sábado, 30 de enero de 2016

A veces me preguntas que por qué intento salvarles a todos
yo te respondo que soy así
y en realidad es mentira.
Nadie es bueno sin un fin,
aunque el fin sea optimista.
Querías la respuesta,
aquí al tienes:
Me he pasado la vida dando
el cariño que quiero que me den
porque pensaba que dándolo
alguien se acercaría a mí
a devolver todas las caricias
pronunciadas
en un otoño gris
que jamás tuve.
Creía de veras que
algún día
quizá alguien como tú
tan príncipe
disfrazado de verdad
me invitaría a una cerveza
y un buen despertar,
como los de antes
con amanecer de fondo y canción de amor incluida.
Creía que eras la recompensa,
y aún lo creo
aunque siempre creas que eres insuficiente para mí.
Como si yo fuera reina en un palacio que no existe
fuera de ti
y de mí
de nuestros ojos tristes bañados de abril.
Me he vuelto importante para ti
y tu pasado sigue dándote miedo,
crees que está a tu espalda
que sobre mí caerá el peso de un recuerdo
que poco tiene que ver conmigo.
Crees que te derrumbaré
pero yo no soy ella
no te voy a quitar la vida que un día te di.


Ojalá me hubieras escuchado
el día que te dije que
siempre, bajo cualquier concepto
lucharía por ti.


A veces se te olvida, quizá durante un rato,
que el amor que guardo aquí
es parecido al de verdad
pero con más vida
que cualquiera que pueda existir.


Se te olvida que me partí la cara por ti
cuando nadie más lo hacía
y que después de todo 
aún
estoy
aquí.





Y que sea para siempre
solo depende de ti.

martes, 26 de enero de 2016

20.

Esta vez son veinte.
Equivalentes a los 20 besos que no di,
las mismas 20 veces que no hablé,
20 minutos que perdí esperando el tren,
las 20 veces que pequé
las 20 gotas que derramé multiplicadas por mil.
Sólo son 20 espejismos que me hablaron de todo lo que ya no seré,
20 promesas que se dejaron en mi porvenir
20 cosas que no haré por nadie más que no sea por mí.
Las 20 veces que el último príncipe disfrazado me rompió el corazón
20 frases que me regaló para romper
con esos dos años que pasé junto a él y que parecían 20.
20 razones por las que volví a creer,
en ese cielo gris llamado amor
que ahora tiñe sus ojos de azul
cielo.
Ya nunca más tendré menos de dos décadas
ya nunca más me convertiré en satélite
ya jamás volveré a perseguir 20 caminos
siempre sumaré a más.
Esta vez son veinte.
Las veces que debí partir,
las 20 veces que me partí la cara por proteger a la que se autodenominó mejor amiga
y resultó ser la peor de las enemigas.
Las 20 mentiras que la misma me contó,
las 20 veces que dijo que me amaba, porque solo fueron 20, en cinco años
las 20 razones que le di para alejarme.
20 los amigos que se autoinvitaron a mi vida y después
sin despedirse
huyeron por la parte de atrás.
Las 20 razones por las que empecé a amarle
las 20 veces que me arrepentí.
Mis 20 desastres.
Las 20 propuestas de huir,
20 fueron las veces en las que decidí partir
y también 20 multiplicadas por 1000 las que le dije
''Oye llévame fuera de aquí''
20.
Son 20.
20 sueños, ahora.
20 aspiraciones
20 problemas que aún no sé resolver.




Mañana tendré 20 años
y aún no sé
si estoy orgullosa
de todo lo que he sido
hasta hoy.




sábado, 23 de enero de 2016

Retales.





