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Mostrando entradas de enero, 2015
Me pregunto que si algún día yo dejara de escribirte, si echarías de menos mis palabras.
Pero qué absurdo. Si tú ya no me lees.
Si yo ya no debería escribirte...y mírame.

Hoy he tenido miedo.

Cariño, perdóname, pero hoy voy a llamarte así.
Usar tu nombre sería demasiado real. Prefiero llamarte amor, aunque ya no sea nada tuyo. Aunque ya no seamos nada. Hoy he tenido mucho miedo. ¿Recuerdas este verano cuando me pasó aquello de los dos chicos que me perseguían en el tren? Me ha pasado algo parecido, esta vez en el metro. Era un hombre raro, que no dejaba de mirarme, constantemente, riéndose. Y gesticulaba. Creía que me haría algo. Creía que me pasaría algo.
¿Sabes los momentos en los que el pánico se apodera de ti y solo buscas soluciones?
Lo primero que he pensado ha sido: Si me pasa algo voy a llamarle.
Te iba a llamar, sí, a ti. A ti, que llevamos ocho días sin saber nada el uno del otro, a ti, el que podría reírse de mí al pensar en lo patético que sería tener que pedirte ayuda. Llamarte a ti, después de todo. A ti. Lo primero que he pensado era que tú podías salvarme. A las diez de la noche, sola. Solo pensaba: 'Por favor, si me pasa algo, que él venga. Que me salv…
Me olvidé respirar, como un beso bajo el agua.
Me olvidé respirar, al sentir dejarte atrás...
No hay oxígeno de más, no hay palabras, ya no hay tiempo... 
No puedo más.



Tenías razón. Somos nosotros hechos canción...

'Feliz cumpleaños, Noelia'

He luchado con todas mis fuerzas para no hacerlo, pero ya ves, no ha funcionado. Aquí estoy. En un día tan importante para mí se me ha hecho inevitable  hablarte. Aunque sea a kilómetros y solo un papel sustituya mis palabras. Vaya, hace un año estaba subiéndome por las paredes de felicidad. Acababa de cumplir dieciocho años y pensaba que podría comerme el mundo. Estabas ahí a mi lado, con tus tres increíbles regalos y esa sorpresa que me pellizcó el corazón.
Y este año he estado rodeada de los míos, y me he sentido plena, bien, contenta, alegre, feliz.
Pero...No estabas.
He sido ingenua. O quizá esperanzadora. Creía que ibas a hablarme, te lo juro. Que ibas a poner un 'Felicidades', solo un 'Felicidades' y después ibas a marcharte. Pero no. Cómo ibas a hacerlo, Si nos tenemos prohibido hablar, por respeto a nuestros corazones. Para poder mantenernos a flote, aunque yo - tú no lo sé- esté hundida. Créeme, he vivido al máximo el día, nadie cumple años todos los días. Er…
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Y hoy, a una hora y veinte minutos de mi cumpleaños te recuerdo.
Y recuerdo esta canción, que te enseñé hace ya tiempo ilusionada.
Y nos recuerdo.
Y ojalá no fuera un recuerdo, sino una realidad.






En días como estos me da miedo pensar.No quiero pensar. No quiero sentir. No quiero llorar...

Hablo conmigo misma. A veces, hay que hacerlo.

