viernes, 31 de mayo de 2013

Podría luchar contra mil demonios, pero jamás podría luchar contra tu forma de reír. Un, dos, tres segundos y ya soy tuya. Tómame de las caderas y comparte mis sueños, pero jamás me hundas, jamás me dejes caer. 

jueves, 30 de mayo de 2013

Life.



El secreto de la vida estaba en mirar de cara al miedo, en trazar paseos imaginarios por el filo de su cuerpo; el secreto de la vida estaba en tirar a la basura lo malo y quedarse solo con lo bueno. En demostrarles a todos aquellos que te juzgaron que se equivocaban, y hacerles ver a todos esos que dijeron que nunca lo conseguirías que no llevaban razón. En tocar, desde la cima, a los más débiles, y no para hundirlos, sino para elevarlos. El secreto de la vida estaba en los pequeños instantes, en retroceder solo si era para coger carrerilla, en levantar tres veces tu peso, en luchar cuando el mundo estuviera en contra, y pelear cuando la vida te diera la espalda. En morder las ilusiones y dejar marca, en no dejar escapar a la persona que te robaba el aire, el tiempo y te hacía la más feliz del mundo. ¿La vida? Fácil no, pero tampoco difícil. Lo único que es seguro de la vida es que tiene un fin, que es efímera. Que no es cíclica, solo avanza. Y tú solo puedes verlo de dos maneras: Cada día es una nueva oportunidad de mejorar, o cada día es un día menos que queda para llegar hasta el fin. Es cierto, no existe la fórmula perfecta para que tu vida dé el resultado correcto; jamás estará todo perfecto. Pero sí es cierto que tienes la ventaja de poder elegir quién quieres que camine a tu lado. Muchos llegarán para irse, otros, se quedarán hasta que tu corazón deje de latir. Algunos te prometerán cosas que jamás llegarán a cumplir, otros no te  harán promesas y te sorprenderán después cuando veas que jamás se han alejado. La vida no es sencilla, y a veces, puede llegar a ser tan dolorosa que solo sientas ganas de dormir y no pensar. Pero te diré algo: Solo vas a vivir una vez. Una. Has sido elegido entre un millón de opciones. Naciste tú, entre un millón. ¿Por qué, entonces, no vas a aprovechar lo que tienes?
Nadie dijo que no habrían obstáculos, nadie dijo que el camino no cansara.
Y es que cuando firmamos el contrato de la vida, no nos paramos a mirar la letra pequeña. 
Quizá es porque no esté escrita.

miércoles, 29 de mayo de 2013

La luna había muerto con ella.

- Mucha gente le teme a la vida, John. Pero no he conocido a nadie jamás con el valor que en ti he hallado para enfrentarte. Cargas el peso sobre tus espaldas y caminas, sin curvar la espalda, sin bajar la mirada. Ahora eres tu propio líder. Tu propia esperanza. Eres leyenda.
Paseé mi mirada. Ciudad oscura, cambiada. Ya no era la ciudad en la que había crecido, ya no eran esos balcones adornados que surcaban el cielo y se elevaban casi al límite de las nubes. La ciudad había muerto. La ciudad se había dormido.
- Erny, tú no deberías de estar aquí.
- ¿Y tú sí?
- No me quedaba otra opción.
- Has dejado atrás todo cuanto tenías para llegar hasta aquí.
- Se llama supervivencia.
- Eres el puro reflejo de la soledad. Aquí tienes tu ciudad dormida. ¿Y ahora? Ahora eres una leyenda. Pero, ¿ y después?
- No puedes juzgarme.
Miré mis zapatos, rasgados. La tela de mis pantalones, empapada de sangre. Las manos, negras, sucias, llenas de heridas, cicatrices. En mi cuerpo veía el reflejo de lo que había sido mi vida. El caos más absoluto. El horror en la mirada de esas personas. Mi vida escrita en simples parpadeos, ya cansados de la lucha infinita.
Y la vi. Llegaba a lo lejos, cansada. Los hombros caídos, la mirada perdida. ¿Era ella?
Temí lo peor. Temí que hubiera dejado de ser ella. Temí tanto que pensé que escapar quizá era una opción.
Pero me quedé plantado en el suelo. Sin parpadear. Sin respirar.
Erny ahogó un grito y tiró de mi brazo.
- ¿Es una de ellos?
- No- susurré- No lo sé.- sacudí la cabeza.- ¡No lo sé!- grité, liberando mi ira, liberando mis miedos.
Y ella se acercó.
La camiseta blanca de tirantes estaba totalmente rasgada, tanto, que podía ver a la perfección la silueta de su sujetador, la forma de su ombligo. Su tez blanca ahora más pálida que nunca.
Los pantalones estaban rasgados, llenos de sangre ya seca. Y el pelo lo llevaba alborotado, tan rubio como siempre, más rizado que nunca.
Se acercó tan lentamente que el tiempo que pasó hasta que llegó a mi lado se hizo eterno.
- ¿Beth?
La miré a los ojos. Desorbitados. Brillaban como siempre, transmitían más que nunca. Dejaban en mí un grito ahogado. No pude articular palabra. La miré con una tristeza tan inmensa que sentí como mi corazón se partía a pedazos. No hacía ruido, era un silencio eterno, un silencio tan sordo que me dolía.
Algo de humanidad quedaba en ella. Dijo unas palabras con tanto miedo, tan flojas, tan mudas, tan temblorosas que a penas pude escucharla. Pero era lo último que me quedaba de Beth.
- No me mires. Vete.- silenció sus propias palabras, estaba desapareciendo- No quiero que me recuerdes así. La Beth de siempre acaba de morir. Te...
Un ruido silenció sus palabras. Cayó a mis pies. Erny apuntaba hacia ella con una pistola
- ¡¿Qué has hecho?!.
Me tiré al suelo. La sostuve entre mis brazos. Y al fin ese nudo en la garganta se deshizo, lentamente. Agonizando, acompañando mi dolor. Y lloré. Lloré y me sentí más débil pero a la vez más fuerte. Mis músculos se tensaron, curvé la espalda y me fundí con ella en un abrazo.
Sentía que la quería ahora más que nunca. A la vez sentía que lo que quedaba de Beth acababa de morir. Parpadeé y en un instante recordé la primera vez que la vi entrar en clase. Sus miradas distantes, casi frías, tímidas, al principio. Recordé la primera vez que me confesó sus miedos, incluso pude sentir el sonido de esas lágrimas caer, esas que no soporté jamás ver en ella. La recordé vestida, con aquel vestido, en la graduación. Con su gorro de lana, sentada en un banco de Amsterdam. La recordé desnuda enlazada en mi cuerpo. La recordé incluso enfadada. Recordé el sonido de su risa e incluso esa sensación de bienestar que me ofrecía cuando sonreía desde la otra punta del campo dándome fuerzas. Mis lágrimas cayeron sobre su cuerpo, ya sin vida. Estaba tan pálida...pero seguía siendo la de siempre.
Erny tiró de mí, para que me levantara. Pero sentía que todo aquello por lo que había estado luchando se perdía entre el tiempo, y se apagaba en el corazón de Beth. Sus latidos me encerraron para siempre.
Me levanté abatido y la miré por última vez.
- Esto va por ti, Beth. ¿Recuerdas? Pasara lo que pasara, había que seguir hasta el final.
Y le dije te quiero sin decirlo. Solo con la mirada. Solo con el pensamiento. Pero eso ya bastaba.
Erny me miró, me dio una palmada sobre la espalda. En sus ojos pude ver que por un segundo entendía mi dolor, pero se mostró tan distante como siempre.
Mis pasos resonaban con tanta fuerza que ahogaban los ruidos de la noche. La lluvia comenzó a caer. Miré las estrellas, apagadas, encerradas, escondidas tras las nubes.
Y solo pensé en ella.
Y en lo mucho que le gustaba la noche. Y en lo mucho que le gustaba la lluvia.
Y supe entonces porque esa noche no había luna. La luna había muerto con ella.

martes, 28 de mayo de 2013

Apocalíptico.

