jueves, 12 de octubre de 2017

abrumador



Quizá pueda sonar raro, pero cuanto más cerca estoy de ser aquello que he deseado ser desde que mi uso de razón se coló en esta habitación, más lejos siento que estoy de mí. 
Estoy harta de tomar elecciones: ¿Qué quieres hacer después? ¿Qué harás cuando todo acabe? ¿Qué será de ti cuando acabes la carrera? Todo esto me preguntan algunos que me ven, después de años sin toparse conmigo, todo esto me acabo preguntado yo: ¿Y después, qué?
He pensado en meterme en doblaje, aunque claro, qué difícil triunfar en un mundo donde tantos compiten por ser los mejores, o peor, qué difícil destacar en un mundo donde todos los que están son buenos. Y eso no es todo, súmale el precio, que la educación privada creo que sería el único camino. ¿Qué haría yo ahí? ¿Sería alguien en ese mundo?
¿Y qué tal un master relacionado con las editoriales? ¿Es realmente lo que quiero?
¿Y un master de guionista? Hostia, ¿pero eso está en Barcelona? Ah, no. ¿Irme? No quiero. 

¿Qué voy a hacer después? Muchos dicen que por qué no profe. Joder, que no. Que no me gusta. ¿Por qué todos insistís en que es el único camino? Que sea el más elegido, el más sencillo o habitual, no implica que sea lo que yo deseo. No solo quiero un sueldo a final de mes, quiero ser feliz. Y...¿a qué precio? Qué duro. 

Lo mejor quizá sería esperar un año tras acabar la carrera, trabajar y sacarme el carné. Pero si hago eso, ¿sentiré que he hecho algo productivo? Y lo que es peor, ¿cómo voy a conseguir dinero para sacarme el carné si mi prioridad es operarme? Ah, vaya, la dichosa operación. 

¿De dónde saca una chica de veintiún años diez mil euros? 


Escrito suena aún peor.

La verdad es que llevo semanas amargándome con estas preguntas. La verdad es que tenía que desahogarme, porque creo que si no lo escribo aquí seguiré taladrándole a Adri la cabeza con mis dudas y proyectos. Y él ya me escucha suficiente durante el día.  

Estoy al borde de los veintidós años y me da un pánico tremendo el futuro. Yo, Noelia, la chica que con doce años ya sabía qué bachillerato escogería y qué carrera haría después, la misma. Aquella que soñaba con ser profesora, la misma que cuando entró a la universidad se dio cuenta de que eso era lo último que deseaba. La que antes temía a los clásicos y ahora los adora. La misma, sí, sí, eh, sí, yo. 
Ahora qué perdida, ¿no? Ya decía yo que todo en esta vida no es fácil, ni se puede tener tan claro. 

Joder, esa tía que con dieciséis decía: Eh, aparta, que me voy a comer el mundo. Que voy a ser filóloga. Y ahora a meses de graduarme me acongojo. Que sí, que vaya, que qué sorpresa.



A veces me quedo mirando el techo unos minutos, hasta que me canso y cierro los ojos. Es entonces cuando me sumerjo en ese mundo insólito y extraño que me abruma y me encarcela: por qué así de fuerte, por qué así de intenso, por qué este miedo. 
Y me pierdo unos minutos, y me derrumbo unos segundos. 

Qué difícil. Sin el dinero suficiente para hacer todo lo que se sueña, con el tiempo de sobras para hacerlo, mirando al futuro de frente sin verlo. 


Jodida y asquerosamente abrumador. 
Jodida y tremendamente difícil. 


A dos pasos de saber quién soy retrocedo uno por miedo a descubrirlo. 







Y aún tengo el valor de venir aquí a quejarme. 















jueves, 7 de septiembre de 2017

Mentiras.

Tápate la boca,
hazte la oveja muerta
y no destaques.
Que no sepan que lo sabes,
pasa desapercibida, 
no llores si no es a solas,
sonríe sin que importe,
y sobre todo, no discutas.
Que no sepan tu opinión,
que le den al que no escuche, 
que a veces eres tú o el mundo,
que le jodan al que pase.



