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Mostrando entradas de marzo, 2019
Fue ya hace mucho tiempo. Fue hace seis años. Estábamos fingiendo ser dos adultos que aún no habían cumplido la mayoría de edad. Un ven lo cambió todo. ¿Quién lo pronunció? No lo recuerdo, pero sí recuerdo que yo llevaba tu sudadera roja, recuerdo que el camino de vuelta a casa fue de tu mano, que todo cambió. Entonces no sabíamos de nuestro futuro, de los rotos ni los descosidos, no sabíamos que nos iríamos, que volvería a buscarte, que volveríamos a enredarnos en imposibles ni aventuras. Entonces no sabíamos que seis años después todas las piezas estarían temblorosas, a la espera de cualquier movimiento que las haga, de nuevo, encajar. No, no sabíamos eso. Fue un veintiséis cualquiera que nos convirtió en mucho más de lo que jamás sabré explicar a nadie, ni siquiera a una página en blanco. Nunca sabré explicarnos.  Sé que a veces sueno demasiado sensible, que quizás no recuerdas ni qué día es hoy, pero la verdad es que yo soy de esas que quedan marcadas para siempre de esas fechas …

Puede que sí, entonces puede que sí

Se gira para darme un codazo. No la había visto tan alegre desde la última vez que se ilusionó con algo. Bueno, alguien. Se mueve descosiéndose la espalda, balanceándola, al compás de su risa aguda. 
- Tía - me dice en tono condescendiente. Acto seguido baja la voz, añadiendo-: No sé de qué te quejas.  - ¿Que de qué me quejo? ¿Yo? - mi pausa se vuelve algo dramática, pero necesito tiempo para pensar-. De nada, pero... - Sabes lo que quieres- añade con firmeza. - ¿Y si él no?- me mira incrédula, y abre ligeramente la boca. Al ver que no dice nada, añado-: ¿Qué? - Que nadie que no esté seguro de lo que quiere permanece en un lugar tanto tiempo... - Y si es así, ¿por qué a veces siento que se aleja? ¿O que no está seguro aquí?- paro de hablar para coger aire, lo último que quiero es convertir todas mis dudas en un drama al que recurrir cuando tenga miedo. Reflexiono unos segundos, hasta que ella rompe el silencio:  - Piensas que todas las personas actuarán del mismo modo que tú, o dirán…

Son las 23:41 y escribo sin sentido

¿Conoces esa sensación de haber estado dormido mucho tiempo? Levantarte aturdido, desorientado. Que te lleve unos segundos entender que ya no estás soñando, que no te puedas mantener del todo en pie. ¿Has tenido esa sensación alguna vez? Yo a veces la tengo, a tu lado. Me refiero a esos momentos en los que me apoyo en tu pecho, cuando nos tumbamos después de un cuarto de hora de pasión y exceso de besos. A esos momentos en los que te miro de reojo, desde el asiento copiloto, y veo dibujada en la comisura de tus labios una línea fina y curvada, que indica que te estás riendo de alguna broma que recuerdas. Es fácil sentirse así a tu lado. Parece que sea una broma del destino, una travesura de la vida, obra de un gigante que mueve los hilos a su antojo y ha decidido cruzarnos para ver qué hacemos, cómo hablamos, cómo nos movemos, qué tenemos que aportarnos. Es curiosa la vida, ¿no crees? A veces me cuesta creer que estés aquí, por eso me pongo tan emotiva cuando estamos en un momento de …
Feel like the morning after ecstasy
¿Sabéis qué es lo que más duele? Que ya lo sabía.

