jueves, 31 de diciembre de 2015

Adiós 2015

Enero me golpeó con la despedida de una vida entera, que se fue tal como vino, rápida, fugaz e intensa. Enero me trajo mis diecinueve inviernos, unas velas que soplé a contraluz, con el mayor miedo a afrontar un año más, un año más sin él, que no daba señales de vida. Febrero trajo un San Valentín sin compañía, con tres películas por tarde y una taza enorme de chocolate caiente en la que dejé mis ilusiones. Me transformé en alguien que no era, alguien que se ahogaba en alcohol porque su vida estaba demasiado jodida como para verla sobria. Alguien demasiado orgullosa como para admitir que se acababa de sumir en su propio infierno. Marzo trajo el peor error que he cometido en mi vida, un error del que ya nunca podré recuperarme, porque es irreversible. Elegí y lo hice mal, quizá por impaciente, por despecho, reproches o mentiras. Venganza contra mí misma. Me perdí el respeto. Abril trajo ilusiones, un nuevo trabajo que no me gustó, pero me ayudó unos meses. Se acercaba el calor y se alejaban las despedidas. Hasta retomé el contacto con la persona que más echaba de menos, el chico que en aquel frío diciembre quiso abandonarme. Mayo trajo fuego, confusión, delirios. Quise forzarme a mí misma a superar algo que solo el tiempo podría sanar. Pero hice las cosas bien, empezaba a recuperarme. Llegó alguien especial, un héroe con gorra, alguien del que no quise enamorarme, pero que acabó volviéndome loca. Aunque de eso me di cuenta mucho más tarde. Junio me trajo la ilusión de un trabajo que me gustaba, acabé mi primer año de universidad, superándolo con creces, comenzaba un verano diferente, en el que no tenía muchas esperanzas pero que llegó a sorprenderme. El héroe con gorra no dejaba de golpearme con su vida, quería quedarse, contra todo pronóstico, e hizo todo lo que supo para que ya no pudiera vivir sin él. Julio me recordó que ser feliz era lo mejor que había sabido hacer siempre. Y seguí mi instinto. Agosto fue un mes de trabajo duro, en el que me pasaba las mañanas y tardes trabajando, pero que me traía la libertad de unas horas con mi héroe, que conseguía liberarme de toda frustración y toda angustia cuando se acercaba la noche. Septiembre me regaló un nuevo curso, una unión más intensa con aquellos que me habían regalado su risa el curso anterior, una ilusión. En septiembre me di cuenta de que me había enamorado, y aunque no quise admitirlo, yo sabía que era ya algo innegable. Octubre me llenó de paz, aunque el chico de la despedida, el chico que me había abandonado, decidió volver y quererme. Quererme, después de todo, cuando había dejado que pasara los peores meses hundida, sin nadie que quisiera salvarme. Sin tener en cuenta que a su lado no me habría equivocado, que a su lado marzo no me habría envenenado el mundo. Tuve que decirle que no a la persona a la que creí tener que decir que siempre.
Noviembre me regaló un concierto inolvidable que abrió unos ojos perezosos que no querían ver que el mundo empezaba a abrirse a nuestros pies.
Mi héroe dijo a la pregunta que siempre me había dado miedo lanzarle.
Y aún así no tuve que lanzarla.
Diciembre me ha regalado una navidad diferente, con mucha menos gente, con la certeza de saber que ahora sí, que ahora ha quedado lo de verdad. Que ahora sigo siendo yo y los que se han quedado siguen queriendo lo que soy.
Ahora sí, enero, ahora sí 2016, estoy preparada para lo que tengas, ahora ya no me dan miedo los nuevos comienzos.

