una ruta imaginaria con tu boca, que cruce todo el universo hasta llegar a mis besos. Quédate esta noche, y demostrémosle al fuego que quien juega con él no siempre se quema. Que el destino nos llamará pero nosotros no le cogeremos el teléfono. Quédate conmigo y dime que me quieres mirándome a los ojos, como si no lo hubieras hecho jamás antes, y así suene como la primera vez que lo dijiste. Exijo una orden de acercamiento, que no deje que nuestras pieles se separen ni dos centímetros. Quiero perderme y encontrarme solo en ti, que tu piel deje cicatriz. Que inscribas tu nombre en mi espalda para así no olvidar  jamás el paso de tus manos por mi cuerpo. Quiero que le demos la espalda al mundo y solo alcancemos a ver nuestros ojos. Quiero que me mires como si fuera la última vez que pudieras mirarme, que examines cada poro de mi p…

Dieciocho razones para sonreír.

Imagen
¿Cómo es posible que teniendo solo dieciocho años sea tan grande?
A veces, el destino, la casualidad, o si hay algo ahí arriba, en el cielo, ponen en tus manos a personas que pensaste que jamás podrías llegar a alcanzar.
Hoy el mejor chico del mundo cumple dieciocho años. Cuando le conocí, él apenas tenía catorce años, y sin duda, éramos un par de críos todavía.
Años después, el hecho dehabérmelo cruzado me ha enseñado muchas cosas. He aprendido a querer, a aceptar, a asumir, a rozar con la yema de los dedos cada pequeño milímetro de su piel. He aprendido incluso a pasarlo mal, en momentos de debilidad, en momentos en los que estuvimos alejados, separados. He aprendido con él a saborear cada momento, a hacer de un beso algo interminable. Ha sido el primero al que le he dejado conocerme, con el que he reído, sin miedo a lo que pudiera pensar de mí. Con el que he podido ser yo. El primero al que he dejado que sus manos pasearan por mi cuerpo, el primero al que le he dado la oportunid…

En mi vida hay un hueco hecho a tu medida.

Imagen
Esas paredes gritarán nuestros nombres para siempre. Aunque el tiempo vuele y las agujas resbalen, aunque los minutos rueden por nuestras manos.
Ahora cada centímetro lleva escrita nuestra historia. Si hay algo que la memoria no es capaz de borrar, eso son los instantes perfectos. Y es que hay recuerdos que merecen futuro. Tus besos, por ejemplo. Los haría presente permanente y los guardaría para siempre. Como en una caja, que cuando la abrieras, pudiera desatar esa sensación de la calidez de tu boca pegada a la mía. Tan simple como respirar tu aire y que tú pruebes el mío. Seremos el futuro hecho recuerdo, para siempre. Y nuestros cuerpos avanzarán con el tiempo, pero tú y yo ahora estamos encerrados en ese reloj, congelados en el minuto exacto, semiperfecto. Podemos pasarnos la vida con los ojos cerrados y el corazón en un puño. Da igual, no me podría cansar nunca de esa sensación de volar con cada roce de labios.Así que si quieres quedarte para siempre, en mi hombro hay un hueco pa…

Quién si no era ella.

Ella me miraba y me perdía en el vaivén de sus palabras. Tenía la capacidad de transformar en humo todos mis problemas. ¿Cómo podía venir con su sonrisa, tan simple, sencilla, enorme y cambiarme los días? Destrozó los esquemas. Los partió, uno a uno, desafiando al mundo con sus botas viejas y su manera de ver la vida al revés. Hacía bromas que nadie entendía, pero su risa era tan contagiosa que no podías evitar reír. A su lado los días grises podían llegar a estar llenos de magia, y cada gota le daba sentido a los pasos que marcaban las aceras dormidas de esa ciudad que llegó a llevar su nombre. Su mano era frágil, fina, pero me daba las fuerzas que necesitaba en los momentos precisos. No habría cambiado su voz por nada en el mundo. No había escuchado algo que me tranquilizara más que esa sinfonía dormida en sus palabras. Creía que vivía en un cuento de hadas, y escribiendo se aislaba del mundo. Como si ella fuera más grande, pero más pequeña. Como si pudiera hacer el mundo a su medid…

Culpable.

