viernes, 30 de noviembre de 2012

Sólo necesito tiempo.

Es simplemente simple. No necesito capas de protección para el corazón. Es cierto, a veces estoy bien y en unos segundos desconecto del mundo para regresar al pasado. Y le echo un ojo, ya sabes, por si ha cambiado algo. Y todo sigue intacto, tal como lo dejamos. Ahí, quieto, tranquilo. Yo ya no tengo miedo, ¿sabes? ni de ti, ni del pasado, ni si quiera del presente, ni del futuro. He asumido que nunca seremos amigos, que siempre vas a dejar esa barrera de distancia que has puesto entre nosotros. Nunca te entenderé, no, nunca entenderé porqué te es tan difícil hablarme normal si no me has querido realmente. Si todo ha acabado. Yo tendría que ser la que girara la mirada, yo tendría que ser la ofendida.
El caso es que ya me da igual, cada día abro un poco más los ojos. Y sé que no eres el chico que estuvo conmigo, ya no. Porque no me volverás a hablar así, ni a gesticular así, no a reír así, no conmigo. Puedo ver cómo le sonríes a alguien, a lo lejos. Puedo ver cómo hablas, incluso puedo escuchar lo que dices, pero ya nunca te dirigirás a mí. Pero supongo que me da igual, que lo he entendido. Mensaje recibido. Ya no estoy en tu vida, en ninguna de las formas posibles. A veces siento que ni nos conocemos. Me duele el hecho de no hablar contigo por las noches, mis labios, mis brazos, mis ojos, mi cerebro, ya estaban acostumbrados a ti. A tus tonterías, a reír contigo, a besarte. A sentir el olor de tu cuello, el tacto de tus labios. Supongo que duele eso que ya no está. Sé que ahora estás mejor, sin mí, yo lo sé. Y yo no estoy mal, no te creas. Vivo y las cosas me van bien. Con mi familia, bueno, a veces más distante, a veces más cercana. Mis amigos están ahí siempre, y lo son todo. Y los estudios...no tengo quejas. Es cierto, no lo voy a negar, a veces te echo de menos. Pero son etapas, y sé que un día dejaré de echarte de menos. Algún día llegará alguien, y quizá la historia se repita, de otro modo, y así sucesivamente  hasta que encuentre a esa persona. Esa que yo deseaba que fueras tú, pero que resultaste no ser. La persona que haya nacido para estar conmigo. Ya sabes, la persona con la que llegaré a estar durante mucho tiempo. Esa persona que todos buscamos. Esto es sólo un escalón, una pieza en un rompecabezas enorme, y algún día pasaré la página y continuaré con el libro. Es cuestión de tiempo que te deje de echar de menos, de querer, llámalo como quieras. Sólo me hace falta eso, tiempo. 

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Te fuiste tú primero.

- ¿Me esperarás?
- No me hagas hipotecar mi vida contigo.
- Sólo quiero saber si estarás si decido volver.
- No, siéndote sincera, si te vas es porque no mereces que esté cuando vuelvas. Si no quieres perderme, no te vayas.
- No tengo opción...
- Sí la tienes, escógeme a mí.
- No hagas esto difícil.
- Si no te fueras sería fácil, lo sabes. Pero estás asustado. No eres capaz de admitir, por una vez en tu vida, que estás acojonado porque nunca había pasado esto antes, ¿verdad?. Hasta pensaste en el color que escogerías para nuestro sofá.
- No sabía que iba a salir así.
- ¿Así?
- Bien. A mí nunca las cosas me han ido bien.
- Yo sé porqué. Porque huías justamente antes de que sucediera. Plaf, como si fuera fácil. Huías cada vez que no querías sentir. Pero esta vez no te ha dado tiempo de escapar.
- No quiero escapar de ti, ese es el problema.
- De eso te hablo, que ahora no quieres dejar las cosas como están, por eso necesitas tener asegurado que yo esté aquí, para que cuando vuelvas, puedas recuperarme. Necesitas irte para comprobar que quedarte sería lo correcto, pero, ¿te digo algo? Muchos ya me han hecho daño marchándose, y yo no estoy dispuesta a esto. Si me quieres, quédate. Si tienes dudas, márchate, pero después no vuelvas. No pienso hacerme daño de esta manera.
- Pero aún hay una posibilidad de que...- me rozó la barbilla-...pueda quedarme. No sé, no tengo las cosas claras. Dame tiempo.
- ¿Tiempo? Eso es lo que he perdido contigo durante mucho. No estoy dispuesta a dejar que alguien me humille, y menos de esta manera. Tienes que decidir ahora.
- Me iré. Sé que estarás aquí cuando regrese, confío en ti.
- No, Adam, te equivocas. Esto no es cuestión de confianza. Es cuestión de ser, de querer. Y ahora demuestras hacia qué lado se ha desequilibrado nuestra balanza durante todo este tiempo.
- ¿Te vas?- dijo intentando retenerme por el brazo.
- Puedo caminar hacia otra dirección, ahora, por la calle, y alejarme de ti. Pero piénsalo, eres tú el que se ha ido primero.

