miércoles, 20 de febrero de 2019



Es el aleteo intrépido de un pájaro rozando cristales rotos, el simple y siniestro sentimiento de ya no sentirme apagada, el ligero zumbido de esperanza que insiste en habitar mi alma, las palabras que no pronuncio por miedo a que las entiendas, o mi tristeza que imagina que no las entenderás nunca.
Puede que sea tu aire despreocupado o tus finos labios los que azotan mi ilusión truncada, o sea el gélido abrazo de esos inviernos fríos que pasé sin ti, puede que sea mi yo más egoísta el que te empuja a la aventura de mirarnos y consumirnos, o puede que sea mi lado más altruista el que jamás intente retenerte. Quizás es mi mente la que vuela sobre horizontes inexistentes, o son mis manos las que te piden explicaciones. Tal vez mi risa interrogante, tus bromas expectantes. ¿De qué hablo cuando hablo de nosotros si no sé si hay nosotros? ¿O qué somos cuando existimos, cálidos, entre sábanas y torpeza? ¿Qué te empuja a escribirme algunas noches o qué me empuja a proponerte que nos comamos el mundo? ¿Soy una ilusa más en este universo finito y mortal? Quizás para tus ojos no haya grandeza más allá de esta realidad intensa, mientras yo te veo sacudiendo todos mis demonios, recogiendo esas partes de mí que destrocé un día cuando me enfadé conmigo. Es como subirme en un tren que he cogido muchas veces antes, es saberme las paradas de memoria y sorprenderme aún al pasar por el atardecer más apacible. ¿Quién eres tú? ¿Y por qué estás aquí? ¿Por qué no sales corriendo? ¿Quién soy yo? ¿Por qué me he detenido aquí? ¿Por qué no he salido corriendo? Si llevo años huyendo de mí y de esto, porque sentía que alejándome de mi propio oxígeno nunca más nada podría dolerme. Y de nuevo me hallo aquí, demoliendo el muro que yo misma construí. Me vuelvo vulnerable, pequeña y me expongo de nuevo. Siempre a pecho descubierto, siempre mostrándolo todo, siempre entera. Nunca entendí de grises, tú lo sabías bien. Por eso me planté delante de ti con toda la magia en los bolsillos, sin dejarme nada en la recámara, sin chalecos de repuesto. Si me hundo, me hundiré con todo, como siempre. No sé sentir de otra manera, no puedo mirarte a medias, morderte a medias, besarte a medias. No me sale entregarte una mitad cuando cada parte de mí es la que te ríe. Y lo siento si es estúpido por mi parte pedirnos imposibles. 


Sigo siendo la misma tonta, la de siempre. Y no sabes qué rabia me da saber que no he cambiado siquiera un poquito. Que la fortaleza se me escapa cuando de sentir se trata, y que todo el hierro que creí invertir en mi armadura, no era más que polvo. Ojalá ser de esas personas a las que no se les nota en los ojos la alegría, la tristeza o el amor. Sería mucho más fácil. 

viernes, 15 de febrero de 2019



Feliz San Valentín. No te lo he dicho porque ni siquiera sé si tendría derecho a hacerlo, o si pensarías que estoy loca. Supongo que a veces las cosas no son tan sencillas como uno quisiera. 
Soy tan tonta, que ese vídeo me ha hecho llorar. Y qué más da, si sigo siendo cobarde. 

miércoles, 13 de febrero de 2019

Noches





En esta noche preciosa, mientras me escondo tras las mantas de esta cama, en un antiguo pero acogedor hotel, escribo. Como anoche, como siempre. Es curioso, pero cuando estamos lejos de casa es realmente cuando miramos con perspectiva lo que somos, lo que queremos, lo que tenemos, cómo vivimos. Vemos quién se preocupa por nosotros, quien, en la distancia, se enfría, o por el contrario, quiénes se acercan. Si nos echan de menos, si nos echaban de más hasta que nos fuimos. Aunque sean unos días, aunque sean solo 72 horas, pese a que el mundo siga girando exactamente igual. Me gusta lo que estoy estudiando, ahora trabajo en algo que no me supone un esfuerzo grande y gano lo que necesito para seguir viviendo lo que me apetezca con quienes me apetezca. Tengo unos padres que son abrigo en invierno y aire en verano. Tengo amigos increíbles, sobre todo la que duerme a un metro de mi cama ahora mismo. Y después está él. Nunca sé explicarle a nadie qué somos porque ni siquiera nosotros lo hemos decidido, pero somos, y eso es lo importante. No sé por cuánto tiempo estará, si se marchará ni si me quiere. Bueno, ya me entendéis. Hay muchas cosas que aún no he resuelto y es cierto que a veces pienso fríamente en el futuro y me da miedo; el no saber quién soy aún ni a qué quiero dedicarme, el no tener claro un camino, el no saber si cambiaré tras los años y los daños. Visto desde aquí, sabiendo que mañana todo volverá a la cotidiana realidad, es increíble lo mucho que puede cambiar todo y lo poco que nos parecemos a aquello que fuimos cuando aún éramos más jóvenes. Nos da miedo el futuro porque creemos que se nos echa encima, pero en realidad no existe, ni existirá hasta que no sea presente. Entonces, ¿a qué le tememos? ¿A que nos abandonen? ¿A que nos hagan daño? ¿A no sobrevivir? ¿A ser juzgados? ¿A qué le tememos? Si no somos más que aire materializado, si nos creemos invencibles y somos vulnerables, si no existen superhéroes que vengan a salvarnos y siempre fracasamos cuando intentamos ser uno. 

