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Mostrando entradas de diciembre, 2015

Adiós 2015

Enero me golpeó con la despedida de una vida entera, que se fue tal como vino, rápida, fugaz e intensa. Enero me trajo mis diecinueve inviernos, unas velas que soplé a contraluz, con el mayor miedo a afrontar un año más, un año más sin él, que no daba señales de vida. Febrero trajo un San Valentín sin compañía, con tres películas por tarde y una taza enorme de chocolate caiente en la que dejé mis ilusiones. Me transformé en alguien que no era, alguien que se ahogaba en alcohol porque su vida estaba demasiado jodida como para verla sobria. Alguien demasiado orgullosa como para admitir que se acababa de sumir en su propio infierno. Marzo trajo el peor error que he cometido en mi vida, un error del que ya nunca podré recuperarme, porque es irreversible. Elegí y lo hice mal, quizá por impaciente, por despecho, reproches o mentiras. Venganza contra mí misma. Me perdí el respeto. Abril trajo ilusiones, un nuevo trabajo que no me gustó, pero me ayudó unos meses. Se acercaba el calor y se ale…
Me pregunta que qué tal estoy y yo solo sé mirarle con delicadeza, como el que admite que está mejor de lo que esperaba estar para estas fechas. Él sonríe algo ilógico, comenta que la vida le va mejor, que aún no tiene lo que ansía pero solo porque aún no sabe qué quiere exactamente. Y yo le miro desafiante, le reprocho que nunca sabe nada, que así cómo espera decidir. Sonríe, como el que recuerda algo gracioso, y yo sé que lo hace porque como ahora, ya le había dado la chapa tiempo atrás con estas cosas. Es una sonrisa de nostalgia. Una sonrisa de echaba de menos que me echaras la bronca por las decisiones que decido no tomar en mi vida. Y yo le devuelvo la sonrisa, como diciendo que sí, que yo también lo recuerdo, que debería cambiar. Pero niega con la cabeza, sigue siendo feliz en esa inocencia pura que quise tanto un día. Levanta los hombros y con una risa fingida me pregunta que cómo le va a mi corazón. No le contesto, aunque me encantaría decirle que por fin lo he amueblado, que…
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Gracias por ser mi serendipia.

(versos) cualquiera.

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Niña de mirada gélida que consigue deshacer mis hielos paralelos al miedo que me da crecer. Niña de pasos sinceros que endulzas hasta el viento con tu forma de reír. Contéstame sincera, déjame la puerta abierta por si vuelvo por aquí, y me da por recitarte todo lo que no te dije cuando no me debí ir. Niña de terciopelo que eres suave y raspas a la vez, siempre con tu verdad por delante dejándome sin aire cada dos por tres. Que sonríes a los extraños y abres tu mundo a cualquiera, dejas que se asomen y nunca que se queden en él. Niña, tú que ríes alto y no hay música que iguale la melodía de tu fin. Niña, que te pienso desde aquel noviembre gris que aún estás aquí y no te cansas. Que me dejas tierno  y te resbalas, que no te quedas hasta el último baile. Que eres libre y no te entendí. Perdóname, niña, por no haberte conocido cuando pude por no haberme dado a mí mismo el valor de seguir ahí, cuando rompí las promesas que meses atrás cosí en mis labios, cuando por perderme te perdí. Ni…

Navidad.

Porque no ha sido el año más fácil de mi vida,porque he tenido que dejarme la piel asumir el cambio y perder el miedo. Porque he conocido y desconocido, recuperado y desvanecido, por mí por el coraje y el valor la fortaleza, saber decir 'no', aunque duela. Por la amistad, infinita y severa que sigue sumando meses  a pesar de mis tormentas. Por el amor, que traicionero, me regaló un diciembre lleno de tristeza y me ha devuelto un diciembre lleno de ilusiones. Por la esperanza, que nunca se dejaba perder hasta que decidí perderla. Por renacer, por aquellos diecinueve inviernos que cumplí algo sola y sin recuerdos. Por los veinte que se acercan con promesas, un contrato indefinido, un nuevo trabajo y esperanzas en un curso que ya va por la mitad. Por esos amigos que se van sumando y  la construcción de una amistad imperfecta y esas birras los jueves noche con sabor a sal. Por mi gente, mi familia, los que quedan, que no son muchos pero son los justos para hacerme feliz.  Por él, que resbaló entre la gente y …

Y que llega para cambiarlo todo.