martes, 27 de noviembre de 2012

Pero es por el miedo.

- No es que no quiera estar contigo. Me gustas. Es cierto, me gustas, desde aquel abril, desde aquella feria, desde aquella primavera. Eres excepcional. Pero...yo ya no estoy hecha para esto, no. Ya no. Porque sé lo que sucederá, siempre pasa lo mismo: Cuando te canses de luchar, entonces me dirás que no he sido nada para ti. Y yo me tragaré las palabras, las lágrimas y caminaré dirección a mi casa con la cabeza bien alta. Por mis auriculares saldrá la letra perdida entre el llanto, esa letra que conoces tan bien. A thousand years. Y lloraré cuando atraviese esa portería, y suba a toda leche las escaleras hasta llegar a mi casa. Después me tumbaré en la cama y desde ahí mirare hacia el corcho. Y veré nuestra foto. Entonces te echaré de menos, y el dolor se hará insoportable.  Ni las tilas calmarán mi drama, ni el sueño calmará mi cansancio. Porque lo único que me hará falta para sonreír será tu sonrisa y ella ya no estará a mi alcance. Eso pasará con nosotros, eso es justamente lo que pasará. Y es por eso que me niego a empezar otra historia. Porque no quiero necesitar a nadie, ya no. Entiéndeme, sigo creyendo en el amor, pero mi cabeza insiste en no hacerlo. Ya he perdido la fe en demasiadas cosas...y no me gustaría tener que perderla en ti también. Ahora te toca a ti entenderme.

lunes, 26 de noviembre de 2012

Pero le miré el alma. No era un alma pura, yo ya lo sabía. Tenía una oscuridad intensa, como esa oscuridad de las noches de invierno, las más frías, las que tienen menos estrellas. Pero me encantaba perderme en sus sombras, el frío que había en ella jugaba a abrazarme, a partirme en dos mitades de vez en cuando. Sabía que merecía algo mejor, mejor objetivamente. Porque para mí sus imperfecciones eran perfectas. Me miró atravesándome el corazón con un cuchillo, un cuchillo metafórico, de esos que te dan igualmente la sensación de cortarte el alma en mil cachitos. Le amé, sí, claro que lo hice. Fueron los tres mejores años de mi vida. Él me buscaba, me encontraba, me besaba, me acariciaba. Sabía cuántos escalones había en las escaleras antes de llegar a mi casa. Se sabía las coordenadas exactas, esas en las que podía besarme, hacerme cosquillas, y que utilizaba en mi contra cuando quería convencerme de cualquier estupidez. Sabía mis secretos más estúpidos pero íntimos, se sabía mi color, número, comida, actor, película y canción preferidas. Y sabía que amaba el chocolate como a nada.
Me regaló doce rosas cada S. Jordi que pasó a mi lado, y me dedicó más de trescientas canciones que ahora soy incapaz de escuchar sin llorar. Creía que sería para siempre, pero mi yo más interior, perverso, masoca y oculto, sabía que él un día tendría que volar.
Nadie entendió jamás cómo él podía estar con alguien como yo. No es cuestión de no pegar físicamente, ni de que yo fuera una especie de extraterrestre, no. Simplemente rompíamos con las normas. Eso era todo, amábamos. Y nadie amaba ya. Eso era lo extraño, la complicidad de nuestras miradas, el deseo escondido en nuestros corazones a cada beso, ese latido acelerado. Esa sonrisa cómplice esos impulsos salvajes a cometer errores constantemente. Su alma era oscura y él era el hombre más cabezota del universo. Le habría matado tantas veces como veces quise comérmelo a besos. Pero habría sido incapaz de ponerle un dedo encima si no era para acariciarle los nudillos de las manos y que sonriera. Parecía tan fácil como respirar, tan sencillo como era sencillo el latido de un corazón. Tan fácil como caminar, tan difícil como volar. Éramos los polos opuestos menos opuestos del universo. Pero si ni si quiera fuimos almas gemelas. Nuestro destino caminaba en direcciones distintas, y aunque nosotros jugáramos a estar hechos el uno para el otro los dos sabíamos que todo se iba a acabar un día.  Jorge nunca ha sido para Míriam, Míriam jamás fue para Jorge. Eran demasiado libres. Y aunque odiábamos las ataduras, creedme, yo me habría atado a su espalda mil y una veces. 

