lunes, 13 de abril de 2015

El misterio de las pupilas que no miran.



Siempre tan tú. Refugiado en una soledad impermeable. Tan tuyo que asusta conocerte.
Aunque me muera por hacerlo.
Te veo tan fuerte que me empieza a asustar mi debilidad. Y temo acercarme por si sales corriendo.
Por si huyes de mí. De esta locura que trae mi risa tonta.
Te veo tan distante a veces, tan cercano otras. No sé cómo decirte que siempre quiero dar un paso más hacia ti. No sé cómo explicarte que lo mismo que me empuja es lo que me hace retroceder.
Pero es que sin querer, cuando pasas por mi lado, sonrío.
Como si fuera fácil hacerlo después de todo.
Y veo en ti un misterio que me llama. Y tu voz hecha reflejo de mí misma me llama a gritos.
Y te veo tan callado que quiero arrancarte las palabras. Y te veo tan fugitivo que me encantaría tumbarme en tu huida. Me das tanto, tanto miedo.
No he podido evitarlo. Desde que este invierno asomaste por esa puerta...He cosido un poco este dolor. He empezado a unir los rotos. Sin si quiera saberlo has hecho que empiece a soñar.
Que olvidara un poco aferrarme al pasado. Has roto mi maldita costumbre de permanecer triste en la sombra. Y tú ni si quiera lo sabes.
Y tú ni si quiera sospechas de mis palabras,que tropiezan en la boca intentando estar en orden, intentando decir algo coherente. Misión incumplida.
Y a ti parece darte igual, porque sonríes ligeramente. Sin que apenas lo note. Y una tormenta cae, de repente, en mi cabeza. Miles de gotas salpicando este silencio.
Cómo decirte que si te apetece dar una vuelta estaré por aquí. Por si quisieras conocer un poco mis cicatrices, por si dejaras que viera las tuyas. Y comprobar si tu sonrisa me dice mucho más de lo que parece pronunciar.
Y me sigues dando miedo.
Mucho.
Le temo a esos diminutos ojos que contemplan, observan y analizan. Que leen mucho más de lo que ven. Le temo a esas manos, firmes, que empujan el bolígrafo con indiferencia. Le temo a tu silencio, ese que pone el muro entre mis palabras y tu salida de escape. 
Y me veo tan tonta. Me veo tan niña a tu lado. Me veo tan perdida. Sin saber exactamente las coordenadas de tu mundo. Sin saber más de ti que lo que me dejas conocer. Teniendo la sensación de que tú sabes mucho más de mí que yo de ti.
Te temo porque despiertas en mí algo que creía haber hecho dormir para siempre.
Te temo porque guardas tantas palabras.
Te temo porque escribes, y escribir significa vivir intensamente. Te temo porque tenemos en común exactamente lo mismo que nos hace diferentes.
Te temo cuando aún no he acabado de conocerte.
Y supongo que lo que me da miedo es terminar de hacerlo. Porque siento que cuanto más sepa de ti, más querré saber. Y cuanto más quiera saber, más te asustará mi llegada.
Y no sé por qué, pero tengo la sensación de que el día en que me acerque de más, saldrás corriendo.
Siento que si me conoces no vas a querer quedarte leyendo entre líneas lo que diga mi cuerpo.
Lo que más temo es tu huida. La huida inminente. La huida prematura. La huida que me deje justamente en el punto de partida: Sin saber más de ti que tu nombre y el color de tu risa al salir.

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