Le temo a todo y a la vez a nada, me aprieta la duda y a la vez quiero sentir indiferencia, dejarla K.O. Espero sin saber qué, y deseo sin yo demostrarlo. Soy sincera conmigo misma hasta que me cruzo con los espejos. Entonces les digo que está todo muy claro y que las dudas son para los cobardes, cuando yo estoy muerta de miedo. 

lunes, 11 de febrero de 2019

Algún día


Quizás es mi mente perversa y retorcida la que me empuja al vacío, a no ilusionarme. Tal vez mis heridas me enseñaron más de lo que creo y ahora camino mirando bien lo que piso. Fingiré que nada duele si algún día duele, porque ha sido la única forma que tuve siempre de evadirme y hacerles creer a todos que yo misma me valía para seguir hacia adelante. Si me preguntan por qué me siento así, sin duda les diré que no es por miedo, aunque por dentro esté temblando. Solo le he dejado el privilegio de saberlo a cada letra que tecleo, porque a ellas les da igual que esté a kilómetros de casa y las necesite para explicar cómo me siento. ¿Tan mala fui en otra vida? Yo también merezco verdad y este silencio que habita en sus pupilas es lo que me hace creer que no hay mariposas batiéndose en duelo por mi piel. Y sin mariposas luchando por mi risa no sé si sabré más reír. 
Algún día dejaré de engañarme y aceptaré la dura realidad. 



viernes, 8 de febrero de 2019

¿Es complicado?



No sé descifrarte ni escuchar lo que no dices -lo que está en tu cabecita, pequeña, loca- y entonces me quedo con aquello que veo en ti, aunque a veces no sepa apreciar el volumen exacto de tu risa. ¿Me miras con amor o es solo el cariño que se le tiene a alguien con quien has compartido demasiado? Puede que a veces piense que sí, que vas a quedarte, que en tus ojos hay ilusión, ganas, que soy para ti lo que tú eres para mí; otras, te miro silenciosa y espero el momento en que te alejes, suplicando, en silencio, que no llegue nunca. Mis miedos se han transformado en dudas, no sobre lo que siento, eso lo tengo muy claro (y qué mierda, tenerlo tan claro todo, siempre):mis dudas hablan sobre lo que sientes tú. En algunas ocasiones pareces estar dispuesto a surcar océanos infinitos para arrancarme una sonrisa; otras, siento que estás pensando en cómo salir corriendo. Sé que sería tan fácil como preguntártelo, pero hay respuestas que dan tanto miedo... ¿Sabes? A veces creo que esto no es para mí, que sería demasiado bonito para ser real que tú estuvieses sintiendo lo mismo, y es entonces cuando me resigno a pensar que algún día te veré marchar. Es en ese instante cuando revivo esa sensación melancólica de saber que no vas a quedarte con aquella chica a la que le rozabas la mano en clase, hace ya tantos años. Recuerdo aquellos días en los que escribía cómo me sentía, sentada en clase de CMC, ignorando las teorías sobre el universo que el profesor explicaba sin dejar espacio al silencio, escribiendo en un trozo de papel, en mi libreta; sintiéndote cerca. Recuerdo cómo después guardaba todos esos retales en mi carpeta rosa y blanca. Te recuerdo en sudadera, te recuerdo infinito, tranquilo y sonriente. ¿Cómo ibas a fijarte en la chica del clip en el pelo, la sudadera azul y la risa ahogada? Ahora soy la misma, solo que un poco diferente. Pero, ¿cómo vas a quedarte con la chica que aún no sabe si dedicarse a escribir o cantar?¿Cómo voy a ser yo si nunca he sido de las valientes? ¿Qué tengo yo que no tenga una chica cualquiera? Si ni siquiera soy buena jugando a nada, soy torpe y lloro con demasiada facilidad. Si no paro de componer canciones absurdas que hablan sobre cosas tan evidentes que me da vergüenza cantarlas, si aún guardo recibos, fotos y folletos que no volverán a tener utilidad jamás. ¿Cómo ibas a enamorarte de mí si ni siquiera fui capaz de ser valiente cuando nos alejamos? Si no hice más que tropezar, si no hice más que equivocarme, si elegí mal siempre, pretendiendo huir de todos, y sobre todo, de mí. ¿Cómo ibas a volver a mirar a unos ojos que un día te dieron la espalda? ¿Cómo vas a perdonarme que me diera la vuelta con esa facilidad y saliera corriendo? A veces siento que te hice mucho daño, y también que a ti se te olvida, porque solo recuerdas el que tú me hiciste. A fin de cuentas, creo que todos los errores que yo cometí contigo fueron mayores que los que tú cometiste. Tal vez ni siquiera te lo haya dicho nunca, porque, ¿cómo pedirte perdón por tanto? En ocasiones, me siento muy culpable por muchas de las cosas que sucedieron y me arrepiento más de lo que jamás podré confesar. Quizás esa culpa es una parte importante de mí que no me permite soñar al completo con un nosotros, porque realmente me hace pensar que tú nunca más estarías conmigo. ¿Qué somos? ¿Qué eres? ¿Qué soy? Me lo he preguntado y me lo han preguntado muchas veces. Cuando es una respuesta a los demás, es sencillo: Pues amigos, ¿qué vamos a ser?. Cuando es frente a uno mismo, la cosa se complica. No lo sé. Lo repito una y otra vez: no lo sé. ¿Debo saberlo? ¿Lo sabes? No lo sé.  ¿Por qué el ser humano necesita ponerle a todo un nombre? Quizás no sea el nombre lo que necesitemos, quizás sea la verdad. Tal vez las personas serían felices solo con saber qué siente la otra persona, porque la única invitada que siempre sobra es la duda. ¿Por qué no se va? ¿Por qué me pregunto qué sientes tras cada abrazo? 
No es tan complicado, ¿no? O quizás al ser nosotros, sí. Tal vez lo sea. ¿Por quién nos iban a tomar después de toda nuestra historia? ¿Te juzgarían? ¿Cómo va a estar con ella después de todo? Puede ser que todos comentaran sobre lo que desconocen, pero, ¿eso es lo que de verdad importa? No lo sé. 
Tal vez después de tanto, las cosas no sean tan fáciles como cuando nos sobraba respirar, en aquella playa de Ocata o bajo cualquier tarde soleada de verano. Cuando no sabíamos nada de lo mucho que íbamos a sufrir después. Quizás nos dé miedo ponerle una segunda parte a esa primera parte, que fue tan sublime, que parece que jamás la podríamos igualar. ¿De verdad lo crees? Yo siento que en cualquiera de nuestras versiones, en cualquier punto en el tiempo, seríamos inigualables. Pero a mí no me hagas caso, ya sabes que llevo por bandera cumplir misiones imposibles y que mataría por verte reír hasta que se te descosiera la sonrisa. Yo no soy objetiva con esto, y nunca lo seré. Por eso nunca podré hablarle de esto a nadie, ¿quién iba a entenderlo? Solo soy una irracional que se ha empeñado en hacer reír al ser más racionalmente loco del mundo. Y qué tontería, ¿no? ¿De verdad te quedarías? 
Con la de gente que tiene que haber allí afuera, dispuesta a conocerte. Y yo, aún, escribiéndote en noches rebeldes. Vas a pensar que estoy loca, y no estarías muy equivocado. No me sale ser de otra forma. He intentado contenerme, hacerme la dura, la interesante, decirte que nada me afecta, que soy de acero y que los años me han castigado tanto que ya no soy débil, pero tras cada intento comprenderás que hay un fracaso infinito. No soy esa chica fuerte que he querido aparentar, pero eso ya lo sabías de sobras. 
¿Te sigo dando miedo? Las alturas nunca fueron buenas, ¿no? Y yo subí demasiado alto. Ya sabes que hay pocas cosas a las que pueda temerle, no pensé que yéndonos tan alto iba a costar tanto mirar hacia abajo. Te prometí unas vistas preciosas, y espero no decepcionarte. ¿Querrás bajar conmigo algún día? No sé lo que hay debajo, solo puedo prometerte que no será malo. Lo que venga después, es una aventura. ¿Aún sigues queriendo vivir alguna conmigo? Pero, ¿qué estoy diciendo? ¿A quién hablo? ¿Por qué ibas a seguir leyendo estas estupideces que solo reflejan lo cobarde que soy? 












