sábado, 21 de noviembre de 2015

Un clásico. Como nosotros. Como lo nuestro. Que pasa pocas veces. Un partido en el que ninguno suele ganar. Un clásico.  Que cuando se da consigue hacer estallar al mismo cielo.
Condenados al fracaso de empatar
matarnos
y renacer.
Todos nos conocen
todos saben qué somos
quiénes somos.
Todos saben que hay uniones imposibles,
que ahora tú eres ese corazón azul y rojo y yo me he convertido en una pálida bandera, que por primera vez en la historia, no tiene nada que ver con la paz.
Esta es nuestra guerra
y se ha vuelto
todo un clásico
batallarla.

Ojo al marcador.
Veintiséis en mi contra.
Y yo sólo te he metido doce.
Vuelves a ganar en este imposible.
Vuelvo a perder sin intentar,
clásico sin empates esta vez.
Fracaso en la espalda
ya no sé ni renacer.

lunes, 16 de noviembre de 2015

Necesito que me salven.
Nunca he sabido pedir ayuda.
Ahora mi silencio no para de gritar.

Rota.
Rota.
Rota.

sábado, 14 de noviembre de 2015

No sé por qué escribo.

Admito que espero que vuelvas, no he querido nunca perderte. Admito que espero que rompas este pacto de silencio absoluto y me cuentes si ya te has topado con la felicidad. Admito que no dejé de echar de menos lo que eras, aunque haya sabido en cada momento que vivía anhelando algo que ya no existía.
Admito que esperaba tu regreso mucho antes, pensaba que yo había sido esa chica a la que querías dar siempre las buenas noches, la misma a la que mimar todos los días de nuestras vidas. Creía de veras que cuando me llamabas familia era de verdad. Creía que estaría contigo, con vosotros, para siempre.
Suena egoísta, pero eres de las pocas personas a las que he podido llamar amigo. Y te echo de menos.
Sin más. A ti.
Da igual si ya no soy tu otra mitad, da igual si ya no nos importa lo que tuvimos. A veces me gustaría saber si estarías ahí si algo grave me pasara. Si vendrías esta vez a salvarme. Si me recogerías. Has sido una de las personas más importantes de mis ya casi veinte años de vida. Y se me rompe el corazón si pienso que no estarás en mi celebración. Como el año pasado, ausente.
Quizá sea injusto, sé lo que sientes porque yo también lo he sentido. Y sí, ya no estoy enamorada de ti. Pero te querré siempre por todo lo que hemos sido. Te querré aun cuando tú ya no quieras saber nada de la chica que te rompió el corazón después de que tú se lo rompieras.
En dos horas anochecerá. Será otra fría noche de otoño en la que ya no estés. Antes solíamos refugiarnos del mundo, bajo una manta, jugando, viendo la tele o hablando de nada. Aún me cuesta entender por qué renunciaste a eso.
¿Te habías cansado de mí?
Supongo que quererme no había sido fácil ni suficiente, o quizá nunca estuvieras seguro de haberte enamorado de mí. ¿Estás enamorado de mí?
Aún me duele pensar en las dudas que siempre tenías. Lo único bueno de haberte marchado es que ya no tengo que lidiar con ellas. Lo malo es que soy incapaz de perder el miedo a vivir ahora.
Me gustaba que estuvieras siempre, que me apoyaras. Que me dejaras estar ahí cuando todo te salía mal, y que me creyeras cuando te decía que al final sobrevivirías, que podrías con todo. Aunque al final no pudieras. Aunque me dejaras en el camino.
Me imagino cómo serían las cosas si siguieras aquí. Qué pasaría cuando te marcharas a estudiar a Valencia. Cómo llevaríamos la distancia. Lo libres que nos sentiríamos yendo en coche a cualquier lugar, sin tener que molestar a nadie para viajar.
Me pregunto qué habría pasado si hubiéramos dejado de lado todo, si hubiéramos conseguido aquello que siempre quisimos y jamás logramos.
Qué habría pasado si no me hubieras dejado. Habrías estado aquí. Como estabas siempre. Tendríamos un álbum más de fotos. Tres cientos recuerdos nuevos. Un futuro aún más cerca. Mis ahorros del trabajo para irnos un fin de semana fuera. Venecia a sólo seis meses de distancia.
Me pregunto qué habría pasado si hubieras estado seguro de quererme.

Pero es inútil pensar en eso, cambiaste todas las cartas cuando hace casi un año optaste por un adiós.
Ni siquiera sé por qué escribo.

Quizá es el frío, que siempre llega con nostalgia y demasiada memoria.
Qué difícil olvidar el año y los ocho meses más felices de mi vida.

