domingo, 30 de junio de 2013

- Ellos piensan que la vida es corta.
- ¿Y tú crees que no?
- No es eso. Lo único que creo sobre la vida es que dura lo suficiente como para saber, cuando acaba, que has vivido mucho.- hizo una pausa y miró al cielo- Se quejan de que el tiempo vuela, pero no hacen nada que realmente lo detenga. Es tan fácil como vivir. Pero algunos, en vez de vivir, sobreviven. Y ese es el problema.










Una vez escuché por la tele que la felicidad es la ausencia del miedo.
¿Y sabes qué? Que yo ya no tengo miedo.






Días para recordar.

sábado, 29 de junio de 2013

Un secreto sobre el mundo.




No sé sobre poesía, y mucho menos sobre la vida.
Lo único que sé es que cuando sales ahí fuera eres mirado completamente, de arriba a abajo.
Y eres criticado, tanto por las partes buenas como por las malas. De un principio serás mediocre, hasta que destaques en algo. Y cuando ellos sepan cuál es tu punto fuerte, irán a por ti. Intentarán que pienses que nada de lo que hagas será jamás, para ellos, suficiente. Pondrán límites, y también cruzarán fronteras que no deberían de cruzar. Te agobiarán hasta tal punto que tú empezarás a dudar de ti mismo. Y es que el mundo es demasiado difícil. Y con el paso de los años, los trayectos, la vida, el camino va haciéndose más duro. Un día puedes estar arriba, junto los mejores, para días después estar entre los 'marginados'. Y es que el listón para encajar suele estar muy alto.
Primero tienes que parecerte a ellos, y después que eso para los demás parezca ser suficiente.
Por suerte, os digo, que no todo el mundo es igual ahí fuera: encontraréis a gente a la que no le dé vergüenza, rabia o asco vuestra forma de ser, gente como tú, como yo, a la que no le importe abrazar a alguien que no sigue las modas como el resto. Y es que ahora, solo se valora a las personas, por el envoltorio que llevan, sin tener en cuenta el sabor de cada uno cuando se lleva el envoltorio. Quizá es que aún no se han dado cuenta de que todos somos especiales, a nuestra manera. Y de que si la maldad existe, es simplemente por moda, no por naturaleza.
Así que sí, a ti nadie te enseña qué habrá ahí fuera cuando decidas dar un paso al frente y exponerte al mundo, por eso yo te digo que quizá no es lo que esperes, tal vez sea mucho menos divertido de lo que creas en un principio, pero si hay algo que puedo decirte es que seas tú mismo.
Porque no hay reglamentos para sonreír, ni para que los demás te sonrían.
Realmente si hay algo bueno que tiene el mundo eso es que solo estarán a tu lado las personas auténticas. O sea, los que te quieran por lo que eres y no por lo que desearían que fueras.

viernes, 28 de junio de 2013

Por si volvieras.


Desde que te fuiste ya no volvió a ser invierno- y mira que a mí me gusta el frío- y ahora encontraba calidez en todo, menos en tus brazos.
Y es que mi intento de protegerme con las sábanas es inútil si tus brazos no acompañan esta mitad dormida. 
Que te dejes de tonterías y vuelvas, que el mundo se ha detenido y ya no recuerda hacia qué lado tenía que girar. ¿No ves que no soy la única que te necesita cerca?
Así que no intentes que crea que lo mejor es alejarte, si a cada metro el corazón late más débil.
No has entendido nada en todo este tiempo, ¿verdad?.
Que la luna dejó de tener sentido para los enamorados, y amor pasó a ser una palabra más.
Te necesitamos. Tanto, que arde. Tanto, que se clava. Como cien cuchillos afilados.
Dispuestos a clavarse hondo, muy hondo. 
Y es que nunca he entendido de finales, así que no acabes de escribir la historia.
Quiero leer siempre una página más.
Y que nunca se acaben.
Porque por si aún no te has dado cuenta, la mitad de tu sonrisa se desvaneció con aquella despedida en la estación perdida de tus miedos. Tú la rompiste. Echándome de ti. Echándote de mí.
Y aunque grité y no escuchaste; créeme mi voz no pudo alzarse más.
Por eso me quedé pronunciando tu nombre, abriendo cicatrices
Por si se te ocurría volver.
Por si querías volver.





















El verano va a ser- está siendo- inolvidable.
Habladme de sueños que yo tengo cientos.
Eres lo más bonito que tengo, ¿sabes?
RN  2·6= XII.

jueves, 27 de junio de 2013





Dime tú, amor, si cada caricia viene con el pedido de una más,
cuándo nuestras manos se podrían cansar.
Si no sacio mi sed de ti, ni con mil besos que me puedas dar.

