lunes, 31 de agosto de 2015

Sin sentido, pero viva - aún.






Ahora es cuando me digo: Tú eras fuerte antes de esto. Y qué mentira, y qué sentido sin sentir le has dado a tu mundo, el que no gira. 
Palabras de acero se clavan en tus sueños como cuchillas. Joder, qué fácil era entonces, cuando no me frenaban las heridas. Y ahora estoy plantada enfrente de tu vida sin querer entrar del todo solo porque veo el miedo que llevo en los hombros reflejado en tus ojos.
Nos jodieron el corazón una vez,
me niego
te niegas
a usarlo de nuevo.
Y a cada roce te siento,
y cuando lo hago se me quitan las ganas de esconderme.
Me haces libre, me siento pájaro,
como esos doce que llevo tatuados en la espalda.
Tú me haces pensar que soy valiente
que nada más importa
que ser nosotros mismos
en ese preciso momento.
Durante noventa minutos me tienes
te tengo
nos tenemos
y eres dueño del silencio de mis pupilas.
Ta aferras a mi cuerpo
y el cariño siniestro
que acabo dándote
me recuerda a que siento mucho más
de lo que jamás sabré
admitirte.

Lo siento,
por lo cobarde que me vuelvo
cuando vuelves.
No puedo evitarlo
hablar de amor contigo
es como intentar resolver
una de esas ecuaciones
que me traían de cabeza:
Sé muy bien cuál es la respuesta, pero algo en mí se niega a encontrarla.


Despéjame la X.
Cuestiona todo lo que haga
y entonces quiéreme,
aunque sea un acto suicida 
y acabemos estampándonos. 


Como en los viejos tiempos
cuando tus labios aún no conocían los míos
y moríamos por personas distintas.  
Entonces nos parecíamos menos que ahora, o quizá tanto como hemos dicho siempre.
Quizá entonces algo de mí te llamaba y algo de ti respondía.

Por qué no cogimos aquel día y nos fugamos a destiempo,
por qué no nos besamos entonces,
cuando aún no nos habían reventado la vida, cuando habríamos tenido una excusa para querernos,
y no para no hacerlo,
como ahora.


Quiero que vengas y gires mi mundo. Por favor, tómame el pelo. Llévatelo todo. Arrasa conmigo, lucha contra mí. Ten miedo, golpéame el silencio. Grita verdades. 


Ven,
ven
ven.
Que esto está hecho un desastre,
y cada vez que te miro estoy pidiéndote
que me salves. 

sábado, 29 de agosto de 2015

Me alejo un poco.

No vaya a ser que te salpiquen estas ganas que tengo de ti.

Pareces un sueño, dureza frágil maquillada en cristal, corazón de piedra inquebrantable. Vuelves a disparar con la misma firmeza, vuelves a dar justo en el centro de la diana.
Me vas a volver loca,
y me va a dar igual.
Voy a morderte la boca, dejarte la señal, para que entiendas cuando te mires al espejo que en esos labios está el reflejo de todo lo que nos queda por besar.


Hoy me he dejado el amor sin hacer,
hoy te he visto madrugar en tu indiferencia
hoy no has sido tú y no he sido yo,
hemos sido nosotros.
Tortura infinita de ganas de arrancarnos la piel a mordiscos.




Ganas de que el mundo se consuma un instante
y yo poder quedarme dentro,
contigo.


Para salvarnos.










jueves, 27 de agosto de 2015

Todo, menos yo.




Retroceso ilógico, siempre voy a buscarme donde no estoy.

He intentado leerme las señales y no soy más que un viejo capítulo que todos ya se saben de memoria. Las justas coordenadas. Saben dónde tocar para que ría, qué decir para que llore.
Una completa conocida.
Para todos,

excepto para mí.

Sigo odiando los domingos, o no, tal vez mienta, y lo que odie es no tener con quien pasarlos.
Pero nunca admitiré que me pesa hablar conmigo misma.
Quizá porque sigo siendo una niña disfrazada de mujer valiente.
Pero, entre tú y yo, sigo siendo cobarde. 
Pero no,
que no te engañe mi seguridad impostora.
Aún me pesan los pocos años que llevo luchando contra mí.
Contra todo.
Otoño morado intentando ser un invierno. Torpe por naturaleza.
Idiota de serie.
¿Por qué siento que todos saben exactamente dónde ir? ¿Por qué de repente me encuentro con una vida que parece no ser la mía? ¿Por qué apareces justo cuando creí que era la fuerte?
Vuelvo a las andadas,
esta vez sola,
muy sola.
Y con miedo,
menos miedo.