Fue demasiado grande, por eso no hemos salido enteros de algo así.
Bienvenido noviembre, que llegas para partirme el pecho otra vez.

Black.

viernes, 13 de noviembre de 2015

One year ago.

Hace un año exactamente que pasó.
Tu sorprendente frustración, esa llamada telefónica que lo cambió todo.  Hace un año que algo en mí murió. Y desde entonces no ha pasado un día en el que no recuerde cómo empecé a desmontarme poco a poco. Un mes. Un mes de idas y venidas, en el que tus llamadas se hacían presentes cada noche. Hablábamos porque te hacía sentir mejor, pero ya no querías verme. De vernos casi a diario pasamos a vernos una vez a la semana. A veces ni eso. Siempre estabas triste, nunca parecía satisfacerte ninguna de las cosas que te decía. No salías del agujero. Lloré cada noche, tras colgar el teléfono. Lloraba porque sabía que había empezado el camino hacia el final. Comenzó el duelo.
Hoy hace un año que nuestra historia cambió. Pronto hará un año de aquella noche en la que dormimos juntos, pero más lejos que nunca.

Hace un año que cortaste el cable, que me apartaste. Hace un año del desastre, y si lo recuerdo hasta escuece.
Te lloro porque echo de menos lo que eras antes de convertirte en el chico que decidió que lo mejor era seguir, pero por separado.
Ahora ni tú eres el chico del que me enamoré ni yo soy la chica que lo daba todo por tu risa.

No duele la pérdida, duele el cambio. En tan poco ha pasado tanto que ni nos reconozco. Con lo que me gustaba mirarnos en esas fotografías.
Hoy no nos veo aunque nos esté mirando.
Te perdono por marcharte, pero yo nunca me perdonaré por haberte esperado tanto tiempo. Y fíjate, aun así llegaste tarde.

jueves, 12 de noviembre de 2015

Ya hemos estado aquí antes, en medio del recuerdo, justo en el desastre.






Nos hemos buscado antes
entre el sonido fino de tus cuerdas
y la línea que separa mi sonrisa de tu caos.
Ya nos hemos matado antes,
dos veranos después del accidente mortal
de tu boca mordiendo mi pecho.
Ya no sé servirme copas
siempre acaban en el suelo.
Y me pregunto qué habrá sido de nosotros,
ahora que ya no somos uno,
ahora que me pinto los labios de rojo
-porque a ti no te gustaba-
y siento que rompo tus normas.
Soy una niña
en el fondo
no he cambiado tanto
pero me gusta pensar
que al menos,
perderte me hizo más fuerte
aunque sea mentira.
Pero algo tenía que ganar tras tu partida,
ya que lo perdí todo
apostando por nosotros.



Si te sirve de consuelo nunca he sido tan cobarde como ahora.
Y si no, que le pregunten a mis ganas de querer
y mi miedo por hacerlo fuerte.
Ya no recuerdo cómo se cogía con cariño una mano,
cómo se ilusionaban las pupilas
cómo se hace el amor sin una guerra previa
más que la de dos risas batallando por el primer puesto.


Todas las camas están frías,
lo sé,
y mira que solo duermo en la mía.
Pero imagino que el invierno les ha pillado a todos por sorpresa.
Aunque ahí fuera aún lleguemos a los veinte grados
y mi corazón sea puro hielo
estoy segura que este otoño
sólo está cogiendo carrerilla.





Ya verás el susto que se pegan todos cuando empiece a nevar por todas partes
y nadie sepa que son nuestros recuerdos los que caen del cielo, en forma de rechazo.
Reivindicándose. Haciéndose un hueco en este mundo.
Haciéndose dueños del papel protagonista de nuestras vidas.
Actores
malos actores
que se juegan la vida
cada vez que aparecen en nuestros corazones.
Yo ya he intentado matar a diez. ¿Y tú, a cuántos recuerdos has intentado matar hoy?








No sé si quiero respuestas
aún me torturan preguntas.
Aún le grito al cielo
'por qué'
como si ahora, después de tanto,
tuviera las respuestas.







Puedes coger tu -nueva-guitarra e irte.
Yo me pintaré los labios.
Haremos como si no nos conociéramos,
como si fueras el vecino al que nunca saludo,
o yo fuera la chica a la que nunca viste,
aunque pasara cada día por tu lado.
Pagaremos la cuenta
y dejaremos nuestros recuerdos
en la mesa, junto las tapas que nunca comimos
y las bebidas que nunca tomamos.



