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Mostrando entradas de agosto, 2015
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Ingenua.
Es lo que soy cada vez que pienso que alguien puede ver en mí todo lo que llevo y quererlo sin más.




Lo malo de mis secuestros es que siempre acaban pidiendo el rescate. Supongo que es más interesante que quedarse en silencio frente a mis cicatrices.



Más fácil que quererme.







Desnudarse la piel con versos.

Vuelven a vencerme las heridas, vuelvo a partirme el pecho y la espalda a base de sonrisas que ahora me esfuerzo por regalar. Estoy sola en esto - pero sola al fin y al cabo- como siempre. Nadie sujeta este pelo que cae sobre la almohada. Nadie hace que moje los silencios, y los gemidos a solas se vuelven rasguños en la historia de mi vida. Voy a decirles que estoy bien porque esta vez no es mentira, lo estoy. Pero eso no significa que me haya encontrado, es más, creo que voy más perdida que nunca. Ya no es el dilema entre amar u olvidar lo que me ata el pecho y rompe el esquema magnético de mi historia, es el hecho de arriesgar lo que me obsesiona ahora. Porque le estoy regalando caricias a un corazón medio roto que insiste en quedarse pero se niega a sentir.  Yo también me niego, y es aquí donde empieza la peor parte: A veces siento que no quiero negarme. Un beso tentador acompañado del silencio revolucionario de nuestras vidas me atrapa, y de repente lo siento, como aire seco mojando…
Quizá es hora de que yo también me ponga la coraza.Se me ha dado mejor ser la fría siempre. 




Mi declaración de derechos.

Me dejaste los fracasos de una vida sin llenar. Y mira que te quise mal, derrochando tus palabras, desabrochando el silencio.Mira que te quise y requise, que esperé en la desesperanza que enfocaban tus pupilas.  Mira que te fuiste pronto, que me condené a la huída. Ya no sé ni hablarte, ya no tengo aguante, me queda el recuerdo amargo del lastre que sentí que era cuando tu rechazo me partió la vida. No es tu culpa, no, ya no eres tormenta, los rayos me deshacen el camino, pero tú ya no me llueves, tu aliento no da vida.  Me detesto al recordar todas las veces que corrí tras de ti, alimentando tu amor propio, vaciando el cargador de todo el amor que no me di.  Apuntaste sin temblar, directo al pecho. Disparaste sin pestañear y todos los veranos se convirtieron en hielo.

Dejé de quererte aunque no fuera fácil.  Al final te entendí me fui dejé de ser lastre para ser astro de mi propio fin. El cielo de todo aquello que no pude decir cuando te tuve hoy lo digo. Me perdiste y volverás a querer verme en  …