martes, 27 de septiembre de 2016

Carta a lo que fui.


A menudo me planteo si verdaderamente guardo rencor a todo aquello que desapareció de mi vida. Si aquellas personas que decidieron irse porque sí seguirán sus caminos inexorables, trágicos, solitarios y tranquilos. Si seguirán en pie, como yo. Mi vida tuvo que cambiar tanto..Tuve que cometer tantos errores, tuve que fracasar tantísimas veces para llegar donde estoy...Parece mentira que haya pasado tanto, tanto tiempo, desde que cambié; me parece imposible hoy mirarme en el espejo sin ver lo distinta que parezco. ¿Sabéis? Volvía muchas veces triste, me sentaba en el metro, subía el volumen al 30 y me dejaba caer en el asiento con la esperanza de que el viaje fuera lo más corto posible. Detestaba y amaba estar sola, porque podía hablar conmigo misma, y eso era entre desastroso y liberador. Fracasé al tomar muchas de las decisiones - si os soy sincera la mayoría de las veces- y tuve que hacerme de hierro(un hierro de juguete).  Después del huracán me decidí a empezar de cero, conocí a nuevas personas -amigas- que probablemente hoy son con las que cuento, seguí junto al amigo que no se ha marchado jamás, que hoy es más bien un hermano, y temí enamorarme de nuevo de una persona que se había colado entre las rendijas de mi inspiración y mi melancolía. Entró sin hacer ruido, como si no quisiera molestar y se instaló en el vacío que había invadido mi mente y mi corazón. Me dijo tranquila, aquí tienes a alguien más y yo me abracé en silencio a un -en aquel entonces- viejo amigo que volvía a mi vida. Quién me iba a decir, que después de un año y algo más, iba a estar aquí, tan diferente. 
A veces veo fotos mías de cuando tenía dieciséis y me cuesta recordar qué había en mi cabeza por aquel entonces. ¿Dónde está ahora esa inocencia que me permitía saltar sin paracaídas? ¿Aprendí a dejar de hacer ese tipo de locuras porque aprendí la lección? Quizá solo yo tenga la respuesta, aunque aún no lo tengo nada claro. Voy camino de los veintiuno y ya no creo en Dios (Noelia,  ¿Te acuerdas de aquella chica que creía que había algo más?), me cuesta creer en algo que escape de mis sentidos.
Ya no soy pesada por WhatsApp, ya no suelo merendar, estudio lo que me gusta y de vez en cuando vuelo hasta un papel que parece llevar la tinta de lo que se supone que siento. Ya no bailo tanto, aunque cantar me gusta el doble y he aprendido a tocar el ukelele. Compongo y me aíslo del mundo de vez en cuando, aunque me gusta volver pronto, porque odio perderme las cosas importantes.Sigo teniendo mala suerte en los juegos del azar, y con el deporte lo intenté pero lo mío con él es una batalla perdida. Quizá ahora estoy más delgada, aunque eso no me ha cambiado mucho. Sigo con el mismo color de ojos, que solo se atreve a cambiar cuando lo golpea el sol, aunque mi sonrisa quizá se ha vuelto más dura y sincera. A veces echo de menos mi inocencia, pero si hay algo que no echaré de menos jamás, es la incapacidad que tenía de huir de aquellos lugares que solo iban a regalarme dolor. 
No me arrepiento mucho - solo a veces - de lo tonta que he parecido por personas que acabaron excluyéndome de sus mundos. Es algo con lo que he aprendido a convivir. Si miro atrás solo veo que me dijeron adiós tal vez tantas veces, porque necesitaba otro tipo de hola, y ese hola quizá es mi vida hoy.
Solo deseo que aquellos que marcharon estén bien. Que la vida les sonría, les haga cosquillas, que puedan soñar, sentir, vivir, besar, odiar, amar, enloquecer, saltar, jugar, pensar, huir. Que no se dejen odiar, ni menospreciar, ni humillar. Que sepan lo que merecen y no, que encuentren lo que no buscaban, o sí. Solo deseo algo mejor para ellos. 
Porque quizá yo misma me he contestado a mi pregunta y no; no les guardo rencor. 
Porque quizá me querían tanto que decidieron que todo iría mejor sin ellos. O quizá fueron tan egoístas que perdieron un cacho de cielo.