Pero sin saber qué dirección es la mía.
No quiero que sea la correcta,
solo que sea la mía.
No me da miedo volver a tropezar,
me da miedo que alguien me vuelva a hundir.


¿Por qué resulta tan fácil sumergirme en mi propio dolor? ¿Por qué nadie viene a salvarme?
¿Dónde estás tú, amor? 
¿Dónde está la paz que un tal karma juró darme? ¿Dónde está la recompensa por encontrar el tesoro? ¿Por qué nadie abrió la jaula? Dime, ¿Por qué no vinieron a pagar el rescate? ¿Por qué el tiempo sigue reteniéndome? 

He dejado de intentar entenderme.
No sé lo que quiero
no sé lo que no quiero.
No sé si voy a ser feliz,
y lo que es peor,
me da miedo volver a serlo.






Estúpida.








Creo que necesito que alguien venga a recordarme que ser fuerte no era tan mala idea.
Que alguien venga a decirme que renuncie a todo, menos a mis emociones.
Necesito que alguien insista,
alguien que agujeree este techo,
alguien que acaricie estos miedos.
Necesito que alguien me pida que vuelva a pensar con el corazón.
Y entonces
volveré a ser la de siempre,
alocada y decidida,
ingenua y atrevida,
perdida
pero siendo yo.










Mírame y dime que esta no es la mejor versión de mí
y entonces saca lo que otros se llevaron
antes de ti.

Todo.
Menos a mí. 

jueves, 20 de agosto de 2015

Últimamente hablo de ti.

No hablabas en serio, sé que perdiste las coordenadas. En mí te sentías seguro, al cien por cien.
Eras tú mismo, caía tu capa. Reías desconsolado. Y tu esporádico vuelo acompañaba el mío.
Éramos polos parecidos, rebelándonos a cada reto.
Torcidos, como los cuadros mal puestos. Torpes por naturaleza.
Conmigo sentías esa libertad en el pecho,
podías reírte conmigo haciendo que te reías de mí
y eso no puedes hacerlo con cualquiera.
No, hoy no.
Éramos tan sumamente inoportunos, desinteresados, descarados, indiscretos,
que no nos importaba comernos el miedo de vez en cuando
mientras nos dejábamos un poco de él en el bolsillo.
Eso sí, nunca pasaríamos de la fase del juego.
Nunca llamaríamos amor a ese inconcreto e incompleto sentido que empezaba a darnos golpes en la conciencia.
Éramos el mayor reto, situados justo en medio, entre lo que no debíamos sentir, lo que sentíamos, y lo que jamás podríamos ser.
Condenados a ser dos almas impares buscándose en silencio,
mientras nos vemos naufragando en cada intento.
Roce mínimo de mejillas, seguido del aleteo de tus dedos buscando a tientas un lugar en el que no sentir más que placer.
Perdidos en la nostalgia de querer querer sin quererlo, y no querer quererlo más por querer.
Perdida en tus mil brújulas sin que ni una sola señale la dirección que seguir,
adivinándote la mente.
Aceptando las derrotas y el rechazo de la tropa de tus ojos.

Dos contra uno. Tu orgullo te acompañará, eso lo sé.
Y yo vengo totalmente desarmada.
Ante ti ningún arma podría ser buena idea.




Señales de humo. Veo desde el pasado un motivo por el que adorar un presente en el que estés. En formato 'indiferencia', o 'total certeza de que eres algo más de lo que creía'.
Me dejas K.O cada vez que te acercas.
Y sin embargo voy a decir, por lo bajo, que no eres nada. Mintiéndote.
Mintiéndome.
Mintiéndonos.
Al fin y al cabo eres de los pocos que se quedó cuando me desnudé el alma.

Solo tú viste lo bueno que había en mí cuando ni yo me atrevía a mirarme en el espejo.
Te diré mil veces que no, pero tienes mucho que ver con que empezara a salir del pozo en el que me dejaron.
Y te estaré eternamente agradecida.





Aunque tú nunca vayas a leerme
a entender esto
a quedarte
a decirme nada.
Simplemente debías saber que no solo fui yo la que te ayudó a superar algo,
tú me lo devolviste todo en formato esperanza.


Esperanza de volver a vivir siendo la niña que era.
Si yo sacaba el niño que hay en ti,
deberías dar por hecho que la niña que hay en mí
solo se ríe si tu sentido del humor le araña un poco el corazón.



Aunque todo sea en vano.
Aunque el miedo guarde cicatrices.
Y solo seamos un par de desarmados,
en un desierto de hielo, tristes.