lunes, 28 de diciembre de 2015

Me pregunta que qué tal estoy y yo solo sé mirarle con delicadeza, como el que admite que está mejor de lo que esperaba estar para estas fechas. Él sonríe algo ilógico, comenta que la vida le va mejor, que aún no tiene lo que ansía pero solo porque aún no sabe qué quiere exactamente. Y yo le miro desafiante, le reprocho que nunca sabe nada, que así cómo espera decidir. Sonríe, como el que recuerda algo gracioso, y yo sé que lo hace porque como ahora, ya le había dado la chapa tiempo atrás con estas cosas. Es una sonrisa de nostalgia. Una sonrisa de echaba de menos que me echaras la bronca por las decisiones que decido no tomar en mi vida. Y yo le devuelvo la sonrisa, como diciendo que sí, que yo también lo recuerdo, que debería cambiar. Pero niega con la cabeza, sigue siendo feliz en esa inocencia pura que quise tanto un día. Levanta los hombros y con una risa fingida me pregunta que cómo le va a mi corazón. No le contesto, aunque me encantaría decirle que por fin lo he amueblado, que ahora tiene vistas al mar y que alguien lo protege de las cosas externas que tiempo atrás llegaron a matarlo. En cambio le digo que no sé, que eso va a etapas, que estoy ilusionada, que vuelvo a creer en cosas que había abandonado. Que vuelvo a creer en mí aunque me había abandonado. Y él se muere un poco, lo veo en sus ojos, pero me dice que está enamorado y yo le creo, porque él nunca suele decir esas cosas y sin embargo, lo está admitiendo. Suspiro y sin templanza alguna, con el alma encogida le susurro que seguro que esta vez es la buena, que va a hacer las cosas bien. Él no lo tiene tan claro porque frunce el ceño y me responde que no, que ya no es el mismo, que ya no sabe luchar, que perdió en batalla. Me doy por aludida y le contesto que las únicas batallas que existen son las que se conforman de contrincantes, y que nosotros estábamos del mismo lado. Que éramos un equipo. Su risa ahora suena ligera, parece haberse quitado un peso de encima. Quizá solo necesitaba verme para saber que el río había pasado, que todo había fluido, que sabía vivir sin mí, que quería hacerlo. Quizá solo necesita eso. Nos despedimos con dos besos -aunque él se acerca mucho a mis labios- y siento cómo hace ademán de olerme el pelo. Recuerdos. Pasado. Pero ya no amor. No nos pudimos salvar, no nos quisimos salvar juntos. Él hundió mi barco, yo hice crecer su mar y separados , uno en cada punta del mundo, nos ahogamos. 
Dice que se alegra de haberme visto, que echa de menos reírse como lo hacía conmigo, yo le digo que ya nadie habla de los planetas y de la sinfonía de la ciencia,que avanza rápidamente. Me mira unos instantes, como el que quiere guardar un recuerdo inmortalizado para siempre. Sonrío y digo que sí, que quizá un día volveremos a vernos. Y a él le cambia el rostro, sé que va a ser la última vez que me mire así, sé que en su cabeza está la idea de borrarme, desde los cimientos más fuertes, hasta la nube que adorna su vida con mi olor.
Y está bien así.
Él no se despide, no se despide porque sabe que bañaremos un adiós con otro fingido hasta luego. 
En Barcelona el sol empieza a caer y la lluvia nos moja las pestañas. Sé que nunca más sabré de él y sin embargo siento que no me voy con un sabor amargo, sé que estamos en paz, que la guerra ha terminado. Sé que sabe que amo a alguien ya, sabe que sé que su camino está en otra parte.
Ya no nos hemos esforzado por mantenernos cerca, ya no nos hemos enganchado a esas excusas para vernos, ya no nos ahogamos en el mar ilógico de un amor que negamos que había empezado a morir hacía ya mucho tiempo.
A él le costará algo dormir esta noche. Yo quizá miro alguna foto y recuerdo las cosas buenas.
Los dos recordaremos por qué se acabó, los dos daremos respuesta a la pregunta de por qué si nos quisimos pasó lo que pasó.
Y yo responderé que él decidió por los dos cuando marchó. 

sábado, 26 de diciembre de 2015

(versos) cualquiera.