Le miré con la misma intensidad que se mira algo que se sabe que volará lejos. Le tomé por la espalda y lo atraje a mí hasta casi dejarlo sin aire.
- Vamos a salir de ésta, te lo prometo.
Me tragué las lágrimas. Un nudo se posó en mi garganta y un dolor inmenso en la parte superior del estómago. Promesa de azúcar.
- Tenemos tres minutos para llegar a la otra punta de la ciudad si queremos saltar la valla antes de que nos alcancen. Tú podrías llegar, corres tantísimo...
Me quedaré aquí. Yo no puedo. No quiero que me veas morir. Ve, corre.
Me miró. Nunca antes había visto ese brillo en sus ojos. Me estremecí de tal manera que empecé a temblar. Me temblaba el corazón y la fiebre había empezado a subirme.
- ¿Estás loca? No voy a dejarte aquí.
Me quité el collar que rodeaba mi cuello y lo puse en la palma de su mano.
- Prométeme que no me olvidarás. 
- No, no, no, no, no- se agarró del pelo y bajó la cabeza. Miró al suelo, confuso, con rabia, increíblemente enfadado consigo mismo- ¡Tú no te vas a quedar aquí! Ponte ese collar y echa a correr. Yo los distraeré hasta que...
- Eh- le cogí de las manos, de la cara, lo atraje hasta mí.- Sh- tomé aire, respirando profundo, ahora no podía verme llorar, tenía que ser fuerte- Corre hasta la valla y vete. Mira, ¿recuerdas todas esas veces que pensaste en una situación así, un momento así? Aquí está tu sueño. El mundo es un caos, pero tú eres el único que puede salvarse. Yo no formo parte del plan, mi vida. Yo no sé seguir esos pasos, no estoy en los esquemas. Tú aún puedes hacer historia.
- Cuando dije que quería compartir los momentos malos contigo también quería decir que los buenos serían parte de ambos. No voy a salir de esta isla sin vida si no estás tú. 
- Prefiero morir a que muramos los dos. Sálvate. 
- Ya nadie podrá salvarme, Kasya. Tú ya me salvaste. Ahora esto será una pura copia barata de la supervivencia. Lo que tú llamas vida dejará de existir en el momento en que te deje aquí. 
- Te quiero- susurré. Y un beso fugaz detuvo el tiempo. Un beso fugaz acabó con mi vida.
Sus pasos se alejaron tan rápidos que a dos simples parpadeos lo había perdido de vista.
Luché contra mi misma para no salir tras de él, corriendo, suplicándole que me salvara.
Nadie podría hacerlo ya. Me tumbé en el suelo, en medio de la calle, mirando las estrellas.
La última persona a la que había visto, tocado, hablado y besado era la única persona que salvaría.
- Ahora eres una leyenda- susurré mirando las estrellas- Yo ya te lo había dicho, amor. Tú eras el héroe. 
Suspiré al cielo, y las estrellas me miraron compasivas. Cerré los ojos. Ya oía todos esos pasos, todas esas bestias, acercándose al lugar donde me había quedado. Respiré tranquila, le habría dado tiempo a salvarse.
 Esperé, como quien espera que llegue el verano, a que la tortura me invadiera.
Apreté los puños y recordé su sonrisa por última vez, antes de perder la conciencia.
 Algo me había mordido. La vida humana consumiéndose, algo peor acercándose a mí.
El principio del fin. 

lunes, 27 de mayo de 2013

Ojos de ángel.

El frío se me agarró a las costillas y luché por apartarlo. La luna era tan grande que me pareció estar metido en ella. Las calles estaban vacías y me miraban silenciosas esperando de mí algo, como todos.
Caminé. Las converse parecían crujir contra el suelo. Pisé más fuerte. Más. Hasta que los pies comenzaron a dolerme. 
Y ahora qué, pensé.
Hice un intento de ser valiente, pero para qué tanto esfuerzo, yo siempre había sido débil, así que me limité a llorar. Mi madre decía que llorar era de personas fuertes, pero yo jamás la creí. Y mi padre creía que si un chico lloraba era porque no era chico del todo. Me reí de la absurdez de pensar que un chico no era capaz de llorar. ¿A caso yo no lo estaba haciendo? Cubrí mis ojos con las manos. Sé fuerte.
Pero ya no podía serlo. Había presenciado la desaparición de mi hermano, las borracheras de mi padre, los silencios eternos de la familia que parecían ocultarme secretos inmensos que jamás sería capaz de descubrir...Y había visto cómo una ambulancia se llevaba hacia el hospital a la única persona que había tenido realmente.
Cuando entré a la sala estaba vacía, totalmente, pero ella estaba tumbada con los ojos cerrados y una sonrisa enorme. Le susurré algo parecido a un Hola y no pude evitar que alguna lágrima cayera. Se habría reído de mí al haber estado despierta. Pero no lo estaba. No. Ya no. Y ese era el problema. Tragué saliva y la miré. Quise besarla, quise acariciarla como había hecho tantísimas veces antes. Incluso quise decirle todo aquello que ahora parecía tropezar en mis labios y querer salir pitando. Era como si tuviera aún cosas que contarle, cuando creí que ella ya lo sabía todo. Tal vez no, tal vez me faltó algún Te quiero más, algún Nunca había sentido algo así, tal vez me faltaban mil bromas que hacerle; y así ver esa sonrisa que había conseguido sacarme del pozo más hondo en los días más negros. 
Cuando salí de allí supe que ya no volvería a ser el mismo.
 Supe que si ella se recuperaba, yo podía aún salvarme. Sabía que si ella no lo hacía, mi vida giraría en sentido contrario. 
Necesitaba a la chica de ojos tristes que se sentaba en segunda fila, mordía el bolígrafo y cargaba su mochila con tres cientos libros al día. Necesitaba esa risa contagiosa tras cada broma, esa torpez absurda que jamás me importó aunque a ella le avergonzara. 
Necesitaba de unos labios que habían dejado de moverse, al son del aire, articulando palabras de amor. 
El viento golpeó mi ilusión y con ella, mi cara. Me senté donde tantas veces antes había estado sentado con ella y por un momento la sentí.
No lloré, al menos no por fuera. Pero juro que dentro de mí había empezado a llover. Ahora ya no vendría ella con su paraguas enorme y me diría ' Aquí hay un hueco para ti'. Ahora la única opción que tenía era mojarme. Sin nadie que después secara mi ropa al llegar a casa, sin nadie que se preocupara por un dolor de cabeza o un constipado. 
Sin nadie que me dijese: 'Si te hunden, te haré flotar, pero antes les hundiré a ellos también'. 
Abracé mis propias piernas en un intento absurdo de sentir algo más que tristeza. O tal vez para arroparme. El caso es que la imaginé entre la multitud, cabello dorado y ojos soñadores, acercándose a mí atropelladamente. Parpadeé y ella ya no estaba. 
Sonrisa de niña, rasgada.
Ojos de ángel, perdidos.
Y mi corazón latiendo cada vez más lento ahora.
Sueños difuminados que se desvanecían. 

domingo, 26 de mayo de 2013

Un dos y un séis.




Sé que te he encontrado.
No importa cuándo, dónde o por qué.
Lo único que sé es que hoy hace dos meses de esa nueva oportunidad. De ese camino que se trazó, de esa línea continua que se alargará y será infinita.
No importa si el camino se hace duro o pesado.
Lo importante es que caminaré a tu lado. 

¿Sabes? Me has salvado. En todos los sentidos en los que puedes salvar a una persona.
Ahora me levanto cada día sabiendo que en un beso se apagará todo lo malo.
Y si esto es un sueño no me importaría no despertarme.
No quiero despertarme. 

Solo querría hacerlo si me aseguras que estarás a mi lado cuando abra los ojos. 
Puedes fundirte en mí.
Que tu abrazo sea el único abrigo. 
No me importa el lugar, ni el tiempo que pase si estoy contigo. 
Y eres eso que siempre he querido que me pasara.
Todo lo que he querido que sucediera.
Y ahí estás, mírate. 
Mírame.
Míranos.
Ahí estamos.
Y te juro que somos infinitos. 




Te quiero, de la manera más precisa, más loca y más fuerte en la que se puede querer a alguien. 

sábado, 25 de mayo de 2013

Salvar(nos).

- ¿Tú nunca has tenido miedo? ¿No el suficiente como para querer lanzarte al vacío?
Yel pasó sus piernas por la baranda y se quedó mirando el cielo. Parecía infinito.
- He sentido un miedo enorme muchas veces, un miedo oscuro- Ruan se acarició el pelo, pensativo y se acercó un poco más a ella- y nunca he hecho tonterías como la que estás a punto de hacer ahora. Pero sí he sentido cómo caía por un precipicio. Duele más aquello que crees que te sucede que aquello que te está sucediendo realmente. No hagas tonterías.
El silencio se apoderó de ambos. Casi no quedaban luces encendidas en la ciudad. Yel lanzó sus tacones e hicieron un ruido extremadamente fuerte cuando impactaron contra el suelo, bajo el puente.
- No puedes hacerlo- dijo con sinceridad, él.- Ojalá no tengas el valor de hacerlo.
Yel tragó saliva. No quería girarse, sabía que si lo hacía él la convencería para que volviera al suelo. Sabía que su mirada le daría ilusiones por las que borrar de su cabeza esos pensamientos suicidas que jamás le llevarían a nada.
- Siento que si me quedo un minuto más aquí acabaré destrozando la vida de todos los que me rodean.
- Tú no tienes la culpa de lo que le pasó a tu padre, Yel. Deja de culparte por todo, deja de creer que eres un jodido error. Entre un millón de posibilidades, algo, alguien, quiso que nacieras tú. ¿No lo entiendes? No tires por la borda todo lo que has conseguido durante estos años.
- ¿Y qué he conseguido?
- Muchas más cosas de las que crees.
- Veo mi futuro negro, Ruan, tengo miedo, mucho miedo.
Él suspiró y se acercó a ella. Puso sus manos sobre las de ella, sujetando con más fuerza aún la baranda. Ambos sintieron cómo sus corazones se aceleraban mínimamente y un escalofrío invadió sus espaldas. Ambos lo sintieron.
- Todos vemos un túnel negro, infinito, y creemos que no acabará.  Pero siempre hay un final, siempre se llega a algún lugar. Yo también tengo miedo, pero eso no hará que me rinda. No puedo permitir que eso sucediera.
- ¿Por qué te empeñas en salvarme? ¿Servicios humanitarios?
- Servicios del corazón. Hay algo que me obliga a querer salvarte, y no soy yo.
- ¿No eres tú?
- No sé qué hago aquí. He tenido un presentimiento, sabía que tenía que venir. Y te he encontrado. Llevo días viéndote, Yel, observándote. No sé qué es pero hay algo que me dice que no debo dejarte sola. Y, ¿sabes qué es lo más raro? Que desde que siento que debo protegerte, hasta yo mismo deseo hacerlo. Es como si algo hubiera hecho que te quisiera y yo ahora fuera feliz haciéndolo.
Yel sonrió y se giró un poco, para mirarle.
- ¿ No me estarás diciendo eso para que no salte, no? Me estarías salvando la vida para después destrozármela.
- Te estoy diciendo ésto porque siento que es ahora cuando debo decírtelo. No voy a destrozarte, Yel, estoy aquí para salvarte.

