jueves, 28 de febrero de 2019



Me gustaría no haber perdido ninguna batalla jamás, porque así no me daría miedo saltar, amar o luchar. Me gustaría no haberte perdido nunca, porque ahora podrías confiar en mí. Me gustaría no habernos dicho adiós jamás, porque de ese modo, te podrías quedar. Me gustaría no haberte hecho daño nunca, porque así, quizás, no le tendrías tanto miedo a las alturas.

domingo, 24 de febrero de 2019

Noelia nunca se habría dejado vencer.




Me pregunto si algún día dejaré de sentir que nada está en mis manos. Amanezco entre sombras y horas sin sueño, me consuelo diciéndome que todo saldrá bien, pero ¿alguna vez tuve razón? He destruido menos veces de las que me destruyeron, y aun así, la culpa me hace caminar lenta. Me siento culpable de todo, me siento culpable cuando los ojos incrédulos de las personas me señalan cuando cuento alguna mala historia que dejé que me pasara por encima. No pueden admitirlo, pero me consideran estúpida. ¿Cómo alguien aguanta algo así? Yo también me lo he preguntado muchas veces. No me reconozco en la persona que he sido ni en la coraza que me he construido y aún llevo a cuestas. ¿Creéis que es el pasado el mismo que me encadena y me impide creer en algo? Me cuesta muchísimo creerme las cosas buenas que me suceden, espero siempre la puñalada, la despedida. No es culpa de nadie, es mi culpa. Yo permití que me estrujaran el alma, que me anularan, que acabaran con la mejor versión de mí. A veces lloro recordándome, porque revivo momentos tensos en los que tuve pensamientos muy oscuros, que me llevaban a dejarlo todo y marcharme lejos. Son años de mi vida que ansiaría borrar, con muchísima fuerza, hacer como si no hubieran existido. Pero mis heridas, mis cicatrices lilas, me recuerdan que fueron ciertos todos esos instantes en los que deseé cerrar los ojos y desaparecer. Días pesados con clases infinitas, rutina aplastante que me consumió, por estar acompañada de la mano que iba encargándose de derruir todo lo que yo construía. Creí que no valía para nada, que ni la música ni la escritura me reconfortarían. Estoy muy avergonzada por todo, me da vértigo admitir que comparto ADN con aquella chica que lloraba apretando su cara contra la almohada, por las noches, para no dejar que nadie escuchara sus sollozos. Que soy aquella que se cambiaba de ropa, que se ponía unos pantalones ante el miedo y la prohibición, dejando en el armario su falda favorita. Me da pánico admitir que soy yo la que inventaba excusas para no asistir allí donde sabía que podría haber conflicto si iba acompañada de mis cadenas. Me da miedo estar a la defensiva, haberme vuelto gélida. ¿Por qué perdí meses y meses, años y años, luchando por salvarme? ¿Luchando por no ahogarme? Si no me soltaba las cadenas, ¿cómo iba a llegar a la superficie?
Ahora respiro, pero admito que le he cogido miedo a todo. Y esa es la mayor putada, el peor legado que podrían haberme dejado. Si yo nunca le temía a nada, si yo iba a por todas, si yo era consciente de que podría luchar y conseguir lo que me propusiera. ¿Por qué me da miedo amar? ¿Por qué me freno? ¿Por qué ahora que soy libre no vuelo alto? ¿Por qué no soy capaz de pronunciar un te quiero? ¿Me da miedo que me abandonen? ¿Me da miedo ser la que era antes? ¿Le temo a mi pasado o a mí misma? 