Pero volamos alto, lejos, separados. Y a veces me giro a observar cómo va su vuelo, y lo veo alejándose. A toda velocidad, como a él le gustaba, con prisas, sin paciencia, sin necesidad de alguien más que de sí mismo.
A veces me pregunto si recuerda de qué color era mi alma, si escucha mis canciones, si relee mis cartas, si ve nuestros vídeos, nuestras fotos...si sabe lo que soy si sabe lo que es, si sabe lo que fuimos, si sabe lo que siempre seremos aunque no estemos ya juntos.
Me pregunto qué color tendrá el alma de Jorge hoy, veintiséis de noviembre de dos mil doce. De qué color será desde que ya no está a mi lado. 

jueves, 22 de noviembre de 2012

Lo más triste que hay después de una canción de amor son dos canciones de amor.

Sus ojos se reflejan en los míos. Él mira su reflejo. Le quiero acariciar las mejillas, pero está temblando.
- No tienes que ser fuerte, no ahora. Vámonos, por favor.
- No me voy a ir hasta que no haya justicia.
- ¡Me da igual, ya, David! No quiero justicia. Lo único que quiero es que estés bien, y si nos quedamos aquí moriremos los dos.
- No, tú tienes que irte. Yo me quedo, me quedo aquí.
- No, no, no...no voy a permitir que te quedes aquí, solo, en tu estado.
- He pasado por cosas peores- sonríe, con la mirada perdida, y una mueca de felicidad que esconde unas lágrimas de dolor. Tenemos que salir de aquí, pero él no está dispuesto a venir.
- Entonces me quedo contigo.
Yo nunca he sido una chica valiente, eso es cierto. Siempre he sido la típica chica tímida que esconde sus sueños tras una carpeta llena de escritos, la misma que no sabía contestar a un ''te quiero'', esa que tenía miedo hasta de las tonterías más tontas. La chica a la que nadie antes había mirado. No al menos antes de David.
- Si te quedas aquí podrían hacerte daño.
- No me voy a ir sin ti de esta puñetera isla, David. No. Me niego a tener que esperar que vuelvas un día, porque si te quedas aquí te matarán. He estado demasiadas noches sola, y he esperado demasiado para conocer a alguien como tú. ¡Qué digo! A alguien como tú no, a ti. He esperado tenerte demasiado tiempo. Y ahora que te tengo entre mis brazos no voy a permitir que algo así nos separe. Me niego a vivir en una vida en la que no estés tú.
David se reincorpora lentamente y me mira con lágrimas en los ojos. Sé que esas no son de dolor.
- Es lo más bonito- hace una mueca de dolor y se cubre la pierna con una manta sucia de la cual no tenía ni idea de su presencia hasta ahora y me vuelve a mirar- que me han dicho nunca. Te qu...
- No- le pongo el dedo índice en los labios y le miro a los ojos- Esto suena a despedida.
- ¿Hasta en estos momentos no vas a dejarme despedirme de ti? Sé que odias las despedidas, pero...
- También odio los pero. No te despidas de mí, vamos a salir de esta juntos.
- ¡Nile, toca con los pies en la tierra, estamos perdidos! Y conmigo no vas a poder, no puedes llevarme tú sola hasta la otra punta, donde están los barcos.
- Sacaré las fuerzas de donde sea, podemos construir un...
- Ey-  David toma mi mandíbula y me obliga a mirarle. Me seca las lágrimas que acaban de salir a toda  velocidad por mis ojos y se precipitan hacia mis mejillas- te prometo que estaré bien.
- No quiero irme, no quiero dejarte, no quiero, no quiero, no quiero...
- Puedes llorar, o puedes ser fuerte e irte. Lucharé con todas mis fuerzas por salir de esta, sólo por ver tu mirada otra vez, por tener tus besos otra vez cuando nos reencontremos.
- ¿Y si tus fuerzas no son suficientes?
- Entonces habrá merecido la pena luchar- me mira sonriente, y sé que esta sí es la despedida.
-  Te qu...
- No, no quiero que me lo digas.
- ¿Me estás copiando?- sonrío triste
- Es sólo que prefiero decírtelo cuando salgamos de esta.
-¿Y si no...?
- ¿Aún dudas de mí? Vete- susurra- nos veremos en treinta y siete días. Donde siempre, a la hora de siempre.
- Tienes que prometerme que estarás.
- ¿Alguna vez te he fallado?
Niego con la cabeza. Me guiña un ojo y le miro por última vez. Rizos cayendo y rozando sus mejillas. Ojos brillantes, pistola en mano. Me recojo el pelo con una goma y con algo de agua limpio las heridas de mis mejillas. Cuando me alejo de la playa y echo la vista atrás, mis ojos ya no alcanzan a verle.
Pasaron treinta y siete días, y le esperé en la avenida XV, donde siempre. En nuestro banco. A nuestra hora. Pero él ya no volvió.