Niña de mirada gélida
que consigue deshacer
mis hielos
paralelos al miedo
que me da crecer.
Niña de pasos sinceros
que endulzas hasta el viento
con tu forma de reír.
Contéstame sincera,
déjame la puerta abierta
por si vuelvo por aquí,
y me da por recitarte
todo lo que no te dije
cuando no me debí ir.
Niña de terciopelo
que eres suave
y raspas a la vez,
siempre con tu verdad por delante
dejándome sin aire
cada dos por tres.
Que sonríes a los extraños
y abres tu mundo a cualquiera,
dejas que se asomen
y nunca que se queden en él.
Niña, tú que ríes
alto y no hay música que iguale
la melodía de tu fin.
Niña, que te pienso
desde aquel noviembre gris
que aún estás aquí
y no te cansas.
Que me dejas tierno 
y te resbalas,
que no te quedas
hasta el último baile.
Que eres libre
y no te entendí.
Perdóname, niña,
por no haberte conocido
cuando pude
por no haberme dado a mí mismo
el valor
de seguir ahí,
cuando rompí las promesas
que meses atrás cosí en mis labios,
cuando por perderme
te perdí.
Niña, que llevas el invierno tatuado en la espalda
y juegas a ser escritora, una noche cualquiera,
qué tendría que hacer yo para que supieras
que el invierno es solo primavera
si no estás aquí.






Qué frío más cobarde,
que se queda en dieciséis (grados)
cuando podría estar a menos tres.
Se parece a mí. 







jueves, 24 de diciembre de 2015

Navidad.

Porque no ha sido el año más fácil de mi vida,
porque he tenido que dejarme la piel
asumir el cambio
y perder el miedo.
Porque he conocido y desconocido,
recuperado y desvanecido,
por mí
por el coraje y el valor
la fortaleza,
saber decir 'no', aunque duela.
Por la amistad, infinita y severa
que sigue sumando meses 
a pesar de mis tormentas.
Por el amor, que traicionero, me regaló un diciembre lleno de tristeza
y me ha devuelto un diciembre lleno de ilusiones.
Por la esperanza, que nunca se dejaba perder
hasta que decidí perderla.
Por renacer, por aquellos diecinueve inviernos que cumplí
algo sola y sin recuerdos.
Por los veinte que se acercan con promesas,
un contrato indefinido,
un nuevo trabajo
y esperanzas en un curso que ya va por la mitad.
Por esos amigos que se van sumando y 
la construcción de una amistad imperfecta
y esas birras los jueves noche
con sabor a sal.
Por mi gente, mi familia, los que quedan,
que no son muchos
pero son los justos para hacerme feliz. 
Por él, que resbaló entre la gente y se coló entre mis redes
con promesas que no quise creer aunque crea.
Por el coraje y la dificultad, por negar lo evidente
coger el timón con los dientes y no querernos anclar.
Por mí, por ese cava frío
que serviré en honor de los que se fueron
sin explicación
aquellos llamados amigos
que resultaron regalarme un quemazón
en las costillas. 
Por renacer sin miedo, por esas pautas rotas
por romper esos esquemas que encendían mi dolor.
Por darle una oportunidad a mi instinto
y recorrer el camino que antes pudo llevarme al dolor.
Por creer, después de todo, 
en el amor
y no rendirme
con nadie.
Por haber luchado siempre hasta el final
de cada historia,
por no haber abandonado
por haber sido la fuerte
y haberme armado de valor
para irme cuando sentí
humillarme ante su voz.

Por mí
por haber ayudado
por salvar sin conseguirlo
por llorar
y llorarme.
Por la verdad
aunque doliese
por haberme hecho ver
que merezco que me quieran
tanto como yo quiera.



Por mí,
por un nuevo año
en el que al fin
todo vaya sobre ruedas.
En el que haya dolor
pero lo venza su risa
que llega angelical entre las prisas.
Por todo,
para que al fin 
seamos libres
y resurja la emoción
de un bar y el olor
de los comienzos.
Por ellos que no se han ido,
por mí que sigo aquí,
por él que ha llegado
y dice que no se quiere ir.






