miércoles, 29 de abril de 2015

Madrugadas eternas.






Y ya sé lo que la gente suele decir:
Algún día encontrarás a alguien
que en lugar de tocar y abrir tus cicatrices
no te hablará de ellas,
haciendo así que el tiempo
las convierta en tristes huellas
mal borradas
de un pasado al que podrás perdonar.
Pero me pregunto si algún día alguien así
llegará.
Capaz de mirarme la nuca al despertar
y levantarme la piel con versos. 
Capaz de entender mis pupilas 
sobre todo cuando estén calladas.
Me pregunto si alguien será capaz
de ver mucho más allá
de mi (no) belleza,
pudiendo contemplar así
todo aquello que no se ve,
que supongo que es
lo más bello.
Me pregunto realmente si alguien
querrá compartir cervezas conmigo
emborracharnos los sábados,
dormir y perseguir mantas y películas
muchos de los domingos
en los que el día nos invite
a no quitarnos el pijama.
Me pregunto si alguien querrá
jugar a perderse entre mi pecho
y mis porqué.
Entre el pasado
y mil historias que contar,
el misterio de conocer
poco a poco
a alguien
sin dejarte ni un rincón que recorrer.
Me pregunto si alguien me mirará
al milímetro
la piel
detectando,
pero obviando
cada pequeño defecto.
Si alguien se sorprenderá algún día
de todo aquello que jamás
dejo ver
a los demás.
Me pregunto quién estará tan loco,
como para dejarse llevar
y soltar el ancla en estos mares.
Quién estará tan cuerdo
como para definir el amor
sin hacerlo.
Quién besará tan lento
que me haga detener
todos y cada uno de los relojes de mis sueños.
Quién, quién, quién
podrá
siempre
aparcar sus miedos
en la esquina del pasado
y dejar en el presente
el poder
de soñar con un futuro
casi ausente.
Quién creerá antes de ver,
quién verá antes de saber.
Me pregunto si ha nacido alguien
capaz de no huir de mí.
De no chocarse contra los muros de esta locura
de la que jamás he podido deshacerme.
Quién está dispuesto a no creer en nada,
ni si quiera en mí.
Quién podría pronunciar mi nombre
con la suavidad suficiente
con la delicadeza suprema
con la fragilidad que caracteriza
a esas seis letras
que quieren siempre decir tanto
y se mantienen calladas. 
Me pregunto quién estaría dispuesto
a perder el norte
por este sur lleno de mar.
Quién podría dejar atrás el pasado
cerrar los libros ya leídos
comenzar a escribir los versos
de toda una vida
que aún está por llegar.
Quién destrozará todos los tópicos
y escribirá unos nuevos
en los que no necesariamente
tengamos que ser siempre los protagonistas.
Me pregunto si alguien sabrá escribir con arena
palabras eternas.
Si alguien creerá en mis pulsaciones
si se detendrá el mundo de nuevo
en un instante.
Si alguien será lo suficientemente valiente
como para enfrentarse a la muerte
sin matarse.
Como para enfrentarse a mí
sin rendirse.
Como para hablar de amor
sin asustarse.
Como para huir
pero quedándose.


lunes, 27 de abril de 2015

domingo, 26 de abril de 2015

jueves, 23 de abril de 2015

Y esto es lo que entiendo yo por poesía.