domingo, 3 de febrero de 2019


Esas luces apuntan directas a mí, hasta me ciegan. Barcelona está preciosa, y nadie se está dando cuenta. A veces me siento diminuta, gélida, rara, intrépidamente escéptica ante todo esto. Me abruman tantas cosas que no sé por dónde empezar. Creo que lo que más me jode de todo esto es ser incapaz de volver a tomar las riendas de mi vida con fuerza. Recuerdo que antes nada ni nadie conseguía frenarme nunca, rara vez me daba por vencida, insistía hasta tener aquello por lo que luchaba y si no lo conseguía, encontraba siempre algo que alcanzar que me hiciera sentirme orgullosa de haber llegado a algún lugar. Ahora me rindo con facilidad, si veo que las cosas son ambiguas, si me encuentro perdida, si me hundo en heridas de gelatina, salgo corriendo. Es como si le tuviese pánico a las alturas, cuando antes ni me abrochaba el cinturón. ¿Creéis que por cada herida que nos hacen nos volvemos más cobardes? Yo creo que sí. Al final optamos por no acercarnos demasiado a aquello que ansiamos, deseamos o queremos en silencio porque nos da miedo arder de nuevo. ¿A quién no le daría miedo verse de nuevo echando de menos una palabra, una mirada, una conversación? Acojona pensar que de nuevo eres débil ante algo, porque es mucho más fácil convencerles y convencerte de que ya nada duele tanto. Como si haber crecido te hubiese arrancado el corazón; pero estás equivocada, estoy equivocada, no nos duelen menos las heridas ahora, volveríamos a sangrar exactamente igual. De hecho, vivir es sangrar, es recordar que si hay heridas es porque también existen los milagros, y que ambos se necesitan. Vivimos con miedo a vivir, y eso solo puede traer más miedo. El día en que me vea con las fuerzas suficientes volveré a querer ser esa chica que era, de rizos dorados, ideas afiladas y objetivos claros. Hasta entonces seré un superhéroe que nadie se cree, participaré de forma cómica en esta misión de supervivencia, tropezaré con mi capa y volaré hacia abajo, yendo en contradirección, Me caerán mil mutas más, lo sé, pero es el precio que he de pagar por no atreverme a alzar el vuelo. A fin de cuentas, tampoco se me daba tan bien salvar a nadie, todos se acaban marchando siempre. 

lunes, 28 de enero de 2019



Si alargando el brazo pudiera alcanzarte, lo estiraría hasta arder.
Pero a veces no consigo tocarte: te giras, ríes y te escondes. 
A veces no consigo llamarte, no hay luces, te tapas, respondes. 
Si alargando las mano mano pudiera rozarte, lo haría hasta caer. 

