martes, 27 de diciembre de 2016

I

Lo bueno de no tener con quién hablar ciertas cosas es que siempre me quedará escribir. Y escribir es una de las cosas que más amo en esta vida porque supongo que es como hablar conmigo misma. Y perdonad, pero yo he sido la mejor amiga que he podido tener en toda mi vida.

Hoy me han vuelto a dar el mismo papel de víctima insoportable manipuladora. En mi defensa diré que hoy no me he presentado al casting, pero bueno, con el tiempo he ido descubriendo que eso es lo de menos.

¿Y que por qué escribo hoy? 
Porque estoy enfadada, molesta, cansada, agobiada y no quiero saber nada de nadie. Y el papel, fíjate tú, es el mejor compañero. 
Al menos no se va en medio de una conversación,
siempre puedes retomarlo,
escribir,
borrar,
tachar,
por cierto, voy a tachar. 
No te deja con la palabra en la boca
-porque cómo jode eso, eh-
y bueno, 
básicamente tampoco te responde.
Esa, creo, es la mejor parte.
Que eres tú mismo quien te habla,
o quien lo intenta,
quien te responde, o no. 


Ojalá pudiera explicar lo que pasa sin que se pudiera malinterpretar nada,
pero no quiero que penséis que me he vuelto loca.
Así que, si me disculpáis, voy a escribir en las notas de mi móvil
o en un word que nadie pueda leer
donde aún soy libre.
Donde aún nadie me pone etiquetas.






Voy a tener cuidado hoy con lo que digo,
a ver si voy a agobiar a alguien,
a ver si voy a girar mucho la tortilla
y la voy a quemar.


















sábado, 3 de diciembre de 2016

De España a Colombia y de Colombia a nuestros corazones.




Hace solo 4 años que te conocí pero sé que estarás siempre conmigo. Recuerdo el primer día que te vi casi a la perfección. Un hombre delgado, de ojos azules, claros, casi transparentes, llenos de luz, que ya había pasado los 90 años y parecía tener un espíritu de 20. Me hablaste sobre el pasado, sobre tu vida en Colombia, país que no se había llevado tu acento catalán; de la muerte de tu hija en aquel accidente de coche, que se llevó su vida tan, tan, tan rápido...Hoy sé que te has reencontrado con ella.
Si de verdad existe Dios, espero que al fin haya podido darte esa paz que buscabas. 
Cuando estabas en el hospital, cuando fuimos a verte, recuerdo que alguien te preguntó que cómo estabas y tú dijiste: Esperant... 
¿Esperando? Tu hijo, que vive en Colombia, llegaba la día siguiente. Y pudiste verle, pudiste abrazarle, pudiste despedirte. La espera mereció la pena. 
No sabes la fuerza con la que la noticia me ha atravesado el cuerpo esta mañana. Pensaba: ¿Y ahora qué? Pienso en mi tía sola, allí, tan lejos, en Banyoles. Pienso en ti, que no querías marcharte porque sabías que ella se quedaría vacía.
Te admiraba y admiro,no he visto a nadie tan pacífico en mi vida. Adoraba cada una de tus palabras, cuando aún tenían sentido, cuando aún eras tú y no era la medicina la que hablaba en tu nombre. 
Siempre, desde que nos conocimos, me decías: Saps que has d'estudiar molt, veritat? Estudia molt, treballa molt. És molt important. 
Claro, habías vivido tan,tan humildemente, tan pobremente, que solo querías que nadie pasara por eso nunca más. En Colombia y España, sé que habéis vivido con lo imprescindible, nada más. Y me siento orgullosa de que en mi familia haya un hueco para ti, para mi tía, para vosotros. Ofrecíais lo poco que teníais y eso para mí fue más que suficiente.
Ahora sé que tu camino ha acabado. Que has llegado, que puedes descansar. ¿Sabes cómo he imaginado yo siempre la vida y la muerte, Paco? Yo siempre he pensado que nuestra vida es un camino enorme, por una montaña, por la que vas encontrando muros que saltar, piedras enormes que escalar, zonas peligrosas que atravesar, ríos, de vez en cuando,que calman nuestra sed...Y un sinfín de desafíos y alegrías que nos hacen ser lo que somos, que nos determinan como cobardes, valientes, agresivos, progresistas, económicos, tacaños, rancios, generosos, nobles, humildes o testarudos. Creo que la forma en la que atravesamos y superamos todo eso es lo que determina cómo somos. 
Y tú sin duda - y creo que no me equivoco- has sido un gran y noble superviviente.
Espero que el final de tu camino haya sido un lago o un mar enorme en el que sumergirte hasta encontrar la paz. Flota entre la tranquilidad de unas olas suaves, flota con la paz de un mar en calma, siéntete orgulloso de haber vivido tanto y con tantas ganas.

A mí nunca se me olvidarán tus ojos, tus palabras ni tu sonrisa.
Gracias por volver de Colombia, gracias por dejarme conocerte.
Gracias por dejar algo en mi vida.


Hoy acaba tu viaje, o quizá empieza.
Solo sé que cuando mire hacia el cielo veré una estrella más con tu nombre.


Siempre aquí,
siempre así,
siempre en mí. 

Gracias.

abrumador

Quizá pueda sonar raro, pero cuanto más cerca estoy de ser aquello que he deseado ser desde que mi uso de razón se coló en esta habitaci...