Imagen
Seré culpable de aprender a caricias las coordenadas de tu cuerpo. De no necesitar de mapas para encontrar tus debilidades. Seré culpable de acariciar el cielo al filo de tus labios, de encontrarme si me pierdo en ti. De eso seré culpable, de nada más. Seré culpable de escribir sobre tus labios, y de querer imitar en letras la calidez de tus miradas. Seré culpable de no hacerte justicia con mis palabras al hablar de lo que me encanta tenerte. Seré culpable de haberme hecho adicta a tus 'Bona nit' y haberme hecho fan de las caricias del alma. Pero jamás podrán culparme por no haber cuidado de ti, de haber besado tus lágrimas. Jamás podrán culparme del dolor o de la magia negra del destino si por desgracia un día lograra alejarte. Lo único de lo que soy culpable es de no haberte comido a besos en cada esquina a cada segundo, de haber perdido el tiempo mirando al cielo si tus ojos decían mucho más que las estrellas. Pero jamás culpable por no haber agarrado tu mano con fuerza y h…

Pensé que lo único que querías era acabar conmigo.

Imagen
- ¿Hay alguna razón coherente que explique por qué no me mataste cuando tuviste la oportunidad?
Helena se revolvió nerviosa, en la silla. Le miró directamente a los ojos. ¿Cómo le explicaba ella que ellos se habían conocido mucho antes? Quizá hace cuatro vidas, quizá seis. Él no la recordaba y sin embargo, a ella le latía el corazón desenfrenadamente si su mirada de hielo la atravesaba.
- Ya te lo dije. Tenía miedo. - ¿Miedo tú?- rió y se retorció, también, haciendo una mueca de dolor.- Cualquiera de los tuyos no habría dudado en matarme si hubiera tenido la oportunidad. Helena, estaba atado. Podrías haberlo hecho y después largarte. ¿Es una manera de castigarme? ¿De castigarte? - Me duele que no lo recuerdes. Esa frase retumbó por todo el edificio. Le dolió tanto a ella, como a él, que la escuchaba atento, ahora con los brazos cruzados. - Así que es eso.
Helena le miró interrogante. - ¿Piensas que eres la única que recuerda las cosas cuando vive de nuevo?- él la desafió con la mirada.- Te re…

Mi héroe.

Imagen
Que te reías de las mil manías que suponía quererme. Y que te gustaba que los días a mi lado fueran menos cálidos que los días en los que no me veías. Que abusabas del poder de tu sonrisa para convencerme y hacerme saltar por esas rocas que me daban tanto miedo. Y que jugabas a cogerme por las caderas y alzarme, y yo volaba al son de tu risa. Que cualquier estación era bonita si la decorábamos sentándonos en los bancos, esperando el tren correcto, o qué más da, también el equivocado. Que nos recorrimos las calles de noche, y nosotros les dábamos luz a esa oscuridad que se adentraba en las aceras que pisábamos, por las que a veces, cuando pasábamos, me atraías hasta ti para rodearme con tus brazos, como protegiéndome del mundo entero. Y tenías la capacidad de protegerme hasta de mí misma. Y eso no lo puede hacer cualquiera. Entrabas en mi mundo distorsionándolo todo, y a veces, aun viendo borroso, me aferraba a ti, creyendo todas esas palabras. Parecía fácil, hablabas de cualquier cosa…

Me haces sentir.