Dime tú , amor, qué hay de malo en eso de quererse,
si ellos nos mirarán con celos por tenernos,
y por saber que nos tendremos siempre. 






















- Deja de mirarme así o tendrás que llamar a seguridad...
-¿A seguridad?
- Tendría que secuestrarte.
-Mis padres podrían pagar el rescate...
- Ilusa, si yo te secuestrara te vendaría los ojos y te subiría a un avión rumbo a Venecia, Verona, qué se yo. Lo que sí que tengo claro, y eso en el trato es inegociable,...es que no pensaba pedir un rescate.

miércoles, 26 de junio de 2013

Un motivo de felicidad, dos letras: tú.



Diferentes a rabiar. 
Pero la vida no es fácil. Y une a personas que no tienen, a veces, mucho que ver.
Eso sí, en cuanto a unir sueños, la vida es una experta. Porque se encarga de unir en el momento justo a dos personas que ya se habían cruzado mucho antes, pero que jamás se habían mirado a los ojos. Dime tú si no es bonito el coincidir en un mismo sitio, con lo grande que es el universo.
Y que parece que todo ha estado preparado detalle a detalle para que al chocar dos sonrisas impactasen. Dime si es cursi y te diré cuán cursi puedo ser al hablar de un nosotros.
Porque no rozas el alma, no, la atraviesas. De esquina a esquina.
Y es que repito, la vida no es fácil. Y pone retos extremadamente dificultosos, como el mirarte sonreír sin tropezar en las aceras, al caminar.
Y dime tú si es bonita la vida, cuando te pone a personas con las que puedes ser tú mismo al lado.
Es como si de repente, fuese tan fácil como un corazón que late por inercia.
Dime que no estamos hechos para estar juntos y estarás mintiendo. Porque lo he visto en cada sonrisa y en cada momento.
Y es que , a veces, la vida nos da golpes inmensos solo para que un día podamos encontrar a alguien y pensar: 'Ya sé por qué nunca ha funcionado antes, ya sé por qué fracasaba cada vez que lo intentaba con alguien más.'
Porque a veces quien menos te esperas es con quien acabas yendo de la mano por el parque. Y celebrando mes a mes, y por quien esperas despierta para leer sus buenas noches por Whatsapp.
Y a quien acabas dedicando horas montando un vídeo, buscando links de descarga para canciones que a ti te encantan tocadas en piano. Por quien no te importaría nadar todo el océano si su vida dependiera de que llegaras al otro lado.
Es por eso que puedo decir te quiero. Porque ya no es algo en lo que crea, es algo que ahora, y desde hace mucho tiempo, sé.







Felices tres meses, pequeño zombie. Y tan felices que han sido.

martes, 25 de junio de 2013

Me maté a base de alcohol y de tus besos.
Tú eras de arrancarme las medias a bocados y yo de arrancarte la risa a tonterías. Y cómo se miraban nuestros ojos cuando los corazones ardían, eh.
Que nos sobraba hasta la piel.
Habríamos derretido el polo norte si a caricias se pudiera deshacer el hielo.
Y nos habríamos ahogado.
Como ahogaste tus penas en el ron cuando decidiste marcharte. Y aprovechaste el atardecer para desaparecer.
Desde entonces vivo en tu vaso, ya sabes, siempre medio vacío, ahogándome en el recuerdo del sonido de tu risa con cada amanecer.
Sabes que siempre he sido más de anochecer en tu cuerpo. Sobre ti.
Y como si eso bastara, como si el recuerdo llenara, te siento cerca.
Como si estuvieras aquí.
¿A quién se le ocurre marcharse dejando un corazón lleno de nieve en un verano como éste? 
Solo tú podrías haber hecho algo así.



























Aunque me sienta feliz siempre escribo cosas tristes.
Cosas de escritores, supongo.
Vuelvo con las pilas cargadas.

domingo, 23 de junio de 2013

Así que

Abrázame y si quieres, llévate mi aire. No lo necesito si te tengo a ti. 
 











Me tomo unas vacaciones en el blog; volveré el martes. 





viernes, 21 de junio de 2013

Soy más del sonido de tus doce risas que de tus prisas.



Yo soy más de libros que de películas,
más del sonido de tus doce risas que de tus prisas.








Hablabas de amor, como si lo entendieras.
Y quizá lo entendieras.

jueves, 20 de junio de 2013

Y mira que a mí me gusta la libertad.




Conducir estratégicamente hasta la quinta avenida de tu risa y echar el freno, pero sin parar.