martes, 20 de noviembre de 2012

Que mi tópico de amor pierda los tópicos.

Caricias en tu espalda que no volverán. Un beso amargo que sabía a final. La historia medio acabada que aún estaba por empezar. Lo de siempre. Lluvia, dos almas impares conectadas que se dejan de buscar. Un tropiezo en la casualidad, un intento de olvido. Un ''no va a volver más'' que deja ir tu amiga, sin más. Un ''es que no me importa ya qué pasará''. Vacío existencial que lo llenas con frases típicas de amor. Filosofía barata que inventa un corazón. Escribes para aliviar el dolor, y como siempre las palabras te abrazan aún mejor que el corazón. Una promesa que queda en el aire. Recuerdas que lo que valen son los hechos y no las palabras, pero aún así sabes que lo escrito perdura siempre. Y tú tienes escrito su nombre en todos tus recuerdos bonitos. Instantes con valor incalculable.
Pero ya no ves la vida con ese tono triste con el que los poetas la pintan, no. Tú le buscas un sentido irreal a la existencia de todo humano, y sigues pensando que el amor no es sólo cosa de adolescentes. Que sigue siendo un juego en el que pierdes, pero que un día encuentras a esa persona. La persona a la que todo el mundo se dirige con pronombres, diciendo constantemente, ''es él'', ''es ella''. No tienen ni idea. Amar es más que un verbo, aunque esto cae en todo tópico de frase barata.
Como si mis palabras no hubieran perdido la cordura hace tiempo...
Sigo cantándole al recuerdo. Como si todavía fuera abril, como si la feria siguiera ahí puesta, como si tus caricias aún fueran suaves. Como si tus besos aún perduraran.
Nunca dejaré de cantarle al amor, al igual que nunca dejaré de ponerle a él tu nombre. 

domingo, 18 de noviembre de 2012

Sube a mi cohete.

Sabes que siempre ponía un ''te quiero'' acompañado de un ''jajaja'' para quitarle seriedad. O un ''te he echado de menos'' al lado de un ''xd'' como símbolo de estabilidad. Como si así las palabras no sonaran tan reales, como si así no pudieras huir de mi lado. Siempre odié las despedidas, y sobre todo si tenía que despedirme de ti. ¿Cómo puedes besar unos labios por última vez si sabes que hasta dentro de dos horas no vas a poder volver a hacerlo? No había límites entre mi cabeza y mi corazón, siempre supiste que caminaban en direcciones contrarias. Pero no te importó. Te sentabas a mi lado y me acariciabas el hombro, y te sentías el hombre más rico del mundo porque me considerabas oro. O eso decías. ¿Como mis rizos, no? Te bastaban dos minutos para convencerme de un ''te quiero'' con tus besos. Sabes que me costaba mucho hacerte saber lo que sentía. Sabes que siempre me hundo. Y sabías entonces que mis ''te quiero'' eran muy verdaderos. No te importaba que me volvieran loca los perritos chiquititos, y que el mar fuera mi símbolo. Tú siempre estabas abrazándome, cubriéndome con tus brazos y tapando la marea que se abalanzaba sobre mí. Nunca dejaste que me ahogase. Siempre tu aire me daba lo que necesitaba para respirar. BumBumBum ¿lo oyes? tú siempre lo oías. Mi corazón, acompasado, contra tu pecho. Sabías que detestaba las parejas que hacían promesas eternas con candados atados en un puente, típicos imitadores del amor de las películas. Yo prefería hacer locuras. Y tú también. Rompíamos con todo lo establecido...y sí, suena a novela rosa, pero lo cierto es que eso éramos. Esos polos opuestos con complejo de imán que a veces se repelaban y otras se buscaban incondicionalmente. Tú y yo, esos éramos tú y yo.

viernes, 16 de noviembre de 2012

Ennie, la infinita Ennie.