Y ojalá poder decir eso. 

jueves, 31 de agosto de 2017

Cuenta la leyenda.


Cuenta la leyenda que una chica que no sabía llorar lloraba cuando escribía. Efímera, como firmas en el agua, como dice Abram en su canción Efímeros (escúchala: click aquí). Cuenta la leyenda que este blog estaba vivo. Pero, hace cuánto. ¿Miles de años? 
¿Y si os dijera que he vuelto? ¿Y si ahora os dijera que me muero de ganas de escribir? ¿Si os prometiera que cada día me pongo delante de esta página en blanco sabiendo que quiero teclear hasta cansarme? ¿Si os dijera que no me ha salido nada hasta ahora?

He cambiado mucho desde que abrí el blog. Creo recordar que tenía dieciséis y de eso hace ya cinco años. ¿Cinco años? Parece broma. Sigo casi igual, lo único que ha cambiado es todo lo que no se ve. 
Recuerdo que cuando comencé a escribir aquí me apasionaban todas las cosas que me siguen apasionando: la única diferencia reside en mis ojos, pues en aquel entonces eran tan inocentes que no se dejaban atravesar por la maldad, la desilusión o la desconfianza. 
Ya te digo yo que era fácil, porque yo no movía fichas, permanecía inmóvil redactando deprisa y con mala letra todo lo que sucedía a mi alrededor. Ahora las partidas son distintas, ahora yo también hiero, me equivoco, me hundo y hundo. Ahora ya no soy esa pieza inocente y destrozada del tablero, ahora empujo, tropiezo, me levanto, resido, destrozo, pierdo, gano. No sé cómo explicarlo mejor. Digamos que he crecido y he olvidado que antes yo era diferente. 
Una persona que amo dice que yo antes era más original. Llevo días pensando en eso. Fue, aproximadamente, como un antes molabas. Y me pregunto qué me ha llevado hasta aquí. 
Por qué he cambiado, dónde me dejé esa inocencia, o esa originalidad. Me veo más seria, y debo confesar que eso no me gusta. ¿Es verdad eso de que las malas experiencias, las idas y venidas, las pérdidas, van cambiándote? ¿Será eso lo que me ha llevado hasta aquí?

No sé exactamente qué coordenadas seguir. Prometí dejar atrás a esa Noelia inexacta, divertida, original y extrovertida (aunque de eso último me queda bastante)  y ahora la deseo otra vez. ¿Podré volver a ser quien era? ¿Podré volver a ser especial? ¿Podré dejar de parecerme a todos?



¿Sabéis? He elegido esta foto porque me veo en ella. Esa es la Noelia que llevo dentro,
la que estoy intentando recuperar, la verdadera. 

sábado, 26 de agosto de 2017

YO SOY BARCELONA.


Hoy he hablado sobre Barcelona, sobre los atentados y sobre nosotros.Si haces click aquí abajo, irás al vídeo.

CLICK AQUÍ.



viernes, 9 de junio de 2017

Hacía mucho tiempo que el dolor no tenía este sabor a sangre. Me desmayo en mi inocencia y me restriego en la ansiedad. No puedo hablar y por eso escribo. Me cuesta respirar, me duele el pecho. Me callo moriéndome la lengua, mordiéndome los labios, apretando fuerte mi nunca con ambas manos. Bajando la cabeza hasta que impacta en mis rodillas, hasta que el hielo se rompe. Estoy muriéndome y no hay nadie que pueda testificar. ¿Cómo puede haber tanto dolor encerrado en un pecho tan pequeño? Ni siquiera seco las lágrimas, dejo que se pudran en mi rostro.
Me he mirado en el espejo del lavabo y ni siquiera me parezco. Es una mierda sentirme así, pero es aún peor saber que no tengo un Dios al que rezarle. Es peor saber que ya me ha dolido el pecho de este modo antes. Es casi insoportable. 
Me agarro los hombros, haciéndome daño, distrayendo al cerebro, que se va muriendo conmigo.
Miro al techo esperando una señal que nunca llega, algo que me diga basta. Pero la próxima lágrima no tarda en llegar.
Es casi intrascendente el humo que se me agarra a los pulmones, no se va ni echándolo. No se va ni gritándole. No se va ni queriendo. 