Hola Noelia, soy yo. Tu otro tú. Esa Noelia que te habla en los momentos más duros. Esa Noelia que  te observa. Sé cómo te sientes. Sé dónde estás. Y sé que no habías estado así antes. Pensabas que todos los momentos duros de tu vida habían sido dolorosos. Pero te acabas de dar cuenta de que este es el peor. Que jamás habías estado así. Comes, pero mucho menos. Y ya nunca picas entre horas. No te apetece chocolate, ni zumos, ni si quiera un Colacao calentito. Estás ahí por estar. Y te levantas de la cama con un peso en el pecho enorme, solo porque es lo que debes hacer, levantarte. Enciendes la televisión cuando estás en tu cuarto solo para sentir voces, estar distraída y no quedarte a solas contigo misma. Porque duele hablar contigo. Conmigo. Y te maquillas para no llorar. Y sales para no estar en casa, porque las cuatro paredes de tu cuarto te encierran. Y toda distracción acaba agobiándote. Y sientes ganas de correr, escapar, irte lejos, solo para huir del dolor. Pero lo llevas con…
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Ojalá fuera como en esta canción, y que al final, todos nuestros muros pudieran derrumbarse.
Lo haré por ti, mi valiente superviviente. Cuídate. Nos debemos la vida.
Merezco ser feliz, por todo lo que he luchado y perdido. Por todo lo que he dado siempre. Me merezo ser feliz. Y podéis pensar que diciendo esto soy egoísta, pero no. Merezco ser feliz porque ya he vivido triste, y me gusta más esa Noelia que siempre iba bailando por la calle, riendo a carcajadas,soñando a más no poder. Quiero ser esa persona capaz de mostrar una sonrisa cada cinco segundos. Y voy a serlo. Porque no puedo atormentarme, luché hasta el final y perdí. Ahora solo me queda levantarme y seguir. De la mejor manera posible, siendo yo misma.  Y algún día quizá alguien viene a recordarme quién soy. Quizá un día alguien se fije en mi sonrisa y venga a alimentarla. Quién sabe, tal vez ya no se marcha nadie y mi vida pueda ser de nuevo grande. Quiero ser feliz. Porque me he cansado. Me he cansado de no enseñarles mi sonrisa a aquellos que me apoyaron simplemente por no tener fuerzas para sonreír. Ahora las tengo. Quiero sonreír. Voy a sonreír. Cueste lo que cueste. No voy a permi…

Que nadie os ponga precio. Solo vosotros sabéis cuánto valéis.

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Gracias por haber sido mi segunda familia.

Hoy he sentido la necesidad de escribirte, Ana. Y probablemente esta sea la carta, el mensaje, que jamás te llegará porque nunca seré capaz de enviarte. Tengo tantas cosas que decirte...Tantas.
Puede sonar exagerado, pero el tiempo que estuve con vosotros sentí que eras como mi tercera madre. Nadie podría haberme acogido con tanto cariño tan rápido. Una de las cosas más difíciles que he hecho ha sido despedirme de vosotros, de esa casa y esa familia que ha sido mía. No sabes cuánto te echo de menos. Ir a comer cada semana a tu casa y que siempre prepararas aquella carne que me encantaba, y nunca te pareciera lo suficientemente buena. Y en realidad sí lo era. Esas conversaciones en las que no callábamos, en las que te contaba absolutamente todo de mi vida. Y él suspirando, como diciendo 'Nunca os calláis'. Echo de menos eso. Sentirme escuchada y querida. Que me abrazaras sin cualquier motivo, o me dijeras que me irían bien los exámenes. Que no dudaras un momento en abrirme las p…

Espero que algún día puedas perdonarme, por hablar siempre de ti.

Podré explicar muchísimas cosas, muchísimas. Dar detalle de todo lo que me hacías sentir. Pero jamás nadie podrá saber todo lo que fue nuestra historia. Nadie más, nadie que no seamos nosotros.
Por esa misma razón nadie nunca entendería cómo dos polos opuestos siempre acaban chocando, en algún lugar, de alguna forma, sin razón. Por qué siempre impactamos. Por qué siempre jugamos a ser adultos. Y tampoco entenderían por qué sigo sintiéndome como una niña cuando me haces reír.
Ya no puedo esperar más que esto, y lo sé. Me quedo a tu lado, aunque sea un poquito más lejos. Ya te dije una vez, pase lo que pase, estés donde estés, siempre que necesites hablar, escuchar, reír, o llorar, estaré. Aunque me pidieras que me fuera lejos. Aunque tuviera que sentir el frío de mil inviernos o la agonía de mil tormentas. Siempre existe algo en mí que me hace no abandonarte. No soltarte. Protegerte. O ese estúpido e irrevocable intento de cuidarte, aunque a veces no me saliera bien.
¿Echas de menos a…

Ha sido un día de mierda y por eso escribo.