jueves, 23 de mayo de 2013

Mi mundo empezaba a temblar.

Caí en la cuenta de que estaba temblando. Puso sus manos bajo mi suéter, y rozó mi espalda. Me invadió un escalofrío. Nuestras miradas chocaron con tanta fuerza que se escuchaba a lo lejos el ruido que habían hecho al impactar. Mi sonrisa había quedado congelada en el tiempo y él acariciaba mis mejillas con suavidad. No hacía aire. Ni una pizca. El momento me había robado hasta la última bocanada de aire. No respiraba. Solo quedé prendida de esos ojos. 
Me rozó la espalda, ahora desnuda, hasta llegar a mis caderas, y acercó mi cuerpo al suyo. Eso se parecía mucho al cielo, y sino, poco faltaba para pisarlo. 
Besé con torpeza su pecho, mis labios temblaban. Me tomó por la barbilla y me obligó a mirarle: 
- Confía en mí.
Tropecé en sus palabras pero me hice suya. Mi mente dejó de maquinar, planificar, regular, calcular. No existía el instante perfecto, solo el instante. Él era el único capaz de calcular ahora los pasos. Dejé que el tiempo guiara nuestros cuerpos, quizá no era cosa de la mente, sino de eso que llaman corazón y que latía desenfrenado. 
Para mí esos tic-tac frenaron. El silencio se hizo eterno, los nervios, efímeros. 
Porque ahora solo estábamos él y yo.
Y el miedo al desabrochar los primeros botones de su camisa se esfumaron con los terceros besos, las cuartas caricias, las quintas palabras, los sextos mordiscos, las séptimas miradas. 
¿En qué momento decidí que su sonrisa sería la octava maravilla del mundo?
Quedé presa de sus pasos. De su forma de mordisquear mis sueños y con ellos, mi cuello.
Dejó huellas imborrables, intachables, en mi piel.
Ahora ya no podría desprenderme de él. 

Borré con besos las huellas dactilares, los pasos dados, los poros de su piel.
Íbamos a desgastarnos por momentos.

Incluso nos borramos del mapa. 
Y perdimos la cuenta de apuestas perdidas, sueños cumplidos, promesas trazadas en un papel. 
El mundo pareció callarse de repente.
Y mis sábanas perdían la cabeza por aferrarse a su piel. Suerte la mía la de rozar sus prisas, la de rozar sus caricias, la de rozar su sueño, sus labios, sus miedos.
Suerte la mía la de perderme en él. 

miércoles, 22 de mayo de 2013

Te vas, ángel.

Vuelas alto, ángel.
Y te miro marcharte, conteniendo las lágrimas.
Tenías nombre propio y creías que nadie te estaba mirando.
Yo te veía, ángel.
A veces te tocaba, como alzando las manos y rozaba tus sueños.
Y tú a veces me mirabas, ángel.
Para después irte.
Te has llevado sueños, días, luces.
Te lo has llevado todo, ángel.
Y aunque te empeñes en negarlo
sé dónde estoy, dónde estás,
qué es de nosotras y qué será. 
¿Qué esperas de mí, ángel?
Te lo daba todo sin que nada importase.
¿Mentiras? Contigo jamás. 
Pero me rasgaste las alas,
y no me dejaste volar.
Ángel, siempre te vas.
Y me siento en la noche, y me siento en el día
y me siento en la soledad.
Y es que tú no estás, ángel.
Porque vuelas alto y te esfumas. 
Déjame herida, el tiempo sanará mis días.
Adiós, ángel.
Adiós hasta que vuelvas.
Hasta que el tiempo te traiga.
Hasta que baje la marea.
Hasta que la lluvia pare.
Hasta que de nuevo amanezca.
Pero no te pierdas, ángel.
Y vuelve si un día frío me echas de menos.
Estaré donde siempre, ángel.
Donde los sueños son infinitos,
donde no se sienten las penas.






lunes, 20 de mayo de 2013

Evol.




- No tienen ni idea de nada. Piensan que el amor es eso que se venden en las películas, pero no.- me miró como quien mira algo que desconoce pero ansía conocer- ¿Sabes qué es el amor? El amor es dormir con menos sábana solo porque la otra persona sin querer ha robado parte de ella y no querer despertarle, amor es no tener en cuenta los días sino los detalles. Amor es untar tostadas con lo que haya en la nevera, sin rechistar porque al otro se le haya olvidado comprar mermelada. Amor es asumir que la persona con la que estás es imperfecta y aun así no querer cambiarla. El amor no se le parece a ningún final feliz por el simple hecho de que si algo tiene final no puede ser bueno. El amor no es irse y esperar que el otro salga corriendo a buscarte, amor es quedarse aun sabiendo que lo mejor sería marchar. Quizá ahora estés pensando en sacrificio, pero, ¿quién no sacrifica cosas por las personas que quiere? El amor es elegir a la misma persona cada día. Amor es dejar las mentiras aparcadas en la puerta y guiarte a base de verdades. El amor no es sexo, sino al revés, el sexo es amor. Querer a alguien no es permitirle todos los caprichos, ni darle la razón; querer a alguien es saber decir también que no, y decirle las cosas que más duelen por el simple hecho de que a cada golpe que la vida le dé tú estarás ahí para amortiguarlo. Amor es dar una parte de ti que sabes que el otro podría romper y sin embargo confiar en que no lo hará. El amor no es tan complicado, ¿sabes? somos nosotros quienes nos empeñamos en darle vueltas y vueltas. Amor es simplemente saber que ahora ya no habrá un plato en la mesa, sino dos. Y dos cepillos de dientes. Amor es saber que los detalles al fin y al cabo son lo que cuentan, y que no importa cuánto tiempo estéis juntos, porque no es mejor amor aquel que se ha vivido muchos años; el amor se calcula en intensidad. Que algo puede ser efímero y sin embargo ser la mejor historia de amor del mundo. Amor no es dar la espalda, es dar la mano.
Por eso hoy en día pocas personas quieren a alguien de verdad, porque no tienen ni idea de lo que se supone querer. Y , ¿sabes? No saben lo que se pierden. 

domingo, 19 de mayo de 2013

Tu invierno favorito.





Como el cielo llora tú sonríes. ¿Alguna vez te han dicho que hasta las lágrimas te quedan bien?
Estás preciosa hasta cuando pareces triste.
Aunque me partas el alma con cada lágrima que derrames. Derribas todos esos muros que me separan del mundo. Me llamas en silencio. Te asomas a la ventana, y miras, impaciente, como quien busca algo, pero agachas la mirada decepcionada, sin encontrar aquello que ansías ver.

Son mis ojos hacia donde quieres mirar, y que lástima que yo ya no pueda tocarte, ni avisarte de que estoy ahí, de que estoy viéndote. Te secas las lágrimas con las mangas de ese jersey verde que siempre te ponías para estar por casa; a ti siempre te habían encantado los jerseys.
Y esconder tus manos bajo las mangas.
Derramas melancolía y yo te beso sin que tú me beses. Te pareces al otoño, húmedo a veces, seco   a ratos. Y sin embargo, es invierno lo que hoy veo en tus ojos.
¿No te había dicho yo que llorar nunca merecería la pena? Y menos por mí.
Siempre habías creído que no estabas hecha a medida de cuentos, ni de finales felices.
Princesa, a ti los finales no te pegan. Es por eso que no quiero que acabes, que acabe, que marches. El único que se fue fui yo, pero tu vida sigue ahí, para que la cojas, las estrujes y la retuerzas, la disfrutes, y solo la llores si es de ilusión, felicidad. 