Sea como sea,
amigos, o algo así,
os deseo lo mejor de esta vida

aunque decidierais que fuera sin mí.




Yo he crecido,
y estoy bien.
Espero que también hayáis crecido. 

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Entre la frustración y la tristeza (o mi abandono).

Uno de esos días.
Nadie lo ha visto, nadie ha preguntado, nadie lo ha sabido.
Una punzada eléctrica cosida a la espalda, tres segundos llenos de preguntas y de repente, silencio. Silencio grande, silencio crónico, silencio que persigue, silencio que nunca se calla.
Hacía ya tiempo que no escribía en el metro, pero estoy (¿lo estoy?) tan vacía que necesitaba llenar este hueco con palabras. ¿Palabras? Ni siquiera son eso.
Tiemblo bajo el frío inexistente de la conciencia. ¿Qué habré hecho mal? ¿Qué se me ha escapado? ¿No he estado atenta? Nadie lo ha notado, pero hoy ha muerto mi estrella. 
Será que me he vuelto loca, como el otoño de este año, que amenaza con no aparecer. O serán esos 21, que cada vez son más rápidos y están al borde de tocarme.
Más silencio. Es casi insoportable.
Y ni siquiera he encendido el mp3.
Contexto ilógico el que me envuelve. Personas a mi alrededor que sí tendrán de qué preocuparse, y yo con mi manía de seguir hacia adelante, pero siempre a trompicones, siempre torpe, siempre ilógica, siempre perdida.
Ojalá supiera qué estoy escribiendo, pero se me está agotando la tinta de usarla tan poco, y el silencio está comenzando a gritarme al oído.
Dónde estoy.
Cuál es mi camino.
Me he equivocado.
Esta no soy yo.
Por qué estoy donde estoy.
Este no es mi sitio.

Acabo de mirar mi reflejo,
me ha saludado con los ojos
y me ha preguntado
que por qué he tardado tanto
en volver.

Hoy he sentido que era invisible
y tal vez lo haya sido.
Pero tal vez nunca nadie lo sepa
porque nadie es quien va a leer esto.

viernes, 9 de septiembre de 2016

martes, 6 de septiembre de 2016



Se me hace inevitable engancharme a las canciones tristes. Porque quizá he perdido a una amiga, porque quizá me soltó. ¿Por qué se les hace tan fácil a las personas que me importan soltarme?
Sé que no será la última vez.

Me soltaste- Jesse y Joy

domingo, 4 de septiembre de 2016

Palabras que te mereces aunque no lo sepas.



A veces
tímido
me miras.
Casi te disuelves
y desvaneces
y me miras.
Casi no comprendes,
ni mi mente
ni mi juicio
ni mis razones
y me miras.

Porque por alguna extraña razón te has enamorado de la chica
que lo hace todo por todos siempre,
de la de los imposibles
y los sueños de niña.
La que llora cuando se da en el dedo pequeño del pie
la que teme sufrir
pero elige sufrir por todos.
Te has enamorado de mí
no sé por qué razón
pero lo has hecho.
Y estás aquí, y me miras de frente,
me coges de la cintura y me acercas,
y sonrío
porque no sé hacer otra cosa.

Y a la mierda la cena, que se enfríe. Que los vecinos se piensen que estamos locos,
que nos quedamos 3 horas en el portal
hablando de la vida
de todo y de nada.
Qué les den. Ellos qué sabrán de nuestros principios
de nuestras razones
de los precipicios
del amor kamikaze
de mi paracaídas
-que son tus ojos-
de los tambores
del hambre
de las ganas.
No lo entienden
que no quiera ni subir a casa
con tal de tenerte 5 minutos más
porque tú eres hogar
y me cuesta decirte adiós.