Entonces me sumerjo y aprieto mis manos contra mi barriga. Más fuerte. Me falta el aire, pero no quiero salir. La superficie sigue fría, mi sangre arde bajo el infinito agua que rodea mi cuerpo. Salto, salto, salto, los pies chocan con la arena, el fondo parece solo un principio roto, de repente me asfixio, y me abrazo a mí misma, miro hacia arriba y el sol se deja ver entre la marea. Subo, de repente subo, muevo los brazos, rápido, más rápido, nado. Estoy llegando, estoy llegando, cada vez queda menos, cada vez es más pesado el agua que me impide el paso. Y llego. Llego y lo primero que respira es mi corazón, que retrocede un poco; ya había empezado a acelerarse desenfrenadamente. Respiro y siento que vuelvo a nacer. El agua ya no está fría, mi horizonte, de repente, cae vertical sobre mis ojos y una sonrisa se me dibuja en el rostro. Estoy sola y desnuda en medio de un mar infinito.
Soledad.
Aquí solo quedo yo.
 Y yo.

Temor, el sol cae, la noche acecha, mi piel se eriza, me ruborizo ante la idea de que alguien desde cualquier parte del mundo puede estar mirándome.
Entonces él llega, la toalla le resbala entre las manos, y cae torpe justo en el borde del lago. Casi suelto una carcajada y él me mira asustado. Se pregunta por qué le quiero y yo aún no sé explicarle las razones por las que no debería hacerlo. Me acerca la toalla y me envuelve. Es casi mágico el parpadeo de sus ojos, que se inclinan para contemplar mi desnudez. La luna asoma, le hace un reflejo casi gracioso en el azul intenso de su mirada, casi muero al instante. El reflejo de mi cara se ve angelical, soy tan indefensa cuando me sujeta su vida, soy tan débil cuando me acerco a su fortaleza.
Tira el muro,
me mira,
se ríe
sé que piensa que está siendo la noche más bonita del mundo
aunque tres grados acaricien nuestro invierno
y el frío nos cale la piel.




- Te quiero.
Es solo un segundo, pero juro que es el mejor momento de la noche.
Cuando él vestido parece estar más desnudo que yo
y el mundo opta por fugarse al olvido infinito.



Solo estamos los dos y parece suficiente.


Miedo del amor que he agarrado con fuerzas.
Ahora solo él tiene el poder de destruirme.




Y mi sorpresa es que creo que
nunca
lo hará.









Sonrisa gélida.
La derriten sus manos
que  acaban de empezar
a navegar
por mis caderas.


Si de verdad existe el cielo
debe parecerse a esto
que él llama libertad
y que yo llamo amor.







martes, 19 de enero de 2016


Me han partido las alas tantas veces que ya no las necesito para volar.

Y qué suerte que sigas llevando mi rumbo.

domingo, 17 de enero de 2016

Te miro y desnudo eres digno de permanecer inmóvil para siempre, posando, contra mi pecho, que sube y baja manteniendo la respiración cuando te mira. Te acercas con el pecado entre los dientes, te arrastro hasta mi hogar. Aquí eres tú mismo. Aquí soy yo misma y las sábanas cubren todos los silencios. De repente ya no me das miedo, no existe un pasado al que anclarse, solo del que aprender. No me pones las cosas fáciles pero sí haces que supere cualquier cosa que llegue después, y eso me encanta. Mira qué garganta, ahí pienso dejar huella. Y ahí, ahí, ahí y ahí.
No sé dónde te habías escondido antes de encontrarme, pero sin duda has tardado diecinueve inviernos en volver. Estabas guapo en nuestra anterior vida, y sé que esta no va a ser la última vez que te vea,  volverás mil vidas después.
Aquí somos ángeles inmortales.

Aquí somos eternos
así que
por esta noche,
si me lo permites
no seré efímera
seré tuya
seré mía
seré nuestro
aquí
ahora
y después.