A ti nunca te gustó el verano, es por eso que odias ese calor que se te engancha en el cuerpo. Sientes que te ahogas, que te asfixias, que te pierdes. 
Encuéntrate. Siempre has sabido dónde hacerlo. 
Pero nunca más te puedes perder, ya no, pequeña.
Aunque el cielo amenace con llevarse tus fuerzas. El mundo te está esperando ahí fuera. Tienes que ser todo lo valiente que yo no fui, esperar todo lo que no esperé, llegar donde no llegué.

Y lucha por sacarme de ahí, no merezco un hueco en tu corazón, ya no puedo abrazarte. Ya no puedo estar contigo, al menos no de una forma humana. No sigas luchando por mí, empieza a hacerlo por ti. Siempre te gustó ir a contracorriente. Hazlo. Y cumple tus sueños. Yo no pude vivir esa vida que planeábamos, algo que llaman muerte se interpuso entre ambos; ahora te toca vivirla a ti, vívela con la misma intensidad con la que lo harías si yo estuviera ahí. 
Te quiero.
Tu invierno favorito,
Werny. 


sábado, 18 de mayo de 2013

No podía ser otra persona.


Sabía que algo había cambiado. Nunca antes había sentido algo así con tanta fuerza. Me armé de coraje y miré al cielo. Iba a gritar que la quería. De hecho, parte de mí, ya había comenzado a chillar con fuerza. Nueva York quedó a nuestros pies y nosotros empezábamos a alzarnos.
¿Alguna vez has sentido que estás donde durante toda tu vida habías querido estar?
Y con la persona con la que querrías estar.
Supe que algo se había activado. Algunos lo llamaban destino, yo a ella, prefería llamarla suerte.
La suerte de que algo, alguien, hiciera que se cruzara en el camino.
Sujeté con más fuerza que nunca su mano. Sentía que estaba a salvo, ella me había salvado, en todos los sentidos en los que puedes salvar a alguien.
No importaba el frío. Las calles nevadas habían sido el toque final que había que darle a la escena. Me pellizqué, sin que ella lo viera, los brazos. Quería asegurarme que era cierto.
La abracé y olí su pelo. Sí, estaba justamente donde quería estar.
-Nueva York se está quedando pequeña...- susurró ella antes de girarse a mirarme.
Yo me perdí en el brillo que desprendían sus ojos. Estábamos demasiado cerca de la felicidad.
-No, cariño. Nueva York sigue siendo igual, nosotros somos los que estamos haciéndonos grandes.
Y entre dos mil, tres mil, cuatro mil personas, nosotros, nos hicimos gigantes. 
Se detuvieron los relojes, ya no estaban interesados en marcar la hora, y las estrellas empezaron a apagarse. Ya no hacía falta más luz, estaba su sonrisa. Cerramos los ojos, a la vez, casi sincronizados, y ahí supimos que estábamos cumpliendo el sueño del que tantas veces antes habíamos hablado. Si alguna vez he estado seguro en toda mi vida de que era ella, en ese preciso momento, lo supe. No podía ser otra persona que no fuera ella.

viernes, 17 de mayo de 2013

No era la primera vez que el frío me abrazaba. Ya había tenido esa sensación antes. Mi alma pedía a gritos un respiro y yo no sabía dárselo. Me ahogaban las palabras que tragaba, me ahogaba lo que silenciaba. Miré hacia el cielo como si en las estrellas pudiera estar escrita la respuesta. Pero, ¿cuál era el secreto de la vida? Me escondí tras mi abrigo, tapando mi cuello, mi boca y alargué las mangas para cubrir mis manos. A veces me sentía protegida si me refugiaba en mí misma.
Me sentía sola. Eché de menos que alguien se quedara a esperarme. Eché de menos que alguien hiciera algo por mí, por mi felicidad. Abracé más fuerte mis rodillas, presionándolas contra mí.
Y deseé que eso frenara algo el frío, pero no lo hizo.
No sabía por qué, pero cada vez que alguien empezaba a quererme, se alejaba de mi vida.
Desde entonces me daba miedo vivir. Temía que cada persona a la que necesitara se acabara marchando. Entonces construí mi muro de cristal, ese que nadie se atrevía a escalar, por si resbalaban, ni a romper, por si se cortaban con los pedazos de cristal. 
Me habría gustado que alguien, de una patada, hubiera echado el muro abajo. 
Sentí unos pasos detrás, y no me giré por miedo. Hasta que identifiqué el olor. ¿Qué hacía allí? 
- ¿Otra vez aquí?
Asentí sin fuerzas, no tenía ganas de hablar. Ni si quiera con él. 
- ¿Tienes miedo? 
Volví a repetir ese gesto, ahora conteniendo mis lágrimas.
- Que todos se fueran no significa que yo también lo vaya a hacer.
Derramé las primeras lágrimas, que humedecieron mi vestido. Él se sentó a mi lado y me obligó a mirarle. 
- Eres diferente a todas ellas, a todas. No estaría dispuesto a ver cómo alguien como tú se marchase. No voy a verte alejarte, ni voy a hacerlo yo de ti. Tienes que aprender a volver a confiar en las personas. 
- Te irás, como se han ido todos, todas. Abandonándome .
- Si tus padres te abandonaron de pequeña lo hicieron por algún motivo; a veces las personas no pueden ser consecuentes con sus decisiones. Eso no significa que todos a los que quieras se alejen de ti. Eso no funciona así. 
- Soy yo la causante de todo ésto, ¿sabes?. Todos merecerían algo mejor.
- Es que yo no quiero nada mejor, ¿no me entiendes? Me gusta que no puedas estar más de cinco minutos sin decir una estupidez, porque me haces sonreír. Y que te empeñes en hablar con la boca llena, y que sacudas los hombros cuando no sabes qué hacer o qué decir. Me gusta que parpadees mucho cuando te pones nerviosa y que camines de la forma más peculiar que he visto nunca. Me gusta que escribas, que lo hagas constantemente. Y que la playa sea tu aliada cuando quieres estar sola y pensar. Mira, vendrán cien mil que se creerán mejores que tú, pero créeme, que yo no escogería a ninguna de ellas.
- Si atraviesas el muro puedes caer. O puedes cortarte con los cristales. 
- ¿Quién ha dicho que la vida fuera fácil? Tú estarás ahí para curarme las heridas. De eso estoy seguro. 
- ¿Por qué confías tanto en mí? 
- Porque eres la única que me dio la mano cuando los demás me dieron la espalda. Y porque supongo que cuando quieres a alguien, confías en ella.

El mar quedó mudo y de repente parecía haber más estrellas en el cielo. El frío seguía ahí, pero yo ya no me rompía. Quizá las olas habían silenciado el miedo. Quizá me estaba volviendo más vulnerable, o tal vez, quién sabe, más valiente. Le miré a los ojos y parecía sincero. Mi sonrisa fue la respuesta. Y en ese momento, algo empezó. Algo se activó, algo cambió. 
Y por primera vez en mucho tiempo sentía que no estaba sola, no, ya no podía estarlo.

jueves, 16 de mayo de 2013

Quizá es que mi fuerza hayas empezado a ser tú.


Adoro la manera en la que parece que el resto del mundo te dé igual. La forma en la que encoges los hombros como sacudiendo todas esas ilusiones que te rodean. Parece fácil cuando sonríes. Y dejas poco que desear, lo das todo con mirar. Crees que eres mediocre, que no destacarías, pero créeme, podría distinguir tu manera de caminar entre mil más. Y es que des del principio sé que tú eres diferente. Nos conocimos hace tanto que a penas recuerdo qué pensé la primera vez que te vi. Pero ese no era nuestro momento. Lo bueno se hace esperar, y tras cuatro años aún no puedo creerlo cuando te veo tumbado en mi cama, acariciando mis brazos, acercándote a mi vida. Tu respiración me habría dado el oxígeno que necesitaba en cualquier momento.
Podías hacer de lo cotidiano algo extraordinario. 
Y siento que no he podido equivocarme al escogerte a ti. Y que si tú te llamaras error, te cometería mil veces. Que si te llamases miedo, yo temería. Y si te llamases amor, te querría. Que absurdez eso del amor, prefiero ponerle tu nombre. 
No sé cómo lo has hecho, pero estos meses han sido efímeros. En cambio tú has dejado huella.
Tengo la sensación de que no quiero que te vayas nunca, y que si lo haces, sea conmigo y vayamos hacia otro lugar. Pero juntos.
No quiero entender de finales que tengan que ver con nosotros.
Y me niego a imaginarte a menos de tres metros de mí. Quiero que nos pasemos las horas devorándonos a besos. Y construyendo un futuro a base de sueños. Y qué más da, ya cambiaremos los planes, ya echaremos cuentas. Por el momento me conformo con ser feliz.
Y con esas ganas de llorar, ese punto máximo de felicidad que consigo cuando me rodeas con tus brazos. No quiero que me sueltes nunca. 
Porque contigo me siento capaz de saltar cualquier obstáculo que se me acerque.
Por primera vez, me siento fuerte.
Quizá es que mi fuerza hayas empezado a ser tú. 

