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Mostrando entradas de mayo, 2017

De mí a mí.

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Empezaré por el final. No por nada especial; es que los principios se me hacen casi monótonos, casi auténticos.  Digamos que estaba sentada en el mismo lugar de siempre y dejé de ser la de siempre. Digamos que algo salió de mí y vino a mí. Me explico: imaginad que tenéis un bote lleno, repleto, de mariposas. Lo sujetáis fuerte, con las manos bien prietas al cristal. De repente las mariposas consiguen descifrar vuestro secreto más oscuro y diminuto, descubren cómo abrir la tapa del bote; o sea, su puerta a la libertad. Las mariposas escapan sin pensar en nada más que en sí mismas. Os golpean con las alas, os susurran cosas absurdas que no entiendes y se van a volar. Se van muy alto.  Imaginad que de repente todas vuelven, furiosas, espantadas, casi extrañadas y os piden explicaciones. Por qué nos teníais encerradas. Por qué nunca nos hablasteis del cielo. Por qué ahora no somos capaces de alejarnos de vosotros porque nos sentimos desprotegidas.  Por qué nos habéis hecho ser dependientes (…

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Van a pisarte la cabeza te pongas como te pongas así que agárrate fuerte y ni se te ocurra quejarte.
Ellos podrán decirte lo que quieran, tú no hables.
Que quizá te retuercen la lengua con falsos "te quiero" medidos a instantes.
Y quién dijo que la felicidad existe,
si estás muerta.

Brasas.

Con los ojos del tamaño de dos lunas se puso a escribir. Primero se recogió el pelo, pues le estorbaba la vitalidad con la que se movía a su alrededor; sus hombros ya no estaban preparados para soportar el peso. Después se estuvo mordiendo las uñas durante minutos, pensando qué era lo que realmente quería escribir. Lo tenía demasiado claro y le daba suficiente miedo ponerse a escribir algo así: ''No me salen las cuentas de las veces que soy feliz''. Quizá, al principio, no se entendió ni ella. Escribió, después, una especie de metáfora que se le agarró al corazón y de la que ya no se supo librar: ''El sol sincero ha empezado a quemarme las razones y ya no anochezco''.  Después cayó rendida. Era lo más fuerte que había escrito hasta entonces y solo ella podía comprender lo que eso significaba. El paso que había dado, lo mucho que había conseguido avanzar. En su cabeza solo una pregunta quemaba los silencios: ¿Qué ha pasado? Se revolvió durante horas en la cam…
Cuando la piedra esconda la mano, cuando la mano se coma a la serpiente, cuando el silencio grite sin remedio, cuando el mundo no gire y el mar se reseque; cuando los pies ya no rueden y el río se pare. Cuando el vértigo sea valiente y la sangre no recorra mi cuello, cuando muera viviendo, cuando viva sin respirar. Cuando el viento me arrastre  y la corriente ya no se llame aire, cuando las tripas no suenen cuando sacie mi sed  cuando la tortura se vuelva paz.
Cuándo. Cuándo. Cuándo será. Cuándo. Cuándo.
Ahora. Nunca.
Ahora.