Mi vida ha cambiado, de veras. No me reconocerías. No soy quien solía ser, pero soy más real ahora, supongo. Sigo jugándome el cuello por los míos, no te creas, hay cosas que no han cambiado tanto. Pero ahora también me lo juego por mí. Supongo que ahí está la diferencia. Supongo que es ahí donde dejarías de conocerme. 
Antes no me atrevía a mirarme al espejo. Me daba miedo verme, creía que nunca sería digna de mí misma. Era patético contemplarme tan vacía, y es que hace un año pasé probablemente una de las peores navidades que tendré en mi vida, y no sabes cuánto me alegro de que algo en mí me hiciera dejar apartado el dolor, todo aquello por lo que luché con uñas y dientes, todo aquello a lo que ansiaba aferrarme, todo aquello que fingí olvidar un día y que acabé olvidando. Vivía en un laberinto que yo misma podé, con la esperanza de encontrar un camino donde solo había muros y muros llenos de recuerdos, de reproches, de fallos, errores, de amor que se esfumaba, lleno de todo lo que …
Adormeces la maldad
me hago pura entre tus dedos
estremeces mi verdad,
tus suspiros son de hielo.
Calmas esta tempestad
rompes con todos los miedos
y entorpeces mis recuerdos
con tu necia realidad.
No sé ser sin ti,
contigo me hago grande.
Y me veo de la forma
en que prometí jamás volver a mirarme.Pero y qué,
los tiempos cambian
y aunque primero dije
nunca más enamorarme
llegaste antes de rendirme,
de lanzar cada caricia al aire
y quemar todas las rimas
con las que solía destrozarme.No eres tú ni soy yo
somos nosotros.
Esta vez el final es el comienzo
y un "nunca haré esto"
es igual a un "vamos a intentarlo"
Porque al fin y al cabo
solo somos tiempo
y el tiempo
hay que aprovecharlo.
Puedes reírte y llamarme
enamorada
loca
ingenua o
kamikaze.De todos modos seguiré queriéndote mañana.

Y esta vez...

Gracias
héroe con gorra
por saber salvarme otra vez.Contigo sé tirarme sin paracaídas
sin cláusulas
ni letra pequeña.
Sin cadenas
sin prisa
sin miedo.Gracias por colarte tan dentro que ya no sepa -ni quiera- sacarte.Te quiero por todo lo que no has permitido que olvidara nunca.
Te quiero porque cuando te quitas la gorra sigues siendo un héroe.Porque me has querido conociendo primero lo malo,
y eso es lo más valiente que han hecho por mí nunca.Así que sube los brazos
canta a pleno pulmón
y recuerda que un día impar
dijiste que no querías perderme
susurraste aquel secreto
que sólo entendimos nosotros
y le concediste al invierno
el manto más cálido.

Desde entonces no he dejado de pensar en lo mucho que me apetece huir
y esta vez contigo
sin mirar atrás.
Y la vida
como siempre
no esperó
y me pintó
de esperanza
el silencio.

Rota. Y por qué no.

Tiemblo.
Me trago las lágrimas y tiemblo.
Me agarro el corazón y tiemblo.
Me miro en el reflejo y tiemblo.
Todos los miedos afloran, se deshace el silencio y un gemido de dolor me rompe la garganta. Hacía mucho tiempo que no temblaba así.
Me da miedo supongo, porque si volvieran a atravesarme no podría renacer.
Porque prometí que nadie más podría romperme y me he roto.
Porque ya no tengo las cosas tan claras.
Porque este momento es precisamente el que me recuerda por qué no quería volver a darle a nadie el poder de destruirme.
Porque me caigo otra vez y ya no hay alas que salven la distancia de mi cuerpo y el infierno.
Porque estoy siendo sincera, y sinceramente muero.
Ya no recordaba lo que es sentirse hundido. Ya no recordaba lo que era temer perder. Ya no me recordaba débil.
No me recordaba desnuda arañándome la piel.
No me recordaba sangrando.Siempre he perdido en todos los juegos, esta vez no iba a ser menos.
Me destierro de este silencio
y vuelvo a la botella de siempre
para v…
Hoy tu madre me ha preguntado que qué tal y no he sabido preguntarle por ti.
Espero que estés bien y la tormenta al fin te haya traído la calma que esperabas.
Y si es así jamás leerás esto.
Es lo que debe ser.Y me alegro.