Está tumbado, como siempre, con las piernas cruzadas. Mira por encima de sus gafas. Ni si quiera sé por qué las usa. Parpadea cada tres segundos cuando fuerza la vista y su pecho sube y baja al ritmo de su respiración. Tiene poesía en las manos, literalmente.
Y sonríe de vez en cuando, cuando algún verso se le cuela en el corazón.
No se da cuenta de que le estoy mirando, piensa que sigo dormida. Y de vez en cuando levanta la vista y mira al reloj. Yo sonrío y me hago la dormida.
Susurra algún verso que no logro escuchar.
Parece que está leyendo lo más interesante del mundo. Y de repente siento celos de las letras que tocan su corazón.
Se gira, como si algo en mí le estuviera llamando. Me mira y niega con la cabeza. Después sonríe.
Y me estremezco.
'Ven, anda'.
Apoyo la cabeza en su hombro izquierdo y me besa la frente.
'Léeme'.
Niega con la cabeza. Y después ríe tímido. No le gusta leer en voz alta.
Miro suplicante sus pupilas, que acaban cediéndole el paso a las mías.
'Vale.'
Las calles están temblando, y ya ha empezado a oscurecer. Todos recogen las paradas de libros. Aún quedan parejas en la calle, besándose. Y miles de pétalos de rosa en el suelo. Y nosotros tan ajenos y a la vez partícipes del mundo, que siempre acaba girando más y más rápido.
Detenemos los segundos del reloj que nos mira desde la pared.
Parece que haya pasado una hora y ya van tres vidas.
Ni si quiera le escucho, solo veo esos labios moverse al son de las palabras que le queman la lengua y me erizan la piel. Cómo puede quedar tan bien una palabra en unos labios. Cómo puede ser tan melódica una respiración. Cómo se puede decir en voz alta lo que suele leer el corazón.
Siento que no quiero que jamás se acaben esos versos,que parecen unirnos más y más.
A menos tres centímetros. Nuestras cabezas tan juntas como nuestros labios.
Y la poesía quiere quedarse en la mesilla. Y nosotros dejamos que ocupe nuestras cabezas.
De repente, se cuela en la cama. Y nos hacemos poesía.
Y nos vemos siendo dos versos que impactan, la rima más sonora.
Y su métrica me hace enloquecer. Y le enciendo la piel.
Tres caricias por cada letra que derrama.
Somos poesía.
Ya no la fingimos ser.
Sus labios de repente parecen recitar el poema más bonito del mundo, entre los muslos de mi admiración. Y nos hacemos tan fuertes que nos creemos ganadores de una batalla que a penas hemos comenzado. Le arranco la piel. Y nos dejamos ser.
Sus clavículas parecen pedir mis labios..
Y un mordisco da pie a la guerra que ya sabemos cómo terminará.
Fundidos los dos en el mismo verso.
Cambiando la posición de nuestros signos de puntuación.
Sin más señal que la de nuestros huesos impactando.
Se le estremecen los sentidos y le miro sonreír.
De repente enseña esos dientes que acaban marcando mi cuello.
'Para que no te olvides de mí'
Como si pudiera hacerlo.
Tímida le arranco la sonrisa, contraatacando. Le muerdo en los sueños.
'Y que esto supere tus versos'
Ríe tan alto que las calles se callan.Y yo le miro tan fuerte que parece no haber nada más que sus ojos apuntando al cielo de mis gemidos.
Y de repente siento envidia del aire que puede contemplar cómo empezamos el poema que no sabremos terminar.



























Felicísimo día de Sant Jordi.


miércoles, 22 de abril de 2015

martes, 21 de abril de 2015

La cobardía vuelve a ganarme.