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Hace más frío que nunca. Tengo el corazón helado y la esperanza no da señales de vida. Sé que prometí no volver a escribirte, pero quizá así hayas dejado de leerme. Quizá era la manera de que dejaras de pensar en mí y en este estúpido blog lleno de tristeza y  de sentimientos. Parece que el mundo sigue girando y yo sigo viviendo donde siempre, durmiendo donde siempre, pero vacía. Viéndonos en demasiados sitios, recordándome a mí misma que ya no estás; por si se me olvida. Prometiéndome que ya no voy a correr tras de ti, que voy a respetar tu libertad. Prometiéndome sobrevivir. Haciéndome la fuerte. El mundo se ha vuelto una locura y yo sigo pensando en no querer pensar. Me hago pequeña. Los días pasan y nada cambia. Y tú no vuelves. Y echo de menos esas pequeñas cosas que nos hacían reír. Como una simple canción o salir en bici.  Y la gente me pregunta y yo les digo que no sé nada de ti, aunque sea mentira. Y les hago cambiar de tema, sin que se den cuenta.
Faltan catorce días para mi…
He fallado. Me siento perdida. No ha salido bien. No he salido bien. Y eso que solo era el primero. La primera prueba. Y creo que he fallado. Y quizá este no es mi sitio. Quizá no soy quien debo. Puede que necesite escapar. Quiero irme. Lejos. Quiero marcharme. No tener que dar explicaciones. Hacer la maleta y huir. Es lo que mejor se me da, irme.  Me siento frustrada. Y hundida. Y no quiero. Una parte de mí necesita saber que valgo para esto. 

Sé que soy idiota. El estudio para otras personas no es tan importante... Pero yo siento que si fallo fracaso. Y fracasar donde estoy supone renunciar a mis sueños. Quiero que todo salga bien. Que al menos esa parte de mi vida esté bien,que al menos pueda ver resultados en todo lo que hago.
Me siento triste. Más que triste, enfadada. Más que enfadada, desilusionada. Más que desilusionada, decepcionada. Y además, conmigo misma. Que supongo que es lo peor que a alguien le puede pasar.
Decepcionarse con uno mismo es empezar a renunciar a creer. Y …

Gracias.

Como es lo último que debo escribirte voy a darme el lujo de llamarte pequeño. Y valiente. También te voy a llamar valiente. Y sé que esto lo tengo que hacer por ti. Para que dejes de leerme, para que estemos bien. Va a ser duro no escribirte, porque el único lugar donde podía decir lo que sintiera sin tener que dar explicaciones era aquí. Y va a ser difícil no recurrir a mis letras, a mis páginas, a mí misma.
Hoy has sido valiente. A diferencia de mí, yo solo podía estar callada. Tú estás siendo muy fuerte. Pero por eso me enamoré de ti, porque sabía que eras el más valiente. Y que siempre que deseas algo luchas. Estás luchando para que salgamos a flote, aunque estemos hundidos. Y te agradezco que intentes hacerme reír y que encima lo consigas. Agradezco tus promesas y también esos abrazos que abarcan verdades y mil emociones que nacen en mí. Voy a hacer esto por ti.
Y si algún día te escribo quizá ya no mires este estúpido blog de páginas infinitas hablando de ti, y si un día recaigo…

Aunque sin mí estés bien, quédate.

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Quédate. Como se queda siempre el mar cuando no quiere irse. Como se queda el invierno en el mes de enero, como se queda el silencio siempre detrás de la coma. Quédate. Como se queda tu recuerdo, quédate. Y abriga esta agonía, porque me está matando. Ven. Y cuéntame que no has podido vivir sin mí. Y cuéntame que te gusta que me ría. Y explícame otra vez esas historias que solo tú sabes, que solo conmigo compartes. Quédate. Podemos jugar a ese juego de azar que te gustaba tanto. Y a ver quién besa primero. Quédate. Quédate en mis sueños, no te vayas. El universo conspira contra mí y hoy te manda lejos, como si quisiera apartarme de ti cuando más te necesito. Dile a esta mala suerte que cambie su rumbo, que tú y yo caminábamos de la mano, juntos. Quédate. Y dale esa dichosa patada al miedo. Dime que has vuelto a leerme. Quédate y no lo dudes. Piénsame. Como se piensan las cosas que gustan, y devórame a sonrisas como hacías antes. Abrázame fuerte y di que sigo sin oler a nada, y que eso…

Cartas jamás entregadas.