Quiero chillar y no puedo.
¿Por qué?



¿Por qué aquí? ¿Por qué en casa? ¿Por qué ellos? ¿Por qué yo? ¿Por qué él?





Me duele tanto que tengo que parar de escribir.
Y ni siquiera he pensado en un final para esta mierda que probablemente en unas horas acabaré borrando. 

domingo, 28 de mayo de 2017

De mí a mí.

esta foto tiene más años que yo -casi- pero me ha hecho gracia



Empezaré por el final. No por nada especial; es que los principios se me hacen casi monótonos, casi auténticos. 
Digamos que estaba sentada en el mismo lugar de siempre y dejé de ser la de siempre. Digamos que algo salió de mí y vino a mí. Me explico: imaginad que tenéis un bote lleno, repleto, de mariposas. Lo sujetáis fuerte, con las manos bien prietas al cristal. De repente las mariposas consiguen descifrar vuestro secreto más oscuro y diminuto, descubren cómo abrir la tapa del bote; o sea, su puerta a la libertad.
Las mariposas escapan sin pensar en nada más que en sí mismas. Os golpean con las alas, os susurran cosas absurdas que no entiendes y se van a volar. Se van muy alto. 
Imaginad que de repente todas vuelven, furiosas, espantadas, casi extrañadas y os piden explicaciones.
Por qué nos teníais encerradas.
Por qué nunca nos hablasteis del cielo.
Por qué ahora no somos capaces de alejarnos de vosotros porque nos sentimos desprotegidas. 
Por qué nos habéis hecho ser dependientes (de ti, de él, de vosotros). 

¿Qué les diríais vosotros a las mariposas?
Fue sin querer...No supe que...Podría haber...
No.
Bajaríais la cabeza(y lo haríais porque lo sé, porque no os conozco pero lo sé, porque es lo que todos haríamos). Después le soltaríais un rollo de la sociedad, de que si imponen no sé qué, que si los animales no sé cuántos; mentiríais, maquillaríais cada fonema, cada pequeña parte de vuestro discurso para no ofender a las mariposas.
Después les diríais que fue por amor, pero ellas no os creerían. Porque ellas nacieron de vosotros, salieron de los poros de vuestra piel, salieron de vuestra mente, vuestro orgullo, vuestras inseguridades, vuestras manías, vuestras voces, vuestros andares, de ti. Porque te conocen más que tú y sabían antes que tú las decisiones que ibas a tomar.

Imaginad ahora que todo lo que os he dicho es mentira.
Que en realidad,
eres tú el/la que ha estado en ese bote. Imagina que yo soy mariposa y que tú eres yo, que yo soy tú y tú eres mariposa. Imagina si creerías o no lo que ese/a humano/a extraño/a te ha dicho. 


Ya lo sé,
que no.

Que ya sé que piensas que las mariposas no hablan,
pero tampoco escriben
y sin embargo,
estás leyendo esto.




lunes, 22 de mayo de 2017

.

Van a pisarte la cabeza te pongas como te pongas así que agárrate fuerte y ni se te ocurra quejarte.
Ellos podrán decirte lo que quieran, tú no hables.
Que quizá te retuercen la lengua con falsos "te quiero" medidos a instantes.
Y quién dijo que la felicidad existe,
si estás muerta.

abrumador

Quizá pueda sonar raro, pero cuanto más cerca estoy de ser aquello que he deseado ser desde que mi uso de razón se coló en esta habitaci...