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Mostrando entradas de enero, 2013

Tan fácil.

Miradas que son eléctricas. Punzadas de nervios en el pecho si él sonríe. Susurros del alma que con poco dicen demasiado. Unos labios torpes que preguntan, unos labios sinceros que responden. Pero no se miran. Ella baja la mirada, él finge que hay algo interesante que ver al otro lado. Y así se esquivan. Como resbalando, pero tropezando con esas dudas que ahora solo son excusas. Como queriéndose decir cosas, pero callando todas las verdades. Constante avance, para después retroceder. Sentimiento enorme que da giros en sus pieles. Se rozan el alma, para después quemarla. Sentimiento contradictorio. Impulsos hacia el vacío. Pensamientos imprudentes, quejidos del corazón. Tan fácil que era... tan difícil que lo volvieron todo.

Todo lo que podríamos hacer en un futuro.

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Acariciarte la nuca, enlazar mis dedos con los tuyos. Sentarnos en un sofá cualquiera, y ver un partido contigo. Hincharnos a pizza, y que a ti te entre antojo de cerveza. Celebrar los goles a besos. Estar contigo. En las épocas jodidas, en los instantes felices. Regalarte sonrisas si nos cruzamos, y un guiño de ojos cómplice. Darte mis fuerzas si pierdes las tuyas, que me sorprendas y me abraces por detrás. Que me regales tus días, para pintarlos de colores vivos. Que todos los domingos que llueva, quedemos y en cualquier sofá, bajo una manta, me abraces mientras vemos una película de miedo. Que el tiempo nos regale instantes inolvidables. Que nos permitamos el lujo de ver el mundo juntos. Y que cumplas tus sueños. Y yo los míos. Ser jóvenes eternamente. Que no me prometas la luna, pero en secreto, me lleves con tus caricias hasta ella.
Sólo quiero que el tiempo nos dé la oportunidad de querernos, sólo pido eso, contigo. 





















¿Aún piensas en mí?
Yo te pienso a menudo.

Creo que ya sé porqué te quiero.

- ¿Y si soy yo el que te pide que cantes?  - ¿Qué te hace pensar que cantaría delante de ti? Miro insistente sus pupilas, baja la mirada y contra-ataca mirándome otra vez. - Si te pido que subas a ese escenario y nos dejes a todos con la boca abierta, ¿lo harás? - No me puedes hacer esto.  Mira sonriente.  - ¿Lo harías? - Me da pánico, ya lo sabes... - Cierra los ojos. - No, ¿por qué? - Hazme caso...va
Cierro los ojos y se pone tras de mí. Me cubre los ojos con sus manos y me susurra al oído. - No hay nadie. Está todo oscuro. No puedes ver nada, y sólo me puedes oír a mí, ahora, aquí a tu lado. No hay más que mi olor, y sólo sientes el viento en tu cara. No hay nadie en esta calle, ni hay nadie al rededor de nosotros. Sólo estamos tú y yo, y no me estás viendo. ¿Sientes tranquilidad? Asiento con la cabeza. me besa la mejilla derecha y acercándose más a mi oído sigue susurrándome: - Canta. Canta y piensa que no hay nadie más que tú.  Alzo la voz, canto. Poco a poco separa sus manos de m…

Tanto que contarte, Toni.

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Tengo tantas cosas que contarte, que no sé por dónde empezar.
Quizá por el principio. ¿Sabes? Ayer fue mi cumple. Sí, sí lo sabes. Que me escribieras por Facebook un: ''Que te lo pases bien.'' sin ni si quiera un Felicidades ni nada por el estilo puedo asegurarte que me dolió. Pero no vengo a reprocharte nada, es más, según mi criterio, lo justo hubiera sido que no pusieras nada. Ya me ofreciste demasiado con escribirme. Y eso..eso lo tengo en cuenta. Ha pasado mucho tiempo, Toni, ¿cuánto? ¿ séis meses? Un poco más. Y joder, como duele todavía. Mi vida ha cambiado mucho...muchísimo. Y no sabes la de veces que he tenido ganas de escribirte, de ponerte un 'Hola' con una sonrisa enorme y...y todas esas veces no he escrito nada. He abierto la conversa, he escrito hola, lo he borrado, lo he vuelto a escribir, y repitiendo esto como mil veces más siempre he optado por darle al escape y olvidarme de ello.
Nunca voy a poder perdonarme nada de lo que hice y dije. Nunca ha…

17.