martes, 12 de enero de 2016

Dolor en el tórax. Punzada aguda en el estómago. Miedo. ¿Y si vuelven a romperme? ¿Y si vuelvo a ser cobarde? ¿Qué pasará si le doy a alguien más el poder de destruirme? ¿Qué pasará si esta vez no salgo entera? Una vez estuve al borde de perderme a mí misma. Una vez casi muero en el intento de volver a ser quien era. Me da miedo volver a morir.
Te tengo miedo, te he dado el poder de acabar conmigo. Me da miedo que algún día acabes conmigo.
Porque podrías hacerlo.
Dolor en la espalda. Salen mis alas.
A veces susurran que vuele.
No quiero, no quiero estar sola. No quiero estar sin ti. Llevo demasiado tiempo esperando a que alguien como tú se volviera loco por mí.
Tú no vas a matarme.
Tú no vas a acabar conmigo.
Tú no puedes romper tu tejado, no vas a acabar conmigo, porque al tratar de acabar conmigo terminarías contigo también.
Esta no es como las batallas que hemos tenido en nuestras vidas, no, esta vez la batalla no es contra nosotros, es contra el mundo.
Esta vez no estoy herida, ahora puedo protegerte.

Yo puedo salvarte
¿Me salvarás tú también?

domingo, 10 de enero de 2016

Todo lo que deberíamos haber dicho después del silencio.

Sé que estarás decepcionado, que me culparás del desastre, que estarás creyendo que esto no es real. Sé que te he defraudado, quizá, porque es más difícil la situación de lo que creíamos.
No elegimos esto. No elegí quererle, no eligió enamorarse, no escogimos arriesgarnos a perderlo todo; a perder mucho.
Tenía que explicártelo él, es el que debía dar la cara esta vez, porque os une algo más grande que los retales que han quedado de nosotros.
Sé que no es lo mejor que podría haber pasado, y a diferencia de lo que piensas, no es el karma, el destino, o un Dios equilibrista el que está dándote esto. Lo pasaste mal, lo sé. Pero recuerda siempre que yo pasé por esto primero. No es un reproche, ni mucho menos, no es una ley contra ti, no es un suspiro, no es un desprecio.
Pero antes de abarcar odio, resignación o molestia mírame a los ojos y dime qué ves. Dime si recuerdas aquel día en el que me dijiste que siguiera con mi vida, en el que te supliqué que no te fueras, en el que tomaste la decisión de que cada uno siguiera un camino distinto.Te dije que si me dejabas ir sería la última vez que lo hicieras. Te dije que no iba a haber una tercera oportunidad para nosotros. Que yo ya no sabría creerte cuando volvieras. Y así fue.
Hay miles de chicos en el mundo, y miles de chicas, claro, pero...Recuerda lo que sentías por mí antes de todo y dime, ¿Se puede evitar querer a alguien cuando es su esencia la que te ha cautivado? ¿Se puede luchar contra un sentimiento que te golpea en e pecho y te roza el estómago? ¿Se puede controlar el amor? ¿La pasión? Sentir que por primera vez en mucho tiempo alguien te escucha, te cuida, te acompaña, ríe y ríe, sentir que vuelves a nacer. Que esta vez ya no hay dolor. Claro, claro que tenía derecho a enamorarme de quien quisiera. Y él también. ¿A caso no era libre de colgarse en mi risa? Él no eligió esto. Es más, estuvo batallando contra mí, contra el sentimiento que nacía en él. 
Supongo que no es lo más fácil. Supongo tu dolor. Pero, ¿A caso es que ya nadie recuerda cómo me quedé cuando te marchaste? ¿Nadie se acuerda ya de esas tardes en las que no podía quedarme en casa porque me echaba a temblar? No comía, no vivía, no hacía nada. Solo me despertaba y como si de una persona sin alma se tratara, jugaba a vivir un día a día que había dejado de ser mío. Pasé por mis peores versiones, versiones que espero que jamás nunca vuelvan a surgir. Me equivoqué. Me equivoqué mucho. Te eché de menos, a rabiar. Y Yno pude hacer nada. Todos me decían que continuara, que siguiera. Y eso hice. A duras penas conseguía moverme y sin darme cuenta, él volvió a mi vida. Fue un soplo de aire fresco recuperarle después de tanto tiempo, después de perder a tantos amigos. Ya sabes que mi historial de amistades no es muy digno. No supe que le quería hasta meses después de volver a tenerle en mi vida. Al principio creí que eran cosas mías, que la confusión, el tiempo y la nostalgia habían actuado en mi contra. Evité a toda costa enamorarme de él. No quería que nadie saliera herido. Pero fue inevitable empezar a sentir que el mundo volvía a cobrar sentido. 
No te haces una idea de lo que te quise, fuiste uno de los hombres más importantes que habrá cruzado por mi vida.Pero ahora es historia, tú mismo lo dijiste, tú mismo me empujaste a seguir, tú dijiste que nuestro hogar ya no era el mismo. Que dudabas, que no sabías si lo que yo sentía por ti era lo mismo que albergabas en tu corazón. Sufrí mucho tu ausencia. Pasaron tantas cosas que ya no pude contarte...
Pero no lo elegí, al igual que esto. No han sido mis decisiones las que me han llevado hasta aquí. Ha sido la vida, que me he dado la oportunidad de volver a ser la chica que era antes del dolor.
Él me salvó cuando ya no creía en nada. Cogió los cristales rotos y arañándose las manos los lanzó lejos. Me rescató cuando la peor versión de mí había empezado a quedarse, echó lejos todos los males.
Tuviste mil oportunidades antes de que me fuera, pasaron muchos meses hasta que me reconstruí. Pero no volviste.
Y siento que esto haya pasado así, jamás quise, ni quisimos, herirte.
Cuando te perdí creí que me había sumido en una oscuridad de la que jamás iba a salir y llegó él para recordarme que valía más que el dolor que había empezado a guardar en mí.
Ya firmaste mi sentencia, dijiste que volverías y no lo has hecho, dijiste tú que querías que siempre fuéramos amigos y ni siquiera te preguntaste cómo estaba. Me hundí en tus ojos y no hiciste nada para rescatarme.