-     -  Me haces sentir que no voy a querer conocer besos de otros labios nunca más.
Le miré en silencio, quedando prendida de su sonrisa. A veces, cuando me decía cosas bonitas, dudaba en si tomármelo en serio. Pero sus ojos se clavaban con tanta fuerza en mí, que me era imposible imaginar que estuviera mintiendo.  Miré al cielo. Parecía infinito, encima de nosotros. Acechando a nuestros cuerpos, brillando por encima de todo, almacenando cada pequeña estrella.
 - Yo tampoco soy capaz de imaginarme besando los labios de alguien que no seas tú.-dije sin mirarle. Noté su sonrisa desde el otro lado, y apretó aún más sus brazos, estrechándome hacia él.    - No había tenido nunca antes la sensación de paz que tengo cuando te abrazo, te lo juro. - sonreí. Me gustaba cuando me decía que le hacía feliz. Porque verle feliz era de las cosas que más me importaban en la vida. Me giré para mirarle a los ojos.               - ¿Quién nos lo iba a decir a nosotros, eh
   -  Quién nos lo iba a decir…- r…

Me salvas.

Vienes y me salvas. Como si hubieras nacido para ello, me sujetas con tus manos y el universo se hace más soportable. Eres mi ángel guardián. Eres quien mece mis palabras y le da sentido a ésto que me pasa. Aunque esté hundida, tú sabes cómo sacarme a flote. Y las milésimas de segundo en las que reímos juntos se vuelven mágicas. Consigues que aunque no vea el camino sienta ganas de avanzar hacia adelante. Te transformas en algo tan imperceptible al ojo humano que solo puedo sentirte. Y me basta con oírte latir aquí, en mí. Haces que los jueves, que odio, se vuelvan más fáciles. Haces con tus besos instantes dignos de ser recordados. Me salvas del naufragio, y estás ahí, a mi lado, sujetando mis sueños. Convenciéndome a besos. Inventándote bromas. Diciéndome cosas que nadie me había dicho nunca mirándome a los ojos. Lo haces todo tan fácil que mi corazón se balancea en tus pupilas. Y le agradezco al destino que seas tú quien se haya cruzado en mi camino. ¿Sabes? Yo también me he encont…

2·6= XII

No nos conocimos románticamente, ni nos gustamos al vernos. No fue una historia de amor como las de cine, ni tampoco un amor imposible como el de esos libros que adoro leer.
Cuando yo le conocí era una cría, y supongo que él también todavía era un crío.
Pero hubo algo, algo parecido al destino, algo que lo cruzó años después en mi vida. ¿Vosotros no creéis en eso de que a veces estamos destinados a conocer personas que se cruzan en nuestra vida en el momento equivocado? Aquel no fue nuestro momento. Pero éste, éste sí.
He mirado miles de ojos antes, pero ningunos me han transmitido tanto como los suyos. Hasta tal punto que a veces sobran las palabras al verle. ¿No habéis tenido nunca la sensación de que al coger a alguien de la mano te sientes segura? Como si el mundo cambiara a nivel fácil. Como si todo se convirtiera en algo mejor. A veces solo necesitas que alguien crea en ti para que tú mismo puedas empezar a creer también. Él me da ese punto de cordura, esa razón en mi corazón, esa …
Su sonrisa no tiene precio, y él, sin más, me la regala.
¿Qué ha visto en mí?
Que es capaz de bajarme el cielo en un beso, y hacer de lo difícil algo tan sencillo como  respirar. 

Te hundes.

Te siento, a veces, tan lejana. Me da miedo, te sumerges y te hundes, y yo no tengo el valor de sacarte a flote. Temo a hundirme si no consigo rescatarte. Te podría salvar mil veces, y arriesgar, sacrificar muchísimas cosas, como he hecho demasiadas veces. Y aunque tú no te des cuenta, siempre he caminado a tu lado, callada incluso intentando comprender tu silencio. Dándote palabras aunque no las quisieras escuchar, o no las necesitaras. He dado lo mejor de mí contigo, y aunque tuviera un mal día, mil problemas e incluso estuviera enfadada contigo, jamás te he dedicado una palabra distante, fría.  Es por eso que a veces se cansan mis brazos de luchar por ti, por ambas. A veces necesito que seas tú quien tire de ésto, quien cargue conmigo sobre las espaldas. Necesito sentir que me sujetará tu mano cuando me pierda y me encontrarás. Necesito que tenga sentido para ti también la palabra mejor amiga, que siga latente y que por mucha distancia que nos separe a veces, todo volverá a ser lo …

Da miedo no tenerle miedo a nada.