Feliz navidad, feliz santo a todas las chicas Noelias y Natalias.
Sed felices.

martes, 22 de diciembre de 2015

Y que llega para cambiarlo todo.

Mi vida ha cambiado, de veras. No me reconocerías. No soy quien solía ser, pero soy más real ahora, supongo. Sigo jugándome el cuello por los míos, no te creas, hay cosas que no han cambiado tanto. Pero ahora también me lo juego por mí. Supongo que ahí está la diferencia. Supongo que es ahí donde dejarías de conocerme. 
Antes no me atrevía a mirarme al espejo. Me daba miedo verme, creía que nunca sería digna de mí misma. Era patético contemplarme tan vacía, y es que hace un año pasé probablemente una de las peores navidades que tendré en mi vida, y no sabes cuánto me alegro de que algo en mí me hiciera dejar apartado el dolor, todo aquello por lo que luché con uñas y dientes, todo aquello a lo que ansiaba aferrarme, todo aquello que fingí olvidar un día y que acabé olvidando. Vivía en un laberinto que yo misma podé, con la esperanza de encontrar un camino donde solo había muros y muros llenos de recuerdos, de reproches, de fallos, errores, de amor que se esfumaba, lleno de todo lo que yo misma sembré. 
Si me vieras ahora no sabrías quién soy. Echarías de menos la inocencia de unos ojos, pero te cautivaría mi nueva energía, que mueve mundos y juega a llevar la contraria a todo ideal. Aunque eso último lo he hecho siempre. O lo intentaba.
Antes vivía en mí alguien que había decidido dejar de vivir. Cuando te marchaste apagué toda esperanza y me aferré a vivir como viven todos, siguiendo una enorme masa, agachando la cabeza, siguiendo con mi vida, porque eso es lo que te aconsejan tras el abandono, que sigas con tu vida. Vivía muerta dentro de mí, esperando una señal, algo que me hiciera volver al lugar de siempre, donde luchaba por lo que quería aunque doliese. 
Pasaron muchos meses hasta que lo conseguí.
De verdad, tuve que sudar despecho y alimentarme de errores para aprender que siendo yo misma era la única forma de volver a encontrarme. Que no podía buscarme donde había oscuridad, que si no intentaba rescatar la humanidad que quedaba en mi pecho me perdería para siempre.
Y aquí vino la parte más difícil. Reconocer todo lo que había dejado de reconocer cuando apagué mi humanidad y afrontar todos los errores que me habían llevado a -casi- perderme. 
Entonces salté.
Y sangré silencios. Juro que no fue fácil encontrarme sola, tener que sujetarme a mí misma tras cada caída. No fue fácil reconocer que yo también me había portado mal, que no era la chica que todos conocían. Que si cambiaba tanto no iba a volver a tener jamás lo que  más me gustaba de mí: Esa fe ciega e infinita en el ser humano, la esperanza arrolladora que lo destruía todo pero me reconstruía el mundo. 
Entonces me encontré con él. Aparentemente nada había cambiado, por dentro empezaba a girar el mundo y me vi sumida en el mayor de mis temores: Volver a sentir que sonreía por alguien que ya no era yo misma. El miedo se apoderó de mí. No quería querer, no podía quererle, no a él, no así, no era el momento, o eso creí. 
Y sin querer, casi como por inercia, todo parecía sencillo y abrumador, corriente y fugaz, intenso y suave. Me dejé llevar como se dejan llevar los cuerpos cuando la música empieza a sonar.
Y me inventé los mejores pasos de baile del mundo. Convertí lo malo en aprendizaje y empecé a ver en otros ojos la esperanza en esa humanidad infinita, en ese hueco perverso donde instalaba mis emociones. Empecé a enamorarme sin querer hacerlo, pero sin poder evitarlo. Era como saltar con la cuerda atada, pero floja. Era como saber que caminaba de nuevo al precipicio, otra vez sin saber si alguien me esperaría abajo si caía. Era, sin duda, volver a envasar mi corazón al vacío. Era arriesgarme a que me partieran la vida de nuevo. 
Asumí que no era el momento y de repente, entre una luz tenue y la emoción de fondo, me vi escuchando las palabras que lo cambiaron todo. Tratando de enamorarte me acabé enamorando yo. Esos tres días fueron los más raros y bonitos del mundo. Fueron los tres días en los que cambiaron los papeles, en los que decidimos hablar por primera vez con el corazón en la mano.
En tan poco parece que hemos vivido tanto que hay cosas que ya no sé borrar de mí. 
Me ha hecho fuerte, siempre dice que soy capaz de todo. Me hace creer realmente que he nacido para romperme la vida intentando lograr llegar donde el mundo decide que no llegaré. Me enseña a base de delirios y mi único castigo es no poder dormirme abrazada a su ombligo. Cree en mí a pesar de que solo confiaba en sí mismo. Cree que realmente puedo salvarle y...Se deja salvar.
Me recoge cuando he tenido un mal día y me obliga a sonreír sin que siquiera sepa que lo está haciendo. Me pone siempre a prueba porque aún no cree que pueda quererle. Como si fuera difícil querer a alguien que lleva un color distinto en sus sueños. Como si no valiera la pena vencer al miedo por él. Como si yo no pudiera batallar contra el mundo. Si ya lo hice el día en que decidí asumir que empezaba a quererle. No fue fácil aceptar que amaba lo imposible , no fue fácil contemplarme a mí misma de nuevo creyendo en cosas que juré no creer más. 
No tenemos miedo, no es eso. No nos tememos porque nos tenemos. 
Quizá lo que realmente da miedo es gritarle al mundo lo que no quiere escuchar. Que es amor y es de verdad, que aprieta fuerte al corazón y que llega para cambiarlo todo.