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Hoy me apetece hablaros de él.
Dicen que todo el mundo recuerda las cosas importantes de su vida en días importantes. Algunos lo comparan con la muerte, aquello que ves cuando estás a punto de morir. Otros, como yo, quizá el día de nuestro cumpleaños es cuando más pensamos en la gente que queremos.
Es por eso que voy a hablaros de él. Porque hoy lo he tenido más presente que nunca.
Mide más de metro setenta, y es moreno. Tiene el pelo rizado, pero jamás se lo dejaría largo. Pone una cara muy graciosa cuando sorbe la nariz, y siempre que tose tuerce los labios hacia un lado. Camina despacio, y curva un poco la espalda. El fútbol ocupa una parte importante de su vida, y sé, que es una pasión que siempre tendrá. No come, engulle, pero es graciosa la cara que pone cuando tiene hambre y le da vergüenza decirlo. Cuando te mira es imposible que no te ponga nerviosa, sus ojos marrones se clavan en ti. Cuando le da el sol puedes ver manchas verdes en ese marrón clarito que tiene, y cuando son…

*

Me mira. Le digo tanto en tan poco.
No quiero pensar, es más, no pienso. Le abrazo. Porque así lo siento, porque así le agradezco que se haya acordado de mí. Porque no encuentro las palabras exactas. Porque no sé cuánto he de callar, ni cuánto decir. Pero le miro. Me alegro de que esté ahí, no se lo digo, pero me encanta que esté sentado a mi lado, y sentirle tan cerca de mí en una fecha así. Porque le necesitaba ahí, porque quería que estuviera ahí. Sostengo el libro entre mis manos. No se lo digo, pero cada página hablará de él. Tampoco se lo digo, pero gestos como esos son los que me recuerdan cada día porqué me fijé en él. Callo tanto. Luna llena, le brillan los ojos.
Has hecho de esta tarde algo perfecto. 
Callo.
Miro su sonrisa. No he podido evitar mirarle durante la tarde. Concentrado jugando al póquer, riendo, con cara de preocupación, jugando. Le he echado de menos, o simplemente he querido estar ahí, a su lado. Porque sentirle cerca me hace sentir bien, aunque en su mente esté…

Mis sueños.

Jonathan me cogió del brazo y me giró.
- ¿Qué?- dije intentando tapar mi sonrisa.
- Que aún no te he dado tu regalo.
Miré al mar. Después volví a mirarle.
- Estar contigo, hoy, aquí, es lo mejor que podrías haberme regalado.
- Pero ese no es el regalo.
Me sopló ligeramente en la cara, sabía que me haría cosquillas. Reí y le di un golpe suave en el hombro.
- Pues va, dámelo. Va, va, va, va- le insistí e  intenté quitar el regalo, ya que lo escondió detrás de su espalda.
- Mmmmm...si me das un beso.
- ¿Sólo quieres uno?- le susurré contra sus labios.
- Para empezar, no está nada mal...
Le besé poniéndome un poco de puntillas y le rodeé la nuca con las manos, acercándole un poco más a mí. Él puso sus manos en mi espalda y me pegó a su cuerpo. Estaba siendo el mejor cumpleaños del mundo. Me separé un poco para poder mirarle a los ojos.
- ¿Me lo vas a dar ya?- dije tan bajito que a penas escuché mis palabras.
- Me has convencido.
Se separó un poco de mí y sacó el paquete que tenía en las …

Impotencia.