Que el mundo conspire contra nosotros pero el universo se ponga de nuestra parte, y que le den a los dados si solo puede llegar a seis, porque aunque nosotros siempre hemos sido más de pares,  siempre jugaremos a partir del doce. Coseremos las alas tantas veces como se nos rompan, y no te preocupes si derrapas al echar a volar, es que tanta dulzura no cabe en ese par de alas que llevas como libertad. Así que déjame arrancarte parte de ella, quizá a besos, tal vez a mordiscos, déjame desnudarte a palabras. Porque no entiendo de tiempos ni estaciones si estás arropándome.
Porque no entiendo de lluvias si no hay paraguas mejor que el de tus abrazos a mitad de un beso, en cualquier semáforo de esta dormida ciudad. Déjate de verdades y sílabas que juntas crean tempestades, mejor cómeme a besos que por cada esquina que nos contemple sumaremos puntos a eso de querernos. Y que gane el mejor, pero no el más fuerte, sino aquel que sepa a base de susurros erizar la piel. Que se nos erice hasta el punto de extinguir nuestros miedos. Pero no te vayas, por favor, y báilame el agua. Que te quiero tener a menos tres centímetros. Y me falte el oxígeno de tanto respirar(te). 
Así que abre todas tus puertas porque pienso entrar a lo grande. Que en tu vida no quepa un 'ha pasado desapercibida'. Porque pienso dejar huella hasta en las aceras que cada día pisas. Si mueres, que solo sea en la curva de mi sonrisa. Te resucitaré a besos. Lentos, de esos que se paran a mirar al tiempo, vacilones de detener cualquier momento.  Así que ni se te ocurra irte sin previo aviso, y si avisas, tampoco te vayas. Porque no me quiero perder ni un solo día sin tener el sonido de esa risa clavado en las costillas. Bésame a ratos. Pero cada vez con más fuerza. Porque quiero ser presa de tus recuerdos, y mira que a mí me gusta la libertad, pero cuando se trata de ti, amor, todo es bueno. 

martes, 18 de junio de 2013

Qué vicio, el de colgarme en tu sonrisa.



Esos libros que hablan de caricias de terciopelo y besos imborrables no tienen ni puta idea de lo que es ver tu espalda desnuda sobre mi cama. Esos protagonistas disfrazados de perfección no miran como miras tú. Ni mucho menos hablan como lo haces tú. Sus gestos no transmiten insensatez, honradez, ni una pizca de picardía y a la vez ese toque infantil que llevas en tus movimientos.
Esas parejas no tienen ni puta idea de lo que es un beso tuyo, ni curarte las heridas. No saben de tu risa, ni de esa arruga que se te hace en la cara cuando te ríes a más no poder. Qué sabrán ellos de quererse. Ellos no te han cosido las alas ni te han tomado por la espalda cuando has caído al elevarte, al volar. Ellos no tienen ni idea de la sensación de placidez que se te incrusta en el pecho al caminar de tu mano por la ciudad. Ni saben de tu cara de bienestar cuando mis besos ruedan por tu cuello, tus orejas, por tu piel. No saben qué es mirarte directamente a los ojos mientras te muerdes el labio como pidiendo más. No tienen ni puta idea de lo que es apoyar la cabeza en tu hombro, sentados en cualquier metro, esperando la parada correcta. 
Qué sabrán ellos de caminos, destinos o de la vida. Qué sabrán ellos si no han sentido esas mariposas estallando en pedazos en el estómago al acercarse a milímetros de tu boca.
Dime tú quiénes son ellos, si no conocen la marca de tus mejores miradas, esas palabras preciosas. Si no conocen tus mejores besos. Esos tan lentos que hasta el tiempo se para a observarlos.
Dime tú qué van a entender ellos de tardes perdidas si no han tenido el valor de perderse por la curva de tu sonrisa, dime tú qué sabrán ellos sobre la felicidad. Qué sabrán ellos sobre el amor. Sin ti el amor pierde el sentido, y ellos aún no te conocen. 

lunes, 17 de junio de 2013

Lo más triste que jamás he contemplado era su sonrisa rota.