miércoles, 15 de mayo de 2013



- Te he visto levantarte todas y cada una de las veces que te has caído, o alguien te ha tirado al suelo.
-¿Y eso qué más da ahora? Ya he perdido, ya no hay vuelta atrás.
Me miró atravesándome como con un cuchillo la esperanza.
- ¿Esa es tu rendición?
- No soy quien esperas, ¿sabes? No lo soy. No puedo ser fuerte siempre.
- Lo eres con los demás, vas de chica dura, de '' a mí nada puede hacerme fracasar''. Eres la persona más valiente que he conocido nunca. Por eso no te permitiré irte ahora. No puedo dejarte marchar.
Me alejé lentamente, pero pegó un salto y me alcanzó.
- ¿Qué va a ser de nosotros Elaan?
- Lo que quieras que sea, Linda.
- No puedo quedarme y lo sabes.
- Pero quieres hacerlo.
- No siempre que se quiere se puede.
- ¿Ni si quiera por mí?
El silencio se apoderó del momento, de ambos.
- A eso se le llama chantaje emocional.
- Estoy luchando por lo que quiero, es solo eso.
- ¿Qué quieres?
- Te quiero a ti. Aquí. No soportaría que te marchases, es por eso que organicé todo aquello de la fiesta sorpresa y demás. Quería retenerte, Linda, quería que te pensaras dos veces eso de marcharte.
- Me voy porque ellos me  siguen y lo sabes.
- Lucharemos juntos.
- No quiero involucrarte en ésto, no.
- ¿Crees que no me has involucrado ya? Si te pasara algo me moriría, jamás me lo perdonaría. Eso es lo único que me ata a eso. Tú.
- A pesar de que puedas morir, ¿no?
- A pesar.
- Creía que era yo la que estaba loca..
- Todos lo estamos. ¿Eso significa que no vas a marcharte?
- Eso significa que me lo pensaré.
- No sé si te servirá de algo saberlo pero- hizo una pausa y se miró los pies, como tímido delante de mí, como sincero- fui yo quien activó la alarma del colegio el día en que Withs quería delatarte. Y  perseguí aquel coche azul en el que te llevaron al hospital. Siempre he estado ahí, aunque no me vieras. Y...quería que esta vez las cosas fueran diferentes.
Me quedé en silencio viéndole marchar. La lluvia empapaba mis brazos, mis piernas, incluso mis ojos. Se empapó la ciudad de Nueva York, y yo con ella.
Un aire casi salado rodeaba el ambiente y yo solo miraba sus pies alejándose de allí. Si salía sana y salva de allí no sabría agradecérselo jamás. ¿Por qué alguien que a penas me conocía apostaba tanto por mí? Elaan me desconcertaba. En el sentido más oscuro en el que alguien puede hacerlo, en el más enigmático. Había algo de él que se me escapaba, que no acababa de funcionar.
Acepté que había empezado a enamorarme de él.
Y eso me molestaba. Me aturdía la idea de ser vulnerable delante de alguien.
Apreté los puños queriendo odiarle, pero todo esfuerzo fue inútil.
Cuando empecé a caminar la lluvia ya había cesado, pero aún sentía cómo se mojaban todas mis ilusiones. No sabía si estaba más cerca de perder que de ganar, o de vencer que de fracasar. Sabía que Elaan me ayudaría a averiguarlo.

martes, 14 de mayo de 2013

Pensaba que esas cosas bonitas nunca serían para mí, pero.

Nunca había mirado tan fijamente a alguien jamás. Ni me había conformado con tenerle a dos centímetros de mí, con su nariz pegada a la mía, respirando el mismo oxígeno.
Me pensaba que esas cosas bonitas nunca serían para mí, que yo no podría encontrar a nadie.

El destino me la jugó.
Te cruzó el día menos esperado, en la hora menos esperada, en el sitio menos esperado. Me la jugó pero bien.  Y sin embargo, me siento tan bien que no cambiaría absolutamente nada de lo que ha sucedido hasta ahora. Tampoco cambiaría los meses en los que estuviste alejado de mí. 

Supongo que cuando quieres a alguien de verdad, acabas aprendido mucho más sobre la vida. Y sobre lo que supone aceptar a alguien que no es como tú y que no piensa ni comparte tus mismos ideales. 
Lo cierto es que nunca antes había sentido tocar desde tan cerca la perfección. Nunca me había gustado pincharme con una barbita de tres días o que me llamasen pequeña. Nunca antes me había gustado que alguien me tocara la barriga, o me cogiera por la cintura. Siempre me había dado miedo todo. Hasta que llegaste. Has derrumbado cualquier pasado que hubiera querido volver al presente y has destrozado todas las barreras que nos separaban. Todo ha sucedido tan rápido que algunos días todavía no me creo que esté contigo.
 ¿Alguna vez habéis sentido ganas de llorar cuando tenéis tan cerca lo que queréis que tenéis miedo a que acabe?
Ahora que tengo esos sueños bajo mi almohada me niego a que un día desaparezcan.
Me niego a que tú desaparezcas.

Si antes era cobarde, hoy me siento valiente. 
Si antes luchaba sola, ahora lo hago contigo. Pero jamás contra ti. 
Sonará soñador, pero espero no tener que echar nunca de menos tu olor. Ni el sonido de tu risa, ni tus ojos parpadeando a la velocidad de la luz, ni tus pestañas largas. Espero jamás echar de menos esa sonrisa, rozando sin querer mis labios, a mitad de un beso. No quiero tener que llorar jamás por ti si no es de felicidad. Quiero que nos escapemos lejos donde nadie pueda gritar nuestros nombres.
Sonará trágico, pero el mundo sin tus abrazos dejaría de llamarse mundo.
No me hagas jamás vivir en el infierno que supone no tenerte cerca.
Quiero consumir cada minuto a tu lado, llevar la cuenta de todos esos besos, para que después se nos olvide la cifra, y tenga que volver a empezar.  Solo perderme si es en ti, solo encontrarme si eres tú. No te pido contratos, ni seguros de vida. Me basta con que un día pueda despertarme al filo de tus labios y susurrarte un 'Buenos días'. Solo espero que un día ya no tengamos que imaginar un futuro porque ya estemos en él. 
Venecia nos espera, y la siento tan cerca...
Tanto. 













Si alguna vez dudas de si te quiero o no, lee todas y cada una de las entradas que hablan de ti, 
de mí, de nosotros. ¿Sabes? Los escritores no mentimos. No sabemos hacerlo. No podemos.

lunes, 13 de mayo de 2013

Lo fuimos.




Qué fácil era todo entonces, ¿no?
A veces nos echo de menos. Echo de menos tener a mis dos ángeles colgados de mis dos hombros.
A veces no basta con teneros a ambas, pero a kilómetros.
¿Recordáis esas primeras experiencias que vivimos las tres por primera vez? Me dabais estabilidad, confianza. ¿Recordáis esas risas que acaban en llanto? ¿Esas metedura de pata que acababan en abrazos? Cuando Sylvia y yo nos enfadábamos y Belén ponía paz entre nosotras.
Con ambas era fácil vestirse de fiesta y salir. Era fácil pedir un chupito y bailar al son de Rihanna, Mohombi, Chris Brown, toda la noche. ¿Recordáis cuando bebisteis tanto que tuve que cuidaros? O esas noches llenas de cotilleos. Aquel medio día en el que al ver Mama mía las tres nos clasificábamos con los personajes. Me hacíais falta. Juntas, ahí, abrazándoos.
A veces lloro al mirar nuestras fotos.
Supongo que aún no me he hecho a la idea de vivir apoyándoos a las dos por separado.
Aún me cuesta creer que todo acabara así.
¿Que mal final para nosotras, no?
El mundo jamás ha sido justo.
Y ya sabéis, mejor que nadie, que los sentimientos tampoco entienden de justicia.
¿Hasta qué punto las cosas podían dejar de salir bien?
A veces me da miedo miraros y sentirme sola. Os tengo, es cierto, ¿pero y vosotras qué? No os tenéis. No os apoyáis. No os miráis. No existís.
Retrocedería mil veces al pasado y cambiaría todo aquello, el rumbo de todo lo que sucedió el día en que se marcó el final.
Nos merecíamos seguir juntas, hasta el final.
Y me sigo negando a creer que cada día que despierte no podré deciros: ' Eh, bratzs, os apetece salir este viernes?' Porque ni Bratzs, ni amigas.
Porque ni motes, ni sonrisas.
Porque quizá nadie tuvo la culpa.
Porque quizá llore con recuerdos.
Porque tal vez os necesite, juntas. Porque quizá os he visto llorar a amabas.
Porque os he querido demasiado como para soportar ésto.

Siempre nos echaré de menos

domingo, 12 de mayo de 2013

Siete.