No me reconozco, nunca había necesitado tanto ser yo.
Quizá aunque no sea fácil valga la pena,más que nunca,intentarlo. 







Porque soy efímera para todos
y sin embargo él me llamó eternidad.
Porque me vio sin necesidad de mirarme
y se quedó cuando supo lo peor de mí.




Porque soy yo. Por fin.

viernes, 18 de diciembre de 2015

Adormeces la maldad
me hago pura entre tus dedos
estremeces mi verdad,
tus suspiros son de hielo.
Calmas esta tempestad
rompes con todos los miedos
y entorpeces mis recuerdos
con tu necia realidad.
No sé ser sin ti,
contigo me hago grande.
Y me veo de la forma
en que prometí jamás volver a mirarme.

Pero y qué,
los tiempos cambian
y aunque primero dije
nunca más enamorarme
llegaste antes de rendirme,
de lanzar cada caricia al aire
y quemar todas las rimas
con las que solía destrozarme.

No eres tú ni soy yo
somos nosotros.
Esta vez el final es el comienzo
y un "nunca haré esto"
es igual a un "vamos a intentarlo"
Porque al fin y al cabo
solo somos tiempo
y el tiempo
hay que aprovecharlo.

Puedes reírte y llamarme
enamorada
loca
ingenua o
kamikaze.

De todos modos seguiré queriéndote mañana.

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Y esta vez...

Gracias
héroe con gorra
por saber salvarme otra vez.

Contigo sé tirarme sin paracaídas
sin cláusulas
ni letra pequeña.
Sin cadenas
sin prisa
sin miedo.

Gracias por colarte tan dentro que ya no sepa -ni quiera- sacarte.

Te quiero por todo lo que no has permitido que olvidara nunca.
Te quiero porque cuando te quitas la gorra sigues siendo un héroe.

Porque me has querido conociendo primero lo malo,
y eso es lo más valiente que han hecho por mí nunca.