Aire y aire.

Atraes hacia ti todo lo bueno que me queda y moldeas a tu gusto el sabor de mi risa. Acaricias lo malo, te ríes siniestro, sincero, no le temes a mi pasado y no juzgas que me equivocara. Así eres. Naturalmente igual a mí. Con mis mismos miedos, aunque más cuerdo. 
Te rompes la vida y las normas, me abrazo al silencio, estallo contigo, huracán y deshielo. Nos rozamos con tiempo, abarcamos sinceros la esperanza de tenernos cerca.
Cómo iba a explicarte, corazón herido, que me siento menos sola cuando pronuncias mi nombre. Que nunca estarás solo si provocas mi risa, porque nunca nos abandonaríamos.
Aquí tienes, el sabor de la victoria. Tú ganas, siempre has ido por delante, pero siempre me he empeñado en pisarte los talones. Aire y aire. Así somos, arrasamos con lo que tenemos.


Prometimos no perdernos más,
me da igual dónde te marches
aunque no sepa la dirección
de tus miedos, 
confío en que volverás 
y nos veremos donde siempre
como siempre,
cuando hagamos la señal.




martes, 18 de agosto de 2015




Ingenua.

Es lo que soy
cada vez que pienso
que alguien puede ver
en mí
todo lo que llevo
y quererlo sin más.





Lo malo de mis secuestros
es que siempre acaban pidiendo el rescate.
Supongo que es más interesante
que quedarse en silencio
frente a mis cicatrices.




Más fácil que quererme.








lunes, 10 de agosto de 2015

Desnudarse la piel con versos.

Vuelven a vencerme las heridas, vuelvo a partirme el pecho y la espalda a base de sonrisas que ahora me esfuerzo por regalar. Estoy sola en esto - pero sola al fin y al cabo- como siempre. Nadie sujeta este pelo que cae sobre la almohada. Nadie hace que moje los silencios, y los gemidos a solas se vuelven rasguños en la historia de mi vida. Voy a decirles que estoy bien porque esta vez no es mentira, lo estoy. Pero eso no significa que me haya encontrado, es más, creo que voy más perdida que nunca. Ya no es el dilema entre amar u olvidar lo que me ata el pecho y rompe el esquema magnético de mi historia, es el hecho de arriesgar lo que me obsesiona ahora. 
Porque le estoy regalando caricias a un corazón medio roto que insiste en quedarse pero se niega a sentir. 
Yo también me niego, y es aquí donde empieza la peor parte: A veces siento que no quiero negarme.
Un beso tentador acompañado del silencio revolucionario de nuestras vidas me atrapa, y de repente lo siento, como aire seco mojando mi aliento, lo siento como si acabara de conocerle, aunque le conozca desde siempre.
Pero al separar nuestros cuerpos siempre se aleja tres pasos y cuenta hasta cinco para volver a darle una calada a mi pecho. Es tan fuerte cuando se disfrazas de soldado valiente que ya no siente, que hasta a veces se me olvida que quizá siente como yo esto en el pecho.
Juramos no llamarlo amor,
y en cambio cada vez que le beso
le pongo su nombre a mi lamento
y los gemidos adelantan en mi pecho
el sentimiento
que viene
después. 
Ojalá pudiera evitar pensarle
y ojalá supiera dónde está la línea que separa lo que deberíamos ser de lo que somos. 
Es innegable. Ya no hay marcha atrás. No es cualquiera, porque cualquier hombre no tiene esa mirada azul desgastada de reproches.
Porque solo los hombres de verdad lloran y alguna vez me dejó verle las heridas. 
Es verdad pura, como un sinónimo de adrenalina, que insiste a quedarse a vivir en mis venas. 
Ojalá pudiera quedarse esta noche, llenar todos los vacíos que deja su ausencia, cuando se marcha y no sé adónde.
Ojalá el silencio entendiera las mareas que inundan su mente.
Mi cabeza a la deriva, anuncia naufragio. Y desde aquí miro la lluvia de su piel, luchando contra mí, contra sentir algo en en el pecho.

No lo vamos a tener tan fácil.
Nadie sale intacto de una historia
tan extrañamente
perversa
imposible
inmoral
irremediable.


Y nosotros no vamos a ser menos.
Así que esta calada va por él,
alma gemela,
que me vuelve a torturar esta noche
con las dudas que se siembran en mi mente cuando aparece en mi memoria
su mirada intensa desnudándome la piel con versos. 

sábado, 8 de agosto de 2015

Quizá es hora de que yo también me ponga la coraza.
Se me ha dado mejor ser la fría siempre. 





viernes, 7 de agosto de 2015

Desanclándose de mí.