Ya debería estar acostumbrada a esto. 
Torpe por naturaleza. Cobarde de serie.
Te miro y se me cruzan los sentidos y de repente no sé qué decir.
Con lo difícil que es dejarme sin palabras.
Y ahí estoy.
Mírame.
Tan perdidamente sola.
Tan perdida solamente.
Queriendo alzar los brazos y agarrar un poco de ilusión.
Como sintiendo que estoy viva.
Aunque ni si quiera sepa estar.
Ya debería saber que cuando bebo, digo tonterías.
Y cuando escribo, también.
Ya sé que con un par de copas de más sería capaz de pedirte que me dejaras conocerte.
Pero siendo solo yo, aquí y ahora, me tiemblan hasta las pulsaciones.
Y tus ojos siguen sin apuntar hacia mí.
Y ahora me tiembla la voz.
Articulo tres palabras sin sentido.
Y creo que ya habrás empezado a pensar que soy tonta.
Y que ni querrías conocer a alguien como yo.
Vuelvo a mis raíces. A tirar al suelo mi esperanza y refugiarme en un pasado en el que yo no tenía miedo.
Y pienso: 'Joder, Noelia. Tú antes te habrías lanzado de cabeza y sin casco. Le habrías arrancado un par de sonrisas, le habrías pedido un baile y un café. Le habrías intentado sonreír más veces. Habrías luchado por ser quien eres.' 
Pero qué voy a decirte, si tengo miedo.
Si me da miedo asustarte.
Si me asusta darte miedo.
Si he comenzado a pensar que tu indiferencia es más grande a medida que pasan los días.
Y te vuelvo a mirar.
Y joder. Te veo tan misteriosamente guapo.
Tan escondido en ti mismo, que me da miedo asomarme.
Y descubrir en ti aún más motivos por los que quedarme.
Cómo voy a proponerte que nos perdamos
si ni si quiera querrías encontrarme.
Cómo te digo que me dejes ser yo misma.
Cómo contarte sin palabras lo que con mis gestos repito.
Cómo no van a delatarme mis mejillas, que se encienden cuando miras. 
Y pienso en qué será eso que te ronda por la mente.
En si serás simpático por compromiso.
En qué sientes cuando sientes.
Me pregunto tantas cosas sin sentido.
Como cuántas veces hace falta hablar para saber que alguien estaría dispuesto a verte con otros ojos que no sean los de un desconocido cosiendo palabras por coser. Hablando por hablar.

¿Cómo averiguo si detrás de esa pose fría existe un abrazo cálido que abrigue estas palabras?
Si ahora todo me sabe a invierno.

Si la primavera parece no haber llegado.
A ver cómo te explico yo que me siento absurda y triste por no poder hacer algo tan simple como hablarte.
Algo tan simple como arrancarte la voz con palabras.
Algo tan simple como mirarte de frente.



Y mañana será otro día.
Un día más en el que no me saldrá la voz.
Y así llegará el verano.
Y así nacerán las flores. Pero ninguna llevará mi nombre.
Y cogerás el primer barco, rumbo a la indiferencia.
Y me equivocaré de puerto, llegaré tarde.
Tan tarde que tendré el tiempo justo para ver cómo te alejas sin mirarme.
Tan tarde que la cobardía le habrá ganado el pulso de nuevo a mis ganas de besarte.


domingo, 19 de abril de 2015

Es fácil. Me refiero al sexo. Es sencillo.
Una, dos, tres noches.
Bloqueando las emociones.
Tiene que ser fácil. Claro que sí.
Lo difícil es despertarse al lado de la persona con la que te acostaste. No tener que huir nunca más de un edredón. 
Ahí está lo verdaderamente difícil.
Los anocheceres son tan fáciles.
Los amaneceres no tanto.
Y te ves a las puertas de los 20 años buscando amor.
Y te ves diferente al resto.
No eres como ellos. 
Por eso piensan que eres tonta cuando les dices que el amor es lo más importante.
Y te ves manchada de nostalgia. Cosiendo heridas. Mirando tus cicatrices como el que mira toda una vida sin sorprenderse.
Vaya.
A ver cuándo alguien es capaz de mirarme a los ojos y ver en mí más que un cuerpo.
A ver cuándo alguien me hace poesía con las manos.
A ver cuándo realmente se descubre la verdadera palabra.
La libertad de besar un cuerpo de la misma forma en que lo amas.
Llámame absurda. 
Llámame ingenua.
Pero si no vas a quererlo, no lo tomes.
Si no vas a quedarte, no vengas.
Para mí es más importante el abrir de unos ojos al despertar
que el alcohol que dé pie a una noche interminable. 
No quiero promesas de sábanas.
Esas no valen nada.
No quiero creerme un cuerpo que después me dirá algo distinto con su mirada.
Que yo no soy como las que no se atan.
Que a mí me gusta echar raíces.
Y ese es el problema.
Que con 20 años nadie quiere amar.
Pero créeme, que es por miedo.
Dicen 'Soy joven'. Pero ¿y qué?
¿Ser joven significa mirar unos ojos distintos cada fin de semana? ¿Conocer mil cuerpos? ¿Emborracharse? ¿No comprometerse con nada ni nadie?
Para mí ser joven es cometer la locura de enamorarse.
De caer.
De levantarse.
De cervezas los sábados noche y películas los domingos.
De bebernos las penas, a medias, que sientan mejor.
Soy de no darle tiempo a los créditos de las películas.
A adelantarme a cualquier movimiento.
Dejar en el sofá la vergüenza y someternos a un interrogatorio de besos. Un juramento con versos hechos poesía. Un cuerpo sobre otro cuerpo. Cosiendo heridas. 
Y ese es el problema,
que el sexo con amor es más difícil.
La delicadeza de tener en tu poder a quien más deseas
se ve envuelta de la locura de saber
que darías la vida por la persona a la que estás desnudando.