Ennie me mira desafiante. Sé que me quiere comer a besos pero desea hacerlo a puñetazos. Mírame así, sabes que me encanta. Pasea el cigarro por sus manos. Tic-tac, se consume. Como su alma. Hasta que lo acaba apagando. Siempre hace lo mismo, trata de esconderse tras el cigarro. Como si el humo pudiera nublar los pensamientos, incluso lo que ambos sentimos cuando estamos cerca. Pero sabe que siempre lo acaba apagando. Sonrío triunfante al adivinar lo que iba a suceder, y ella, otra vez desafiante, me mira.
- Ennie, ¿cuánto va a durar esto?
- ¿De qué me estás hablando?
- De tu actitud.
- No sabes nada de mi actitud.
- Fumar no es de guays, aunque los guays fumen.
- ¿Te has dado cuenta tú solo, de esto?
Me rindo ante sus palabras. Pero sólo porque odio discutir con ella. Me gusta cuando se enfada, pero no cuando yo soy la razón. Aunque sé que no soy la razón, no hoy. Sé lo que le sucede, sé que está deseando contarlo, sé que no le gusta dar pena.
- ¿Está de más que te diga que puedes contar conmigo, no?
Ennie me mira esta vez, pero ya no desafiante, sino con un brillo mágico en los ojos. Parece que...no. O...¿sí?
- Jason.
-¿ Qué ha pasado?
- Me dijo que quería pensar. Me dijo que se iría con Valeria unos días y...
- ¿Te han roto el corazón?
- Las chicas duras no tenemos de eso.
- Oh, ahora entiendo lo de fumar y empezar a abusar de la sombra negra de ojos. ¿Crees que el humo y el color negro te alejaran de esto?
- Tú no puedes ayudarme.
- Yo no, Ennie, pero tú sí te puedes ayudar.
- Me he dado cuenta de que destruyo todo lo que toco, así que he decidido poner una barrera entre la sociedad y yo.
Ennie rompe a llorar. Pero no como haría cualquier persona normal, ella no. Insiste en tragarse cada lágrima. Enciende otro cigarro.
- No destruyes nada, son los demás, que se empeñan en destruirte a ti.
- Menos tú.  Todos menos tú. Cress, tú eres diferente.
- Estaré siempre para apagar tu cigarro. No podría dejar que se consumiera.
Ennie mira hacia un lado, sé que está sonriendo.
- ¿Recuerdas cuando nos conocimos?
Recreo las imágenes. Chica rubia de pelo corto que choca con chico tímido. Un concierto. Una mirada. Una sonrisa. Una canción en un ipod verde. Sus lágrimas de emoción cuando el cantante empieza a tararear su canción y el público aplaude a más no poder. Sí, recreo las imágenes. El momento en que supe que era ella, el momento en que me enamoré. El instante justo.
- Claro. ¿Cómo iba a olvidar a la chica llorica de la tercera fila?
- Ese día ibas con Jason.
- Sí, pero bueno...a él...a él lo conociste más tarde.
- Sí- sorbe la nariz. Hace una pausa y me mira de nuevo- Primero me fijé en ti.
Quedo impactado, sacudo la cabeza y la miro pidiendo una explicación.
- Que pensaba que eras tú, ya sabes. Que fue una casualidad muy bonita y por un momento sentí...
Pero Jason me dijo que tú ya estabas con alguien.
¿Había sido Jason quien me había alejado de ella?
- Yo no estaba con nadie.
- Lo sé...Pero ahora es tarde. Ni yo soy la chica rubia de pelo corto, ni soy inocente. Ya no lloro como una simple fan, ni sonrío. Ni si quiera sigo escuchando a ese grupo.
- ¿Lo dejaste todo por él?
- Dejé demasiadas cosas por Jason. Y tardé en darme cuenta que donde realmente estaba bien era...cuando...no sé, sin él.
- Me hubiese encantado cantar contigo esas canciones, ya sabes, gritando con nuestro grupo favorito.
- Hubiese sido demasiado perfecto, ¿no?
- ¿Crees en el destino?
- Claro- hace ademán de encenderse otro cigarro pero ve mi sonrisa triste y lo guarda.- Creo que te conocí porque estaba escrito así.
- Entonces ten- le paso un auricular y pongo esa canción.- ¿La oyes? ¿Qué dice?
- '' Deja volar tus sueños, aún no ha pasado el momento. Aquí estás, te estoy mirando. ¿Crees en mis sueños? Toma mi mano. Vamos a vivir esto juntos. Vamos a derrotar al tiempo. No llores pequeña, aléjate del miedo''.
- ¿Aún te la sabes, no?
- Es la que estaba sonando cuando te cruzaste conmigo.
- Y aún sigue sonando. ¿Ves como las oportunidades, a veces, vuelven? Sólo tienes que cogerla. Coge esta oportunidad, yo ya lo he hecho.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Si caes, curaré tus alas.