Espero que jamás llegues a leer esto, o sí, no sé, espero ya no esperar nada. Ni siquiera de mí misma.
Sé que estás tan frío que quemas, claro que lo sé. No soy estúpida. Hasta el ciego más sordo podría haberlo sentido. Estás marcando distancias que antes no existían, y además, añades unas cuantas, por si faltaran. Me has bloqueado el acceso, vas a veinte por hora y esperas que yo empiece a correr.
Me has dejado con lo puesto y te has llevado toda la confianza que decías tenerme.
No exagero, sabes de que hablo, perfectamente. 
Dime que el miedo que nace en ti es solo por la locura en la que nos hemos metido. Dime que el problema no es que estés bien a mi lado, porque si estar bien es un problema yo sí que debería preocuparme contigo.
Creía que en esto se basaba todo, en nuestra confianza. En dejarte mis brazos para abarcar tu dolor sin que eso suponga firmar un tratado de paz. Pensaba que esto iba de no sentir, pero mantener esa línea pasiva de melancolía que nos ha unido siempre. Siento que me has echado hasta de las letras de tu nombre, sin darme opción a salvarme. 
Vuelves a tener el poder, es lo que te gusta, controlar la situación.
Pero ya te dije que eras libre, conmigo, libre.
Ahora pretendes serlo sin mí.
Lo he entendido, no creas, sé mucho más de lo que parece. Vivo en este mundo, a ratos, y te observo.
Quieres parecer el más valiente pero sientes más miedos que yo.
Y me esquivas la mirada, cuando antes apuntabas fijamente e invadías la intimidad de mis pupilas. Dime qué ha pasado, qué ha cambiado dentro de ti para sentir que ya no quieres sentirme. ¿Es eso? ¿Qué sientes algo en el vientre que te dice que estás bien? ¿Es eso? Dime, ¿De verdad has sentido tu sonrisa clavarse bien dentro? O quizá es porque el tratado ya no te convence.
Puedes huir, de veras, claro que puedes.
Haré como que no ha pasado nada entre nuestras manos cansadas, nuestras almas agrietadas, parecidas y diferentes.
Si sacas lo mejor de todos, como siempre dices, saca lo mejor de mí y llévatelo.
No me vale ser mi mejor versión a tu lado si giras la mirada y te haces llamar valiente.
Llámame loca, absurda, mentirosa, triste, esquiva, pero déjame decirte que no sé separar la ternura que te tengo con la pasión que me quema el pecho cuando tus dedos rozan la sal de mis heridas.
Llámame incoherente pero me habías hecho sentir una paz que no sentía hacía ya mucho tiempo.
¿Es por eso?
¿Por eso te vas?
¿Por eso vuelves solo para jugar con todo lo que hay? 
¿Por eso has cambiado las cartas? ¿De ahí viene la jugada?
He dejado de entenderte, de veras. No sé qué te está pasando. Qué escondes en esa mente complicada, sacada del espejo que refleja la mía.



¿Por qué abandonas esta cuerda? ¿Por qué abandonas el tira y afloja que nos condenaba a diario?
¿Qué hay de nuevo en ti para rechazar la risa que unía nuestros impulsos? 



¿Por qué te vas si había empezado a verte reír de verdad? 
Hacía mucho tiempo que no te había visto reír así,
pero supongo que ya no importa,
porque te vas.





miércoles, 5 de agosto de 2015

Mi declaración de derechos.

Me dejaste los fracasos de una vida sin llenar. Y mira que te quise mal, derrochando tus palabras, desabrochando el silencio.
Mira que te quise y requise, que esperé en la desesperanza que enfocaban tus pupilas. 
Mira que te fuiste pronto, que me condené a la huída. Ya no sé ni hablarte, ya no tengo aguante, me queda el recuerdo amargo del lastre que sentí que era cuando tu rechazo me partió la vida.
No es tu culpa, no, ya no eres tormenta, los rayos me deshacen el camino, pero tú ya no me llueves, tu aliento no da vida. 
Me detesto al recordar todas las veces que corrí tras de ti, alimentando tu amor propio, vaciando el cargador de todo el amor que no me di. 
Apuntaste sin temblar, directo al pecho. Disparaste sin pestañear
y todos los veranos
se convirtieron en hielo.


