domingo, 18 de enero de 2015

Gracias por haber sido mi segunda familia.

Hoy he sentido la necesidad de escribirte, Ana. Y probablemente esta sea la carta, el mensaje, que jamás te llegará porque nunca seré capaz de enviarte. Tengo tantas cosas que decirte...Tantas.
Puede sonar exagerado, pero el tiempo que estuve con vosotros sentí que eras como mi tercera madre. Nadie podría haberme 
acogido con tanto cariño tan rápido. Una de las cosas más difíciles que he hecho ha sido despedirme de vosotros, de esa casa y esa familia que ha sido mía. No sabes cuánto te echo de menos. Ir a comer cada semana a tu casa y que siempre prepararas aquella carne que me encantaba, y nunca te pareciera lo suficientemente buena. Y en realidad sí lo era. Esas conversaciones en las que no callábamos, en las que te contaba absolutamente todo de mi vida. Y él suspirando, como diciendo 'Nunca os calláis'. Echo de menos eso. Sentirme escuchada y querida. Que me abrazaras sin cualquier motivo, o me dijeras que me irían bien los exámenes. Que no dudaras un momento en abrirme las puertas de tu casa. Que compraras expresamente Colacao para mí. Os echo de menos. Echo de menos ese sofá, esa tranquilidad. Y echo de menos, sobre todas las cosas, a tu hijo. Ese ángel que me crucé por casualidad y que se convirtió en mi mundo. Me acogiste porque sentías que yo le hacía feliz. Y es que tú siempre le has cuidado tantísimo...No sabes cuánto me gustó ver cómo le abrazabas aquel día en que él estaba muy mal y le decías que todo iría bien. Con vosotros todo fue sincero. Absolutamente. Echo de menos ese aroma, ese sentirme bien. Entrar en su habitación y que entraras siempre con la merienda, cuidándonos. Yo nunca olvidaré todos esos pequeños detalles que pueden ser insignificantes pero para mí fueron tan grandes. El simple hecho de que me pidieras ayuda o consejo para la ropa, el simple hecho de acudir a mí ya me hacía sentir de aquella familia. Me duele tanto escribir esto...Lo siento tan dentro, no puedes ni imaginártelo.
Tu hijo siempre fue bueno conmigo, siempre. Nunca me sentí mal, ni insignificante. Siempre cuidó de mí, como tú le enseñarías de pequeño. Fue bueno porque tú también fuiste buena. Y no sabes la de veces que pienso en aquellas conversaciones en las que bromeábamos sobre el futuro y hablábamos de nuestros hijos. Sé que era simplemente por hablar, pero no te miento si te digo que me habría encantado que fueras abuela de esos hijos. Sé que les habrías educado como le educaste a él, con cariño, paciencia y delicadeza. Habría sido increíble seguir pasando infinitas navidades con vosotros, y muchos domingos de paella y demás. Habría sido increíble poder asistir a esa boda, el verano que viene, de la mano de tu hijo. Y llorar emocionada. Y estar ahí.
Sé que nunca vas a leer esto, y quizá es mejor así. Esto solo es lo que hoy siento y necesito plasmar en algún lugar. Seguramente tarde o temprano otra chica llegará. Más alta, más baja. Más guapa, menos simpática o más espectacular que yo. No lo sé. Pero sé que se sentirá parte de esa gran familia. No sabes cómo la envidio. Formar parte de algo tan grande.
Cuida de Raúl. Se merece cumplir todos sus sueños. Por favor, no dejes jamás que nada ni nadie le desanime, él es el más fuerte, el chico más valiente del mundo. Por eso me enamoré de él. Que no se borre su sonrisa. Abrázale mil veces al día y dile lo guapo que está. Porque siempre está guapo.
No permitas que se le olvide lo mucho que vale...Porque a veces se le olvida. Dile que sea fuerte, que jamás se rinda. Que estás orgullosa de él.
Gracias Ana, infinitamente, gracias. Nunca podré decirte con palabras lo que he sentido por todos vosotros. Tus palabras siempre han sido buenas, cargadas de un cariño que pocas veces he visto en las personas. No sé explicarte cómo me siento, ni el miedo que tengo. Tú mejor que nadie vas a poder hacerte una idea de lo que sentí - y siento- por tu hijo. Sé que no puedo compararlo con el amor infinito de una madre, pero la manera en que deseas curarle tú se parece a lo mucho que quise curarle yo. Tú y yo tenemos eso en común, que queremos lo mejor para él. Nunca voy a olvidar lo bien que me sentí bajo ese techo, tú siempre supiste cómo hacerme sentir un poco mejor.
Y aunque sea tímida y muchas cosas no las diga, no significa que no las haya sentido.
Cuídate y cuídale. Él, aunque no te lo diga, te adora como a nadie. Y ya sabes lo tímido que es. Así que protégele y dale todo el amor que yo ya no puedo darle. Sé que está en las mejores manos.
De nuevo gracias por haberme querido, cuidado y aceptado.
Jamás voy a olvidar nada de esto. Siempre voy a llevaros conmigo, allá donde vaya.




Gracias por ser mi segunda familia. De veras, gracias.

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