La precisión con la que mueve la mandíbula cuando dice algo que le duele. El mirar a cualquier sitio menos a mis ojos. El caminar con gesto cansado.
Parpadea cada cinco segundos, y mueve los hombros cuando asiente. Le miro, y sé cuánto dolor hay detrás de cada palabra. Porque sé lo que se siente cuando se está en ese lugar. Sorbe la nariz. Habla, y hace pausas algo largas.Pero después, se le amontonan las palabras y sigue con su argumento. Parece no acabar, pero me da igual. Podría escucharle durante horas sin cansarme.
Impotencia. Siento ganas de abrazarle, pero mi miedo a que ese abrazo no le sirva absolutamente para nada me frena. Sé que en sus ojos hay más preocupación que alegría, y eso me desgarra. No digo nada. Asiento, al igual que asientes en clase cuando captas algo a la primera y el profesor te mira.
Por un momento le miro y no pienso en nosotros. Ni en si me echará de menos. Sólo me importa lo que dice, lo que siente, aunque no tenga nada que ver conmigo. Meto las manos en lo…

Instantes que no se olvidan.

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Sus manos vacilaron antes de rozar mi piel. No podía verle la cara, pero aún estando a oscuras, sabía cómo me estaba mirando. Podía verle sin si quiera mirarle. Acarició mis mejillas, y jugó a acariciar también mi nariz. Yo me reí. Sentía que él ahora era el que llevaba el mando, quien podía controlar mis nervios, los latidos de mi corazón, ahora acelerados. Posó sus dedos en mis labios, y acariciándolos también, jugó a dejar su rastro en ellos. Me estremecí y quise acercarme aún más a él. Y aunque algo me decía que eso no podía estar bien jamás pensé en huir de aquella situación. Suspiré. Sus manos se paseaban por mi brazo, y de nuevo por mi faz. Temblé bajo el tacto de la calidez de sus dedos y me acerqué ligeramente aún más a él. Sentía su respiración, sentía el impulso de besarle. Pero frené, me contuve, y esperé, quizá con la esperanza de que me besara, o al menos, pudiéramos apartarnos un poco y hacer como si nada. Pero el tiempo se nos echó encima, se nos nubló el cielo, la vis…

Cuando oyes los latidos de su corazón.

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Los días pasan, ajenos a mí, ajenos a todo ésto. El aire sigue siendo el mismo, pero mi respiración ha cambiado el sentido. Ahora evito suspiros, y sonrío sin cesar. Quizá para ocultar que algo me preocupa, tal vez, porque a veces, me siento bien. Pero para qué me voy a mentir, me falta algo, ese algo, que hasta hace tres días tenía. Esa esperanza, ese saber que me esperaba con una sonrisa. Ahora me conformo con mirarle cuando no mira sólo por verle sonreír. Me gusta. Me gusta cuando frunce el ceño si le da el aire en la cara, y me gusta la cara de concentrado que pone cuando mira a alguien jugar. Me gusta que cuando golpee la pelota con el brazo, durante una milésima de segundo, parpadee y después abra los ojos enormemente. Me gusta que la sudadera le quede enorme, y llamarle gordo sólo por reírme un poco de la cara que pone. Me gusta como huele, y que mire nervioso hacia algún lugar cuando algo le incomoda. Me gusta diferenciar cuando se ríe por reír y cuando lo hace de verdad. Me g…

Me desahogo.

Era bonito mirarte reír. Girarme sin excusas y sonreírte. Era bonito que arrastraras mi silla hacia atrás, que me picaras y después me pidieras perdón. Era bonito tener excusas para contarnos tonterías, y abrazarte con los ojos cuando con los brazos no me atrevía. Según tú, ¿qué ha cambiado ahora? Los besos sólo son las palabras que no se pueden decir. Te arrepentiste, y decidiste tomar otro camino, olvidar... Pero, dime, ¿te gusta más ésto? ¿Te gusta más no mirarnos? ¿Te gusta más que no me gire y te diga cualquier gilipollez? ¿Te gusta más no hablar?
Porque no podría creérmelo. No quiero creer que así estés mejor. Porque sería imposible que algo como lo que había estuviera mejor ahora, tan distante y apagado como está.
Hoy ni si quiera hemos hablado, hoy es la primera vez en mucho tiempo que no hemos hecho bromas. ¿Has sido más feliz así? Yo no. A mí me hacía feliz tu sonrisa. A mí me hacías feliz tú.
¿Por qué coño desearé en todo momento que alguien me hable por el Chat y que ese algu…
Ya no nos miramos. Ya no hablamos. Ahora respondes con monosílabos a mis palabras. Tienes cara de no querer saber nada de mí. Y en parte, supongo que es normal. Optar por olvidar algo implica alejarse...Aunque duela. Y aunque deteste ésto, tengo que ser fuerte, como tú dijiste.
A ti se te da bien, es que parece tan sencillo que hasta incluso pienso que no te importa.
¿Qué está pasando? ¿Es el final? Estoy viendo el precipicio y aún así continúo avanzando.
Sería masoquista quererte aún sabiendo que te arrepientes de haberme besado.
Sería masoquista si siguiera lo que dicta mi corazón.  Pero estoy en la cuerda floja. Siento que alejándonos nos estamos equivocando, sé que ésto nos va a doler. Sé que estamos haciendo mal en dejar ésto. Y sé que tus dudas te han superado a ti mismo. ¿Jode? Claro que jode. ¿A quién no le duele querer algo que no tiene? Pero para ti parece fácil. Es como si ahora fuera invisible para ti, como si ya no existiera. ¿Tan fácil es olvidar lo que sentiste? ¿Lo que sen…