Eso es lo que realmente acojona.
El cuerpo es fácil de tapar,
el alma no.
Y una vez que te abres a alguien,
en todos los sentidos,
es difícil que después algo acabe
sin que salgas herido.
 

viernes, 17 de abril de 2015

Solo son trozos de mí que no entiendo ni yo.

He sido el fuego más latente
de todo el infierno.
He bajado y he subido.
Me he hecho la valiente.


He llorado fracasos.
He lamentado victorias.

No he llevado capa,
no he tenido superpoderes.
He sido brújula sin norte.
He sido pérdida sin compasión.
Me he arrojado al olvido,
he masticado nostalgia.
He muerto y revivido más veces
de las que podría contar.
He amado demasiado,
me he hecho demasiado daño
persiguiendo sueños
inalcanzables.
He llorado en porterías.
He besado en ascensores
y he perdido la noción del tiempo
mientras quemaba
la piel morena
de un amor que quiso marcharse.

He sido más guerrera que princesa,
he creído más en finales
que en cuentos,
porque nunca he estado preparada para ellos.
He sido hielo y he jugado a no sentir,
he besado sin querer,
he querido sin besar.
He dejado por hacer todas las cosas
que nunca me atreví a empezar.

He sido la primera en atreverse a querer
y también la última en no querer hacerlo.

.


He cosido heridas
mientras abría las mías.
Y me han llamado amor sin serlo.
Me han mentido en el pecho
me han robado el cuerpo
y lo han enterrado 
en soledad.
He jurado no creer en cosas que aún espero.

He leído versos y no he podido
dejar de pensar
en que hablaban de mí.
Aunque no fuera cierto
y el poeta ni si quiera
supiera quién soy.

He deseado miradas
que jamás volveré
a desear.
Y me he auto-engañado tantas veces
que llegué a no distinguir
si seguía quieta por seguir,
o porque realmente lo quería estar.

He subido en norias infinitas
Me he mareado dando vueltas
en las idas y venidas
de alguien que acabó echándome
de su calendario.




Al final era verdad
eso de que las promesas
cuando eres feliz 
son fáciles. 
Pero cuando llegan los problemas
se vuelven de papel.


Y al final, acabé pinchándome con mis espinas.
Miré los ojos de cien gatos
que sinceros se reían
de esta loca sin consuelo.



Y han tenido que pasar meses y meses
para darme cuenta de que yo jamás tuve miedo a estar sola.
Y que a diferencia de mi primer amor
yo no le temía a sábanas vacías,
le temía a su despedida
por no volver a ver brillar esos ojos bajo el mismo cielo.
Y al final resultó que lo único
y último
que le ataba a mí
era ese miedo infinito 
a no tener con quien pasar las horas.



Y al final me di cuenta
de que no quería ser el 
plan B de nadie.



Ni si quiera del que fue un día mi plan A,B,
y Z.



Porque habrá mil primaveras
pero si a ti te gusta el invierno,
no dejas que se te escape de las manos,
aunque te queme el calor del deseo del verano,
y el cielo te suplique que separes los dedos
para que el frío así muera
sin que quede rastro.
