Así que sube los brazos
canta a pleno pulmón
y recuerda que un día impar
dijiste que no querías perderme
susurraste aquel secreto
que sólo entendimos nosotros
y le concediste al invierno
el manto más cálido.

Desde entonces no he dejado de pensar en lo mucho que me apetece huir
y esta vez contigo
sin mirar atrás.

lunes, 14 de diciembre de 2015

domingo, 13 de diciembre de 2015

Rota. Y por qué no.

Tiemblo.
Me trago las lágrimas y tiemblo.
Me agarro el corazón y tiemblo.
Me miro en el reflejo y tiemblo.
Todos los miedos afloran, se deshace el silencio y un gemido de dolor me rompe la garganta. Hacía mucho tiempo que no temblaba así.
Me da miedo supongo, porque si volvieran a atravesarme no podría renacer.
Porque prometí que nadie más podría romperme y me he roto.
Porque ya no tengo las cosas tan claras.
Porque este momento es precisamente el que me recuerda por qué no quería volver a darle a nadie el poder de destruirme.
Porque me caigo otra vez y ya no hay alas que salven la distancia de mi cuerpo y el infierno.
Porque estoy siendo sincera, y sinceramente muero.
Ya no recordaba lo que es sentirse hundido. Ya no recordaba lo que era temer perder. Ya no me recordaba débil.
No me recordaba desnuda arañándome la piel.
No me recordaba sangrando.

Siempre he perdido en todos los juegos, esta vez no iba a ser menos.
Me destierro de este silencio
y vuelvo a la botella de siempre
para volcarla
y tirar encima de mí
todas las culpas.

Me siento sin ganas
ya no creo en el tiempo
siento haber descubierto
lo que sabía desde un principio,
que no era solo mía la batalla.
Que aún quedaba el recuerdo
y las ansias,
que amenazaban firmemente
con romperle todos los mapas.


Qué injusta tu balanza
cuando pasas por alto
todo lo que siempre
he dado
y equilibras nuestro presente
con tu pasado.


sábado, 12 de diciembre de 2015

Hoy tu madre me ha preguntado que qué tal y no he sabido preguntarle por ti.
Espero que estés bien y la tormenta al fin te haya traído la calma que esperabas.
Y si es así jamás leerás esto.
Es lo que debe ser.

Y me alegro.

viernes, 11 de diciembre de 2015

Qué bien quedas entre mis sábanas.

Y ahí, justo ahí, entre tus costillas y tus labios, apoyo la cabeza y respiro. No te tengo miedo, y ya hacía tiempo que no quería sin temer. Estás hecho a la medida solo de quien te pueda entender.
Por suerte, no todos tienen el privilegio de verte.
Qué jodidamente afortunada soy.

Tenías razón, algo se accionó en cuanto nos conocimos. Y cómo me alegro de haberme equivocado tanto. De haber elegido todos los caminos que me llevaron a chocarme contigo.
A entender que a veces es cuestión de tiempo.
Y que el amor no puede estar mal,
así que no, mi respuesta es no. Ya no me siento culpable por quererte.
Ya puedes quedarte,
aunque no salga de esta habitación
el secreto que guardamos en las manos.
Te elijo porque no he podido elegirte. Porque ha sido el amor esta vez el que me ha elegido a mí.

Y qué sorpresa tan feliz
toparme con tu manera
de sentir,
tan tú,
por debajo de nadie.

martes, 8 de diciembre de 2015

Comes de mis guerras.

Y así es como tu saludo
cayó sobre mi tristeza,
abriéndose fuerte
haciéndose un hueco entre la
melancolía.
Tapaste mi boca con tus labios
para que no conjugara mi vida en pasado,
yo fabriqué risas y te las dejé en la puerta
por si te volvían las ganas de ser feliz.
Después de aquello no hubo mejor apuesta,
te reté a sentir sin coherencia,
y acabamos por sentir.
No les di tiempo a aparecer,
no hubo etiquetas
y le puse tu nombre al presente.
Nunca te haré una promesa,
y es cierto
paso de sentenciar nuestras prosas
con versos siniestros.