Imagen
Me habría pasado horas mirándote.
No había sol, tampoco era necesario para verte brillar. Tu piel hablaba de ti tanto como tus ojos.
Pero no podía ver tu mirada, porque los tenías cerrados.
¿Alguien sabe cómo se guardan los instantes para hacerlos eternos?
Aquel fue digno de guardarlo para siempre. Una sonrisa en tu rostro, que surgía, como si nada, tras el tacto de mi piel. Me sentí tan parte de ti, que por un momento, pensé que éramos la misma persona.
¿Has tenido alguna vez la sensación de que te sobraría el aire? ¿De que podrías existir a base de besos? ¿De que el mundo dejaría de girar por un instante y frenaría, justo bajo tus pies? De volar. Me habría pasado horas y horas a tu lado, sin hacer absolutamente nada. Porque hacer nada contigo era mucho más que hacerlo todo con cualquier persona. 
Tus brazos en mi cintura, tus labios en mi piel. ¿Se puede pedir más?
Tener la seguridad de ya no tener miedo de nada. De vivir de sueños, de contemplar momentos, de lograr imaginar cualquier insta…

La vida es corta.

Imagen
Una vez alguien me dijo que la vida era corta. ¿Y sabéis? Me reí. ¿Quién va a pensar, con diez años, que la vida es corta? Con diez años piensas en el futuro como algo infinito. Pero lo cierto es que la vida es corta. Crecemos a la velocidad de la luz, y cada curso se hace casi más corto. Pretendemos volar cuando aún no nos han crecido las alas, sin darnos cuenta de lo precioso que es observar cada día como te han crecido un poco más. Y no vemos que no podemos alzar el vuelo hasta que no las tengamos. Eso sí, cuando tenemos ya un par de alas, pretendemos ser expertos surcando los cielos, como si las alas hubieran sido parte de nosotros siempre. No tenemos la paciencia de que el tiempo y el viento estén a nuestro favor y poco a poco aprendamos a volar. Queremos que todo llegue sin darnos cuenta de que mientras luchamos por ir a contracorriente, nos estamos perdiendo lo que verdaderamente importa, que es cada pequeño detalle. 
Y ahora digo yo, es cierto que con diecisiete años miras hac…

Echándose de menos.

Hundió la cara entre sus manos y después alzó la vista al cielo. Había empezado a llover, pero a ella esas cosas jamás le habían molestado. No le importaba empaparse porque pensó que con la lluvia, sus lágrimas podrían esconderse detrás de cada gota. Ana miró a su al rededor, pero no vio a nadie más que a sí misma. Pensó en gritar, pensó que así el dolor se haría más tangible. Gritó en silencio, ella siempre había hecho las cosas sin que nadie se percatase de nada.
Le vio a lo lejos, primero se le aceleró el corazón, y sintió como su vida, atropelladamente, se acercaba a ella hasta el punto de llevársela por delante. Sintió como el esfuerzo que había hecho construyendo un castillo del olvido se desmoronaba en un segundo. Y no era solo la lluvia la causante de ello. Él estaba a tan pocos metros que podía distinguir perfectamente su peca en la mejilla derecha, su hoyuelo prolongado, la separación de sus dientes al sonreír. Lo veía con tanta claridad que por un segundo se le olvidó que ll…

Ve en mí lo que yo no he sido capaz de ver nunca.