Pero ni brazos, ni voces, ni manos te invaden,
porque me callo, acelero, repaso y me escondo. 
Pero ni restos, ni cantos, ni pasos te evaden,
porque no puedo, sí quiero, y me caigo hasta el fondo. 

jueves, 17 de enero de 2019

Me declaré culpable después de besarte y no me hizo falta tirar la piedra ni esconder la mano. Hay cosas que se ven venir de lejos, y yo de lejos vi que si volvías a acercarte a menos de diez centímetros volverían a saltar todas las alarmas. No hice nada para evitarte ni evitarlo, porque ya te había perdido lo suficiente como para vernos alejarnos de nuevo. Por eso me quité los frenos e improvisé. Se me da bien perderme y me perdí, se me da bien encontrarte y te encontré. Y ya no hizo falta saber nada más, porque hay historias que se leen antes de pasar los ojos por la primera letra. Porque yo no necesitaba firmar seguros para sentirme segura, porque yo no necesitaba de más notas a pie de página explicándome lo inexplicable. Hay estrellas que no se ven desde la Tierra, pero te juro que hay noches en las que todos nos han podido ver. Incluso días. 
No me explico si hay algo ahí arriba, encima de nuestras cabezas, que mueva unos hilos invisibles que nos hagan avanzar, tropezar, encontrarnos y perdernos, pero sí sé que cuando decido caminar hacia una dirección sé muy bien hacia dónde voy. Puede que no me veas venir, incluso puede que me esperes con los brazos abiertos, o cruzados, o en forma de tetera. Puede que mañana el mundo llegue a su fin, que se nos acabe el oxígeno, que se mueran los mares y se duerman los osos. Puede que nunca más recordemos quiénes somos, puede que lo efímero se vuelva permanente y nuestra vida se expanda como el universo. Puede que pasen muchas cosas, puede que sean pocas las que acontezcan, sea como sea, suceda lo que suceda, estaré allí donde solíamos despertar, donde los sueños no nos apretaban suficiente las pestañas, donde un objetivo nos cosió la vida y una meta nos enredó entre sábanas. Allí donde solíamos estar cuando no queríamos que nadie nos encontrase. Allí donde solíamos pensar que solo estábamos tú y yo en esa fracción de universo. Allí donde sí. Allí donde las batallas eran pulsos mediocres y los besos banderas blancas. Allí donde un yo sin ti era rasgar el cielo con mil zarpas. 

jueves, 10 de enero de 2019

Lo que acojona


Son cristales rotos, abanican verdades que me rozan la piel. Es mi frustración materializada, son mis ganas de escribir, los empujones que me recuerdan que no soy tan buena. He estado toda mi vida- al menos desde que tengo uso de razón- creyendo que llego al corazón de las personas cuando escribo, pero a medida que avanzo, a media que estudio más y más, todo se hace más grande, y yo me diluyo hasta casi desaparecer. ¿Y si no estoy caminando en la dirección correcta? Podría haberme puesto unos zapatos que no son míos, podría haberme aventurado, haber entrado en un bosque del que jamás podré salir. ¿Y si he vuelto a hacerlo? ¿Y si he vuelto a apostar por algo que no apuesta por mí? ¿Y si esa no era mi carrera? ¿Y si este no es mi sitio? ¿Y si hubiese elegido otra cosa? Un ejército de y si me recuerda que la vida jamás se conjuga en subjuntivo. Que he vuelto a caer en la trampa, que he vuelto a vestir al pasado de presente, que no sé ni qué digo. 
Quizás eran más fuertes mis ganas de ser aquello que siempre soñé que mi capacidad de crecer. Tal vez no era lo mío. Me da tanto miedo, y a la vez, tanto coraje, no saber si me estoy equivocando. ¿Seré alguien algún día en el mundo de la literatura? ¿Y de la música? ¿Por qué siento que estoy atrapada en una rueda infinita de la que no puedo salir? Corriendo, corriendo, sin coger aire, sin cambiar de escenario, sin anochecer. No puedo salir de aquí, estoy en una jaula de cristal. La golpeo, la araño, la muerdo, la rozo, la machaco y...y no puedo. Me falta hasta el aire, me sobran las ganas de salir ahí fuera, de tener respuestas, de encontrarme conmigo y no girarme la cara. Esta vez te miraré de frente, esta vez, duelas o no, serás verdad. 

Debería empezar a hacer las preguntas si tanto me urgen las respuestas. No deben darme miedo, aunque tenerlas signifique enterrar aquellos dos motores que encienden y dan sentido a mi vida. 
Letras, melodías, fuerza, garganta e impulso. Ojos llorosos, lágrimas retenidas a la espera de mejor vida. Me da miedo haber pretendido ser durante casi veintitrés años alguien que no era. Y descubrirlo podría hacer que todos los cristales rotos se partieran en mil pedazos; que se partiera no solo el nombre que yo le puse a mis días, sino el nombre con el que los demás bautizaron mi vida. Y eso es realmente lo que acojona.

viernes, 4 de enero de 2019

Quizás

Imagen S. Herranz.