Esta noche voy a sacudir tus miedos
centrifugar tu voz
y si queda tiempo
ponerle tu nombre al colchón
por si hoy también nos da
por querernos.

lunes, 7 de diciembre de 2015

364.


Escribo esto un día antes de que se cumpla un año de tu partida, porque mañana será demasiado evidente. Supongo que sobreviví. Recuerdo aquel día a la perfección, por aquel entonces tú estabas conmigo porque no querías estar sin mí, pero no podías quererme como yo a ti sí. Me conformaba con tus llamadas a destiempo, llorando, atemorizada, esperando el inevitable final. Confieso que esperaba algo más triunfal y dramático, no fue un final justo para nuestra historia. Me sentaste en un banco, a dos minutos de mi casa. Empezaste el discurso sin mirarme a la cara, habías ensayado cada una de las palabras que en forma de monólogo interno se deslizaban hasta mi oído.
Parecía que habíamos planificado aquel final, como si lo mereciéramos, o fuera lo que debíamos hacer.
Yo me recuerdo inmóvil, con la lengua rozando mi paladar, sin creer tus palabras, esperando el final del diálogo que mantenías solo.
Lo primero que dije fue algo asi como que yo no podía obligarle a seguir en un sitio donde ya no era feliz, pero que lo pensara bien, que si escribía la palabra fin jamás volvería a escribirse la historia.
Aquella tarde cogí mi cámara y me grabé montando el árbol de navidad. Me negué a llorar durante toda la tarde, hasta que me metí en la ducha. El agua caía al compás de mis lágrimas. Sabía que era el principio del fin.
Aquel día no solo te perdí a ti,
perdí algo que jamás volveré a tener: Fe infantil, mirada de niña, inocencia.
Parece mentira que hayan pasado 364 días, que yo siga teniendo las mismas manos, los mismos ojos, la misma habitación, los mismos amigos, y todo haya cambiado tanto.
Pareció tan fácil en aquel entonces abandonarme. Fueron las navidades más infelices del mundo.
Lloraba porque no encontraba el modo de encontrarme.
Hasta que me encontré.
Sé que ambos hemos cambiado mucho, yo he vuelto a ser la chica de los sueños y las luciérnagas insensatas, y me he enterado -sin querer- de que vuelves a sonreír. Me alegro de que así sea. Renace, vuelve a ser el chico del que me enamoré para que otra mujer pueda hacerlo como hice yo. Ojalá no te equivoques como yo, que no tengas que pasar por la humillación y todos los errores que cometí en tu ausencia. Ojalá no tengas que abandonarte a ti mismo para reencontrarte. Ojalá no enciendas un cigarro ni te abandones al sexo sin amor. Porque la caída es peor.

A veces me preguntaba que por qué recibía el castigo de verte marchar. Con el tiempo descubrí que era solo una manera de ser más fuerte. De entender qué era lo que merecía. Qué jamás volvería a soportar de nadie.
Ojalá tú te quedaras con lo mejor de mí
lo hice lo mejor que supe
hasta que te fuiste.

Sé feliz como no fuiste conmigo,
ya va siendo hora de que no te conformes.

viernes, 4 de diciembre de 2015

Felicidad llama de nuevo.

Ha venido la felicidad y se ha colado en mi cama. Tiene manos de hombre y cocina los silencios más cómodos del universo. No le rinde cuentas a nadie, es libre y fascinante. No se deja querer pero quiere, y aunque no lo sepa, yo también quiero. Su gusto musical abarca ciudades, el mundo tiembla si sale a caminar, le gusta quemarse con mi piel, él siempre invita al desastre.

Y el infierno es paraíso cuando se queda conmigo.

abrumador

Quizá pueda sonar raro, pero cuanto más cerca estoy de ser aquello que he deseado ser desde que mi uso de razón se coló en esta habitaci...