Hola. O quizá debería decir buenas tardes. Aquí estoy.  Imagina que estoy hablándote. Contándote todo esto. Que es una carta, o quizá una llamada telefónica. Imagina que te hablo y tú te mantienes en silencio. Que solo me escuchas. Aunque sé que ya no sueles pasarte por aquí. No sé por qué. No sé por qué sigo haciéndolo. Pero  necesito escribirte. Algunos se desahogan jugando, haciendo deporte, viendo películas o simplemente leyendo. Yo lo hago así. Hoy estoy mal. Mal, como cuando piensas: Joder, es un día de mierda. Mal como cuando soy consciente de que estoy a 4 días de empezar exámenes y te necesito.  Mal al ser consciente de que ahora no puedo llamarte cuando se me antoje a contarte llorando que estoy agobiada. Que necesito escapar. Que mi mundo me está superando. Que me hundo en un mar de lágrimas. ¿Estás ahí? Casi puedo escuchar tu voz diciéndome: Noelia, todo saldrá bien. Casi suena real. Hoy he cometido la estúpida y tremenda gilipollez de mirar fotos. Con los vídeos aún no m…
El momento en el que apago la tele y me giro hacia la pared para intentar dormirme. Y todo está oscuro y solo estoy yo. Hace frío, y me acurruco. Pero ya no hay calor. Y pienso en la de noches que has dormido aquí, en este colchón, con o sin mí. Pienso en las cosquillas y sonrío triste porque las echo de menos. Y me quedo mirando un punto fijo en la habitación mientras me pregunto si alguna calle te habla de mí, si alguna canción dice sin querer mi nombre. Yo también he dormido donde tú duermes cada noche, y te juro que entre esas sábanas era la persona más feliz del mundo. Me mirabas y yo con una sonrisa me tapaba, y te devolvía la mirada, desafiándote a sonreír también. Bajo esas sábanas - y estas- me hablaste del universo y discutimos sobre por qué fuera de esta Tierra el tiempo es diferente. Siempre me gustó escucharte teorizar sobre ello y sobre por qué hay vida en otros planetas. Siempre me gustó sentirme una alumna ante ti, ante tu manera de hablar sobre la ciencia como quien h…
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Sigo siendo la misma niña de ayer,
pero con los ojos un poquito  más tristes.


Hemos sido la poesía que mordía la boca de Neruda, el tiempo escurridizo entre las manos, la pasión de dos veranos que trajeron paz.Lo hemos sido todo. 

Con esta canción no hace falta decir nada.

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Escribo porque es uno de esos momentos. Momentos en los que echas de menos. En los que te bloquean una soledad y una tristeza indomables. Escribo porque a veces me pierdo. Escribo porque te recuerdo tumbado dándome los buenos días con un beso, y recuerdo la primera vez que besé tu piel. Escribo porque recuerdo esos trenes y esas ganas de ir a ese parque de atracciones en pleno invierno. Escribo porque lloro y lloro porque pesa no poder abrazarte igual. Escribo los recuerdos que se escapan de mis manos, escribo como escribieron mis labios en tus piernas, en tu pecho, en tu espalda. En tus labios. A veces hablo con los recuerdos, y también a veces suelen contestarme. Ellos también nos echan de menos, pero permanecen callados, latentes. Miles de fotos y cartas podrían explicarte mejor que yo todo esto. Un sin fin de noches y juegos. Un sin fin de secretos y charlas sobre el universo. Demasiados recuerdos. Demasiados días. Demasiadas estaciones. Demasiada felicidad para ahora estar bien,…
Ella dejó de escribirle porque supo que él había dejado de leerla.