Cuando todo cambió.

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Apoyé mi pecho desnudo sobre el colchón, tumbándome boca abajo y cerrando los ojos. De fondo sonaba alguna canción de Bruno Mars, a un volumen tan bajo que a penas se hacía notar. Jonathan se sentó a mi lado y acariciándome las mejillas susurraba la letra de esa canción. Sonreí sin más, y abrí los ojos para mirarle. Él también estaba sonriendo. Posó su mano fría en mi espalda desnuda. Primero sentí un escalofrío, sus manos estaban frías, pero después mi cuerpo se relajó y volví a cerrar los ojos. Sus dedos bailaban en mi espalda, hacía formas, letras, dibujos. Cada movimiento para él era un escalofrío para mí. De repente paró, y justo cuando iba a abrir los ojos para ver qué sucedía el tacto de sus labios impactando en mi piel me hizo cerrarlos de golpe. Sus labios se separaron lentamente de mi espalda, dejándome una sensación inevitable de dulzura. Y volvió a besarla otra vez. Eran besos lentos, pero a la vez cortos, cálidos. Cada vez que sus labios besaban una parte distinta de mi e…

Las últimas palabras.

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El mundo se me quedó pequeño cuando estaba entre tus brazos. Los latidos acompasados de tu corazón, tu respiración retumbando en tu pecho. Tus manos, con caricias que decían más que palabras. No hacía falta vernos para saber absolutamente nada. Ya nos estábamos sintiendo. Unos labios que se buscan, se encuentran, después de mucho, y se dicen cosas que no tendrían que decirse. Verdades absurdas. Son como esos 'te echo de menos' que no te da tiempo de decir. O que no quieres decir.
Me sentía la chica más feliz de este puto mundo apoyada en tu pecho, con tus manos paseando por mi piel.
Pero como todo principio quizá tenga final. Si por mi fuera habría hecho la noche eterna, pero ni controlo el tiempo, ni controlo pensamientos, ni controlo absolutamente nada. Ni si quiera fui capaz de controlar mi boca, ni mis latidos acelerados, ni mis ganas de contarte a besos lo mucho que te había echado de menos.
No me diste tregua, tus labios se abalanzaron a mis sueños, y me perdí.
¿Por qué no o…

El día en que me perdí a mí misma.

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Y se partieron todos los esquemas que ideé. Cayeron todos los castillos que construí, se hundió la ciudad bajo el mar gris. Nunca supe cómo decir, cómo hacer, cómo sentir todo lo que sucedía. El mundo se iba apagando y yo era incapaz de mover un dedo. Sólo asentía y me cruzaba de brazos. Vi cómo ardían los sueños, me proclamé libre y yo misma me cosí las alas para no poder volar. Creí dominar todo lo que sentía o creía y en realidad ni yo misma era capaz de apostar por mi destino.
Creé tantos sueños que después destruí, alcé tanto los brazos, que por un momento creí tocar el cielo. Pero estaba soñando, la ciudad seguía ardiendo, pero yo ya no rozaba las nubes, no, ya no. Sólo existía miedo, temor. Un temor inmenso al dolor. Un sentimiento tan puro como falso, una esperanza que se consumía conforme pasaron los días. Se cayó, se cayó todo mi mundo. Y yo no hice absolutamente nada para salvarlo.

