viernes, 20 de abril de 2018

tormento

Maldito el que lo entienda,
llegar a la meta antes de empezar el camino,
rajar el papel justo por donde duela,
clavarme las uñas en los sesos. 

Perpleja metáfora escondiéndose en letras,
me echo de menos más de lo que me gustaría,
¿quién es esa tía tan seria que mira en mi espejo?
Solo son restos de lo que me queda.

Me he vuelto tan sola y jodida,
que va a parecer que victimizo mis ruidos;
lo malo es que solo estoy diciendo
lo que nunca escribir consigo. 

Que en realidad no sé si llevo rota siglos
porque nunca nos curamos del todo
o es ahora cuando se despedaza todo
y yo soy una víctima más del vacío.

Respuestas a tantas preguntas,
preguntas a pocas respuestas,
¿cuando la estancia es peor que la huida,
entonces, ya qué coño queda?

Ojos juzgad por última vez,
labios sangrad en última instancia,
mis coordenadas seguirán perdidas
justo en el punto donde comienzan las ramas

¿Cuándo fue la última vez que me reconocí en mis letras?
¿Cuándo fue la última vez que hablé de dolor?
Quizá llevo tanto tiempo en modo espera
que no me sale ni la voz.



Pero, oh, público,
no os preocupéis:
sé que ya no leéis mis idas y venidas,
sé que ya sostenéis otras palabras en la lengua,
sé que soy un objeto más podrido de esta jaula,
y aún así,
existes.
Oh, público, que no te olvido,
que puedes hacerte el sordo, el mundo, el inconsciente,
que aún respiras y te oigo, tras esa pantalla doliente
que rápido salpica estas letras
que descifras sin lograrlo,
imaginando que quizá tu nombre está detrás de ellas.



Quizá sí,
quizá no.
Solo yo frente a este mundo.
Cansada, más de lo que soporto,
fingiendo, como siempre he hecho.


Solo se me da bien eso:
hacerles creer a todos
que el mundo sigue girando
que yo sigo siendo mi centro,
que no me he caído ni un segundo,
cuando llevo horas tirada en el suelo.


Mañana volverá a salir el sol,
yo seré una oveja más en esa feria que algunos llaman tierra,
me reiré sin ganas,
contemplaré mi suerte,
y al llegar el atardecer me preguntaré qué le ha pasado a mi vida,
si yo sigo siendo la de siempre,
pero menos viva.





No, lector, no te asustes. 
Es solo un principio atravesado,
unas cuerdas desafinadas,
un do de pecho afónico,
un compás descompasado.

Mañana cuando suene el despertador
todos a bailar,
y en el trabajo se escuchará "buen fin de"
y en la universidad dirán "hasta el lunes"
yo solo miraré impaciente,
las horas de ese tiempo pasar.

Me morderé las manías,
y me asustarán las sombras,
el viento seguirá mojado,
mis ojeras seguirán marcadas,
yo seguiré perdida
y mi mente- que grita-
seguirá callando. 

-

Me sentí humillada cuando sus palabras impactaron en mí, cuando me di cuenta de la gravedad de cada palabra que salía por su boca. Aun así...