Me marcho, no quiero molestarte
ya no quiero ser tu pesadilla
ni quiero que te sientas culpable
por haberme dejado en medio de un diciembre
que me supo a lastre hasta que llegó la primavera.
Ya no voy a ser más tu castigo,
puedes olvidarme si quieres,
ya lo hiciste hace tiempo
y no fue tan difícil.







Ojalá hubieras tocado para mí
ojalá hubiera brindado por ti
ojalá hubieras sido tú
o hubiera sido yo
y no un nosotros roto.

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Humo.








A veces consigues rasgarme, como hoy. Me atraviesas la piel, rascas mis cicatrices, me haces sangrar. A veces puedes conmigo. A veces es contra mí. Ojalá no tuviera que haberte visto antes, ojalá no hubiera mirado esas pupilas en el momento preciso. Ojalá no te hubiera quemado la piel jamás. Ojalá no tuviera que enfrentarme a mí misma cada vez que pienso en ti. Estoy acojonada. Y es que cuando quieres decir tanto que nada te parece suficiente, de repente, ocurre esto. Colapso. Caos. Versos. Letras desordenadas que se resbalan. Se me caen de las manos.
Ahora vivo con miedo.
Enciendo mi cigarro y sé que tardará lo mismo en consumirse que tú en marcharte. Es cuestión de minutos. Como tu olvido, que fue tan repentino, que me golpeó la espalda. 
Me dejaste con lo puesto, lo demás te lo llevaste.
Me quedé muerta de frío en un diciembre que no he vuelto a mirar con los mismos ojos. Fueron las peores navidades del mundo. Tuve que sobrevivir sin tu paracaídas. Dime cómo puedo asumir en tan poco tiempo que ya nunca más vayas a volver.
Nos echo de menos.
Supongo que esto es la vida real. No será una blanca Navidad. Será una Navidad real. Con la mesa llena de espacios en los que la gente que un día fue la más importante ya no estará. Sólo queda esperar a que esos huecos dejen de doler, aprender a respirar.
Podríamos habernos conocido de nuevo. Pero te adelanto, no soy esa persona a la que amaste.
Sabía que esta nueva yo no iba a gustarte.
He tomado la decisión por ti, como tú la tomaste por mí. Mereces el amor de alguien que no se haya manchado las manos con recuerdos, que no se haya lanzado al vacío.
Mereces que te adoren
y adorar.
No rendirte.
Encontrar algo bueno ahí fuera.
Encuentra a la mejor chica, de veras, y hazla tuya.  Y no, nunca más vuelvas a decirme que jamás conocerás a alguien como yo, ni que he sido la mejor para ti, porque si me dejaste marchar supongo que fue porque yo tampoco era la mejor opción.
Así lo sentí
Así lo asumí.
Así lo superé.


Deberías verme ahora, llenándome de escudos para no volver a querer.
Me da miedo todo lo que antes hacía a modo de locura. Ya no arriesgo.
Y es tan triste no creer en nada.
Cuando me dejaste marchar descubrí que en realidad el mundo es cruel. Me vi haciéndome grande,de repente. La última vez que te besé tenía dieciocho años. Y en poco más de dos meses los veinte me atraparán. 
Ya no soy esa niña, ya nadie consigue de mí algo más de lo que yo quiera.
No creo en los hombres- y sé que hago mal, de veras que lo sé, porque aún quedan buenos, como tú- y ellos tampoco creen en mí.
Me alejo de todo en cuanto tengo un segundo, porque desde que me he perdido siento la necesidad de esconder bien mis coordenadas, para que nadie pueda salvarme.

No quiero salvarme, y eso es lo peor.
Que voy a la deriva y quiero romperme. Quizá para así aprender la lección
Tal vez para comprender que nadie va a venir a salvarme.
Que tengo que mover yo sola las caderas en medio de esa pista de baile, que no me verás graduada en  mi ansiada universidad, que ya no conocerás a mis nuevos amigos, que no habrá más regalos de navidad, ni más fotografías en esa ciudad que nos vio ser los más grandes. Ya no existirá jamás ese vínculo inocente que unía nuestros cuerpos, esa inexperiencia torpe que tropezaba en nuestras manos y caía hasta lo más profundo de mis recuerdos. Has sido lo mejor que me he pasado y también lo más doloroso. Por eso sé que una parte de mí siempre te echará de menos.
Y espero que algún día puedas hablarme. De veras espero que un día puedas abrazarme y decirme que lo tienes todo, que ya eres feliz. Ojalá necesites hablarme algún día, aunque sea para decirme que sin mí tu vida es muchísimo mejor.
Ojalá vuelvas a tener el coraje que tenías antes de mirarme a los ojos. Ojalá pudiera saber si estás bien, si estás a salvo.
Siempre nos recordaré. Algo tan puro no muere. Has sido la primera verdad de mi vida. Y aunque mi corazón se empeñara en retenerte, sé que lo mejor es que tomaras aquella decisión que te llevó tan lejos de aquí. Si no podías sostener mi mano prefería que no hubiera mentiras.