Hay canciones que hemos escuchado mil veces sin saber qué significan. Yo creo que ya sé por qué me gustaba esta canción: Habla de mí. Y mis demonios.








Y de repente empiezo a tenerle una envidia terrible a su cigarro. 
Tiene que ser cómodo posarse en esos labios.

miércoles, 15 de abril de 2015

Sábanas rotas





Una cama tan fría. Tan pequeña, que se te queda grande.
El otro lado vacío. 
Y tus piernas acariciando unas sábanas cansadas de verte suspirar en silencio.
La soledad te quema en el pecho, y de repente envidias a cualquiera que tenga
unos labios que besar,
unos hombros que morder,
unos sueños que alcanzar.
Sola.
Como ya es costumbre.
Das vueltas sin parar
y piensas en la cantidad de personas en las que creíste
y terminaron yéndose.
¿Dónde está el problema?
¿En tu risa nerviosa?
¿En tus manos temblorosas?
¿En tu cuerpo que responde
a cada latido
con una sonrisa melódica?
El problema está en tu corazón
cansado de latir a mil por hora
por corazones que solo dan un 50%.
Medio vacía, como el vaso de ron que no te terminaste el sábado pasado.
Como los vestidos que te pones
ya sin ilusión
porque sabes que aunque cualquiera quisiera acercarse
nadie tiene ya la intención de quedarse.
Que cualquiera que te lo quite
no se va a quedar admirando las curvas de tu cuerpo
cuando el amanecer te despierte la piel.
Y tú, que aunque digas que ya no crees en cuentos,
buscas irremediablemente un corazón que te sostenga,
les dices que no cuando cualquier discoteca
es testigo de la insensatez más grande del mundo.
Mil bailes rechazados
por un corazón insólito. 
Te vuelves tan fría que ya no quieres ni pensar
en líos de una,
dos,
tres,
cuatro
noches.
Que ya no esperas que nadie te llame un domingo
para preguntarte cómo estás.
No esperas que te cuiden.
Ya no crees que nadie busque en otra persona
lo que tú tienes.
Y ahí está tu problema:
Aún eres esa chica que cree que algún día
quizá pronto
quizá tarde
llegará alguien que rompa irremediablemente
tus esquemas,
e interrumpa sin consuelo
el curso de tus días.
Que haga de lo ordinario
algo extraordinario.
Y que convierta el simple sabor
del humo de un cigarro
en un poco de aire que consiga realzar tu vuelo.
Y, querida, ya nadie busca eso.
Ya nadie quiere amores.
Ya nadie busca atar un cuerpo.
Ya nadie entiende que querer no es precisamente perder la libertad.
Nadie entiende que amar un cuerpo es darle alas,
y que quedarse siempre es la opción que alguien toma
cuando en su pecho dictan las horas
que deje de buscar. 
Que ya tiene delante lo que esperaba
o lo que nunca creyó que llegaría
y sin querer quererlo
arrasó con el polvo 
de esa insensatez
con la que juró
esa última noche
que ya no creería
nunca
nunca
nunca más
en el amor.







Y qué. Después te verás quieta. Y dices que no, que no vas a volver a querer. Pero mirarás su espalda desnuda. Y te verás uniendo irremediablemente esos lunares, creando constelaciones de papel. Jugando a ver quién es el que cae primero. Te verás mordiendo los labios del que se adueñará de tu piel. Te verás sin ron, bebiéndote sus ganas. Te verás mordiendo sus caderas, haciendo tuyo un cuerpo en el que juraste no creer. Y eso fue lo que dijiste: 'Pero esta vez no quiero querer, así que bésame rápido'. Y qué. Los besos se vuelven lentos, tan lentos, que tu lengua empieza a sentir que puede retroceder en el tiempo. Y aunque las agujas del reloj avanzan, su piel te atrapa, te retiene. Y te ves queriendo huir mientras eres tú misma la que se frena. Porque ya no correrás, no tendrás prisa. Y ese 'No vamos a querernos' posiblemente se convertirá en 'No me digas que me quieres', y después vendrá ese suspiro en medio de cualquier anochecer. Te verás con un cigarro entre los labios y una camisa rota. Y un poco de sonrisas tontas. La fiesta que terminó donde empezó. Tu garganta pidiéndote unos besos. Unos labios. Que se convertirán siempre en los mismos. Y así seguirás. Tu propio barco. Tu propia vela. Y otra vez negando lo evidente. Navegando en la misma dirección. Y otra vez queriendo no creer en el amor. Y sin darte cuenta estarás en el punto de partida. 