Nacho la miró delicadamente. Raquel estaba guapísima. Bajó ligeramente su tirante negro y le besó el hombro. Ella se estremeció bajo el tacto de sus labios. Nunca nadie le había hecho sentir tan viva.
Miró el mar mientras los labios de Nacho se alimentaban de su cuello. Quería detener el tiempo en ese instante. Él la miró a los ojos y por un momento, sin decir nada, ya se lo dijeron todo. Nacho estaba seguro de que Raquel era todo aquello que no buscaba. Era caprichosa, a veces parecía antipática, y sonreía sólo cuando a su corazón le parecía adecuado hacerlo. Lo controlaba todo y lo planificaba todo, segundo a segundo, temiendo que su vida se pudiera desbordar en cualquier momento. Nacho era más alocado, él improvisaba a cada momento. Raquel también sabía que Nacho era su polo más opuesto, pero le encantaba el sonido de su risa, la manera en la que sorbía la nariz, incluso la manera de dar la mano. No había nada de Nacho que pudiera detestar, porque Nacho era todo lo que ella no era. Tendríais que haber visto cómo se miraban. El cielo bajaba ante ellos para inclinarse. Era algo tan mágico...casi celestial. Nacho la besó. Los labios de Raquel temblaron y por un momento, parecía ver la escena desde fuera. Pero sabía que esos besos tenían que ser reales, no podía ser de otra forma. Almacenó el tacto de su lengua, el olor de sus camisas, hasta el más ligero punto negro de la cara de Nacho en su cabeza. Por si un día tenía que recordarlo. Por si un día sus planes fallaran, sus cálculos se desvanecieran y su vida se desmoronara. No se equivocaba. Raquel sabía que él se iría. No puedes estar atado siempre a algo tan estático. Nacho acabó volando. Quizá la quiso más o menos que ella a él, quién sabe. De todos modos Raquel esperó que volviera cada día. Aguardaba silenciosa, detrás de su carpeta, tras una sonrisa verdadera. Raquel siempre cuidaría a Nacho. Ella tenía una teoría, y es que...aunque el volara, si un día caía, ella podría curarle las alas.
No, Raquel no fue tonta, Raquel simplemente maduró. Raquel guardó en su corazón las palabras bonitas, las fotos, los recuerdos, todo...y eso la hizo más fuerte, más grande. Raquel sonreía con el corazón y no con la mente. Quizá era eso la que la hizo ser tan grande. Porque yo siempre estuve enamorado de Raquel, y porque sé que si ella cae, yo también estaré ahí para curar sus alas.

domingo, 11 de noviembre de 2012

Miedo a echar de menos sus manías.