Qué difícil para ti, quererme.
Y qué fácil resultó perderme. 
Y qué tormenta mas ilógica acabó con mis versos.
La misma que no me deja acabar esto.
La misma.














Malditas despedidas. 






lunes, 9 de noviembre de 2015

Me retiro.
Quizá alguien venga a buscarme, me sacuda el polvo y me recuerde que soy demasiado joven para sufrir.
Antes lo tenía todo, pero perdí demasiado. Amigos que juraron quedarse se fueron, la familia se rompió, la persona que estaba enamorada de mí dejó de estarlo y me vi sola tomando las riendas de una vida que no parecía la mía.
Dime tú cómo se sale viva de algo así.
Dime cómo sigues siendo tú después de pensar que si todos se marchan es que eres tú el problema.

Cómo calmar esa sed, cómo sobrevives al fin de tu propio mundo.

Necesito irme lejos,
lo malo es que esta vez
será sola.

sábado, 7 de noviembre de 2015

Lo malo de hacerte la fuerte es que acaban creyendo que lo eres.

Cuando te fuiste me planteé muchas cosas. Lo cierto es que dudé, sé que lo más fácil habría sido volver junto a ti. Me habría bastado esa noche que prometías llenarme de explicaciones para volver a creerte, para enamorarme de nuevo de esa risa...Mi mente habría creído que eras el de antes, el chico valiente del que me enamoré.  Y habríamos sido felices, como siempre fuimos. Habríamos reído de todo, llorado por nada, y las puertas de esa familia con la que amaba estar de nuevo se habrían abierto para mí. Habría velto a ser esa Noelia que mordía lo que fuera con tal de hacerte feliz. ¿Pero habría sido justo?
Si quería volver junto a ti debía pasar por alto todos esos meses de vacío,  de preguntas que aún ni siquiera has respondido.  Todas esas noches borracha, hablándoles a todos de ti, de lo que te quería.  Les daba pena, me miraban entristecidos, sin saber cómo decirme que ya nunca volverías. Te esperé durante meses, no sabes a cuántas bocas les dije: No.
Hasta que cambié,  al principio puede que a peor, pero sólo ahora entiendo que fue necesario para ser más fuerte.
Han cambiado muchas cosas, mi superviviente,  muchas.  Y ojalá pudiéramos hablar, ojalá pudiera explicártelo todo. Probablemente me odies, yo me odio también por haberme rendido.  Jamás pensé que pudieras volver después de tanto, creí que estabas a kilómetros y en realidad seguías ahí,  pero en silencio.
No me he vueto a enamorar de nadie aún , eso es algo que ahora dudo que pueda hacer.  Pero sé que después de todo lo que he hecho mientras no estábamos no habría sido justo volver. Ojalá me hubieras venido a buscar el día de mi cumpleaños, en el que no dejé de mirar el móvil a cada notificación deseando que fueas tú.  Me pasé horas llorando,  estaba irreconocible.  No apareciste, tu plan era borrarnos. Tu plan sigue siendo el mismo.  Pero ojalá no te hubieras ido, una parte de mí siempre va a recordarte.  Volveré a echar de menos a tu familia estas navidades...La mía cada vez está más rota. Ojalá pudieras escucharme,  leerme, consolarme.  Ojalá tuviera aún el abrazo de tu madre, y esa manera de cuidarme que teníais.
Siento escribir sobre lo mismo,  pero hoy estoy tan rota.
Quizás quién sabe,  vuelvas algún día a querer ser aunque sea ese amigo que también perdí cuando te marchaste.
¿Reuerdas cuando nos lo contábamos todo?
Ahora en esta casa todo está roto, espero algún día poder contártelo.
Espero que para ti siga siendo la niña de la risa ahogada,  y que cuando les hables a ellas de mí les digas que te quise como a nadie. Porque de veras lo hice. Porque habría seguido siendo todo tan bonito como aquella primera vez que nos besamos. Ojalá ese primer gran amor hubiera sido el último.  No sabes lo que duele pasar las manos por esas cicatrices y sentir que ya no quieres ser herida nunca más. Pero a partir de ahora nada será nuevo, quizá una chica te robe el corazón.  Diferente a mí,  y quizás mejor.  No te mereces nada peor, ojalá nosotros hubiéramos sido tan maduros  como lo que sentíamos.  Pero no estamos a la altura. Al final los dos tuvimos miedo...Tú a la soledad y yo a que te fueras de nuevo.
Te juro que por aquí todo va mal,
como siempre.
Sólo que ya no me hago la fuerte ni la valiente.