Y me preguntaban que qué era lo más triste que había contemplado nunca.
Vi los ojos de una madre llorar.
Si hubiera sido cualquier madre, tal vez, me habría dolido en el corazón.
Pero era la mía. Así que sentí todos los pedazos quebrados esparciéndose por mi habitación.
Lloré durante horas. Y mis lágrimas sabían a impotencia, a rencor. Y la definición perfecta para el estado en el que me encontraba ni si quiera podría haber sido tristeza.
Me habría arrancado los ojos antes de contemplar cómo la persona por la cual yo vivía comenzaba a desvanecerse. Es por eso que siempre odiaré a esa mujer que tanto daño le hizo. No por lo que hizo, sino por las consecuencias que ello trajo. Saboreé desde cerca el dolor que sintió mi madre en el pecho cuando la que creía que era su mejor amiga se alejaba precipitadamente de su vida, descubriendo esa falsedad que llevaba consigo, mientras mi madre no podía hacer nada por cambiar el rumbo de las cosas. 
Ella decía algo así como La vida es así cariño. Y trataba de consolarme. Pero yo ya la había visto llorar. ¿A ti tampoco te gusta cómo es la vida, verdad, mamá?
Cayó redonda en el sofá. Y la mirada perdida encontraba el gris de la pared del comedor.
Quise abrazarla, pero mis piernas no daban más de sí, no pude acercarme. 
Solo quedarme quieta, mientras el atardecer llegaba, como con el teléfono en la mano y la mirada perdida, mi madre, consumía las horas llorando.
Nunca había visto tanta humedad, tanta tristeza en esos dos charcos azules.
No tanto como el día en que dejó de ser ella.
Una parte de lo que había conocido durante quince años murió.
Y una parte de mí también murió con ella.
Le costaron días volver a reír como hoy ríe.
Y le costará toda una vida olvidar, y quizá no lo consiga, todo lo que ha pasado.
Y ese es mi gran secreto, su felicidad. Y esa es mi gran meta, ser como ella.
Tal vez la gente hoy en día admire a famosos, y sus ídolos sean cantantes, escritores, músicos, deportistas...
El mío no. Mi ídolo es el puro reflejo de lo que quiero en mi futuro.
De ella.
Así que no pueden preguntarme qué es lo más triste que he podido contemplar jamás, porque...en realidad, lo más triste que he visto ha sido cómo la persona que a mí me dio la vida, poco a poco, iba consumiendo la suya. 

domingo, 16 de junio de 2013

Niña de ojos grises y tristes palabras. Te balanceó el viento y en él, viste cómo él llegaba. Te acogió en sus brazos, aprentando, tan, tan fuerte, que parecías formar parte de él. Podría haber elegido a cualquiera; habían miles mejores que tú. Y sin embargo, te escogió a ti. 

sábado, 15 de junio de 2013

Si un día llegas a marcharte, recoge antes todo lo que dejamos escrito en todas las nubes de esta ciudad. Recoge susurros, besos, miradas fugaces,sonrisas eternas.  Recógelo todo y llévalo contigo. Porque si te vas, si te vas no quiero nada que me recuerde a tu ausencia. Ni a tu piel. No quiero nada que me recuerde a tu manía de sorber la nariz cada dos por tres, de mostrarte ante mí sin fingir, sin preocupación, como si dieras por hecho, como si llevaras en el mecanismo de tu cuerpo, como si adjudicaras que hagas lo que hagas, seas lo que seas, yo te querré de todos modos. Si un día llegas a marcharte, recoge los fuegos artificiales encendidos en mí, y haz de tu recuerdo algo efímero, para que yo no pueda echar de menos los mordiscos en la piel, los susurros del corazón.
Si te vas hazlo con todo aquello que me ha hecho feliz, para que así yo no recuerde cómo es sentarse a tu lado en mitad de la nada y soñar con un futuro juntos. Si te vas llévate mis libros, con todas esas historias que hablan de ti. Y llévate mis sueños, recogidos en instantes perfectos, en viajes impresionantes. Recógeme a mí y déjame en un lugar donde nadie pueda pronunciar tu nombre, para que así ninguna letra duela, al ser pronunciada. Si te vas, hazme sentir como si nunca hubieras estado, porque si no lo llegas a hacer, la ausencia será tan insoportable que mis líneas solo gritarán tu nombre, y junto a él, un 'Vuelve pronto'. Si no recoges mis sueños, seguirán revoloteando por mi almohada, anhelando momentos que todavía no habrían llegado.
Pero si de verdad me quieres, y a ti también se te encoge el alma cuando eres testigo de un momento perfecto, si a ti también te coso las alas y te dejo volar libre, si también sientes que ahora cada latido tiene sentido si grita mi nombre...entonces no hace falta que te marches nunca.
Ni recojas sueños, ni recojas tu risa y te la lleves.
Porque entonces voy a pedirte que te quedes,
y que si puede ser, solo si te apetece,
lo hagas para siempre. 































Puedes vivir toda tu vida pidiendo algo,
deseando algo...Pero créeme, no empezarás
a alcanzar esos sueños hasta que no luches
por ellos.

viernes, 14 de junio de 2013

Moneda de dos caras.

