lunes, 28 de enero de 2019



Si alargando el brazo pudiera alcanzarte, lo estiraría hasta arder.
Pero a veces no consigo tocarte: te giras, ríes y te escondes. 
A veces no consigo llamarte, no hay luces, te tapas, respondes. 
Si alargando las mano mano pudiera rozarte, lo haría hasta caer. 

Pero ni brazos, ni voces, ni manos te invaden,
porque me callo, acelero, repaso y me escondo. 
Pero ni restos, ni cantos, ni pasos te evaden,
porque no puedo, sí quiero, y me caigo hasta el fondo. 

jueves, 17 de enero de 2019

Me declaré culpable después de besarte y no me hizo falta tirar la piedra ni esconder la mano. Hay cosas que se ven venir de lejos, y yo de lejos vi que si volvías a acercarte a menos de diez centímetros volverían a saltar todas las alarmas. No hice nada para evitarte ni evitarlo, porque ya te había perdido lo suficiente como para vernos alejarnos de nuevo. Por eso me quité los frenos e improvisé. Se me da bien perderme y me perdí, se me da bien encontrarte y te encontré. Y ya no hizo falta saber nada más, porque hay historias que se leen antes de pasar los ojos por la primera letra. Porque yo no necesitaba firmar seguros para sentirme segura, porque yo no necesitaba de más notas a pie de página explicándome lo inexplicable. Hay estrellas que no se ven desde la Tierra, pero te juro que hay noches en las que todos nos han podido ver. Incluso días. 
No me explico si hay algo ahí arriba, encima de nuestras cabezas, que mueva unos hilos invisibles que nos hagan avanzar, tropezar, encontrarnos y perdernos, pero sí sé que cuando decido caminar hacia una dirección sé muy bien hacia dónde voy. Puede que no me veas venir, incluso puede que me esperes con los brazos abiertos, o cruzados, o en forma de tetera. Puede que mañana el mundo llegue a su fin, que se nos acabe el oxígeno, que se mueran los mares y se duerman los osos. Puede que nunca más recordemos quiénes somos, puede que lo efímero se vuelva permanente y nuestra vida se expanda como el universo. Puede que pasen muchas cosas, puede que sean pocas las que acontezcan, sea como sea, suceda lo que suceda, estaré allí donde solíamos despertar, donde los sueños no nos apretaban suficiente las pestañas, donde un objetivo nos cosió la vida y una meta nos enredó entre sábanas. Allí donde solíamos estar cuando no queríamos que nadie nos encontrase. Allí donde solíamos pensar que solo estábamos tú y yo en esa fracción de universo. Allí donde sí. Allí donde las batallas eran pulsos mediocres y los besos banderas blancas. Allí donde un yo sin ti era rasgar el cielo con mil zarpas. 

jueves, 10 de enero de 2019

Lo que acojona


Son cristales rotos, abanican verdades que me rozan la piel. Es mi frustración materializada, son mis ganas de escribir, los empujones que me recuerdan que no soy tan buena. He estado toda mi vida- al menos desde que tengo uso de razón- creyendo que llego al corazón de las personas cuando escribo, pero a medida que avanzo, a media que estudio más y más, todo se hace más grande, y yo me diluyo hasta casi desaparecer. ¿Y si no estoy caminando en la dirección correcta? Podría haberme puesto unos zapatos que no son míos, podría haberme aventurado, haber entrado en un bosque del que jamás podré salir. ¿Y si he vuelto a hacerlo? ¿Y si he vuelto a apostar por algo que no apuesta por mí? ¿Y si esa no era mi carrera? ¿Y si este no es mi sitio? ¿Y si hubiese elegido otra cosa? Un ejército de y si me recuerda que la vida jamás se conjuga en subjuntivo. Que he vuelto a caer en la trampa, que he vuelto a vestir al pasado de presente, que no sé ni qué digo. 
Quizás eran más fuertes mis ganas de ser aquello que siempre soñé que mi capacidad de crecer. Tal vez no era lo mío. Me da tanto miedo, y a la vez, tanto coraje, no saber si me estoy equivocando. ¿Seré alguien algún día en el mundo de la literatura? ¿Y de la música? ¿Por qué siento que estoy atrapada en una rueda infinita de la que no puedo salir? Corriendo, corriendo, sin coger aire, sin cambiar de escenario, sin anochecer. No puedo salir de aquí, estoy en una jaula de cristal. La golpeo, la araño, la muerdo, la rozo, la machaco y...y no puedo. Me falta hasta el aire, me sobran las ganas de salir ahí fuera, de tener respuestas, de encontrarme conmigo y no girarme la cara. Esta vez te miraré de frente, esta vez, duelas o no, serás verdad. 

Debería empezar a hacer las preguntas si tanto me urgen las respuestas. No deben darme miedo, aunque tenerlas signifique enterrar aquellos dos motores que encienden y dan sentido a mi vida. 
Letras, melodías, fuerza, garganta e impulso. Ojos llorosos, lágrimas retenidas a la espera de mejor vida. Me da miedo haber pretendido ser durante casi veintitrés años alguien que no era. Y descubrirlo podría hacer que todos los cristales rotos se partieran en mil pedazos; que se partiera no solo el nombre que yo le puse a mis días, sino el nombre con el que los demás bautizaron mi vida. Y eso es realmente lo que acojona.

viernes, 4 de enero de 2019

Quizás

Imagen S. Herranz.