Detesto esto. ¿Por qué no te quedaste como prometiste?
¿Por qué te fuiste?

Ahora en las noticias dicen que Venecia se hunde,
y no me extraña,
yo me ahogué con ella.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Versos rotos y torcidos dentro de esta noche tan viva.

No soy yo ya, no puedo y eso me jode. Jamás reconoceré que he cambiado, que me han cambiado, que soy cobarde, que me invade el temor de no recuperar mi esencia.
Vivo atrapada en una vida que no es la mía. Yo no pedí esto, no pedí que él se fuera, no pedí ese silencio, la pérdida de los que tanto prometieron, ni siquiera pedí que mis dos ejemplos a seguir, que se amaban, de repente, decidieran odiarse y detestarse. Me anula la desconfianza que respiro en estas cuatro paredes, desde donde miro aquello que tantas veces llamé hogar y hoy es sólo un descuido repleto de indiferencia, olvido, tristeza, vacío, maldad.
Vivo rodeada de miedo.
Invadida por el gobierno de las risas perdidas, que anuncia todas las despedidas que no pronuncié y me obligaron a recordar. Mi jaula es la infancia inocente que se marchó con la llegada de esos tres reyes llamados papá y mamá y ese camello que resultó ser el vecino del quinto, que por decir ya no sabe ni pronunciar su nombre.
Pensaba que su amor sería para siempre, de veras. Prometí casarme en la iglesia donde dijeron sí, cinco años antes de que yo estuviera. Pero no quiero la condena de atarme la vida a alguien que se vaya, no. Ya no creo en el amor, ya no sé qué es la familia. Quizá ambas cosas fueran inventadas por el mismo sonámbula de la vida, anuncio perdido de El Corte Inglés, libro o película, donde el amor es para siempre y la familia no se marcha nunca.
Menuda tontería.
Como jurar para siempre, tatuarte el nombre de tu primer amor o llamarle a tu mascota Max.
Todo tan típico, tan fugaz y efímero, tan tópico y siniestro. 
Os juro que yo era de esas, de esas que se dejan sorprender por la vida y llaman amor a cualquier gesto de bondad. Os juro que en mi cabeza antes sólo había armonía y ahora puedes encontrar lo que sea, menos paz. Ahora soy caos versión canción, versión poesía. Juego a no encontrarme ya ni en el papel, a morirme lento mientras escucho la lluvia entrar en esta casa donde ya no me sé ver. Estas cuatro paredes me asfixian, estoy sola, tirando las mismas piedras siempre al mismo cristal. Rompiéndome un poco más a cada hoja del calendario que se va.


Ojalá pudiera agarrarme
en los hombros de alguien
que cuidase mis pasos
cuando ellos se ponen a gritar
o a romperse
y veo el gesto de un padre
triste y desolado
que ya no sabe caminar.
Ojalá alguien me llevara a cuestas
y dijese: 'Eh pequeña, le queda poco al desastre'
ojalá me cuidase
quien menos espere
en un mundo siniestro
sin guerra ni paz.
Alguien que me salvara
aun con las alas rotas
y me hiciera creer
que quizá algún día
solo algún día 
vuelvan a funcionar.





Pero mírame. 23:35. Apago las luces de esta habitación y me tumbo en la nueva cama que me parece tan rara como mi nueva vida. Miro el techo sin ver nada. Pienso en nada mientras lo siento todo.
Mil lágrimas vuelven a asfixiarme.
Esta vez muero de pena y resucito por valor.
Quizá me quede aquí una temporada más
diciendo todas esas cosas indefendibles
que llenan de reproches esto.









No sé qué habría hecho en otra vida
pero seguramente no fui la mejor mujer
novia
hija
amiga
ni humana
del planeta tierra.
Si no,
quizá mi lugar
ya no sería este.






















Perdida.
No queriéndome encontrar
Quizá por cabezonería o miedo.
Tal vez por nostalgia.
Quizá por no soportar lo que el mundo cambia,
lo que yo he cambiado
cuando no quería cambiar. 

Tus pozos negros, ansiosos, se fijan. Honesta, te empujo, hasta ríes, tan niño. Muerdes finales que anuncian princi...