Te miro descompasada, ya sabes que soy arrítmica. Suspiras tan fuerte que nos tiemblan las pestañas. Ojalá supiera qué escondes ahí dentro, en esa mente científicamente física, que parece estar a años luz de mis teorías filosóficas y abstractas. Pareces concentrado mirando tus pies al caminar, yo me coloco el mechón más rebelde que habita en mi cabeza detrás de la oreja, no me deja ver con claridad. Te analizo sin querer mientras me explicas tu sueño extraño, yo me río porque me hace gracia tu forma de emocionarte con esas cosas que te gustan y te hacen ser tan tú. ¿Eso ha sido una indirecta? No, cómo va a serlo. Si yo creo que no te gusto tanto, si no sé qué esperas de mí, o de ti, o de esto. ¿Qué somos? Nos lo habremos preguntado tantas veces en silencio. Al menos yo. Te explico cualquier tontería y tú te metes conmigo. Te encanta, y para qué mentir, a mí más. Hago como que me voy a enfadar muchísimo solo para que tu brazo me rodee unos segundos, efímero acercamiento que me recuerda que tú y yo ya hemos vivido noches inolvidables, aunque parezcan sueños. Quizá lo fueron. Es inevitable que se crucen en mi mente imágenes de nuestros cuerpos desnudos, de un secreto, una habitación de 19 metros cuadrados, de tu boca acercándose aquella primera vez (en mucho tiempo) un 25 de junio, a altas horas de la madrugada, al son de petardos y fuegos artificiales, después de esquivarnos durante semanas, abusando de los abrazos. Es inevitable mirarte y no sentir que han pasado ya más de 6 meses, y que aún sea novedad tu piel oscura. Si esto ya lo hemos vivido antes. Aunque entonces era tan distinto. 
Quizá te dan miedo más cosas de las que jamás podré adivinar, tal vez un día pierdas el billete de vuelta y ya no encuentres calor en mis brazos. Quién sabe si he significado tanto como para volver a saltar, a tirarte sin paracaídas, a arriesgarnos a que todo pudiese salir mal. ¿Realmente nos da miedo repetir los mismos errores? Hemos aprendido la lección, de esto puedes estar seguro. ¿Si no, por qué ahora parece fluir todo tan bien? ¿Por qué nos veo tan maduros, libres y confiados? ¿Por qué noto que quieres estar aquí, cerca? Quizás sea mi imaginación, tal vez nos he dibujado grandes en este lienzo blanco que habita en mi cabeza, tal vez solo sea una ilusa que cree que está leyendo un libro de poemas con final feliz. Si la literatura más bonita es la que tiene taras, como nuestras espaldas, cargadas de fracasos, de cosas que no salieron bien, de nuestros caminos juntos, de nuestros caminos separados. ¿De verdad ves a esa chica a la que le explicaste quién querías ser un día? Porque yo sí veo al chico al que le expliqué todo mi pasado, le hablé de mis temores y de esa carrera que tenía en mente y que acabé superando con creces. Somos todas esas partículas, esos críos que en un pasado se sirvieron de inocencia para coserse las alas, pero también somos dos adultos que han vivido desengaños, huidas, despedidas y deslealtades. Más de las que deseábamos. Qué grandes nos ha hecho vivir eso. ¿Sabes? No tengo tanto miedo como aparento, realmente no me acojona tanto, pero siempre voy con el cinturón de seguridad por si impacto, por si me estampo, por si todo salta por los aires, para salvar a esta cabecita loca. No te tengo miedo a ti, aunque tú sí te tengas miedo. Deberías confiar más en ti, en la vida, siempre piensas que puedes volver a fallar, que puedes decepcionarme, o decepcionarte, o ambas cosas. Ojalá no tuvieras tanto miedo, al fin y al cabo todo seguiría como hasta ahora, con la diferencia de que yo sabría por fin cómo te sientes. Qué sientes. Es lo único que cambiaría, porque el amor no nos pone cadenas, nos acoge libres y nos abraza sinceros. Pero bueno, imagino que todos somos diferentes, que no funcionamos a la misma velocidad, ni con el mismo mecanismo. 
Si tiene que ser, será; si no, te veré marchar y sonreiré aunque esté triste. Ya no coso mis heridas con melodrama ni expectación, ahora solo soy un pájaro que, tras haberse herido las alas, lucha constantemente por volar en línea recta. Pero debo admitir que deseaba con ganas que me hicieras cambiar el rumbo, irme contigo. Ojalá tú también te desvíes un día y coincidamos en alguna línea del cielo. Me haría tanto bien poder ser así de sincera contigo, pero no sé cuántos pasos tendría que dar para regalarte estas palabras, y me duelen un poco los pies de caminar. Si te sientas aquí conmigo y abres un par de cervezas quizás podremos hablar de esas cosas que se dicen sin hablar. 


miércoles, 2 de enero de 2019



Tétrica y escéptica reniego,
finjo despreocupación y hielo,
yo no me creo, 
¿tú me estás creyendo? 