Estoy preparada para muchas cosas, pero voy a necesitar que me lleven de la mano al principio. No necesito ser salvada, me supe salvar yo sola, aunque fuese tarde. Solo necesito que crean en mí y que me vuelvan a querer, supongo que a esa Noelia que intento volver a ser. O a esa Noelia que aún cree en historias verdaderas. Me acojona coleccionar heridas nuevas, pero también sé que si no me atrevo a decir lo que siento, que si no vivo lo que quiero vivir, me arrepentiré durante el resto de mi vida. No le puedo tener miedo a esto, porque aunque lo tenga, Noelia nunca se habría dejado vencer por él. 

miércoles, 20 de febrero de 2019



Es el aleteo intrépido de un pájaro rozando cristales rotos, el simple y siniestro sentimiento de ya no sentirme apagada, el ligero zumbido de esperanza que insiste en habitar mi alma, las palabras que no pronuncio por miedo a que las entiendas, o mi tristeza que imagina que no las entenderás nunca.
Puede que sea tu aire despreocupado o tus finos labios los que azotan mi ilusión truncada, o sea el gélido abrazo de esos inviernos fríos que pasé sin ti, puede que sea mi yo más egoísta el que te empuja a la aventura de mirarnos y consumirnos, o puede que sea mi lado más altruista el que jamás intente retenerte. Quizás es mi mente la que vuela sobre horizontes inexistentes, o son mis manos las que te piden explicaciones. Tal vez mi risa interrogante, tus bromas expectantes. ¿De qué hablo cuando hablo de nosotros si no sé si hay nosotros? ¿O qué somos cuando existimos, cálidos, entre sábanas y torpeza? ¿Qué te empuja a escribirme algunas noches o qué me empuja a proponerte que nos comamos el mundo? ¿Soy una ilusa más en este universo finito y mortal? Quizás para tus ojos no haya grandeza más allá de esta realidad intensa, mientras yo te veo sacudiendo todos mis demonios, recogiendo esas partes de mí que destrocé un día cuando me enfadé conmigo. Es como subirme en un tren que he cogido muchas veces antes, es saberme las paradas de memoria y sorprenderme aún al pasar por el atardecer más apacible. ¿Quién eres tú? ¿Y por qué estás aquí? ¿Por qué no sales corriendo? ¿Quién soy yo? ¿Por qué me he detenido aquí? ¿Por qué no he salido corriendo? Si llevo años huyendo de mí y de esto, porque sentía que alejándome de mi propio oxígeno nunca más nada podría dolerme. Y de nuevo me hallo aquí, demoliendo el muro que yo misma construí. Me vuelvo vulnerable, pequeña y me expongo de nuevo. Siempre a pecho descubierto, siempre mostrándolo todo, siempre entera. Nunca entendí de grises, tú lo sabías bien. Por eso me planté delante de ti con toda la magia en los bolsillos, sin dejarme nada en la recámara, sin chalecos de repuesto. Si me hundo, me hundiré con todo, como siempre. No sé sentir de otra manera, no puedo mirarte a medias, morderte a medias, besarte a medias. No me sale entregarte una mitad cuando cada parte de mí es la que te ríe. Y lo siento si es estúpido por mi parte pedirnos imposibles. 


Sigo siendo la misma tonta, la de siempre. Y no sabes qué rabia me da saber que no he cambiado siquiera un poquito. Que la fortaleza se me escapa cuando de sentir se trata, y que todo el hierro que creí invertir en mi armadura, no era más que polvo. Ojalá ser de esas personas a las que no se les nota en los ojos la alegría, la tristeza o el amor. Sería mucho más fácil. 

viernes, 15 de febrero de 2019



Feliz San Valentín. No te lo he dicho porque ni siquiera sé si tendría derecho a hacerlo, o si pensarías que estoy loca. Supongo que a veces las cosas no son tan sencillas como uno quisiera. 
Soy tan tonta, que ese vídeo me ha hecho llorar. Y qué más da, si sigo siendo cobarde. 