Hace siete meses estaba sentada y un mar azul, un cielo gris y unos ojos marrones con líneas verdosas a la luz del sol contemplaban mi nerviosismo. 
Me creía incapaz de todo por el simple hecho de tener miedo a vivir, a sentir, a sufrir de nuevo.
Y ahí estabas tú. Directo, sin vacilar, acercándote a mí. Hoy hace siete meses de un beso que lo cambió todo. Que tanto como inició una etapa, también cambió mi rumbo.
¿Quién iba a pensarlo hace un año? ¿Raúl y Noelia? Ningún escritor se habría atrevido a inventar algo así. Ni si quiera yo. Y como si la vida lo hubiera planeado, te plantó frente a mí.
¿Alguna vez habías sentido algo parecido a esa seguridad que nos rodea cuando estamos abrazados? Hacía siglos que nadie me protegía así. De hecho, creo que nadie jamás antes se había tomado la molestia de hacerlo. 
Hoy hace siete meses que diste un paso al frente y te armaste de valor para acercarte a mis labios.
Hace siete meses de un primer te quiero que le cambió la rima a cada verso. Hace siete meses que ni la lluvia pudo frenar ésto. 

Parece mentira que haga más de medio año que comenzó la historia a la que soy incapaz de verle un final. 
Pero y qué. El tiempo es relativo. Solo sé que desde entonces no he podido pensar en otra cosa que en ti y en mí a kilómetros de aquí comiéndonos las calles a besos. A tragos de amor. A tragos de vida. A tragos de ti. De nosotros. 
Y resultó que al final era posible, que Raúl y Noelia no riman, pero son como los versos más bonitos que haya escrito jamás ningún poeta, por muy irregulares que puedan llegar a ser.
No sé cómo lo hiciste. Pero lo hiciste. Pero lo hicimos. Y míranos.
Ya hemos saboreado qué es estar separados. Por eso pienso que tenemos ventaja ante el mundo entero. Sabemos el precio que se paga por perder, sabemos que ganaremos.
Lo único que tienes que hacer es no separarte jamás de mí, a menos dos centímetros por favor.

El resto, puede esperar.











Quererte, 12.

Antes mejores amigos, ahora peores conocidos.

Sentí cómo las ilusiones se desvanecían en un instante casi fugaz. Rompí con todo silencio y me liberé. Grité por dentro. Sentí por fuera. Creí saberlo todo, y en realidad, no tenía ni idea de lo que estaba sucediendo. Siempre he pensado que yo era débil, frágil. Que llorar era exponerme a los demás, al dolor. Pero estaba equivocada. Descubrí que cerrar los puños y seguir caminando hacia adelante era lo que me hacía fuerte. Chillaste que me girara, pero ni si quiera quise mirarte.
Lástima que siempre fuiste mil veces más rápido y me alcanzaste.
- Te vas a ir sin decir nada.- su afirmación hizo que algo dentro de mí girara y decidí mirarle a los ojos.
- Creí que hablabas en serio cuando decías que para ti era como una mejor amiga. Creí que era de verdad. Pero he estado equivocada durante mucho tiempo, Edgar. Al final resultó que no valió de nada el esfuerzo que hice por demostrarles a todos que eras diferente a lo que pensaban. La única engañada fui yo.
- No ha sido fácil.
- ¿El qué no ha sido fácil? Dime, ¿no ha sido fácil alejarte cuando más te necesitaba? ¿no ha sido fácil demostrarles a todos lo equivocada que estaba?, ¿qué es lo que fue fácil? ¿tenerme ahí siempre que lo necesitaste incluso cuando no hablábamos?, dime, ¿eso es lo que no fue fácil?
- No ha sido fácil verte marcharte. 
- ¿Sabes? Hace un par de años te lo habría perdonado todo. Vivía esperando tener señales tuyas de vida, vivía mirándote entrar y salir esas tardes por la puerta del colegio, para verte entrar. Vivía esperando los viernes para verte a lo lejos, con la esperanza de cuando te dirigieras a la fuente, te giraras. Sabía que aunque no habláramos yo no era indiferente para ti. Hace un par de años vivía mirando el móvil, el ordenador, constantemente, por si eras tú. Pero las cosas cambiaron cuando te marchaste. Yo aprendí. Aprendí que las cosas eran menos fáciles, que tú no estabas destinado a estar en mis días. Aprendí a no contarte mis problemas, a morderme los labios para no pedirte ayuda, a abrazarme yo misma en la soledad de mis noches. Hice como que no te necesitaba, cuando en realidad, después de todo, eras ya una parte demasiado importante de mí. Pasaste a ser un hermano, ¿sabes?. Pero te fuiste.
Caminé, él, en silencio, caminó a mi lado. Hasta que me paré y me giré a mirarlo de nuevo. 
- ¿No vas a decir nada?
Su silenció me pateó el estómago. Me mordí de nuevo la lengua para no decir nada. 
- Me has dado miedo. Desde siempre, y siempre me lo darás. ¿Sabes que has sido la única persona que se quedó esperando hasta tarde solo para escuchar mis problemas? Esa que me preguntaba un sábado por la tarde, después de haber estado un viernes de fiesta, que cómo me había ido. Eras la única que me decía, aún queriéndome, con quién podría estar mejor. Aceptaste que otras cuidaran de mí, por el simple hecho de verme feliz. Y has contemplado desde lejos cómo avanzaba mi vida. Te he visto llorar por mí, Noelia. Te he visto mirarme desde la otra punta del patio, decepcionada. 
- Ya no soy esa niña, Edgar. No solo mido diez centímetros más, sino que ha pasado muchísimo desde entonces.
- Nunca me has perdonado por todo lo que hice, es eso, ¿no? De ahí venían las mil discusiones que tuvimos, las tantas veces que nos borramos de redes sociales, de ahí vienen esas miradas, esos silencios si nos cruzábamos por la calle. 
- Te había perdonado, Ed- dije antes de tragar saliva. Estaba siendo muy sincera.- Pero jamás me he perdonado a mí por ello. No he sido capaz de mirarme al espejo y no arrepentirme de todo lo que te he dado siempre y lo poco que he recibido. Es solo eso. Creo que ya no eres uno de esos recuerdos que merecen futuro. 
- ¿Por eso querías verme? ¿Hablar conmigo? ¿Para no solucionar ésto?
- Para decirte que puedo seguir. Para decirte que he continuado caminando. Para aclararte que ya no va a hacer falta que me felicites por compasión, para advertirte que ya no tendrás la obligación de saludarme por la calle si me ves, que ya nada nos ata. Que has salvado tus deudas conmigo. Que ya no nos debemos ni un consejo más. Decidí perdonarte a ti, y solo quería verte una vez más para poder perdonarme a mí. Hace ya unos meses he descubierto quién soy, y qué es eso que no seré jamás. Y necesitaba que esto fuera lo último que te contara. 
- ¿Ha llegado el adiós definitivo? ¿Esta vez no hay marcha atrás?
- Esta vez no te llamaré para decirte que echo de menos a mi mejor amigo.
- ¿Te acuerdas de aquella vez en la que me dijiste que pasara lo que pasara tú estarías conmigo? Entonces eso...
- ¿Y tú aquella en la que me dijiste que jamás dejarías de necesitarme? ¿Aquella en la que prometiste que siempre seríamos mejores amigos? He olvidado esas promesas a la velocidad a la que tú olvidaste las tuyas. Así que jamás me han gustado, pero, sí es una despedida.
Y, ¿sabes qué es lo mejor de todo ésto? Que no me va a doler decirte adiós. 






· Necesitaba escribir sobre ésto. Necesitaba desahogarme. Lo necesitaba. 

















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sábado, 11 de mayo de 2013



El mundo de repente se hizo gigante, y nosotros, espectadores de él, fuimos infinitos.
La noche se perdía en la ciudad, no había luz ni si quiera en los edificios. Y lo único que sentía clavado en mi rostro era el tacto de sus pupilas impactando contra mí. No dijo nada, no hacía falta. Había empezado a hacer frío pero sin saber por qué, me sentía más acogida que nunca.
Nunca antes nadie me había mirado así.
Nunca antes nadie se había quedado conmigo sin protestar.
Nunca antes nadie me había querido de esa forma.
Le abracé con la mirada, como solo alguien que ha sufrido lo suficiente como para apreciar la felicidad podría hacerlo. Se estremeció y me dedicó media sonrisa.
Me abrazó por detrás y contemplamos el agua. Estaba tan tranquila que a penas parecía moverse. Envidié de repente, todo aquello que pudiera contemplarnos, y me habría encantado, por una vez, vernos desde fuera.
Me giré para mirarle de nuevo. Esta vez fui yo quien sonrió.
No nos dijimos que nos queríamos, pero de repente supe que era exactamente lo que estábamos sintiendo los dos. Sincronización de dos corazones que laten al mismo compás.

jueves, 9 de mayo de 2013




La magia que desprendes con tus ojos. O esa habilidad que tienes de hacerme soñar. La manera en la que parpadeas, como alejando de ti al mundo entero. A todos, menos a mí. A mí siempre me refugias en tus brazos. Esa capacidad de hacer que sonría, de soltar tonterías, de quererme. Esa manera de cogerme la mano, o de acariciarme la cara al besarnos. La manera de alzar la voz al decir mi nombre, a pronunciar todas esas palabras que suenan a música cuando las dices tú. 
La manera que tienes de desprenderte de todo lo que te hace daño, o la cara que pones al hacerte el duro y fingir que hay cosas que no te duelen cuando sé que sí lo hacen.
Te he estado mirando tantas veces que me sé de memoria todas tus sonrisas. Depende de la manera en que hables o sonrías sé cómo te puedes llegar a sentir.
Es tan increíble el hecho de recorrerme el mundo de tu mano que estoy segura de que jamás querré dejar de hacerlo. Eres la primera persona a la que le dejo entrar de verdad aquí, al que le abro las puertas de mi vida de par en par sin miedo a que puedas irte y dejarme sola.
Contigo no me da miedo nada.
Y eso es la mayor prueba que puedo darte.
Que siempre estaré ahí. Para celebrar contigo tus logros y abrazarte en tus fracasos.
Yo no tengo planeado irme nunca.
Y no me hace falta prometerte nada, sabes que me quedaré contigo. 











