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Mostrando entradas de agosto, 2015

Sin sentido, pero viva - aún.

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Ahora es cuando me digo: Tú eras fuerte antes de esto. Y qué mentira, y qué sentido sin sentir le has dado a tu mundo, el que no gira.  Palabras de acero se clavan en tus sueños como cuchillas. Joder, qué fácil era entonces, cuando no me frenaban las heridas. Y ahora estoy plantada enfrente de tu vida sin querer entrar del todo solo porque veo el miedo que llevo en los hombros reflejado en tus ojos. Nos jodieron el corazón una vez, me niego te niegas a usarlo de nuevo. Y a cada roce te siento, y cuando lo hago se me quitan las ganas de esconderme. Me haces libre, me siento pájaro, como esos doce que llevo tatuados en la espalda. Tú me haces pensar que soy valiente que nada más importa que ser nosotros mismos en ese preciso momento. Durante noventa minutos me tienes te tengo nos tenemos y eres dueño del silencio de mis pupilas. Ta aferras a mi cuerpo y el cariño siniestro que acabo dándote me recuerda a que siento mucho más de lo que jamás sabré admitirte.
Lo siento, por lo cobarde que me vuelvo cuando vuelves. …
Me alejo un poco.

No vaya a ser que te salpiquen estas ganas que tengo de ti.

Pareces un sueño, dureza frágil maquillada en cristal, corazón de piedra inquebrantable. Vuelves a disparar con la misma firmeza, vuelves a dar justo en el centro de la diana.
Me vas a volver loca,
y me va a dar igual.
Voy a morderte la boca, dejarte la señal, para que entiendas cuando te mires al espejo que en esos labios está el reflejo de todo lo que nos queda por besar.


Hoy me he dejado el amor sin hacer,
hoy te he visto madrugar en tu indiferencia
hoy no has sido tú y no he sido yo,
hemos sido nosotros.
Tortura infinita de ganas de arrancarnos la piel a mordiscos.




Ganas de que el mundo se consuma un instante
y yo poder quedarme dentro,
contigo.


Para salvarnos.










Todo, menos yo.

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Retroceso ilógico, siempre voy a buscarme donde no estoy.
He intentado leerme las señales y no soy más que un viejo capítulo que todos ya se saben de memoria. Las justas coordenadas. Saben dónde tocar para que ría, qué decir para que llore. Una completa conocida.
Para todos,
excepto para mí.
Sigo odiando los domingos, o no, tal vez mienta, y lo que odie es no tener con quien pasarlos. Pero nunca admitiré que me pesa hablar conmigo misma. Quizá porque sigo siendo una niña disfrazada de mujer valiente. Pero, entre tú y yo, sigo siendo cobarde.  Pero no,
que no te engañe mi seguridad impostora.
Aún me pesan los pocos años que llevo luchando contra mí.
Contra todo.
Otoño morado intentando ser un invierno. Torpe por naturaleza.
Idiota de serie.
¿Por qué siento que todos saben exactamente dónde ir? ¿Por qué de repente me encuentro con una vida que parece no ser la mía? ¿Por qué apareces justo cuando creí que era la fuerte?
Vuelvo a las andadas, esta vez sola, muy sola. Y con miedo, menos m…

Últimamente hablo de ti.

No hablabas en serio, sé que perdiste las coordenadas. En mí te sentías seguro, al cien por cien.
Eras tú mismo, caía tu capa. Reías desconsolado. Y tu esporádico vuelo acompañaba el mío.
Éramos polos parecidos, rebelándonos a cada reto.
Torcidos, como los cuadros mal puestos. Torpes por naturaleza.
Conmigo sentías esa libertad en el pecho,
podías reírte conmigo haciendo que te reías de mí
y eso no puedes hacerlo con cualquiera.
No, hoy no.
Éramos tan sumamente inoportunos, desinteresados, descarados, indiscretos,
que no nos importaba comernos el miedo de vez en cuando
mientras nos dejábamos un poco de él en el bolsillo.
Eso sí, nunca pasaríamos de la fase del juego.
Nunca llamaríamos amor a ese inconcreto e incompleto sentido que empezaba a darnos golpes en la conciencia.
Éramos el mayor reto, situados justo en medio, entre lo que no debíamos sentir, lo que sentíamos, y lo que jamás podríamos ser.
Condenados a ser dos almas impares buscándose en silencio,
mientras nos vemos naufragando en cada i…

Aire y aire.

Atraes hacia ti todo lo bueno que me queda y moldeas a tu gusto el sabor de mi risa. Acaricias lo malo, te ríes siniestro, sincero, no le temes a mi pasado y no juzgas que me equivocara. Así eres. Naturalmente igual a mí. Con mis mismos miedos, aunque más cuerdo. Te rompes la vida y las normas, me abrazo al silencio, estallo contigo, huracán y deshielo. Nos rozamos con tiempo, abarcamos sinceros la esperanza de tenernos cerca. Cómo iba a explicarte, corazón herido, que me siento menos sola cuando pronuncias mi nombre. Que nunca estarás solo si provocas mi risa, porque nunca nos abandonaríamos. Aquí tienes, el sabor de la victoria. Tú ganas, siempre has ido por delante, pero siempre me he empeñado en pisarte los talones. Aire y aire. Así somos, arrasamos con lo que tenemos.