Un silencio me cose la espalda,
tu monosílabo me cose los labios,
yo no me veo,
¿tú me estás viendo? 

lunes, 31 de diciembre de 2018




Demasiado orgullo a cuestas, no soy capaz de demostrar nada porque estoy acojonada. Cuando era inocente, cuando era una auténtica kamikaze, era más libre porque era yo misma. Ahora soy incapaz de pronunciar palabra y admitir mis sentimientos. Ahora soy más cobarde. Ahora detesto este vértigo, ahora ojalá pierda el miedo. 

jueves, 27 de diciembre de 2018

A ti

Te escribo esta carta cuando sé que escribirse cartas ya no está de moda porque yo siempre he sido un poco...ya sabes, antigua. Qué esperas de alguien que ha leído más libros de gente que ya está muerta que de personas que siguen respirando. Lo cierto es que empiezo sin saber bien qué decirte porque hoy he sentido uno de esos impulsos que me aceleran y empujan hasta que consiguen que teclee cuatro tonterías. Por eso estoy aquí. Otra Navidad más, ya van muchas desde que nos conocimos - no hablo de conocernos literalmente, hablo de conocernos bien- y siento que el tiempo avanza a una velocidad vertiginosa. Parece surrealista que sigamos pareciéndonos tanto a aquellos niños y a la vez nos vea muy distintos. Supongo que el tiempo y la distancia hicieron su labor, que todos crecemos, maduramos, nos alejamos de algunas manías y nos cosemos otras. Hay algo que me llamó la atención desde el primer momento en que volviste a sentarte a mi lado. Sigues frunciendo el ceño igual, haces los mismos gestos nerviosos y tus manos siguen intactas. Tu risa aún es medio ahogada, y tu voz sigue grave y tranquila. Ya no tienes las mismas sudaderas, ni las mismas zapatillas, pero toda tu ropa sigue oliendo exactamente igual. Es curioso que aún haya arraigadas en nuestros cuerpos bromas que solo comprendemos nosotros. Un tono de voz, una expresión, un gesto. Siempre ha habido una química intachable cuando se trata de comunicarnos. Es una especie de magia que creo que no se consigue con mucha gente, por eso es especial sentirla contigo. Ya sabes, hemos conocido a muchas personas, y claro que tenemos bromas con muchos de ellos, pero yo hablo de esas bromas que rozan el tono confesional de dos dedos que se rozan sin querer, o del susurro que choca con una espalda desnuda. Son esas frases o esas palabras que punzan eléctricamente, que son metal frío en noches de verano. Bromas que si las dijésemos con otras personas perderían la identidad. Eso me ha hecho pensar en lo increíblemente importante que eres y has sido siempre para mí. No es una novedad, es evidente que nunca olvidamos a esas personas que marcan sentimientos tan grandes, y claro que sabrás que siempre serás importante para mí, pero quería escribirlo ahora. Yo nunca voy a olvidar a ese chico aparentemente despreocupado con el que me topé un día de la forma más absurda en esa clase, porque nunca podría olvidar lo sorprendente que fue descubrir que toda esa aparente máscara de indiferencia no era más que una fachada, un escudo, y que dentro había un chico que pensaba las cosas y le daba vueltas a todo, constantemente. Cuando te conocí me sorprendí muchísimo, porque me encontré con una sensibilidad que no pensaba que aparecería y esa pequeña gran parte de ti fue la que me hizo quedarme a tu lado. A veces me vienen ráfagas de recuerdos, ya sabes, a modo película, con una canción imaginaria e inexistente de fondo, en los que nos veo más jóvenes y guapos que nunca. Tenemos recuerdos tan bonitos...Parques, promesas, cartas, miradas, frustraciones, meriendas, deberes, vídeos, playas, paseos, cenas, futuros que se quedaron en palabrería y sueño. ¿Recuerdas aquel día en el que, por estas fechas, estábamos solos en aquel parque de atracciones? Es uno de esos días que recuerdo. El tren, el frío, fotos que ya no tengo pero que recuerdo como si las hubiera visto ayer...Qué tonta. ¿¡Te puedes creer que se me ha escapado una lagrimilla!? Sé que éramos personas distintas en aquel entonces, que teníamos actitudes infantiles -aunque te confieso que tú eras mucho más