miércoles, 13 de febrero de 2019

Noches





En esta noche preciosa, mientras me escondo tras las mantas de esta cama, en un antiguo pero acogedor hotel, escribo. Como anoche, como siempre. Es curioso, pero cuando estamos lejos de casa es realmente cuando miramos con perspectiva lo que somos, lo que queremos, lo que tenemos, cómo vivimos. Vemos quién se preocupa por nosotros, quien, en la distancia, se enfría, o por el contrario, quiénes se acercan. Si nos echan de menos, si nos echaban de más hasta que nos fuimos. Aunque sean unos días, aunque sean solo 72 horas, pese a que el mundo siga girando exactamente igual. Me gusta lo que estoy estudiando, ahora trabajo en algo que no me supone un esfuerzo grande y gano lo que necesito para seguir viviendo lo que me apetezca con quienes me apetezca. Tengo unos padres que son abrigo en invierno y aire en verano. Tengo amigos increíbles, sobre todo la que duerme a un metro de mi cama ahora mismo. Y después está él. Nunca sé explicarle a nadie qué somos porque ni siquiera nosotros lo hemos decidido, pero somos, y eso es lo importante. No sé por cuánto tiempo estará, si se marchará ni si me quiere. Bueno, ya me entendéis. Hay muchas cosas que aún no he resuelto y es cierto que a veces pienso fríamente en el futuro y me da miedo; el no saber quién soy aún ni a qué quiero dedicarme, el no tener claro un camino, el no saber si cambiaré tras los años y los daños. Visto desde aquí, sabiendo que mañana todo volverá a la cotidiana realidad, es increíble lo mucho que puede cambiar todo y lo poco que nos parecemos a aquello que fuimos cuando aún éramos más jóvenes. Nos da miedo el futuro porque creemos que se nos echa encima, pero en realidad no existe, ni existirá hasta que no sea presente. Entonces, ¿a qué le tememos? ¿A que nos abandonen? ¿A que nos hagan daño? ¿A no sobrevivir? ¿A ser juzgados? ¿A qué le tememos? Si no somos más que aire materializado, si nos creemos invencibles y somos vulnerables, si no existen superhéroes que vengan a salvarnos y siempre fracasamos cuando intentamos ser uno. 

Le temo a todo y a la vez a nada, me aprieta la duda y a la vez quiero sentir indiferencia, dejarla K.O. Espero sin saber qué, y deseo sin yo demostrarlo. Soy sincera conmigo misma hasta que me cruzo con los espejos. Entonces les digo que está todo muy claro y que las dudas son para los cobardes, cuando yo estoy muerta de miedo. 

lunes, 11 de febrero de 2019

Algún día


Quizás es mi mente perversa y retorcida la que me empuja al vacío, a no ilusionarme. Tal vez mis heridas me enseñaron más de lo que creo y ahora camino mirando bien lo que piso. Fingiré que nada duele si algún día duele, porque ha sido la única forma que tuve siempre de evadirme y hacerles creer a todos que yo misma me valía para seguir hacia adelante. Si me preguntan por qué me siento así, sin duda les diré que no es por miedo, aunque por dentro esté temblando. Solo le he dejado el privilegio de saberlo a cada letra que tecleo, porque a ellas les da igual que esté a kilómetros de casa y las necesite para explicar cómo me siento. ¿Tan mala fui en otra vida? Yo también merezco verdad y este silencio que habita en sus pupilas es lo que me hace creer que no hay mariposas batiéndose en duelo por mi piel. Y sin mariposas luchando por mi risa no sé si sabré más reír. 
Algún día dejaré de engañarme y aceptaré la dura realidad. 



viernes, 8 de febrero de 2019

¿Es complicado?



