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Mostrando entradas de febrero, 2016

Angustia.

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Me abrazo a la eternidad. Entonces de repente saludo a mis miedos. Me arden las mejillas.
Silencio.
Caigo en picado, rápido, más rápido incluso que lo que habría esperado.
Me golpeo fuertemente contra el suelo y se me parte el alma en mil trozos. De estar viva me habría dolido demasiado. Suerte que las cicatrices del pasado están ahí para abrirme las heridas.
Empiezo a temblar como si fuera una niña asustada.
Jamás había sentido tanto miedo. En el pecho retumban los ecos de un adiós. Me veo en la estación de un pasado, esquivando a un futuro, evitando un presente. Sin saber dónde dejar el equipaje.
Recupero la conciencia. Maldito momento de realidad. Me levanto.
Me sacudo los hombros y de mi piel caen virutas de polvo de estrella.
Comienza a arder cada parte de mi ser que me pide irme lejos.
Ahora estoy anclada.
Hay gritos, la gente alza la voz, el silencio me pide tregua. No se la doy. Y grito. Grito mucho, me quedo afónica, la angustia me recorre el estómago hasta desembocar en mi …

No pretendáis entender estos versos.

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Intento acercarme, absurdo y patético intento de alargar el brazo. Después de tantos años aún no he aprendido que hay caricias que jamás serán respondidas. Retrocedo. Paso ilógico. Vivo de esto, de que me sangren los dedos porque me paso escribiendo. Humillación. Yo ante mí, frustrada, acariciándome los nudillos, con una esperanza ilógica que me nace de la espalda y muere en los recuerdos. Niña indefensa, acorralada; la esquina de mi cuarto me acoge como el que espera ansioso un viernes, como si yo fuera el fin de semana que le alivia su soledad. Mi cuerpo es un paño de agua caliente en medio de un desierto.  Ya no sé quién soy. Ya no sé quién me necesita. Ya no sé mentir. Ya no sé fingir que todo está bien.


¿Alguien va a escuchar mis gritos?
Todos se han callado. Mis gemidos traspasan cualquier pared, cualquier ciudad. Ahora parezco estar sola ante la vida, que me hace los coros. Llanto seco acumulado en la garganta. Cuántos pasos más harán falta. Arañazos en las sienes.  Rojez en el pecho. El a…
Mi abuela me secó las lágrimas y me agarró firmemente de la barbilla.
La miré con los ojos empañados.
- No llores, no vale la pena...
- Fui tonta, muy tonta... Por darlo todo, hasta el final. Le llegué a querer más que a mí misma hasta el punto de no ver que me sangrarían todas las heridas.
- ¿Te arrepientes de haberlo dado todo?
- Sí- no dudé ni un segundo.
-Pues...-tragó saliva y me miró pensativa. Tres segundos después prosiguió- Creo que te equivocas. Lo diste todo porque tu forma de amar es esa, dándolo todo. Él fue el que te abandonó, sí, pero el día en que vuelvas a amar se te habrá olvidado todo lo que pasaste, o no, pero inevitablemente volverás a darlo todo otra vez. Él quedará en el olvido. ¿Y sabes qué le pasará? Que te recordará cada vez que alguien le falle, porque luchaste por él hasta el final.
Intento explicarte lo que siento y no me sale decir tan bajito lo que mi pecho grita.
que incluso sin conocerte tanto sentiría conocerte como nunca a nadie,
que me tiembla el pecho cuando pronuncias mi nombre y se me olvidan las señales
malas, de peligro, de stop que otros dejaron al marcharse.
Que se me olvidaron las advertencias sobre el amor cuando de bailar pegada a tu culo se trataba
que soy mía pero soy más tuya que de nadie.
Que le has dado la vuelta a la suerte
y ya no me importa que no me toque la lotería
no quiero ni un céntimo que no pueda gastarme a tu lado.

Y eso entiendo por amor
eso entiendo por sentir
eso es lo que siento.
Me lo has preguntado y aquí tienes la respuesta:
Estoy jodida y afortunadamente enamorada de ti
y acabo de mandar a la mierda a todo orgullo que pretendiera cruzarse
en nuestras vidas.

Acabo de desnudarme delante de tu vida, que me mira afilada y de frente
y no me asusta que puedas romperme,
me asusta que no quiera marcharme nunca
por si un día eres …