Dejé de quererte aunque no fuera fácil. 
Al final te entendí
me fui
dejé de ser lastre
para ser astro
de mi propio fin.
El cielo de todo aquello que no pude decir cuando te tuve hoy lo digo.
Me perdiste y volverás a querer verme en  otras pieles. No me encontrarás, no, no vas a volver a oír mi molesta risa de terciopelo en otras bocas, nadie va a pronunciar del mismo modo tu nombre. Ya nadie va a partirse la espalda por un segundo en tu boca. 
Nadie esperará en la puerta de esa academia, ya no habrá meriendas bajo el sol de cualquier otoño. 
Nadie más va a querer hacerte el amor, el odio y el sexo al mismo tiempo.
Ya no vas a ver el brillo de la poesía en otras curvas, ya no vas a escribirme en la espalda la declaración de tus derechos sobre mi alma. Ya no van a volver a decirte que puedes con todo.
A diferencia de ti yo sí veré la indiferencia con la que me mirabas tú, muchos hombres me mirarán de ese modo. Volveré a sentirme un lastre, volveré a querer hundirme, volveré a escaparme. Sí, van a volver a matarme. Volveré a esconder las cicatrices. Pero un día quizá dentro de mucho, alguien querrá desenredar mi vida. Cortará los nudos y peinará el desastre. Van a comerse mis miedos y ya no volveré a quererme tan poco. Sé que habrá un loco que queme las cuerdas que me atan al olvido, que habrá alguien capaz de abrir cadenas sin tener llaves. Porque sé que van a cambiarme la suerte, van a volver a quererm..., qué digo volver, van a quererme. 
Y ya no serás tú el que lo intente. Ya no habrá medias verdades. Ya no voy a querer esconderme del dolor, porque el dolor dejará de ser materia obligatoria de este corazón (que ya no es tuyo). 

domingo, 2 de agosto de 2015

Cuando tus ojos de gato se quedan conmigo.





Que me hubiese encantado, digo, que alguien hubiera podido luchar
por mí hasta el último suspiro.
Que sentía que me quemaba el pecho
cada vez que veía
en otras bocas
lo que yo ansiaba
y jamás tenía.
Que me mataban las prisas
y tropezaba en silencio
con sonrisas que no me han dado nunca nada
y se lo han llevado todo.

Tuve que reconstruirme, y joder, cómo cuesta
poner todas las piezas que no encontraba,
el puzzle incompleto del silencio
hecho tristeza en noches de domingo
en las que esperaba una llamada
y no llegaba.
Larga espera, mil estaciones,
me arrancaba primaveras
el invierno que se instalaba
cada verano en la despensa.

Después del llanto vino el miedo,
y después,
la nada,
el vacío
que te queda 
cuando no tienes nada
y ni siquiera
extrañas
el momento
en que reías sin consuelo.

Me he roto las alas
y le temo
al sentimiento
que nace y se deshace
en el pecho.
Me quemaré 
de nuevo
mirando unas pupilas
que me traigan
el dilema
de si lanzarme a la piscina
aunque jamás sepa
si está llena. 

Es la historia de siempre
pasada a limpio
después del borrador
de mis poemas.
La de siempre,
sigo siendo la de siempre
pero con menos
sentido
y más dispuesta.
Con las dudas disueltas
si oigo una risa lejana
que me da la paz
que ansiaban mis manos.
Entonces un silencio
se apodera
de mi mente
y por unos segundos,
quizá minutos,
se deshacen todos los nudos
que me aprietan.
Joder,
no podré ponerle nombre
a algo que se tiene
sin tenerse
y se vive sin morir.
Volverás a desarmarme
volveré a cargarme el mundo
y chocaremos de nuevo
ante el silencio que nos condena
por querer lo que queremos
sin tenerlo.
 No quiero que nadie me entienda,
o sí,
no sé,
tan solo hay silencio.
Encadénate conmigo a esta tortura
que es mirarte desnudo ante
las dudas.
Preguntarme por qué 
te conozco desde siempre
y parece que fue ayer
cuando me dijiste tu nombre.
Por qué parece que se difumine el pasado
cuando tus ojos de gato
se quedan conmigo.


Hemos tentado a la suerte
y es ella la que juega
con nosotros.
Tic-tac.
No tenemos tiempo
y a la vez
lo tenemos todo.
No sé sentirme
ni quiero saber
lo que siento
porque siento
que no hay nubes
en la tormenta
que me has dejado a destiempo.










¿Qué han sido? ¿Diez besos?
Y se congela el tiempo.
Perdidos sin encontrarnos
ni buscar la salida
en este laberinto
de incertidumbre
en el que nos escondemos.















abrumador

Quizá pueda sonar raro, pero cuanto más cerca estoy de ser aquello que he deseado ser desde que mi uso de razón se coló en esta habitaci...