Prometimos no perdernos más, me da igual dónde te marches aunque no sepa la dirección de tus miedos,  confío en que volverás  y nos veremos donde siempre como siempre, cuando hagamos la señal.



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Ingenua.
Es lo que soy cada vez que pienso que alguien puede ver en mí todo lo que llevo y quererlo sin más.




Lo malo de mis secuestros es que siempre acaban pidiendo el rescate. Supongo que es más interesante que quedarse en silencio frente a mis cicatrices.



Más fácil que quererme.







Desnudarse la piel con versos.

Vuelven a vencerme las heridas, vuelvo a partirme el pecho y la espalda a base de sonrisas que ahora me esfuerzo por regalar. Estoy sola en esto - pero sola al fin y al cabo- como siempre. Nadie sujeta este pelo que cae sobre la almohada. Nadie hace que moje los silencios, y los gemidos a solas se vuelven rasguños en la historia de mi vida. Voy a decirles que estoy bien porque esta vez no es mentira, lo estoy. Pero eso no significa que me haya encontrado, es más, creo que voy más perdida que nunca. Ya no es el dilema entre amar u olvidar lo que me ata el pecho y rompe el esquema magnético de mi historia, es el hecho de arriesgar lo que me obsesiona ahora. Porque le estoy regalando caricias a un corazón medio roto que insiste en quedarse pero se niega a sentir.  Yo también me niego, y es aquí donde empieza la peor parte: A veces siento que no quiero negarme. Un beso tentador acompañado del silencio revolucionario de nuestras vidas me atrapa, y de repente lo siento, como aire seco mojando…
Quizá es hora de que yo también me ponga la coraza.Se me ha dado mejor ser la fría siempre. 




Desanclándose de mí.

Espero que jamás llegues a leer esto, o sí, no sé, espero ya no esperar nada. Ni siquiera de mí misma. Sé que estás tan frío que quemas, claro que lo sé. No soy estúpida. Hasta el ciego más sordo podría haberlo sentido. Estás marcando distancias que antes no existían, y además, añades unas cuantas, por si faltaran. Me has bloqueado el acceso, vas a veinte por hora y esperas que yo empiece a correr. Me has dejado con lo puesto y te has llevado toda la confianza que decías tenerme. No exagero, sabes de que hablo, perfectamente.  Dime que el miedo que nace en ti es solo por la locura en la que nos hemos metido. Dime que el problema no es que estés bien a mi lado, porque si estar bien es un problema yo sí que debería preocuparme contigo. Creía que en esto se basaba todo, en nuestra confianza. En dejarte mis brazos para abarcar tu dolor sin que eso suponga firmar un tratado de paz. Pensaba que esto iba de no sentir, pero mantener esa línea pasiva de melancolía que nos ha unido siempre. Sie…

Mi declaración de derechos.

Me dejaste los fracasos de una vida sin llenar. Y mira que te quise mal, derrochando tus palabras, desabrochando el silencio.Mira que te quise y requise, que esperé en la desesperanza que enfocaban tus pupilas.  Mira que te fuiste pronto, que me condené a la huída. Ya no sé ni hablarte, ya no tengo aguante, me queda el recuerdo amargo del lastre que sentí que era cuando tu rechazo me partió la vida. No es tu culpa, no, ya no eres tormenta, los rayos me deshacen el camino, pero tú ya no me llueves, tu aliento no da vida.  Me detesto al recordar todas las veces que corrí tras de ti, alimentando tu amor propio, vaciando el cargador de todo el amor que no me di.  Apuntaste sin temblar, directo al pecho. Disparaste sin pestañear y todos los veranos se convirtieron en hielo.

Dejé de quererte aunque no fuera fácil.  Al final te entendí me fui dejé de ser lastre para ser astro de mi propio fin. El cielo de todo aquello que no pude decir cuando te tuve hoy lo digo. Me perdiste y volverás a querer verme en  …

Cuando tus ojos de gato se quedan conmigo.

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Que me hubiese encantado, digo, que alguien hubiera podido luchar por mí hasta el último suspiro. Que sentía que me quemaba el pecho cada vez que veía en otras bocas lo que yo ansiaba y jamás tenía. Que me mataban las prisas y tropezaba en silencio con sonrisas que no me han dado nunca nada y se lo han llevado todo.
Tuve que reconstruirme, y joder, cómo cuesta poner todas las piezas que no encontraba, el puzzle incompleto del silencio hecho tristeza en noches de domingo en las que esperaba una llamada y no llegaba. Larga espera, mil estaciones, me arrancaba primaveras el invierno que se instalaba cada verano en la despensa.
Después del llanto vino el miedo, y después, la nada, el vacío que te queda  cuando no tienes nada y ni siquiera extrañas el momento en que reías sin consuelo.
Me he roto las alas y le temo al sentimiento que nace y se deshace en el pecho. Me quemaré  de nuevo mirando unas pupilas que me traigan el dilema de si lanzarme a la piscina aunque jamás sepa si está llena.…