Te vas, ángel.

Vuelas alto, ángel.
Y te miro marcharte, conteniendo las lágrimas.
Tenías nombre propio y creías que nadie te estaba mirando.
Yo te veía, ángel.
A veces te tocaba, como alzando las manos y rozaba tus sueños.
Y tú a veces me mirabas, ángel.
Para después irte.
Te has llevado sueños, días, luces.
Te lo has llevado todo, ángel.
Y aunque te empeñes en negarlo
sé dónde estoy, dónde estás,
qué es de nosotras y qué será. 
¿Qué esperas de mí, ángel?
Te lo daba todo sin que nada importase.
¿Mentiras? Contigo jamás. 
Pero me rasgaste las alas,
y no me dejaste volar.
Ángel, siempre te vas.
Y me siento en la noche, y me siento en el día
y me siento en la soledad.
Y es que tú no estás, ángel.
Porque vuelas alto y te esfumas. 
Déjame herida, el tiempo sanará mis días.
Adiós, ángel.
Adiós hasta que vuelvas.
Hasta que el tiempo te traiga.
Hasta que baje la marea.
Hasta que la lluvia pare.
Hasta que de nuevo amanezca.
Pero no te pierdas, ángel.
Y vuelve si un día frío me echas de menos.
Estaré donde siempre, ángel.
Donde los sueños son infinitos,
donde no se sienten las penas.






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