No es eso, tú nunca lo entenderías. Me da miedo porque sé que no van a aparecer las tardes de domingo paseando en invierno por el puente del centro de la ciudad. Me da miedo entrar en la cocina y no ver que se ha dejado el bote de nocilla en la mesa, que no ha llenado la botella de agua, y que encima no ha fregado los platos. Saber que es miércoles y se le ha olvidado de que le tocaba fregar a él. Me da miedo porque ya no me morderá la oreja, ni me besará el cuello cuando quiera convencerme de algo. Simplemente porque tú no eres como él. Tú no vas a tener sus manías, no dormirás con los calcetines puestos ni odiarás la barra de labios roja. Tú no serás perezoso y me dirás que vaya yo a buscar el pan. No vas a dejar la taza de váter abierta, no. No vas a llamarme rubia. No vas a arrancarme la pena a besos, porque no eres como él. Y es por eso que tengo miedo, porque no quiero tener que echar de menos regañar a alguien por el simple hecho de que no es lo que yo esperaba. Como hacía con él. No, no era lo que quería para mi vida. Quería a alguien sensato, a alguien como tú, alguien que me diera estabilidad. Él era una puta montaña rusa, ¿sabes? pero era mi atracción favorita.
Quizá me estoy volviendo loca por no saber ya ni lo que quiero.
Pero es que echo de menos esos ataques de locura en los que me llevaba a media noche a algún bosque pequeño de las afueras sólo para enseñarme sus estrellas. Sí, eran suyas. Adoraba la astrología...ya sé que tú odias el invierno, el frío...pero él me sacaba en pleno febrero a la calle sólo para enseñarme al ciudad. Sois tan opuestos que no sé si podré soportar que alguien me tome en serio, que alguien me quiera, como tú. Creo que echo de menos el caos, el desorden. Creo que le echo de menos, David, creo que echo de menos ser yo la razón y él el corazón. Creo que yo no puedo ser corazón. No puedo dejar que mi vida esté ordenada, porque sin él, me estoy volviendo loca. 

viernes, 9 de noviembre de 2012

Absurdo sería pedir un te quiero de tus labios.

Me dejaste tirada, como se tiran esas bambas viejas a las que le tienes cariño pero ya te da hasta vergüenza ir con ellas por la calle. Me sentí sucia, pero no físicamente hablando, sino en mi interior. Sentí como todo lo que había estado construyendo en mi vida se derrumbaba poco a poco: primero ellos, luego ellas, y por último, tú. Todo por lo que había luchado, todo lo que había logrado, iba hacia atrás, como los cangrejos, como las olas cuando hacen el intento de regresar dentro del mar. Lo cierto es que siempre había sido así, yo siempre había alimentado a los demás con mis sueños hasta quedarme vacía. Regalaba mis ilusiones hasta quedarme sin.
Y es lo que me pasó contigo. Por eso estaba ahí, bajo la lluvia, sentada en la acera de la avenida dieciséis, con los cascos puestos, el volumen de mi ipod verde a toda pastilla, y mis esperanzas rotas. Llorando como si fuera una muñeca de plástico. Pero si las muñecas no lloran. Pero yo sí. Te eché tantas noches de menos, tantas, que hasta algunas veces me había planteado volver.
Ríete, te doy permiso. Yo también me veo inútil cuando me observo bajar por las escaleras con una sonrisa falsa pintada en la cara, pensando en que todo va a salir bien.Pero lo cierto es que el mundo seguirá dando vueltas, estando o no contigo y tu vida seguirá andando, así, a toda velocidad.  Sin mí, sin un nosotros. Y qué tristes suenan los poemas de amor cuando no estás tú susurrándomelos. Qué triste es mirar todos los libros, los poemas, las fotos, las cosas que me diste. Qué triste.
Pero lo cierto es que fui tu juguete preferido, eso no puedes negármelo. Siempre me escogiste a mí para jugar más rato...creo que hasta pudiste pensar que me querías. No me equivoco,¿verdad? Lo convertiste en un juego por miedo. Miedo a...¿que saliera bien? Porque algo tan grande sólo podía salir bien. Por eso me convertiste en la segunda. Porque sabías que siempre he sido la primera, y eso te acojonaba. Aunque la vieras cinco veces más que a mí por semana, sabías perfectamente que deseabas que esos dos días en los que estabas a mi lado llegaran. Porque te sumergías en mis besos, entrelazabas nuestras manos y te sentías el chico más protegido, más feliz y más querido del mundo.
Sabías que te amaba como a nadie...



Por eso te fuiste y me dejaste tirada. Avenida
dieciséis, la de besos que habrá presenciado esa calle.  Ojalá pudiera pedirle un trozo de ese recuerdo, ojalá, para tener nuestros besos guardados, almacenados, y vivirlos cada vez que quisiera, cada vez que te echara de menos. Pero es tan inútil como pedirte a ti un te quiero.
Es tan inútil como desear regresar al pasado. Es tan inútil como querer que admitas, que en el fondo, ambos sabíamos que estabas tan
enamorado de mí como yo de ti.

domingo, 4 de noviembre de 2012

¿Sabes por qué da miedo?

Porque ya he tenido la sensación de que volaba otras veces, y siempre me he acabado estrellando. 