Porque eres amigo, profesor
hermano y padre,
confidente, amante,
sincero, siniestro
y colega,
porque lo eres todo
porque contigo puedo hacer cualquier cosa,
siempre aprendo lecciones, me proteges como nadie
y me cuidas como nunca.
Te cuento hasta lo que no me digo a mí misma,
eres dueño de mi corazón, de mi cuerpo y de mi cama,
nunca callas si algo piensas,
aunque a veces por eso vengan tormentas.
Contigo puedo tomar tequila, beberme una cerveza,
porque ante todo disfrutas
porque me miras y el mundo se gira
para no interrumpir nuestra cálida risa.



Me han jurado mil veces
que el amor no existía,
es más,
hasta yo lo creía,
pero después vi que tú
antes del dolor
de mis caídas
de mis tonterías,
estabas
estás y
estarás.

Apareciste una primavera extraña
y abandoné todo lo que estaba haciendo mal,
porque comprendí que no era justo castigarme
por errores que no había cometido yo,
cogiste mi pasado,
fuiste de frente
y me dijiste ''supera y avanza''
''no te hagas daño o será peor''
y reformaste a esa Noelia
que era antes de los diecisiete,
de los dieciocho,
de esos jodidos diecinueve que solo llevaron dolor.
Ahora tengo veinte ,
soplé las velas a tu lado
y mi único deseo
era que te quedaras para siempre.



No eres malo para mí, ¿vale?
No tenemos nada que ver con el pasado
eso ya no existe.
No has traído nada, nada, nada malo.
Y si debatir, si no estar de acuerdo,
es dolor,
adelante.
Me enamoré de ti porque ya no creo en la gente conformista.


Contigo sé que puedo cambiar el mundo
aunque para ello haga falta sacrificio.


Saltaste sin paracaídas a mi vida
y te la jugaste todo por mí.
Has perdido mucho por estar conmigo,
y aunque eso no lo elegimos ni tú ni yo
sé por qué razón lo hiciste.
Creías en mí tanto como yo en ti
y ahora sabemos que vale la pena.


El otro día me preguntaste si te hacía feliz. Aunque te di mil razones no sé si te convenciste del todo de que eres lo mejor para mí. Aunque no sea lo sencillo, aunque no sea el camino fácil, aunque haya laberintos y mil obstáculos. ¿Qué crees? Las mejores cosas que el hombre ha creado han supuesto años de construcción. Antes de nada fuiste mi amigo. Ahora eres todo lo que quiero. Te conozco porque tuviste el valor de conocerme, incluso cuando te encontraste con la chica rota. ¿Recuerdas en el metro? El pasado me perseguía. Tú me abrazaste y dijiste que no tenía por qué cambiar. Que ser peor no iba a hacerme más fuerte.
Devolviste a la auténtica.
¿Qué esperabas? ¿Que no me enamorara de ti?




Fue inevitable.
Y quizá ha sido la mejor historia
de la que sí
me siento
protagonista.



Gracias por creer en la chica del metro
de los vagones torcidos
y los sueños partidos.
Ahora me quiero más que nunca
porque tú me quieres como siempre.
Y si alguna vez te vuelves a preguntar
si me mereces,
lee,
escucha esto,
y verás como hiere
que no creas que eres el punto
de todas mis íes. 






Te quiero tanto que voy a tener que cambiar mi corazón por uno más grande
para que me quepa todo lo que me das. 
Esto es lo más cursi -o no, probablemente- que he escrito nunca.
Y es que haces que me ponga tonta, romántica y pequeña.
Muy pequeña.






Adoro que no me quepa una despedida. 

abrumador

Quizá pueda sonar raro, pero cuanto más cerca estoy de ser aquello que he deseado ser desde que mi uso de razón se coló en esta habitaci...