Qué bien quedas entre mis sábanas.

Y ahí, justo ahí, entre tus costillas y tus labios, apoyo la cabeza y respiro. No te tengo miedo, y ya hacía tiempo que no quería sin temer. Estás hecho a la medida solo de quien te pueda entender.
Por suerte, no todos tienen el privilegio de verte.
Qué jodidamente afortunada soy.Tenías razón, algo se accionó en cuanto nos conocimos. Y cómo me alegro de haberme equivocado tanto. De haber elegido todos los caminos que me llevaron a chocarme contigo.
A entender que a veces es cuestión de tiempo.
Y que el amor no puede estar mal,
así que no, mi respuesta es no. Ya no me siento culpable por quererte.
Ya puedes quedarte,
aunque no salga de esta habitación
el secreto que guardamos en las manos.
Te elijo porque no he podido elegirte. Porque ha sido el amor esta vez el que me ha elegido a mí.
Y qué sorpresa tan feliz
toparme con tu manera
de sentir,
tan tú,
por debajo de nadie.

Comes de mis guerras.

Y así es como tu saludo
cayó sobre mi tristeza,
abriéndose fuerte
haciéndose un hueco entre la
melancolía.
Tapaste mi boca con tus labios
para que no conjugara mi vida en pasado,
yo fabriqué risas y te las dejé en la puerta
por si te volvían las ganas de ser feliz.
Después de aquello no hubo mejor apuesta,
te reté a sentir sin coherencia,
y acabamos por sentir.
No les di tiempo a aparecer,
no hubo etiquetas
y le puse tu nombre al presente.
Nunca te haré una promesa,
y es cierto
paso de sentenciar nuestras prosas
con versos siniestros.Esta noche voy a sacudir tus miedos
centrifugar tu voz
y si queda tiempo
ponerle tu nombre al colchón
por si hoy también nos da
por querernos.

364.

Escribo esto un día antes de que se cumpla un año de tu partida, porque mañana será demasiado evidente. Supongo que sobreviví. Recuerdo aquel día a la perfección, por aquel entonces tú estabas conmigo porque no querías estar sin mí, pero no podías quererme como yo a ti sí. Me conformaba con tus llamadas a destiempo, llorando, atemorizada, esperando el inevitable final. Confieso que esperaba algo más triunfal y dramático, no fue un final justo para nuestra historia. Me sentaste en un banco, a dos minutos de mi casa. Empezaste el discurso sin mirarme a la cara, habías ensayado cada una de las palabras que en forma de monólogo interno se deslizaban hasta mi oído.
Parecía que habíamos planificado aquel final, como si lo mereciéramos, o fuera lo que debíamos hacer.
Yo me recuerdo inmóvil, con la lengua rozando mi paladar, sin creer tus palabras, esperando el final del diálogo que mantenías solo.
Lo primero que dije fue algo asi como que yo no podía obligarle a seguir en un sitio donde ya…

Felicidad llama de nuevo.

Ha venido la felicidad y se ha colado en mi cama. Tiene manos de hombre y cocina los silencios más cómodos del universo. No le rinde cuentas a nadie, es libre y fascinante. No se deja querer pero quiere, y aunque no lo sepa, yo también quiero. Su gusto musical abarca ciudades, el mundo tiembla si sale a caminar, le gusta quemarse con mi piel, él siempre invita al desastre.

Y el infierno es paraíso cuando se queda conmigo.