No sé descifrarte ni escuchar lo que no dices -lo que está en tu cabecita, pequeña, loca- y entonces me quedo con aquello que veo en ti, aunque a veces no sepa apreciar el volumen exacto de tu risa. ¿Me miras con amor o es solo el cariño que se le tiene a alguien con quien has compartido demasiado? Puede que a veces piense que sí, que vas a quedarte, que en tus ojos hay ilusión, ganas, que soy para ti lo que tú eres para mí; otras, te miro silenciosa y espero el momento en que te alejes, suplicando, en silencio, que no llegue nunca. Mis miedos se han transformado en dudas, no sobre lo que siento, eso lo tengo muy claro (y qué mierda, tenerlo tan claro todo, siempre):mis dudas hablan sobre lo que sientes tú. En algunas ocasiones pareces estar dispuesto a surcar océanos infinitos para arrancarme una sonrisa; otras, siento que estás pensando en cómo salir corriendo. Sé que sería tan fácil como preguntártelo, pero hay respuestas que dan tanto miedo... ¿Sabes? A veces creo que esto no es para mí, que sería demasiado bonito para ser real que tú estuvieses sintiendo lo mismo, y es entonces cuando me resigno a pensar que algún día te veré marchar. Es en ese instante cuando revivo esa sensación melancólica de saber que no vas a quedarte con aquella chica a la que le rozabas la mano en clase, hace ya tantos años. Recuerdo aquellos días en los que escribía cómo me sentía, sentada en clase de CMC, ignorando las teorías sobre el universo que el profesor explicaba sin dejar espacio al silencio, escribiendo en un trozo de papel, en mi libreta; sintiéndote cerca. Recuerdo cómo después guardaba todos esos retales en mi carpeta rosa y blanca. Te recuerdo en sudadera, te recuerdo infinito, tranquilo y sonriente. ¿Cómo ibas a fijarte en la chica del clip en el pelo, la sudadera azul y la risa ahogada? Ahora soy la misma, solo que un poco diferente. Pero, ¿cómo vas a quedarte con la chica que aún no sabe si dedicarse a escribir o cantar?¿Cómo voy a ser yo si nunca he sido de las valientes? ¿Qué tengo yo que no tenga una chica cualquiera? Si ni siquiera soy buena jugando a nada, soy torpe y lloro con demasiada facilidad. Si no paro de componer canciones absurdas que hablan sobre cosas tan evidentes que me da vergüenza cantarlas, si aún guardo recibos, fotos y folletos que no volverán a tener utilidad jamás. ¿Cómo ibas a enamorarte de mí si ni siquiera fui capaz de ser valiente cuando nos alejamos? Si no hice más que tropezar, si no hice más que equivocarme, si elegí mal siempre, pretendiendo huir de todos, y sobre todo, de mí. ¿Cómo ibas a volver a mirar a unos ojos que un día te dieron la espalda? ¿Cómo vas a perdonarme que me diera la vuelta con esa facilidad y saliera corriendo? A veces siento que te hice mucho daño, y también que a ti se te olvida, porque solo recuerdas el que tú me hiciste. A fin de cuentas, creo que todos los errores que yo cometí contigo fueron mayores que los que tú cometiste. Tal vez ni siquiera te lo haya dicho nunca, porque, ¿cómo pedirte perdón por tanto? En ocasiones, me siento muy culpable por muchas de las cosas que sucedieron y me arrepiento más de lo que jamás podré confesar. Quizás esa culpa es una parte importante de mí que no me permite soñar al completo con un nosotros, porque realmente me hace pensar que tú nunca más estarías conmigo. ¿Qué somos? ¿Qué eres? ¿Qué soy? Me lo he preguntado y me lo han preguntado muchas veces. Cuando es una respuesta a los demás, es sencillo: Pues amigos, ¿qué vamos a ser?. Cuando es frente a uno mismo, la cosa se complica. No lo sé. Lo repito una y otra vez: no lo sé. ¿Debo saberlo? ¿Lo sabes? No lo sé.  ¿Por qué el ser humano necesita ponerle a todo un nombre? Quizás no sea el nombre lo que necesitemos, quizás sea la verdad. Tal vez las personas serían felices solo con saber qué siente la otra persona, porque la única invitada que siempre sobra es la duda. ¿Por qué no se va? ¿Por qué me pregunto qué sientes tras cada abrazo? 
No es tan complicado, ¿no? O quizás al ser nosotros, sí. Tal vez lo sea. ¿Por quién nos iban a tomar después de toda nuestra historia? ¿Te juzgarían? ¿Cómo va a estar con ella después de todo? Puede ser que todos comentaran sobre lo que desconocen, pero, ¿eso es lo que de verdad importa? No lo sé. 
Tal vez después de tanto, las cosas no sean tan fáciles como cuando nos sobraba respirar, en aquella playa de Ocata o bajo cualquier tarde soleada de verano. Cuando no sabíamos nada de lo mucho que íbamos a sufrir después. Quizás nos dé miedo ponerle una segunda parte a esa primera parte, que fue tan sublime, que parece que jamás la podríamos igualar. ¿De verdad lo crees? Yo siento que en cualquiera de nuestras versiones, en cualquier punto en el tiempo, seríamos inigualables. Pero a mí no me hagas caso, ya sabes que llevo por bandera cumplir misiones imposibles y que mataría por verte reír hasta que se te descosiera la sonrisa. Yo no soy objetiva con esto, y nunca lo seré. Por eso nunca podré hablarle de esto a nadie, ¿quién iba a entenderlo? Solo soy una irracional que se ha empeñado en hacer reír al ser más racionalmente loco del mundo. Y qué tontería, ¿no? ¿De verdad te quedarías? 
Con la de gente que tiene que haber allí afuera, dispuesta a conocerte. Y yo, aún, escribiéndote en noches rebeldes. Vas a pensar que estoy loca, y no estarías muy equivocado. No me sale ser de otra forma. He intentado contenerme, hacerme la dura, la interesante, decirte que nada me afecta, que soy de acero y que los años me han castigado tanto que ya no soy débil, pero tras cada intento comprenderás que hay un fracaso infinito. No soy esa chica fuerte que he querido aparentar, pero eso ya lo sabías de sobras. 
¿Te sigo dando miedo? Las alturas nunca fueron buenas, ¿no? Y yo subí demasiado alto. Ya sabes que hay pocas cosas a las que pueda temerle, no pensé que yéndonos tan alto iba a costar tanto mirar hacia abajo. Te prometí unas vistas preciosas, y espero no decepcionarte. ¿Querrás bajar conmigo algún día? No sé lo que hay debajo, solo puedo prometerte que no será malo. Lo que venga después, es una aventura. ¿Aún sigues queriendo vivir alguna conmigo? Pero, ¿qué estoy diciendo? ¿A quién hablo? ¿Por qué ibas a seguir leyendo estas estupideces que solo reflejan lo cobarde que soy? 