Sin decir nada, decirlo todo.

Suspiro.
Te miro. Me miras. Silencio.
Hay tantas palabras en mí que podrían llenar ese silencio...tanto que siento, tan poco que digo.
Pero no hace falta llenar el silencio, a mí no me incomoda. Me gusta. Me gusta mirarte, sin decir nada, y así decírtelo todo. Me gustan esos pequeños detalles de los que nadie se entera, esos pequeños detalles que yo sí vivo, que yo sí veo. Me gusta que no apartes la mano si te rozo. Me gusta incluso estar sobre peluches que huelen a ti. Me gusta tenerte cerca.
Me miras. Te miro. Silencio.
Respiro hondo. Vuelvo a mirarte.
Estás tan cerca...pero no puedo tocarte. Sólo mirarte, en silencio. Matando mis ganas de abrazarte. Matando mis ganas de perderme en ti. Matando mis ganas de que me beses. Matando mis ganas de que me eches de menos, de que tú también sientas que me necesitas en ese momento.
Dudo. Sonrío, inevitablemente. Y tú...tú también sonríes. Y no te lo digo, pero tu sonrisa es la octava maravilla del mundo. Y no te lo explico, pero he soñado tantos dí…

Cuando quise darme cuenta él ya estaba en mis sueños.

No vengo a hablaros del destino, ni de la vida. No vengo a hablaros de mí, o quizá sí, si podéis leer entre líneas. Ni si quiera vengo a a hablar de amor. Vengo a hablar de cambios. De caminos. De ángeles. De salvavidas.
Os vengo a hablar de como  una puta casualidad me cambió la vida, en cuestión de segundos. Vengo a hablaros de lo poco que me interesaba cuando le conocí, hace tanto que ni recuerdo cuándo. Vengo a hablaros de lo que significó para mí compartir el mismo oxígeno, como en cuatro meses alguien se convirtió en una parte de mi vida.
Cuando me reencontré con él estaba perdida. Mi verano fue bueno, es cierto, pero acababa de salir de muchas desilusiones. No tenía intención de fijarme en nadie, y creía que si me fijaba en alguien ese alguien sería nuevo para mí. Que equivocada estaba, cómo quise salir huyendo de allí. No era normal temblar al cruzármelo. No era normal pasar vergüenza si me lo cruzaba en las escaleras el segundo día de colegio, y bajar la cabeza para ocultar mi …

Sería fácil.

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-Sería fácil- dice mirándome a los ojos.
-¿El qué?
-Olvidarse del mundo. Besarnos aquí y ahora.
-Sería fácil, pero arriesgado. 
-Tú sueles ser la soñadora, yo el realista.
Le miro directamente a los ojos, sonríe, algo triste, y mira otra vez hacia la arena. Con un palo empieza a jugar, dibujando formas, letras, cosas sin sentido, al menos sin significado coherente para mí. El mar suena tan fuerte cuando impacta con las rocas, que el sonido casi tapa la risa de unos niños que están a unos metros de nosotros.
- ¿Tú crees que deberíamos luchar?- digo sincera- Ya sabes, ¿crees en nosotros, aún?
- No he dejado de creer en nosotros nunca.
- Yo también pienso que sería fácil, ¿sabes?. Como cerrar los ojos. Como un susurro al viento. Casi tan fácil como pestañear. Sería fácil, porque todo es sencillo cuando me coges de la mano. Parece como si el mundo...
- Como si el mundo estuviera a nuestros pies- río, él me imita.
- Da miedo, ¿eh? Es como si corriéramos hacia un precipicio otra vez.
- A mí de pequeño…
Cabía en nuestras miradas más de lo que éramos capaces de decir. Sonrisa gastada, caricias del alma.
Susurros que gritan, silencios que nos callan. Mirada tímida, palabra sincera.
Metáfora que se vuelve realidad, el tacto de tus manos. Tu olor,aunque finja no sentirlo.
Y cada día me gusta más mirarte, y cada día me gusta más que me molestes con cualquier tontería.
Cabe en nosotros más de lo que decimos, cabe en nosotros más de lo que creemos, cabe en nosotros más de lo que ellos saben, o cualquiera intuye. 
El mundo no se detiene cuando nuestras miradas se encuentran, mi mundo, sí.
Hacerse la fuerte no sirve para mucho cuando de amor se trata, hacer como el que no quiere la cosa, decir lo contrario a lo que piensas, detestar el momento en el que no toca una asignatura común, y miro cómo te marchas.
Todavía nadie ha sido capaz de decirme con palabras todo lo que tú me dices con tus ojos, nadie. 
Nadie me hace cosquillas en el alma, nadie. Sólo estás tú, ahí, con esa sonrisa que besaría mil vec…

Arriesgar o rendirse. Esa es la cuestión.