Eso fue todo.
No ha sido un camino fácil, ni reconocerlo, ni asumirlo, ni sentirlo, ni esperarlo. Pero me he enamorado de él, como se enamora la niña que vive en mí de la lluvia, con la inocencia en los ojos.  Y esta vez con la realidad en los bolsillos.
Si algo aprendí de nosotros eso fue a luchar hasta el final. Te lo di todo hasta que no quisiste más. Y esa es mi forma de amar.
Esta vez no va a ser distinto. Lucharé hasta que el corazón deje de latirme. Porque es la única forma que conozco de dar lo mejor de mí: Dando lo bueno y lo malo.

Él me desafía, me reta, lo cuestiona todo. Se sumerge en mí y me cambia, me tienta, me espera, me evade. Nunca es fácil, no lo hace fácil, pero lo hace verdadero. Y esa es la razón por la que acabé enamorándome de aquel ángel con gorra. Porque me tuvo entre las manos y en ningún segundo me soltó, incluso cuando se quemó la piel. Fue bonito encontrar que alguien amaba del mismo modo que yo.




Asumo que no volverás,
así que espero que no le dejes marchar. Él vale tanto como en el fondo sabes que vale. Si de verdad le quieres, si de verdad es tu amigo, si de verdad alguna vez estuviste enamorado de mí, sabrás curar las heridas del ayer y apoyar que cuando algo es totalmente verdadero se vuelve incomprensiblemente inevitable.





viernes, 8 de enero de 2016

Y él me mira serio y dice: ''No soy bueno para ti''.


No lo entiende.
No comprende que no tiene que ser bueno
que me conformo con que sea el mejor. 

jueves, 7 de enero de 2016

Sin alas.