domingo, 3 de febrero de 2019


Esas luces apuntan directas a mí, hasta me ciegan. Barcelona está preciosa, y nadie se está dando cuenta. A veces me siento diminuta, gélida, rara, intrépidamente escéptica ante todo esto. Me abruman tantas cosas que no sé por dónde empezar. Creo que lo que más me jode de todo esto es ser incapaz de volver a tomar las riendas de mi vida con fuerza. Recuerdo que antes nada ni nadie conseguía frenarme nunca, rara vez me daba por vencida, insistía hasta tener aquello por lo que luchaba y si no lo conseguía, encontraba siempre algo que alcanzar que me hiciera sentirme orgullosa de haber llegado a algún lugar. Ahora me rindo con facilidad, si veo que las cosas son ambiguas, si me encuentro perdida, si me hundo en heridas de gelatina, salgo corriendo. Es como si le tuviese pánico a las alturas, cuando antes ni me abrochaba el cinturón. ¿Creéis que por cada herida que nos hacen nos volvemos más cobardes? Yo creo que sí. Al final optamos por no acercarnos demasiado a aquello que ansiamos, deseamos o queremos en silencio porque nos da miedo arder de nuevo. ¿A quién no le daría miedo verse de nuevo echando de menos una palabra, una mirada, una conversación? Acojona pensar que de nuevo eres débil ante algo, porque es mucho más fácil convencerles y convencerte de que ya nada duele tanto. Como si haber crecido te hubiese arrancado el corazón; pero estás equivocada, estoy equivocada, no nos duelen menos las heridas ahora, volveríamos a sangrar exactamente igual. De hecho, vivir es sangrar, es recordar que si hay heridas es porque también existen los milagros, y que ambos se necesitan. Vivimos con miedo a vivir, y eso solo puede traer más miedo. El día en que me vea con las fuerzas suficientes volveré a querer ser esa chica que era, de rizos dorados, ideas afiladas y objetivos claros. Hasta entonces seré un superhéroe que nadie se cree, participaré de forma cómica en esta misión de supervivencia, tropezaré con mi capa y volaré hacia abajo, yendo en contradirección, Me caerán mil mutas más, lo sé, pero es el precio que he de pagar por no atreverme a alzar el vuelo. A fin de cuentas, tampoco se me daba tan bien salvar a nadie, todos se acaban marchando siempre. 

La sal hiriente de una lágrima impacta contra mi cerveza. Balanceo un poco el vaso, moviéndolo en círculos inconexos y luego doy un trago. ...