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Mi destino, tu casualidad. Escucho la lluvia caer. Ese día llovía, ¿recuerdas?. Al principio no, pero el día era feo. Miento, no era feo, al menos no para mí, no para nosotros. Hablábamos de todo un poco, y llenábamos ese espacio que había entre el sitio donde estabas tú sentado, y el sitio en el que estaba yo, de palabras. Yo con miedo a que me besaras, tú con la intención de hacerlo. Un movimiento estúpido de cabezas tímidas que se acercan. Tu boca buscando la mía. Se estremece el corazón. Me pilla de sorpresa. Un te quiero tímido, pero que parece sincero. Tienes cara de niño cuando lo dices, pienso. Y sonrío. El mar espectador de nuestros primeros besos, el mar espectador de mi felicidad, de algo que empieza.
Un paraguas negro, que tú sujetabas, un paraguas tan grande, que en él cabían todos nuestros sueños. La primera vez que cogía tu mano, con firmeza. La seguridad de un principio sin final. Tu sonrisa. Tu: ‘deja el móvil ya’ al llegar al puerto. El parque en el que acabamos la …

12.

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Desde que volvimos a hablar más, desde que me dijo que me echaba de menos, no ha habido una noche en la que no me acueste con una sonrisa en la cara. Tal vez porque sus ojos siguen brillando como siempre, quizá porque su sonrisa sigue siendo mi fuerza. A lo mejor, porque cualquier tontería a su lado, deja de ser una tontería. Puede que porque me dé igual lo que me diga, me conformo con tenerle cerca. Y poder hacerle enfadar, que de broma se indigne, o hacerme la ofendida para que me diga cualquier gilipollez.  Tal vez porque ya me da igual el tiempo, el lugar, la situación…lo único que me gusta es verle. Y que hablemos por las noches.Sentirle cerca de mí. Quizá es eso por lo que me despierto también con una sonrisa por las mañanas…quizá sea por él.






Mirar el móvil a las 12:12 del día 12.
Acordarme de ti. 
Hoy hace tres meses que nos besamos por primera vez.
Sonreír.
Pensar en que me encantaría verte hoy.
No decir nada por miedo a que busques alguna excusa para no vernos.
Porque quiz…
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Me sigue encantando que me sonrías por sonreír.
Te miro, tal vez con miedo, quizá pensando en qué es de nosotros. En si tú piensas lo mismo que yo. Y me miras, y es una milésima de segundo casi perfecta, esa en la que nuestras miradas se encuentran.  La misma milésima de segundo en que los dos sonreímos.
¿En qué estás pensando?
Te digo cualquier tontería.
Pienso que estás triste.
Pienso que quizá no te importe ya. ¿Todavía me sigues echando de menos?
Pienso en tantas cosas que sólo me sale mirarte en silencio. Queriéndote decir tanto, diciéndote tan poco.
Y no sé cómo sentirme. Y no sé cómo actuar.
Vuelvo a sonreír.
Me miras serio, y entonces pienso en que mañana es día 12. 
¿Te acordarás?
Y entonces es cuando el Adri dice cualquier gilipollez sobre otro chico, y yo te miro y pienso en que el único chico que me importa en ese momento eres tú.
Y que me da igual cuántos vengan, cuántos se vayan…porque los únicos labios que quiero besar son los tuyos.
Pero yo ya no sé si te arr…

Él marcaba la diferencia.