maduro que yo en muchos aspectos- y que probablemente nuestras mentes eran muy diferentes, ¿pero estoy loca si pienso que en el fondo hay algo dentro de nosotros que sigue intacto? No sé por qué estoy hablándote de esto. A veces me gustaría explicarte estas cosas absurdas, hablarte de momentos que recuerdo, abrazarte mucho más fuerte, pero le he cogido un poco de miedo a hablar de mis sentimientos. No es por ti, ni siquiera es por mí. Yo creo que me da miedo admitir que soy humana, porque me da miedo que me sigas viendo como aquella chica abandonada que se regocijaba en su dolor escribiendo diariamente en un blog. Fui patética cuando te fuiste, cuando todo acabó, sé que lo fui. A veces, muy de vez en cuando, leo alguna entrada antigua para ver cómo escribía o qué tenía que decir y me da mucha vergüenza haber sido tan explícita, haberme mostrado tanto. Sobre todo porque me imagino que leer aquello para ti, en aquel entonces, fue de todo menos agradable. En parte siento que te hice daño escribiendo todo aquello, te hice sentir más culpable por haberte ido. En aquel momento no supe aceptar ni gestionar que te perdía, el dolor fue mucho más grande que mi capacidad de ver y tomé decisiones muy, pero que muy absurdas. Creo que esa vergüenza es la que me impide volver a escribir con transparencia. Te hice sentir más culpable de lo que ya te sentías (que no era poco) y fui muy egoísta. No sé si alguna vez te pedí perdón por ello, pero me gustaría hacerlo, aunque sea en esta carta imaginaria que no te va a llegar nunca. Sería gracioso que siguieras leyéndome. Eso indicaría que en el fondo estás tan poco cuerdo como yo. En fin, que siempre fuiste importante, incluso los años en que no supe más de ti que lo que veía en cuatro fotos que me encontraba por casualidad. Y siempre lo serás, ahora con más motivo. Sé que ahora somos alérgicos a pensar en un mañana no muy cercano, créeme, a mí también me da pánico el futuro, pero te vayas o no, me marche o no, seamos lo que seamos en ese mañana, nunca olvidaré lo que hemos sido, y nunca te olvidaré a ti. A veces pienso que soy afortunada por haberte podido ver de nuevo, hablar contigo, contarte lo que me aterroriza, escuchar tus problemas, saber de tus sueños y tus preocupaciones. Somos afortunados por habernos podido ver de nuevo, la vida nos ha vuelto a cruzar - causado o no por mí- en un momento en el que he podido volver a verte reír con mis torpezas y mis tonterías. Eso será suficiente cuando piense en ti, estés o no. A veces me gustaría decirte mucho más, pero sé que no siempre debemos decir lo que sentimos al cien por cien, ni lo que pensamos. Sea como sea, quiero que te sientas afortunado tú también, sea cual sea la dirección de tu vuelo, porque he podido acariciarte de nuevo. No solo somos cuerpos, en ti siempre he visto un mundo enorme, un sistema solar, una expansión de polvo de risa. Me gusta lo que eres y quien eres, aunque nunca te lo diga. Madre mía, qué momento más tonto de sensibilidad. Ya no estoy muy acostumbrada a decir lo que siento, me he cosido demasiadas heridas y le temo al momento de enfrentarme a otras nuevas. Me siento tan ridícula hablando de esto.
Sea del modo que sea, ojalá nunca deje de escuchar tus teorías físicas alucinantes, tu concepción del mundo, tu opinión sobre las polémicas o todo lo nuevo que te quieras comprar. Siempre estaré, lejos, cerca, siendo testigo de tus logros, empujándote a seguir hacia adelante, o callada. Ojalá nunca pierdas la ilusión por lo que te mueve. Yo aquí estaré, sin saber bien cómo decir lo que pasa por mi mente tras cada beso, sin saber ya explicarte cómo me siento, pero aquí. 
Ojalá tú siempre me recuerdes también, te marches o no. Hemos sido - y creo que lo somos- un acorde menor afinado con maestría, tocado con delicadeza, sutilmente precioso. Hemos sido música, lo creas o no, lo sepas o no, lo leas o no. Y hay canciones que siempre se escuchan, que siempre se cantan, que siempre se viven. Y nuestra versión acústica en directo es la mejor de las melodías. 
