Mira distante y suspira. Retuerce el papel entre los dedos, sonríe, le ha hecho gracia lo que Marc ha dicho. Vuelve a bajar la mirada. Ni siquiera se ha dado cuenta de que no he dejado de mirarla en todo el rato. Está guapa con el jersey blanco, pero no se lo digo. Antes me ha mirado, ha sido un segundo, casi coinciden nuestras pupilas, casi intuye lo evidente: Que me estoy volviendo loco, que no sé dónde meterme ya para que mis ojos se callen.
Pronuncia mi nombre, con delicadeza, como el que tiene entre los labios el mejor secreto guardado del mundo. Y yo agacho la cabeza, buscándome a mí mismo, sin encontrar el sitio en el que he dejado los rotos. Nerea siempre hace eso, encontrar mis rotos. Una punzada en el pecho. Casi sonreímos, de hecho, a ella se le escapa. Y yo, tonto, la imito. Como si de un espejo se tratara, sus gestos se vuelven iguales a los míos, y nuestros brazos chocan sin querer, entre las bromas que esconden más verdad de la que los demás imaginan.
Nadie sabe nada pero mi corazón está apunto de arder. Y Troya es solo un quemazón a su lado. 
Me dice que estoy guapo, casi al oído, para que nadie la escuche, y a mí me tiemblan las piernas al notar su mano rozándome el muslo. No sé cómo había podido vivir sin esto antes. Me abofetea el viento en la cara y mi bufanda sale volando. Con una risa casi malvada, traviesa, corre a buscarla. Y ríe de nuevo, más alto, cada vez más alto, estalla en carcajadas hasta que consigue cogerla. Y entonces me mira, victoriosa, y alza el brazo: <<¡¡La tengo!!,¡¡La tengo!!>>, es casi angelical la manera en la que se mueve hacia mí. Y sonríe, estirando el brazo, para que coja la bufanda. Vuelve a reír, y esta vez lo hago con ella; y la miro de pies a cabeza, el pecho le tiembla y se balancea mientras la risa se le escapa de los labios. Pienso en lo difícil que es todo cuando tenerla cerca se convierte en culparme por querer tenerla aún más cerca.
Dice que vayamos a tomar algo, y yo asiento, le doy la razón casi al instante, supongo que porque eso supone unos minutos más viéndola. Todos se animan, por qué no iban a hacerlo, ella les guía. 
Pide unas bravas y hasta el camarero la mira, como si de una estrella se tratara. Y todos ríen, hablan de cualquier película, mientras ella actualiza su Instagram. A penas he tardado dos segundos en darme cuenta de que tiene frío, se le ha erizado la piel, y aprovecho para acercarme. Le digo que si tiene frío puedo dejarle mi abrigo y se niega, pero como buen caballero cabezota le obligo a ponérselo. Lo agradece con templanza y me guiña un ojo. Lo que daría yo por tirarme desde esas pestañas hasta el vacío de su ombligo, pienso. Parece adivinarme pues me mira fijamente, como pidiéndome algo más. Y un beso se me cruza en la mente, beso que no llega, claro que no, aún están los demás.
Por la calle las luces de Navidad la miran, la envidian. Resuenan sus botines, los tacones la alzan y camina entre la gente por la acera. Algún chico se gira a mirarla, deseando ser dueños por instantes de las caderas que huyen en dirección contraria a mis heridas. Me mira sospechando, sabe que algo guardo en mi cabeza, y ahora es ella quien se acerca.
Me dice que si la acompaño a fugarse, a perderse en el infinito de la noche, a guardarse del miedo y el futuro, que si quiero ser siempre con ella joven. Dice que tiene la fórmula de la verdad, que solo quien ríe alto puede tenerla. Me mira y sé que piensa que le diré que sí, que emprendería cualquier viaje que me llevara hasta su piel, que he estado esperando durante años y ahora la he conocido, que es todo lo que no pensaba que podía tener alguien tan cercano a mí. Que no debería ser ella y lo es, porque ha sido inevitable. Que el viaje ha empezado ya, que nosotros solo olvidamos que para volar debíamos tener las alas bien atadas a la espalda. Ella asiente, como diciendo <<así me gusta>> y yo, obediente ángel, la sigo en el vuelo de su rumbo desigual. Tiene las alas más bonitas del mundo, y mira que han pasado ángeles por aquí, pero no son iguales a las de los demás. Quizá por eso batallaba contra el viento, y a pesar de no tener alas, alcé el vuelo para alcanzarla.










Hacía tiempo que no escribía.
Hacía tiempo que no estaba siendo yo.

abrumador

Quizá pueda sonar raro, pero cuanto más cerca estoy de ser aquello que he deseado ser desde que mi uso de razón se coló en esta habitaci...