No quiero ilusiones, ni promesas si no vas a quererme así, tan fuerte, como te quiero. ¿Sabes qué me acojona? Que pase el tiempo y yo esté segura al cien por cien y tú te quedes en el noventa y nueve. 
Que sé que estoy exagerando, que sé que no puedo pedirte nada, nada. Porque tú me cuidas, y me besas, y me dices que me quieres y te preocupas...Pero a veces siento un nudo en el pecho que no soy capaz de entender. Sé que pienso demasiado, sé que le doy demasiadas vueltas...pero tengo mucho miedo. Y sólo necesito abrazarte y que no digas nada. Quiero besarte y que ya no importen las palabras. No quiero pensar que un día vas a dejar de estar, ni quiero creer que no vas a sentirte enamorado. ¿Al fin y al cabo, cómo sabes que estás enamorado?...
Cuando me preguntan si estoy enamorada, ahora, no sé qué decir. Yo sé la respuesta, pero me da miedo afrontarla porque no es la misma que la de él. ¿Estupideces mías? Puede. ''Si te quiere, disfruta de eso''. Pero no puedo vivir pensando que no ha conocido la sensación, o que no la siente conmigo. Porque él me toca  y vuelo. Por eso lo sé, es por eso que estoy convencida, es por eso que sé que me he enamorado o que lo estoy haciendo, porque sé qué siento cuando le miro a los ojos y es algo que nunca podría describir, porque entonces no hablaría de amor, hablaría de algo que se le parece. Nadie puede hablar de amor, nadie. Al menos no del todo. Y ese es el porqué de mis miedos, de mis dudas, ese es el porqué que me empuja a esta sensación de vacío. Y necesitaba escribirlo, necesitaba explicarlo, necesitaba compartirlo, o sacarlo de mí porque pesa demasiado. 

No necesito más tiempo para saber cuánto te quiero, yo ya sé dónde está el límite y el límite está en el cielo. 

viernes, 2 de noviembre de 2012

Pero él era un alma libre.

A veces me sorprendía la calidez de sus palabras. Él siempre decía que querer era de tontos, que sólo teníamos que disfrutar. En la playa, se quitaba la camiseta, los pantalones y se tiraba al mar. En pleno febrero, y yo muerta de frío mirando cómo reía. Estaba chiflado, y eso era lo que más me gustaba de él: su locura desatada, infinita. Había tenido muchas ganas de decirle, de preguntarle si me quería, cada día, cuando quedábamos como dos bobos en silencio mirándonos a los ojos. Pero jamás me atreví a hablarle de sentimientos, no a él. Era un alma libre... necesitaba volar alto, y yo no podía echar el freno. Tenía alas de plata, y surcaba tan alto los cielos...que a veces ni podía verle. Eso fue lo que más me dolió cuando se fue, que no vi cómo se marchaba. Él decía que odiaba las despedidas, ni un último beso, ni nada. El último beso ya ni lo recuerdo, por el simple hecho de que no pensé que iba a ser el último. Si alguien me hubiera avisado antes, aún le estaría besando. Aún estaría apoyada en su hombro, en el puerto. Aún soplaría al aire y pediría que no se marchara jamás. Pero nadie te avisa, o sí, te dicen que todo caduca, pero tú no quieres escuchar, estás metida en tu nube rosa y no quieres bajar. Hasta que un día la nube se vuelve negra, y entonces llega la lluvia, y tú caes. Adoras el sonido de la lluvia, pero la lluvia te moja y te hace caer. Entonces te ves sola, ahí, mojada, y le recuerdas. No te arrepientes de nada, y quizá eso es lo que más duele. Que si él fuera una canción la pondrías una y otra y otra vez. La cantarías con rabia, chillando fuerte, desgarrándote la voz, viviéndola. Porque es tu canción preferida, esa que siempre te agarrará por los hombros y te sacará a flote cuando no le encuentres sentido a la vida. Pero así era él, un pájaro que voló lejos de aquí, ese era él. 

jueves, 1 de noviembre de 2012

- ¿Y la dejaste?
- La dejé porque le iba a destrozar la vida si seguía con ella. ¿Has sentido como que no eres suficiente para alguien alguna vez? La quiero, pero no puedo permitirme que esté conmigo cuando sé que se merece a alguien mejor.
- ¿Y si a ella no le llenara alguien mejor? ¿Y si sólo te necesitara a ti? 

abrumador

Quizá pueda sonar raro, pero cuanto más cerca estoy de ser aquello que he deseado ser desde que mi uso de razón se coló en esta habitaci...