Barco número 77.  Posición B2. Tocada y hundida.



-¿Y qué dirás, entonces, Noelia?



- No, si yo no creo en el amor.












Ojalá.

Ojalá me dejaras tocar tus heridas, dejar que el dolor que guardas me hable y me cuente sobre tus batallas perdidas, para poder imaginarte riendo de errores pasados. Ojalá toques las mías y te cuenten que he dejado de creer un poco en mí. 
Ojalá me mires con esos dos focos de paz, que traen mil guerras cuando apuntan directos al pecho. 
Y me dejes clavar la bandera entre tu espalda y tu boca. 
Sellar con besos los pliegues de tu piel. Derramar todo el sentir en un latir.
Ojalá me dejes cerrarte los ojos
abrirte los días
y hacerte sentir que 'amor'
es solo un término que usan los débiles
para hablar sobre algo
que jamás tuvo sentido.
Y que tú y yo seríamos más que una
palabra.
Más 
que
un
verso. 
Más que una cama.
Más que una vida.
Más que el silencio.
Más que esta herida.


lunes, 13 de abril de 2015

El misterio de las pupilas que no miran.



Siempre tan tú. Refugiado en una soledad impermeable. Tan tuyo que asusta conocerte.
Aunque me muera por hacerlo.
Te veo tan fuerte que me empieza a asustar mi debilidad. Y temo acercarme por si sales corriendo.
Por si huyes de mí. De esta locura que trae mi risa tonta.
Te veo tan distante a veces, tan cercano otras. No sé cómo decirte que siempre quiero dar un paso más hacia ti. No sé cómo explicarte que lo mismo que me empuja es lo que me hace retroceder.
Pero es que sin querer, cuando pasas por mi lado, sonrío.
Como si fuera fácil hacerlo después de todo.
Y veo en ti un misterio que me llama. Y tu voz hecha reflejo de mí misma me llama a gritos.
Y te veo tan callado que quiero arrancarte las palabras. Y te veo tan fugitivo que me encantaría tumbarme en tu huida. Me das tanto, tanto miedo.
No he podido evitarlo. Desde que este invierno asomaste por esa puerta...He cosido un poco este dolor. He empezado a unir los rotos. Sin si quiera saberlo has hecho que empiece a soñar.
Que olvidara un poco aferrarme al pasado. Has roto mi maldita costumbre de permanecer triste en la sombra. Y tú ni si quiera lo sabes.
Y tú ni si quiera sospechas de mis palabras,que tropiezan en la boca intentando estar en orden, intentando decir algo coherente. Misión incumplida.
Y a ti parece darte igual, porque sonríes ligeramente. Sin que apenas lo note. Y una tormenta cae, de repente, en mi cabeza. Miles de gotas salpicando este silencio.
Cómo decirte que si te apetece dar una vuelta estaré por aquí. Por si quisieras conocer un poco mis cicatrices, por si dejaras que viera las tuyas. Y comprobar si tu sonrisa me dice mucho más de lo que parece pronunciar.
Y me sigues dando miedo.
Mucho.
Le temo a esos diminutos ojos que contemplan, observan y analizan. Que leen mucho más de lo que ven. Le temo a esas manos, firmes, que empujan el bolígrafo con indiferencia. Le temo a tu silencio, ese que pone el muro entre mis palabras y tu salida de escape. 
Y me veo tan tonta. Me veo tan niña a tu lado. Me veo tan perdida. Sin saber exactamente las coordenadas de tu mundo. Sin saber más de ti que lo que me dejas conocer. Teniendo la sensación de que tú sabes mucho más de mí que yo de ti.
Te temo porque despiertas en mí algo que creía haber hecho dormir para siempre.
Te temo porque guardas tantas palabras.
Te temo porque escribes, y escribir significa vivir intensamente. Te temo porque tenemos en común exactamente lo mismo que nos hace diferentes.
Te temo cuando aún no he acabado de conocerte.
Y supongo que lo que me da miedo es terminar de hacerlo. Porque siento que cuanto más sepa de ti, más querré saber. Y cuanto más quiera saber, más te asustará mi llegada.
Y no sé por qué, pero tengo la sensación de que el día en que me acerque de más, saldrás corriendo.
Siento que si me conoces no vas a querer quedarte leyendo entre líneas lo que diga mi cuerpo.
Lo que más temo es tu huida. La huida inminente. La huida prematura. La huida que me deje justamente en el punto de partida: Sin saber más de ti que tu nombre y el color de tu risa al salir.