Qué forma tan extraña y compleja de expresarse, de decir lo que una siente.
 Ojalá no tengas que leer este retal de mí nunca, porque pensarías que estoy loca. 





sábado, 22 de diciembre de 2018


No me he llenado nunca la boca de vacíos y no lo haré ahora.
Es por eso que no escribiré palabra hasta que no sepa exactamente qué quiero decirme,



Pongo una coma para no cerrar ese pequeño universo. 




jueves, 20 de diciembre de 2018

y despierto despacio



Se me escapa,
de las manos,
y del cuerpo,
y de los años.

Se me escapa,
filtrándose lento,
en sangre caliente,
cantando despacio.

Te me escapas,
como figura latente,
como pálpito hiriente,
como hielo en los ojos.

Y me escapo,
porque me abrazo y te siento,
porque me acerco a tu hombro
y al te quiero callado.

Se me escapa,
del vientre,
y del pecho
y del espacio.

Se me escapa,
arañándome dentro,
en plácido sueño,
y despierto despacio.


miércoles, 19 de diciembre de 2018





Hay días en los que tengo tanto que decir, que no sé bien cómo comenzar. He borrado cinco cosas ya, supongo que no es mi día. 





Hoy se me ha roto el poema.
¿Aún me lees?

martes, 18 de diciembre de 2018



Si te miro directamente, veo en la claridad de tus cristales redondos una mentira infinita. La de mantener callados tus sentimientos y dominar tus sentidos. No te he visto lo suficiente como para que estés tan silenciosa, no me has mirado lo suficiente para adivinarte. Aun así te escurres entre mis dedos, bailas, sencilla, como si estuvieses grabando un anuncio de esos de colonia, malísimos, pero sensuales. Pareces frágil y, sin embargo, te han hecho a base de piedra y alcohol. Pero estás guapa seria, tú siempre estás guapa, aunque me huyas. Sé que te dan miedo muchas cosas, porque cuando te cojo de la cintura y me acerco, casi noto tus latidos punzantes canturrear alguna melodía de pánico escénico. Te doy miedo porque crees que si me besas más de tres veces seguidas voy a salir corriendo. Pero quién crees que soy. Si estoy aquí. Si estás allí. Si yo te tengo miedo. Labios rojos, destructores y seguros, que amenazan con empaparme de temblor y cielo. Puedes besarme un poco más, no voy a quejarme. Tu espacio físico siempre es largo, nunca estás lo suficientemente cerca, nunca te huelo lo suficiente. Tu pelo dorado al sol ha encendido mi risa más floja, quiero verte saliendo del mar, desnuda, mientras sonríes. Quizás en una playa a solas, un julio a las siete de la tarde. Quiero verte el sol en la espalda, quiero que tus tatuajes anuncien visita, quiero que no me huyas, porque huyes, porque no me acerco, porque no me atrevo, no puedo, no puedo, no puedo acercarme si te alejas. Tímida finges ser valiente, pero con un par de cervezas se te escapan las verdades, y te veo bailando esa canción movida que dice que nunca más vas a volver a ilusionarte. Y yo te miro pensando que ojalá eso no sea cierto, porque en el fondo espero que te ilusiones, no conmigo, sino de mí, de nosotros. Ahora subes el volumen de la radio, pero qué tonta eres, quiero oírte cantar. Pero tú no te dejas, tú huyes, tú no quieres que te oiga porque te da miedo que me guste.
Te quedan bien esas medias, ese clip extraño con el que te has echado el pelo hacia un lado. ¿Me dejas ya pedirte que te quedes? No me cambies la canción, esta me recuerda a ti. Quiero un verano contigo, cincuenta o sesenta días de sol extrovertido, una canción y el coche con las ventanillas bajadas, dejando entrar más aire del que podamos soportar sin estallar de la risa. Que cantemos sin entonar, ni afinar, ni sabernos la letra. Quiero que tus ojos no me mientan, que me digas que te quedas, porque quieres, aunque mientas negando con la cabeza. Tus hoyuelos profundos susurran otra cosa. Aún es pronto para rendirse. No me huyas, no me huyas. Quédate.
Es cierto que nunca te he pedido que lo hicieras, pero quédate. Porque si te vas me arrepentiré toda la vida de no haberte pedido que te quedaras. Quédate tan cerca que no haya sombras entre la pared y tu cuerpo solapado a mis versos. Quédate como se quedaron en la memoria los recuerdos teñidos de un verano de 2014 que dejó residuos de miel en las venas. Quédate como se queda lo que nunca se queda. Quédate como si nunca hubieses pensado en marcharte. Quédate como si no tuvieras miedo, aunque estemos acojonados. Quédate porque si no te pido que te quedes, no vas a quedarte. Quédate, porque quiero ver tu espalda desnuda todas las mañanas en las que despertemos y nos pillen in fraganti rozándonos los sueños. 
Quédate como te has quedado siempre, porque esta vez soy yo el que no piensa marcharse. 











domingo, 16 de diciembre de 2018


Pero no lo digas. Pero no lo digas. Pero no lo digas.
- ¿Qué harás cuando se nos acabe el tiempo?
Pero que no responda. Pero que no responda. Pero que no responda. Pero responde.
- ¿De verdad crees que el tiempo se puede acabar?
Y ahora qué le digo. Mangas de un jersey demasiado cortas como para esconder mis manos heladas.
Y ahora qué le contesto.
- Te echaré de menos.
Sale solo. Me arrepiento, me arrepiento, me arrepiento. Pausa y detén el momento. No se para, no se para, no se para. No le mires. No le mires. No le mires. ¿Por qué he dicho eso?
Risa gélida y corta. No le mires. Mírale. No le mires. Mírale. Le miro. Pero no responde, hasta que responde:
- Qué tonta.
Me mira. Me mira. Me mira. No le miro, no le miro, no respondo.
Ligero empujón vestido de inocencia. Un suspiro largo que me abraza desde la espalda. Cómo le digo que no quiero que nunca esté triste. Cómo le explico que no puedo explicarle nada. Cómo me va a decir que él también si ni siquiera voy a irme. Cómo le voy a echar de menos si no le voy a echar.
- Piensas demasiado.
Y no le miro, lo digo y no le miro. No contesta, no contesta, no contesta.
- Y tú no te das cuenta de nada.
Me pilla por sorpresa. Respuesta que se clava. No le mires, no le mires, no le mires.
Le miro porque no mira, y cuando mira, le sigo mirando.
No respondo, no respondo, no respondo. Se ríe, me río.
Empujón de nuevo. Inocencia en hielo. Escarcha en las cabezas. Corazones arrítmicos intentando acertar algún que otro paso. Pero no saben bailar, no saben, no saben. Torpes, retroceden. Brazos que no se abrazan. Risa bajo risa, mentón que se alza hasta encontrarle. Y le encuentro, le encuentro, le encuentro. Hasta que dice:
- No me encuentres, no me encuentres, no me encuentres.








Ya no sé ni lo que escribo. 




jueves, 13 de diciembre de 2018



Tus pozos negros, ansiosos, se fijan.
Honesta, te empujo, hasta ríes, tan niño.
Muerdes finales que anuncian principios,
tocas las cuerdas que suenan tormenta,
renuevo las horas de tiempos siniestros,
truenos que vuelan rindiéndonos sueños.
Una navidad precipitada, campanas,
quizá-si quieres- algún día, podremos.
Por ahora solo sueños que se miran de lejos,
yo apostándome el hueso, las ganas.
Sabiéndonos enteros, conozco tu reto,
crecidos, la ilusión, ya no aparezco.
Y yo insisto, sí puedes, no ves,
no crees, no quieres, no puedo.
Yo sí, recojo, alzo tu voz, a medio suelo,
e insisto, volémonos, silencio.
Tus pozos negros, ansiosos, se fijan.

Es el aleteo intrépido de un pájaro rozando cristales rotos, el simple y siniestro sentimiento de ya no sentirme apagada, el ligero zumbi...