Ja no podria

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Et miro des de baix, però tu no m'has vist encara. No t'has adonat de res, però estic aquí. T’estiro del pantaló, tot dient: Eo¡ Que em veus? Però per tu els meus dits només han sigut trossos de cel, aire lliscant per les teves cames. He sigut un buf d’aire que s’ha escampat de seguida. Tant de bo m’estiguessis mirant, perquè t’explicaria tot allò que em comprimeix, allò que mai t’he dit, allò que em treu la son i m’estira dels braços quan tot va malament; tot i això m’imagino que estàs massa distret per adonar-te’n. Sospiro de forma nuclear, deixo que tot caigui pel seu propi pes i m’hi veig enroscada al terra, besant-me els genolls. Tant de bo m’haguessis escoltat. Rius amb algú, no sé qui és, perquè no puc veure res més enllà de les meves cames. Li estàs explicant que tot et va genial, que ara ets feliç, que res no t’impedeix marxar. Jo vull dir-te que et trobaré a faltar, però no em veus, però no m’escoltes. Intento cridar més, però només un fil estret i fràgil de veu come…

Asteroides.

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Se te puso cara de estrella y te reí mil lunas. Casi no te dabas cuenta, pero mi voz surcaba cielos inversos. Te susurré cosas que tardaste en recoger, después un par de carcajadas te sacudieron el cuerpo y tus hombros acabaron, cansados, dormidos en las sábanas. Cuando me tumbé junto a ti me rodeaste con el brazo y en ese preciso instante creí estar en otra vida. Abrazarte era ganarle el pulso al olvido, respirarte era un viaje astral del que pocos saben volver. Tus oídos respondían, rojos, ante mis cumplidos, mi boca tímida te rozaba las mejillas por miedo a surcar tus labios. Te encogías sincero, y me mirabas expectante, como si tuviese mucho más que decirte. Hablabas atropelladamente, yo te frenaba con suspiros amables. Pasamos horas riéndonos de todo, pasamos minutos sabiéndonos rabiosos, mordiéndonos los labios, cruzando las fortalezas que hasta entonces nos mantenían distantes. Se te puso cara de asteroide y te besé mil galaxias. Nadie nos habría reconocido ante tanto desorden…

Dejar de escucharme.

Yo te gritaba, te gritaba con la voz temblorosa, ahogándome en mis propias palabras, arrodillándome ante aquel momento preciso en el que decidí romper el silencio. Y tú, desde la otra punta de la calle, te girabas a mirarme. Una y otra vez. Te girabas, mirabas hacia adelante y te volvías a girar. Era muy real. Parecía que estábamos a menos de treinta metros. Me sonreías, como si no me escucharas, como si no supieras lo que te estaba diciendo. Y yo, rasgándome las cuerdas vocales, al ritmo de un rasgueo arrítmico, bajo un RE menor afónico, te decía que te quería. Tú seguías sonriendo, y levantabas las manos, los hombros, como diciendo no te escucho. Y yo me hundía en la acera, que parecía, de pronto, arena movediza. Mientras iba perdiendo la visión, el olfato, el tacto, el oído y el gusto, te seguía gritando; pero cada vez me escuchabas menos, y yo cada vez forzaba más la garganta. Al final desistí, me dejé caer hasta hundirme del todo. Lo último que vi fue tu cuerpo corriendo hacia mí…
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Ha sido un día duro. Tan gélido y siniestro como esos en los que las lluvias otoñales amenazan con ser interminables y anuncian el frío delirante de noches repletas de golpes secos y constantes en los cristales. Como esos días, justo así, pero en primavera. Ha sido un día de esos que después desaparecen del calendario, los que no se cuentan al resumir el año, ni de los que se guardan recuerdos especiales. Un día tonto, de esos absurdos, no escritos ni reflejados en ninguna entrada de cine, ni de concierto. Un día agotador, de esos que susurran melancolía y te bañan en escepticismo.  Me quito, a duras penas, los tejanos, y después los cuelgo con desgana en el perchero superviviente que hay detrás de mi puerta. Necesito desaparecer. Me pongo esos casos gigantes que pesan más que mis hombros y me tumbo en la cama. Todo me da vueltas cuando cierro los ojos y empieza a sonar la primera canción. Es una de esas que me hacen llorar: Give me love, de Ed Sheeran. Una de esas que me recuerdan a…