martes, 18 de agosto de 2015




Ingenua.

Es lo que soy
cada vez que pienso
que alguien puede ver
en mí
todo lo que llevo
y quererlo sin más.





Lo malo de mis secuestros
es que siempre acaban pidiendo el rescate.
Supongo que es más interesante
que quedarse en silencio
frente a mis cicatrices.




Más fácil que quererme.








lunes, 10 de agosto de 2015

Desnudarse la piel con versos.

Vuelven a vencerme las heridas, vuelvo a partirme el pecho y la espalda a base de sonrisas que ahora me esfuerzo por regalar. Estoy sola en esto - pero sola al fin y al cabo- como siempre. Nadie sujeta este pelo que cae sobre la almohada. Nadie hace que moje los silencios, y los gemidos a solas se vuelven rasguños en la historia de mi vida. Voy a decirles que estoy bien porque esta vez no es mentira, lo estoy. Pero eso no significa que me haya encontrado, es más, creo que voy más perdida que nunca. Ya no es el dilema entre amar u olvidar lo que me ata el pecho y rompe el esquema magnético de mi historia, es el hecho de arriesgar lo que me obsesiona ahora. 
Porque le estoy regalando caricias a un corazón medio roto que insiste en quedarse pero se niega a sentir. 
Yo también me niego, y es aquí donde empieza la peor parte: A veces siento que no quiero negarme.
Un beso tentador acompañado del silencio revolucionario de nuestras vidas me atrapa, y de repente lo siento, como aire seco mojando mi aliento, lo siento como si acabara de conocerle, aunque le conozca desde siempre.
Pero al separar nuestros cuerpos siempre se aleja tres pasos y cuenta hasta cinco para volver a darle una calada a mi pecho. Es tan fuerte cuando se disfrazas de soldado valiente que ya no siente, que hasta a veces se me olvida que quizá siente como yo esto en el pecho.
Juramos no llamarlo amor,
y en cambio cada vez que le beso
le pongo su nombre a mi lamento
y los gemidos adelantan en mi pecho
el sentimiento
que viene
después. 
Ojalá pudiera evitar pensarle
y ojalá supiera dónde está la línea que separa lo que deberíamos ser de lo que somos. 
Es innegable. Ya no hay marcha atrás. No es cualquiera, porque cualquier hombre no tiene esa mirada azul desgastada de reproches.
Porque solo los hombres de verdad lloran y alguna vez me dejó verle las heridas. 
Es verdad pura, como un sinónimo de adrenalina, que insiste a quedarse a vivir en mis venas. 
Ojalá pudiera quedarse esta noche, llenar todos los vacíos que deja su ausencia, cuando se marcha y no sé adónde.
Ojalá el silencio entendiera las mareas que inundan su mente.
Mi cabeza a la deriva, anuncia naufragio. Y desde aquí miro la lluvia de su piel, luchando contra mí, contra sentir algo en en el pecho.

No lo vamos a tener tan fácil.
Nadie sale intacto de una historia
tan extrañamente
perversa
imposible
inmoral
irremediable.


Y nosotros no vamos a ser menos.
Así que esta calada va por él,
alma gemela,
que me vuelve a torturar esta noche
con las dudas que se siembran en mi mente cuando aparece en mi memoria
su mirada intensa desnudándome la piel con versos. 

sábado, 8 de agosto de 2015

Quizá es hora de que yo también me ponga la coraza.
Se me ha dado mejor ser la fría siempre. 





miércoles, 5 de agosto de 2015

Mi declaración de derechos.

Me dejaste los fracasos de una vida sin llenar. Y mira que te quise mal, derrochando tus palabras, desabrochando el silencio.
Mira que te quise y requise, que esperé en la desesperanza que enfocaban tus pupilas. 
Mira que te fuiste pronto, que me condené a la huída. Ya no sé ni hablarte, ya no tengo aguante, me queda el recuerdo amargo del lastre que sentí que era cuando tu rechazo me partió la vida.
No es tu culpa, no, ya no eres tormenta, los rayos me deshacen el camino, pero tú ya no me llueves, tu aliento no da vida. 
Me detesto al recordar todas las veces que corrí tras de ti, alimentando tu amor propio, vaciando el cargador de todo el amor que no me di. 
Apuntaste sin temblar, directo al pecho. Disparaste sin pestañear
y todos los veranos
se convirtieron en hielo.


Dejé de quererte aunque no fuera fácil. 
Al final te entendí
me fui
dejé de ser lastre
para ser astro
de mi propio fin.
El cielo de todo aquello que no pude decir cuando te tuve hoy lo digo.
Me perdiste y volverás a querer verme en  otras pieles. No me encontrarás, no, no vas a volver a oír mi molesta risa de terciopelo en otras bocas, nadie va a pronunciar del mismo modo tu nombre. Ya nadie va a partirse la espalda por un segundo en tu boca. 
Nadie esperará en la puerta de esa academia, ya no habrá meriendas bajo el sol de cualquier otoño. 
Nadie más va a querer hacerte el amor, el odio y el sexo al mismo tiempo.
Ya no vas a ver el brillo de la poesía en otras curvas, ya no vas a escribirme en la espalda la declaración de tus derechos sobre mi alma. Ya no van a volver a decirte que puedes con todo.
A diferencia de ti yo sí veré la indiferencia con la que me mirabas tú, muchos hombres me mirarán de ese modo. Volveré a sentirme un lastre, volveré a querer hundirme, volveré a escaparme. Sí, van a volver a matarme. Volveré a esconder las cicatrices. Pero un día quizá dentro de mucho, alguien querrá desenredar mi vida. Cortará los nudos y peinará el desastre. Van a comerse mis miedos y ya no volveré a quererme tan poco. Sé que habrá un loco que queme las cuerdas que me atan al olvido, que habrá alguien capaz de abrir cadenas sin tener llaves. Porque sé que van a cambiarme la suerte, van a volver a quererm..., qué digo volver, van a quererme. 
Y ya no serás tú el que lo intente. Ya no habrá medias verdades. Ya no voy a querer esconderme del dolor, porque el dolor dejará de ser materia obligatoria de este corazón (que ya no es tuyo). 

Tus pozos negros, ansiosos, se fijan. Honesta, te empujo, hasta ríes, tan niño. Muerdes finales que anuncian princi...