Me miraba en el espejo y sentía que jamás nadie podría quererme.
Odiaba muchas cosas de mí, tantas, que un día dejé de contarlas.
Odiaba desde mis piernas hasta mi nariz, y nunca encontré nada que a alguien pudiera atraer. Pero, ¿qué sucede cuando alguien te dice que le gustas tal como eres?
Nunca he sabido qué decir, qué hacer, porque nunca he sido capaz de quererme.
Lo único que tengo claro cada vez que me dice todo eso, es que le quiero. Le quiero porque es capaz de ver en mí lo que yo nunca veo, y es capaz de bajar el cielo sin apenas alzar los abrazos. ¿Dónde está la línea que separa lo eterno de lo efímero? ¿Lo real de lo imaginario? ¿La perfección de la imperfección? Jamás lo supe. Lo único que tenía claro es que reinaba una seguridad enorme en mí cada vez que sus manos me sujetaban, como queriéndome acercar a él, tanto, que nuestros labios pudieran fusionarse. Lo único que sabía es que me daba igual cómo me pudiera ver yo en el espejo, lo único que me importaba era qué imperfeccio…

La iba a echar tanto de menos.

Y él la miraba sabiendo que sería la última vez que pudiera verla. Aun así, no perdía su sonrisa. Tan brillante y resplandeciente como siempre, pensó. Quiso atraparla, en un instante perfecto, y convertirla en suya. Para así no tener que decir adiós, pero sabía que ella se marcharía, lo sabía des del principio. Se permitió el lujo de rozar sus labios, quién sabe, quizá por última vez y se limitó a susurrar palabras, frases, tal vez, inteligibles para el resto del mundo, pero que ellos dos conocían muy bien. Pensó en decirle lo mucho que la echaría de menos, pero en vez de eso, se quedó mirándola en silencio. Quería recordarla así, tumbada, al otro lado de la cama, con el pelo revuelto, los ojos cansados y las manos rozando su pecho. Quería que su tacto se hiciera intransferible, permanente, en su piel. La quiso retener, sin embargo, tampoco lo hizo.
La miró alejándose por el recibidor, caminando, tan deprisa como una brisa suave de aire. De esas brisas que entran en verano por la venta…
No te lo puedo explicar con palabras, quizá con un beso bastaría.
A veces siento miedo, pero otras, tengo la seguridad de que cada paso merece la pena.
Es como si algo me dijese que esta vez todo va a salir bien. Como si viviera convencida de que tus labios son ya parte de mí. Lo haces todo tan sencillo que acojona la idea de prescindir de aire para respirar si estoy a tu lado.
Acojona la idea de poder refugiarme en tus brazos y no sentir miedo. Acojona que tus ojos me acorralen y sean capaces de ver todo lo que yo no veo en mí. Acojona sonreír tanto, y ser feliz. Pero los miedos se escapan cuando tus labios me encuentran. Y yo juego a andar perdida, para ver si me buscas. Para que me encuentres y ya no me dejes escapar.
No podría explicar la sensación que tengo de estar a miles de kilómetros del universo con cada uno de los besos...

Miedos.

Imagen
Todo el mundo tiene miedo. Miedo al fracaso, miedo a que el éxito les gire la mirada. Miedo a decidir y fallar, a escoger y después darse cuenta de que han elegido la opción equivocada. De no superar obstáculos, de cruzar a nado un océano y ahogarse. Todos tenemos miedo. Miedo a que las personas que hoy nos abrazan mañana nos den la espalda, miedo a avanzar y después retroceder. Miedo al futuro, al mañana, al qué dirán, a las promesas que se rompen,a los deseos que no se cumplen. Miedo a cambiar, a evolucionar, a sentir, incluso a cogerle cariño a alguien. Miedo al amor, miedo a sufrir, a llorar, a romper fotos, a desvanecerse, a refugiarse en la lluvia. Miedo a que todo lo que tenemos se vaya, miedo a adaptarse, miedo a sonreír con el alma rota.
Todos tenemos miedo a ser felices porque sabemos que de la misma manera que llega, un día, viene, y algo o alguien la derrumba. Porque sabemos que aunque dibujemos en la arena una ola podría venir en cualquier momento y arrasar con lo que se e…