Eres lo más cerca que he estado nunca del cielo.

Pequeña aventura.

Bueno, supuestamente estarás leyendo esto después de un largo día en Port Aventura. Y si lo estas leyendo antes no mola. Aquí va mi entrada sorpresa en tu blog, algo que quería hacer durante mucho tiempo. Des de que me confiaste en ver este blog, no he dejado de verlo, de leerlo día tras día  Por eso, que ahora yo este escribiéndote esto, supone algo importante en la confianza, algo que no voy a desperdiciar. Ayer empezó nuestra mini aventura de 4 días  3 para ser exactos, ja que el domingo 12 de mayo no estarás. No importa la verdad, creo que para mí, todos los días son 12, es decir, perfectos si son contigo. Aun que sea en el colegio, en casa o parque. No sabes lo que me alegro cada noche de haber roto ese muro imaginario que me impedía besar esos labios que saben a gloria. Creo que tu sonrisa, tu mirada, tenerte cerca hizo que lo rompiera, eres como Hércules que se cuela en el corazón de la gente y pone las cosas en su lugar. No se, es que eres la Noelia sabes? (me subraya tu nombre como diciendo que esta mal escrito :( ) Eres aquella chica que nunca hubiera apostado para que tuvieses una relación conmigo. Es lógico no? Pero si esto a sucedido es por algo, por eso a lo que tu le llamas destino. Y no nos queda cosas por vivir, tu y yo, en muchas sitios del planeta Tierra, de día  de noche en una playa observando estrellas fugaces en la oscuridad, una Venecia que necesita una excepción de una pareja loca y un amor diferente a los otros, algo no común. 

Estoy tan bien contigo, me siento genial, recibo el cariño de alguien que me quiere de verdad y como nadie antes había echo. Significa mucho para mi sabes? Si esto acaba algún día, no me podre quejar de algo tan maravilloso. Suena muy posesivo, pero te quiero tener a mi lado mucho tiempo, eres una adrenalina, hablando exageradamente, para mi, para que yo pueda ser feliz. Bueno, ja te digo que no sera la ultima vez que te escriba algo aquí, pero tiene que ser durante mucho tiempo en tiempo. Ademas, seguro que hace un minuto que has empezado a leer esto y ya estas leyendo por aquí. Muchas cosas que decirte cariño, pero eso lo haré mañana con un beso, viendo un gran espectáculo como es los petardos, abrazos en la playa.  

TE QUIERO.

12/26 - 10/03 - 12/13







miércoles, 8 de mayo de 2013


El límite está en el cielo.
Tú decides si cruzas la línea que separa lo efímero de lo eterno. 
Lo mejor está aún por llegar.

















martes, 7 de mayo de 2013

No tienen ni idea.



Me he pasado la vida cosiendo alas para echar a volar cualquier día de estos.
Muchos apuestan a que jamás podré publicar un solo libro, a que jamás podré subir a un escenario y dejar fluir mi voz entre un millón de personas.
Pocos fueron los que me dieron calor en esos fríos sueños.
Me he pasado toda mi vida creyendo que jamás seré lo suficientemente buena en algo, me he pasado la vida creyendo que jamás alcanzaría lo que más ansío. Me he pasado toda mi vida cerrándome yo las puertas, sin si quiera darle oportunidad a la vida de ponerme obstáculos.
Pero se acabó. 
¿Recuerdas todo aquel que me llamaba gorda en primaria? ¿Aquel que me hería con comentarios absurdos? ¿Aquella que un día me dijo que nadie podría quererme? ¿Que jamás sería lo suficientemente buena para alguien? ¿Recuerdas aquel que rió de mi voz? ¿Aquel que comentó por lo bajini al leer redacciones en primaria? 
Ya no soy esa rubia tímida, de metro sesenta, regordeta, vestida con falda escocesa, en medio de un montón de gente, en el patio de un colegio de monjas, que bajaba la cabeza cuando no quería mostrar su tristeza, su impotencia, a los demás. Aquella que perdía la dignidad cada vez que le hablaba al chico guapo de clase y éste solo le contestaba por interés.
Yo ya no soy la chica que vestía con mallot y se sentía una foca al ver que las demás chicas bailaban y parecían princesas. Ya no soy la chica que siempre tenía el número de pies más grande. Ni la más alta de toda la clase.
Esa Noelia solo me sirvió para fortalecerme.
Es por eso que no puedo quedarme callada ahora, que siento de nuevo, como, por otras razones, las balas vuelven a rozar mi cuerpo. No puedo quedarme en silencio, sufriendo la humillación que aún saboreo, de aquellos días en los que la timidez y el miedo me encarcelaron.
No sé sobrevivir sin hacerme la fuerte, porque necesito creer que lucharé contra viento y marea, con todo lo que pueda venir hacia mí. 
Es por eso que no soporto que ellas ahora intenten creerse mejores. No tienen ni idea de quién soy, conocen lo que ven ahora, pero no saben que lloraba por las noches cuando medía metro cuarenta y pesaba más de cincuenta kilos, eso no lo saben. No saben que no me ponía tirantes por miedo a que alguien notara que me sobraban algunos kilos. No saben que me dio miedo lo que pudiera pensar de mí el primer chico que me besó, y el segundo, y el tercero. No saben la inseguridad que cargo sobre mis espaldas, porque ellas no estuvieron ahí cuando le rogaba, llorando, tras una tarde de compras, a mi madre, que me dejase hacer dieta. No saben lo que es haber crecido en mi piel.
Entonces no pueden entender lo que siento, no saben comprender que sus comentarios, sus risas, remueven ese pasado que intento encerrar bajo llave en un cajón casi invisible. 
Claro que no le explico esto a nadie, claro que no sé qué hacer cuando me siento sin fuerzas delante de ésto. ¿Ser fuerte? Ser fuerte es mi debilidad.
Las chicas fuertes son las que lloran y después se tragan sus lágrimas.
Yo escupo palabras.

No tienen ni idea de lo que es haber superado obstáculos imperceptibles para los demás.
No tienen ni idea del precio que se tiene que pagar por hacerse un hueco en la sociedad.
No tienen ni idea del esfuerzo que supone ser la chica de los Notables.
No tienen ni idea de lo mucho que me ha costado salir ilesa de mi pasado.
No tienen ni idea, y por eso hablan. 

lunes, 6 de mayo de 2013

Y que lo efímero dure para siempre



No sé si alguna vez habéis tenido la sensación de que el mundo se os hace pequeño.
De que, de repente, por alguna razón desconocida, os abrís paso entre la gente, y os hacéis gigantes. No sé si alguna vez habéis sentido un corazón, latiendo desenfrenado, haciéndose pasar por vuestro, en el pecho. No sé si habéis sentido alguna vez que no queréis que el tiempo avance, no sé si habéis tenido la sensación de estar rozando con la yema de vuestros dedos la perfección de un instante perfecto. No sé si habéis conocido a alguien que os ha hecho romper todas esas normas que teníais establecidas, convirtiéndoos incluso en mejores personas.No sé si os han acariciado y se os han encharcado los ojos, quizá de felicidad, o miedo a que esa magia se acabe. 
No sé si habéis sonreído tras una pantalla, o si habéis temblado bajo un primer beso.
Lo único que sé es que me ha salvado, en todos los sentidos en los que puedes salvar a una persona. Que cogió todos esos pedazos de corazón que había en el suelo y se entretuvo a reconstruirlo a la perfección, y cuando vio que el resultado no le gustaba, que todavía quedaba demasiado roto, puso en mi pecho otro corazón, uno mejor. Uno en el que estaba escrito su nombre. Él me ha querido en todos los sentidos en los que puedes querer a alguien, y me ha intentado proteger hasta de si mismo. Me ha rozado con la delicadeza con la que rozarías un papel por miedo a que se rasgara. Y sus labios me han regalado la seguridad que a mí siempre me ha faltado. 
Yo no sé si el amor es algo que se pueda comprar, no lo sé. Ni si quiera sé si muchos de los que leáis esto podáis creer en él. Lo único que sé es que si tuviera que definir la palabra amor, lo más probable es que hoy utilizara su nombre. O podría poner en vuestros labios el sabor de su niñez, en vuestros oídos el sonido atropellado de su risa, en vuestras manos, el roce  de su espalda.
Y aun así quizá no lo entenderíais.
Porque no es él quien os da las buenas noches cada día, y os llama 'mi niña' y se os cae el mundo al suelo. Porque 'pequeña' dicho de sus labios, suena demasiado grande. Y el tiempo pasa rápido si sus brazos te rodean. 
No sé quizá yo no entienda de magia, ni sobre filosofía, ni sobre la vida. Pero hay algo que sí entiendo: y es que a su lado los días solo pueden ser buenos.











