Entradas

Mostrando entradas de septiembre, 2015

Yo, mi, me sin mí.

Imagen
Estoy tan vacía últimamente que siento que aunque escriba nadie va a aguantar tanto silencio. Me duelen los gemidos que ya no emito, las risas partidas por el pasado. Me duele haber tenido que dejarme atrás para sobrevivir.  Incomprendida, nadie entiende que no quiera seguir donde solo hubo heridas.  Yo sola en mi soledad sigo huyendo  no quiero encontrar a nadie nadie va a llenar los huecos con felicidad.  Ansiedad limitada que se me acurruca en el pecho. Es casi dulce sentir la incertidumbre en los hombros, acariciando el peso de todo lo que llevo a cuestas.  Quiero arrancarme este dolor, mandarlo lejos. No volveré a pisar todas mis huellas, ya he pisado ese camino y la última vez las heridas me dejaron los pies llenos de dudas. No volveré a caerme. No volveré a sacar las alas, no me quedan fuerzas para volar. Ya no me sé el camino de regreso, ando perdida entre las nubes de todas las mentiras que no vi. Se me rompen las cuerdas vocales, ya ni hablando me entiendo, ni cantando llego hasta mí. 
Qué so…

No.

Imagen
No.  No soy la chica que era entonces, cuando podías ir y venir tantas veces como querías. No. Ya no soy ese abril partido, esa lluvia indecisa. No puedes quedarte ya con lo mejor de mí. Ya no puedes decirme que me quieres cuando no me quisiste cuando sí podías. Ya no puedo quedarme porque ya no quiero hacerlo.  Estás siendo tan injusto que no te das cuenta de que cuando yo moría por ti  ni siquiera podía llamarte para rogar que te quedaras. Te fuiste, desapareciste durante meses no supe de ti, me borraste. Y ahora que no me encierra ese pozo ahora que tengo ganas de vivir  vuelves y pretendes que retomemos el cuento justo por la página por la que lo dejamos.



Hace tiempo que me obligaste a cerrar el libro, ¿recuerdas?.  Y dolió tanto que no salí entera. Ahora esta mitad entera te dice no, no puedo volver al punto en el que se me cayó el mundo y se me quebró la vida.

Yo no tuve que perder la batalla para darme cuenta de que quería ganarla.

A diferencia de ti. Nunca pensé que te diría esto a ti, pero no. 
Imagen
Qué estás haciendo conmigo, por qué te atreves a quitarme los miedos a lanzarlos lejos, a hacerme creer que eres luz, que me das la paz que el universo se empeña en quitarme. Por qué me besas tan fugaz y perspicaz, desafiante. Por qué me retas con cada palabra por qué te sigo  por qué vienes por qué voy por qué somos. por qué tanto. Por qué apareces y sonrío, por qué una conversa cambia el rumbo, por qué nos entendemos sin tenernos, por qué nos ponemos tanto empeño, por qué le remontamos al tiempo por qué. Por qué curamos las heridas relamemos el pasado y entendemos que antes de nosotros otras piezas nos hirieron y marcharon. Por qué nos rozamos, incompletos y no nos importa el tiempo de espera entre cada llamada a destiempo.
Por qué me das tanto y pasa tan poco. Por qué siento que sonrío sincera cuando se te parte la boca al reírte conmigo. Por qué noto que quitas las piezas y transformas mi mundo, por qué me haces a tu manera y te deshago a la mía. Por qué encajamos sin querer enca…

Siento sentir, pero no lo siento.

Imagen
Hoy voy a escribir siendo yo, no la vieja y loca poetisa de tan solo diecinueve años, que parece estar cansada de todo lo que le tocó vivir.
Hoy soy solamente yo, porque hacía días que no sentía esto, el deber de pasear mis dedos por estas teclas y decir todo lo que siento. Tengo tanto miedo.
Cuando volvía a casa no podía pensar en otra cosa. Tengo que escribir, tengo que hacerlo, aunque sea un momento, tengo que contarle a alguien esto, cómo me siento, qué hago yo aquí. Digamos que hoy me he desnudado los ojos ante ti. Me has mirado indiscreto y has ignorado toda señal, has cerrado los párpados y he muerto un poco con tu despedida.
No me siento entera y eso me da miedo. El poder que ejerces sobre mí, o peor, el poder que yo hago que ejerzas sobre mí. Siempre me alejo un poco, unos centímetros de tu mundo. Supongo que te tengo miedo, supongo que no acabo de acostumbrarme a tu impacto, a que no me quieras nunca entera, a que siempre nos quede algo que decir. Hace tanto que conozco tus ma…

Aunque nadie la quiera.

Imagen
Si la hubieras mirado bien quizá lo habrías visto. Eso es, un poco más cerca. ¿Ves esa sonrisa? Infinita, llena de miedos. El sonido tenue del suspiro que se lanza de su boca
cuando escucha algo que no le gusta. ¿Oyes eso? Es su duda, su temor, su escudo protegiendo el corazón que juega a ser de piedra. Mírala, cómo camina. Si parece que la han echado del cielo, con esas piernas, no me extrañaría, los ángeles empezaron a tenerle envidia.
Que no cree en el amor, dice. Y aún se emociona cuando relee esas frases de su libro favorito, el mismo que habla de historias de amores imposibles, improbables, eternos.
No confía en hombres, ni caballeros disfrazados de perfectos impostores. Sabe valerse por sí sola, y no se lo dirá nadie, pero volviendo sola, de madrugada, le pide a las estrellas fugaces que llegue alguien que la salve de las copas. No va a tragarse el orgullo, pero en los días de invierno, la manta se le queda grande y todas las películas suelen terminar en llanto.
Jamás dirá esto, …
Imagen
Se ha caído, recógela. Aprieta sus alas a tu pecho, el ángel se ha echado a llorar.  No confía en nadie más, acércala a tus miedos, véncela. No la justifiques, mata sus dudas, cuestiona su pasado, no le dejes llorar, nunca más. 

Acércala a tu vida, aunque te dé miedo de los dos, bien sabes, que eres tú el que teme más. 
Os juro que tengo tantas cosas que decir que siento que lo mejor es no decir nada. He estado todo el día dándole vueltas a lo mismo, y no, no he llegado a ninguna conclusión.



Quizá tengas razón, quizá no, pero algo me asusta y ese algo tiene que ver contigo.


Versos empapados.

Imagen
Y aquí, que aún puedo desnudarme, diré que sí, que esa noche moría por ti, aunque jamás dije palabra. Que mis ojos te chillaban que te quedaras ahí, justo entre lo que no puede ser y lo irremediable. Te habría dicho que me moría de celos cada vez que esas luces azules apuntaban a otra parte, pero que jamás podría reprochar nada más que el desastre de haberme fijado en ti, aun sabiendo que lo imposible era solo el principio de un largo 'no' impronunciable. Me gusta no alcanzarte nunca, o no, quizá lo odie. Sí, odio no alcanzarte nunca, que me hundas si me dices que no tienes dudas, que claramente no, jamás podrías mirarme de frente y verme desnuda a tu lado entre el manto del presente y el pasado, el mismo que persigue a tus fantasmas, el mismo con el que vives a oscuras.  Que me habría encantado partirte la boca de un suspiro, exhalarte un beso, pronunciar tu nombre entre el gemido de mis dudas, pedirte que te quedaras un rato más.
No, jamás te lo he dicho, pero me has matado …