domingo, 12 de abril de 2015

Creo que he encontrado una nueva letra en la que refugiarme.




Correría a salvarte, a verte, llámame y no dudaré.
Correría a calmarte, a consolarte, curar tus dolores.
Correría a parar el tiempo para que no me torture.
Correría hacia ti y te abrazaría.

No escaparé nunca más.






...

He encontrado sin querer este trocito que me dejaste de ti. Esta fotografía. En su día me parecería bonito fotografiar un ' Te quiero' tuyo. Pero supongo que por algo lo hice. No recuerdo por qué lo escribiste pero en esa nota decías que yo era la mejor escritora y me agradecías que te ayudara con aquel proyecto de libro que tuviste. Qué tiempos aquellos, eh. Cuando formaba parte de tu día a día. Cuando podía ayudarte sin que pensaras que me debías la vida por ello...
¿Qué cambió en ti para dejarme atrás? ¿Para dejarnos atrás? Aún no sé por qué te fuiste. Solo sé que te marchaste diciéndome que no volverías más.
Y no, no has vuelto...


Te echo de menos. Al chico que escribía esas cosas. El que dejaba huellas imborrables en mi espalda. El que me salvó aquel marzo. Aquel chico que fuiste durante tanto tiempo...
¿Has desaparecido? ¿Volveré a verte algún día? 
Qué fácil para ti marcharte...
Y qué difícil para mí olvidarlo. 



viernes, 10 de abril de 2015

Ojalá estuvieras.

Ha sido mi primer día y para mí era importante. No sé por qué pero cuando he llegado a casa he pensado en lo diferente que habría sido si siguieras aquí. Probablemente me habrías venido a buscar y habríamos cenado un durum. Te habría contado lo rápido y estresante que ha sido el día y lo mucho que he disfrutado aprendiendo y conociendo a mis compañeras. Te habría explicado lo agobiada que estoy con los exámenes y tu me habrías abrazado y me habrías susurrado que todo saldría bien.
Hoy quizá necesite escucharlo.
Hoy posiblemente no lo oiré.
Pero no sé ni por qué estoy contándole esto al papel. Supongo que la costumbre de dejar aquí mis sentimientos.
Y tú, ¿Piensas en mí?
Es una pena que no estés. Hoy sería el día ideal para cenar y ver una película juntos. Y comernos a besos. Besos...Hace ya tanto que te besé por última vez... Y aún me acuerdo de lo que sentí aquel diciembre con aquel beso de despedida entre lágrimas.
Aún sangra el corazón.
Aún duele la herida. 

Pero qué más da, para mí hoy es un día especial y pada ti uno más. 
Y siento que sea así. Ojalá para mí fuera tan sencillo. Pero no puedo. 

miércoles, 8 de abril de 2015

Quemar con versos mi invierno...