¿Sabéis? Yo siempre he sido una chica fuerte. Sí, de esas que pasan desapercibidas, de las que no se enamoraban del guapo, popular y estupendo chico de clase. Soy de las que se enamoraba del chico que también pasaba desapercibido. El chico que a todo el mundo le parecía raro, tímido, callado, serio...pero a mí, a mí me parecía increíblemente diferente.
Pero jamás decía nada. Nunca he sido de las que se lanzan de cabeza, de las que se precipitan, siempre dejaba pasar oportunidades, trenes, y nunca avanzaba. Nunca daba el paso esencial que hay que dar si quieres que algo salga bien. Por eso y más cosas jamás me fue bien en nada que tuviera que ver con el amor .
Pero un día conocí a alguien diferente. Y no alguien diferente sólo a los de clase, no, sino alguien diferente al resto de prototipo de chico en el que siempre me había fijado.
¿Tímido?, no. ¿Gracioso? a veces. ¿Especial? El que más. 
¿Sabéis la sensación de que alguien deja tu mundo patas arriba?Alguien que destaca nada más verlo, r…

Cuando te miro ya no parece tan complicado.

Y ahí estás tú, tan serio, como con el rumbo perdido. Y ahí estoy yo, sonriendo, pero más perdida aún.
No sé qué camino estoy escogiendo, ni si quiera sé si esto es una opción. No sé qué pasará mañana, o pasado. No sé si de verdad todo esto está cambiando de dirección o son imaginaciones mías. No sé. Lo único que tengo claro es que estoy aquí, de nuevo, frente a ti, como si nada. Y lo más curioso de todo es que resulta fácil sonreír contigo. Es como si estos dos últimos meses no hubieran existido,  como si todo volviera a girar en la dirección correcta.
Es tan sencillo como complicado. Porque sería tan fácil…pero las cosas en la vida no suelen ser sencillas.  No, no lo son.
Por eso me acojona pensar en esto, porque tengo tantas ganas de besarte como de cerrar los ojos y desaparecer del mundo un rato. ¿Por qué las personas les damos tantas vueltas y vueltas a las cosas? ¿Por qué luchar se nos hace difícil cuando observamos que hay un riesgo que correr?  A mí se me olvidan mis dudas …

Querer abrazarle y no tener el valor.

¿Putada? Putada es pensar qué guapo está y no poder decírselo. Putada es olerle, tenerle a centímetros y que incluso cuando se va, en esa zona de clase aún huela a él. Putada es que te sonría y se te olvide en qué día vives. Putada es que esperes cambios. Putada es que tu mundo esté patas arriba y sólo él sea capaz de ordenarlo con su sonrisa. Putada es echarle de menos. Putada es recordar sus besos y recordar cómo sabían sus labios. Putada es hablar de él en pasado. Putada es contestar: 'No, si lo estoy superando..poco a poco' cuando alguien te pregunta sobre él. Putada es no poder chillarle al mundo que te importaría poco fugarte a cualquier sitio con él. Putada es querer abrazarle y no tener el valor de hacerlo. Putada es que te haga reír y sonreírle a la pantalla sintiéndote tonta. Putada es mirar la arruguita que se le forma encima de las mejillas cuando sonríe y desear besarla. Putada es escribir sobre alguien que a saber qué siente hacia ti. Putada es que te guste mirar…

Dueño de mis palabras.

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Sonreír como una tonta al ver que me hablaste anoche mientras dormía, y pensar que durante una milésima de segundo pensaste en mí. Aunque fuera para desearme en coña las buenas noches.
A veces pienso en que las cosas pueden cambiar. Espero un milagro, un cambiar de rumbo, una señal. Aunque de señales hay muchas. Siempre pasa algo en mi día a día que tiene que ver contigo. No sé si es el destino que me tiene manía o me quiere decir algo, pero lo cierto es que hay algo más. Hoy, por ejemplo, mientras patinaba en cualquier lugar, una madre llamaba a su hijo. ¿Y adivina cómo se llamaba? Como tú. O el hecho de entrar a leer una entrada en un blog y ver una foto de un bebé con la camiseta de Superman. O que un amigo me diga: '' ¿Por qué hablas así?¿Ño? Te pareces al Pou''. Cosas simples que me chillan al oído que tú aún estás ahí.
El problema es que quiero calmar esto, quiero no tener que necesitarte, quiero no pensar en ti, quiero no echarte de menos...porque no quiero que…