Que lo efímero dure para siempre.



domingo, 5 de mayo de 2013

Ella.

Estaba cayendo a trescientos kilómetros por hora y no me importaba.
Volaba lejos de allí, ya. Y yo caía precipitadamente al mar.
Dicen que cuando estás a punto de morir ves tu vida pasar como una película, pero resulta que  también es mentira. ¿Sabéis en qué coño pensaba yo cuando notaba que cada vez tenía más cerca ese mar infinito, helado, azul acechando, amenazando con impactar en mí como mil cuchillos punzantes?
Pensé en sus ojos. Pensé en lo bien que me habría hecho una sonrisa suya entonces.
Pensé en ella. La recordé desnuda, abrazada a mí. Colgada de mis hombros, colgada de mi vida.
Caí en la cuenta de que estaba a punto de morir y aunque ella no pudiera salvarme de la muerte, sí lo hizo de la vida. Llegó a mi vida cuando en mi cabeza guardaba dudas, miedos, y preguntas sin respuestas. Intenté buscarle sentido a aquello que me sucedía cuando la tenía cerca, e incluso me alejé de ella para hacerla desaparecer. No sirvió absolutamente para nada. Ella volvía a mi cabeza todas las noches. Hasta que un día dejé de tener miedo. Nunca antes alguien me había secado las lágrimas como lo hacía ella. Y cuando estaba conmigo, solo pensaba en que sería siempre así, fácil.
Después ella tuvo que marcharse. Decían que la muerte es solo eso, muerte. Pero cuando ella partió yo vi a la muerte como algo oscuro que me había quitado la razón de ser.
Y ahora volvía a tener esa oscuridad cara a cara.
Pero solo pensé en sus ojos.
'' ¿Sabes qué, Iván? La vida es fácil, en serio. No me mires así, no estoy loca. La vida es fácil. Los difíciles somos nosotros, que jugamos a complicarla siempre. Ven, mira, voy a enseñarte una cosa. ¿Conoces el parque de las tres cuerdas? Hay unos toboganes gigantes. Te voy a enseñar qué es disfrutar de la vida.'' 
Mi sonrisa crecía por momentos al recordarla, pero estaba tan cerca del agua que pude sentir el mar salado rozando mis sentidos.
Después solo impacté.
Mil cuchillos en mi piel.
Escalofríos.
Y después, un silencio mudo, infinito.
Tenía la sensación de que habían tapado mis oídos.
Solo sentía el latido de mi corazón,acelerado, cada vez, acompasándose más.
Y de repente, vi una sombra, y entre el agua, ella apareció.
Iba vestida como la última vez que la había visto, y sonreía. 
Quise llorar. No me salían las lágrimas, el agua presionaba contra mí. Quise acariciarla, pero por mucho que insistía no pude mover los brazos. Ella extendió los suyos hacia mí, y volví a recordarla: 
'' Bah, ellos no saben qué inventarse. No te preocupes, te dirán que no puedes hacerlo, pero te apoyaré en todas tus locuras. ¿Recuerdas cuando te prometí que iba a apoyarte siempre? Hablaba en serio. No tengo planeado irme nunca.''
Cerré los ojos.
Fue un instante.
Al volver a abrirlos, sentí arena en mi pelo.
Estaba respirando.
Estaba fuera del agua.
Seguía vivo, pero el recuerdo de ella había desaparecido.
Ella ya no estaba.
Entonces entendí que en realidad había muerto. 

sábado, 4 de mayo de 2013

Someday.

Paseé mi mirada por tus ojos. Parecías infinito, entre tanta espera. Nuestras narices chocaron por una milésima de segundo, suficiente para arrancarte una sonrisa.
Jamás te lo dije, pero esa sonrisa era la octava maravilla del mundo.
- Eres feliz- ya no lo dijiste en forma de pregunta, ahora lo afirmabas.
Asentí con la cabeza, y temblorosa, sonreí. Tu mirada a tan poca distancia conseguía ponerme nerviosa.
-Hacía mucho tiempo que las cosas no me parecían fáciles.
-¿Ahora te lo parecen?
- Ahora lo son. 
Las luces de Venecia se reflejaban en tus ojos. Ni si quiera tuve tiempo, ganas, de mirar el paisaje. Solo podía clavar mis ojos en ti.
- Te quiero- dije. Y lo estaba sintiendo tanto que quise llorar. Y me latía tan fuerte el corazón que sentí que en cualquier momento podía salir de mí.- Has hecho de mis sueños también algo tuyo. Nunca nadie había hecho cualquier cosa por verme feliz.  Eres diferente a todo lo que había conocido, ¿sabes?. Estemos a los kilómetros que estemos de allí donde nos conocimos, sé que siempre voy a sentir lo mismo. No existirá el día en que te mire a los ojos sin sentir que eres lo más bonito que me ha pasado.
Tomaste aire. Me acercaste a ti, tomándome por la cintura. Nos besamos tan lentamente que sentí cómo todos los relojes de nuestro al rededor dejaban de avanzar. Las risas de unos niños italianos que se colaban por la ventana de la habitación habían cesado. Parecíamos habernos quedado solos en el mundo. Apartaste ligeramente las sábanas para llegar hasta mí.
- Te quiero- dijiste cerrando los ojos para después abrirlos y dejarlos posados en mi rostro. Acariciaste mis mejillas delicadamente.- Y sería difícil que eso cambiara algún día. 
Miré hacia el ventanal. Las luces no habían dejado de alumbrar la ciudad. Mil enamorados paseaban de la mano, y yo tenía la certeza de que no me habría cambiado por ninguno de ellos. Quería estar exactamente donde estaba, exactamente con quien estaba, como estaba. Y quería que eso durara para siempre. 
- Gracias- susurré casi para mis adentros.
Tú no contestaste, solo apretaste tu cuerpo más a mí. No había sentido nunca algo que pudiera parecerse a ello, nunca. Me estremecí y me giré a contemplarte. Supe que me habría dado igual no viajar jamás a Venecia, que el hecho de que estuvieras abrazándome  ya llenaba en mi vida el hueco que necesitaba llenar. Supe que eras tú, que serías tú, porque no había otra forma. No podía ser de otra manera. Nos hicimos infinitos aquella noche, y nos quedamos atrapados en el recuerdo de Venecia para siempre.

jueves, 2 de mayo de 2013

Podía caerse el mundo en mil pedazos, que me daba absolutamente igual. Me sostenía en sus brazos. Sonrió como si el universo dependiera de ello. Me tembló el corazón. Quise gritarle a todos  que lo que estaba sintiendo era de verdad. Pero ya lo decían mis ojos. 
- Estoy aquí, ya he llegado. Estás a salvo. No va a pasarte nada.
Cerré los ojos porque no veía con nitidez. Su voz me calmó. Apoyé mi cabeza en su pecho y escuché, acompasados, los latidos de su corazón.
- Me has salvado la vida- susurré casi sin fuerzas.
- No, tú has salvado la mía.
Ya no escuché los ruidos de los coches, ni las ambulancias. Ni si quiera a esos niños llorando, tras las vallas. Me concentré en escuchar su respiración y aferrarme a su cuerpo como si no existiera el mañana. Me acarició el pelo y de repente recordé todo lo que había pasado. El incendio, él, tirado en el suelo. Yo, tan cobarde, tomando valor de no sé dónde, nutriéndome de fuerzas para sostenerle y arrastrarle. Yo desplomándome en el suelo.
Sonreí con tristeza.
- ¿Estás bien?- dije casi para mí misma.
- Nunca he estado mejor.
Tenía los ojos aún cerrados, pero supe que había sonreído. 

miércoles, 1 de mayo de 2013


Cuando estaba jodido, solo necesitaba que ella viniera con su sonrisa de porcelana y me dijese que todo saldría bien. Podía haber tenido un día de mierda, estar agotado o cansado del mundo entero. Podía estar sin esperanzas, tirado en el suelo y con un par de cervezas en mano. Que si ella venía, volvían a tener luz los días. Que me sacaba del agujero donde estuviera, que me cogía la mano y me hacía el más fuerte, el más valiente. Ella, tan débil, me daba el coraje que necesitaba. Y ya podía estar al borde del precipicio, que cuando ella me gritaba 'No saltes, aquí estoy', yo jamás saltaba.

abrumador

Quizá pueda sonar raro, pero cuanto más cerca estoy de ser aquello que he deseado ser desde que mi uso de razón se coló en esta habitaci...