Hoy hace 4 meses que te marchaste.
Y yo aún recuerdo el color de tus sábanas. Y la mirada que ponías cuando tenías ganas de mí. Nuestros secretos. Tus manos lavándome el pelo cuando nos duchábamos juntos. Aún te recuerdo. A veces me hago la tonta, y pienso que no existió esta historia. Y qué bien se me da fingir que ya no importa. Que me da igual no tenerte que avisar cuando llego a las 6 de la mañana sola después de haber ido de fiesta, emborracharme y decirle que 'no' a cualquiera que se me acerque. Porque que esté a salvo ya no tiene que importarte. Que se han acabado esas siestas de los viernes, cuando los dos llegábamos cansados de toda la semana y nos poníamos a mirar el techo contándonos cosas sin sentido. 
Y te diré que me da igual ya, y probablemente sea mentira. Les diré que no te quiero, que el daño superó el silencio que nos consumió un día. Y mentiré de nuevo.
Pero qué más da. No volveré a usar el mando rojo de la Play, esa que ya no usas. Esa que cambiaste. Ya no habrán más fifas en los que ganarme. Ni palomitas con sabor a domingo en tu sofá viendo esas películas de acción que tanto te gustaban. Ya no habrá beso en la intro de tu serie favorita. Ni llamadas de Skype. Y si tenemos buenas noticias quizá nos las contemos si nos cruzamos por casualidad.
Y me preguntarás qué tal. Y te diré que bien. Y te veré feliz y sonreiré por ti aunque por dentro quizá muera un poco más. 
Me temblará la piel en cada despertar y recordaré cualquier comida familiar en la que me sentí parte de ti.
Y el Zoo me hablará de ti y de tu ilusión de niño cuando paseábamos por allí. Y miraré estaciones, y veré Venecia en  cualquier aeropuerto y pensaré en lo cerca que estuvimos de tachar ese sueño de mi lista de lugares a los que ir. 
Aprenderé italiano y ya no te podrás reír de mi acento cuando pida un café en Roma. Y pisarás Japón en manos de otra que probablemente nunca te querrá como hice yo. Y quién sabe quizá vuelvas a enamorarte de alguien que escriba y te conviertas en la diana de todos sus versos. Y alguien te inmortalice como lo he estado haciendo yo.

Pero qué más da todo. Que le jodan al mundo. Te echo de menos y eso es algo que jamás me permitiré volver a decirte. Por orgullo o por saber que soy la única que sigue tras el cristal. 
Me volveré de cemento y juraré no volverme a enamorar. Te desearé lo mejor aunque me reviente que ya no seas feliz teniéndome.
Y romperé la canción que escribí. Y borraré todas esas ideas que tenía para regalarte el día que cumplas 20 años. Y tendré que conformarme con no verte. Con no abrazarte por miedo. Por no tenerte tan cerca. Por no volver a morderte los labios.
Y echaré de menos la cara que ponías al despertar por las mañanas. Y el Colacao que tú me preparabas. Y tu manera de quitarme la falda y los miedos. De esa camisa blanca que hace de tu piel morena un precipicio por el que tirarase. 
Que mis versos ya no tienen tu nombre aunque lo leas sin querer. O yo lo escriba sin saber por qué. 
Pero da igual. 
Olvídalo. No vas a volverme a querer.
No vas a mirarme. Ni a decir 'Qué bonica eres...' Cuando antes me hacías fotos durmiendo y las mirabas como si fuera lo más bonito del planeta. Aunque yo te pidiera que las borraras.
Pero qué más da. 
Este San Juan ya no vamos a arder bajo ningunas sábanas. O quién sabe, quizá tú sí. Pero ya no será mi piel la que fundas con tus labios.
Quizá me dé por quemar deseos y te incluya en la lista de 'Cosas que no diré'. Quién sabe. Quizá seas feliz. Quizá te tiemble la sonrisa si piensas en todos los momentos en que sonreí.
O quién sabe, quizá seas capaz de pasar todo un día sin pensarme. 

abrumador

Quizá pueda sonar raro, pero cuanto más cerca estoy de ser aquello que he deseado ser desde que mi uso de razón se coló en esta habitaci...