Te miro descompasada, ya sabes que soy arrítmica. Suspiras tan fuerte que nos tiemblan las pestañas. Ojalá supiera qué escondes ahí dentro, en esa mente científicamente física, que parece estar a años luz de mis teorías filosóficas y abstractas. Pareces concentrado mirando tus pies al caminar, yo me coloco el mechón más rebelde que habita en mi cabeza detrás de la oreja, no me deja ver con claridad. Te analizo sin querer mientras me explicas tu sueño extraño, yo me río porque me hace gracia tu forma de emocionarte con esas cosas que te gustan y te hacen ser tan tú. ¿Eso ha sido una indirecta? No, cómo va a serlo. Si yo creo que no te gusto tanto, si no sé qué esperas de mí, o de ti, o de esto. ¿Qué somos? Nos lo habremos preguntado tantas veces en silencio. Al menos yo. Te explico cualquier tontería y tú te metes conmigo. Te encanta, y para qué mentir, a mí más. Hago como que me voy a enfadar muchísimo solo para que tu brazo me rodee unos segundos, efímero acercamiento que me recuerda que tú y yo ya hemos vivido noches inolvidables, aunque parezcan sueños. Quizá lo fueron. Es inevitable que se crucen en mi mente imágenes de nuestros cuerpos desnudos, de un secreto, una habitación de 19 metros cuadrados, de tu boca acercándose aquella primera vez (en mucho tiempo) un 25 de junio, a altas horas de la madrugada, al son de petardos y fuegos artificiales, después de esquivarnos durante semanas, abusando de los abrazos. Es inevitable mirarte y no sentir que han pasado ya más de 6 meses, y que aún sea novedad tu piel oscura. Si esto ya lo hemos vivido antes. Aunque entonces era tan distinto. 
Quizá te dan miedo más cosas de las que jamás podré adivinar, tal vez un día pierdas el billete de vuelta y ya no encuentres calor en mis brazos. Quién sabe si he significado tanto como para volver a saltar, a tirarte sin paracaídas, a arriesgarnos a que todo pudiese salir mal. ¿Realmente nos da miedo repetir los mismos errores? Hemos aprendido la lección, de esto puedes estar seguro. ¿Si no, por qué ahora parece fluir todo tan bien? ¿Por qué nos veo tan maduros, libres y confiados? ¿Por qué noto que quieres estar aquí, cerca? Quizás sea mi imaginación, tal vez nos he dibujado grandes en este lienzo blanco que habita en mi cabeza, tal vez solo sea una ilusa que cree que está leyendo un libro de poemas con final feliz. Si la literatura más bonita es la que tiene taras, como nuestras espaldas, cargadas de fracasos, de cosas que no salieron bien, de nuestros caminos juntos, de nuestros caminos separados. ¿De verdad ves a esa chica a la que le explicaste quién querías ser un día? Porque yo sí veo al chico al que le expliqué todo mi pasado, le hablé de mis temores y de esa carrera que tenía en mente y que acabé superando con creces. Somos todas esas partículas, esos críos que en un pasado se sirvieron de inocencia para coserse las alas, pero también somos dos adultos que han vivido desengaños, huidas, despedidas y deslealtades. Más de las que deseábamos. Qué grandes nos ha hecho vivir eso. ¿Sabes? No tengo tanto miedo como aparento, realmente no me acojona tanto, pero siempre voy con el cinturón de seguridad por si impacto, por si me estampo, por si todo salta por los aires, para salvar a esta cabecita loca. No te tengo miedo a ti, aunque tú sí te tengas miedo. Deberías confiar más en ti, en la vida, siempre piensas que puedes volver a fallar, que puedes decepcionarme, o decepcionarte, o ambas cosas. Ojalá no tuvieras tanto miedo, al fin y al cabo todo seguiría como hasta ahora, con la diferencia de que yo sabría por fin cómo te sientes. Qué sientes. Es lo único que cambiaría, porque el amor no nos pone cadenas, nos acoge libres y nos abraza sinceros. Pero bueno, imagino que todos somos diferentes, que no funcionamos a la misma velocidad, ni con el mismo mecanismo. 
Si tiene que ser, será; si no, te veré marchar y sonreiré aunque esté triste. Ya no coso mis heridas con melodrama ni expectación, ahora solo soy un pájaro que, tras haberse herido las alas, lucha constantemente por volar en línea recta. Pero debo admitir que deseaba con ganas que me hicieras cambiar el rumbo, irme contigo. Ojalá tú también te desvíes un día y coincidamos en alguna línea del cielo. Me haría tanto bien poder ser así de sincera contigo, pero no sé cuántos pasos tendría que dar para regalarte estas palabras, y me duelen un poco los pies de caminar. Si te sientas aquí conmigo y abres un par de cervezas quizás podremos hablar de esas cosas que se dicen sin hablar. 


miércoles, 2 de enero de 2019



Tétrica y escéptica reniego,
finjo despreocupación y hielo,
yo no me creo, 
¿tú me estás creyendo? 

Un silencio me cose la espalda,
tu monosílabo me cose los labios,
yo no me veo,
¿tú me estás viendo? 

Podría mentirte, pero se me ve en los ojos un trocito de hielo. Lo quebrantable que me vuelvo cuando me planto desnuda ante ti. Tú ya s...