Desgraciadamente no soy Neruda, Bécquer o Salinas. Pero puedo escribirte los versos más tristes esta noche, y tal vez volverán las oscuras golondrinas en tu balcón sus nidos a colgar y quizá cada beso perfecto aparta el tiempo,le echa hacia atrás, ensancha el mundo breve donde puede besarse todavía...
Yo no sé cómo hacerlo para que dos palabras creen la simplicidad y a la vez la belleza suficiente como para parecer perfectas. Es más, yo no tengo ni idea sobre ésto, aunque mi sueño sea que cuando la gente me mire pueda decir 'Eh, es escritora'. 
Pero si hay algo que es cierto, y eso es que cuando se trata de ti, las letras van solas, deslizándose por la pantalla, y mis dedos teclean a la velocidad de la luz.
Yo no sé mucho sobre la vida, ¿sabes? Y mucho menos sé algo sobre el amor. Lo que sí que sé es que le puedo llamar 'vida' a eso de estar tirada, en la cama, apoyada en tu pecho, sin hacer nada más que acariciarte el mentón, besar tus hombros, perderme en el brillo de tu mirada. Y que le puedo llamar 'amor' a cogerte de la mano y de repente estar segura de poder comerme el mundo.
A eso le llamo yo experiencia, a ver tus sonrisas sinceras, tus sonrisas de compromiso, tus sonrisas de tristeza, tus sonrisas enamoradas, esas que a veces me dedicas cuando digo una tontería. Y esas, chico, son mis preferidas. Porque me gusta hasta perder en un juego y que sonrías malicioso, me gusta que te guste hasta lo más absurdo de mí. O que te muerdas el labio al verme, tan cerca, tan tuya, tan simple, tan para ti.
Porque no me importa no llegar a publicar un libro, ¿sabes? me basta con que estés sentado a mi lado y me digas ' No abandones, Noelia, yo confío en que lo harás. Yo confío en ti'. Me vale con saber que una sola persona leerá lo que escribo y esa persona seas tú.
Te llamarás Raúl, pero podrías llamarte Felicidad y quedaría igual de bien.
Nunca sueltes mi mano.
Porque cuando escucho de tus labios eso de 'Tienes un don', por un segundo realmente me creo capaz de llegar allá donde quiera ir. ¿Sabes que haces que mis sueños parezcan hechos? 
Creo que esa sería la definición perfecta del amor, que alguien mirara dentro de tus ojos y encontrara la paz que encuentro yo.
Aquí me tienes, tan tuya como siempre. Tan cursi, romántica y alocada como todos los días.
Escribiendo sin querer, o queriendo, tu nombre entre línea y línea.
Nada puede salir mal, ya no. 










Recuérdalo siempre: Nuestra moneda tiene dos caras,
nunca va a salir cruz. Nunca podremos perder.




martes, 11 de junio de 2013

Ella era de las que se sentaban en última fila y pasaban desapercibidas. De las que mordían en bolígrafo al estar nerviosas. De esas que no se maquillaban y rara vez llevaban las uñas pintadas.
Ella más que de la copa, era amante de las letras. Y más que de la fiesta, lo era de las películas a media noche cuando empezaba a llover.
Mientras todas se refugiaban en las risas, ella lo hacía en los versos de cualquier poema que la arropara. ¿Rara? Tal vez, pero soñadora. Y creía que un día alguien llegaría y la salvaría.
Como en esos libros salvaban a la chica rara de su aburrida y triste vida para mejorarla.

Y cuando menos lo esperaba, como por arte de magia, como conspiración del destino, del cosmos o del cielo, el chico que jamás había buscado pero siempre había querido encontrar se cruzó. 
Quizá la chica se había salvado.
Y tal vez él fuera la razón. 

Pisaré tus pies de plomo.

Ella era más de inviernos.- de colgarse y balancearse en tu sonrisa, por ejemplo- Era más de desafíos- de estrujar tu cuerpo hasta dejarte sin aire.- Ya sabes, era más de porciones de felicidad- de esas que dejan recuerdos merecedores de futuro.
Ella era más de quererte que de echarte.- más de quedarse que de largarse- Más de cumplir que de promesas- ¿y cómo puede acojonar tanto alguien? Ella pisaba con pies de plomo.
Y tú la intentabas alcanzar- como elevándote y estirándote- y ella se dejaba agarrar.
'' Pisaré tus pies de plomo'' decías.
Su risa quedaba tatuada en tu espalda y moría en tus retinas.
''Atrévete a quererme'' decía.
 Y vaya si te atrevías; tanto, que la querías. 

lunes, 10 de junio de 2013

Tan fácil.

Me tragué el cielo y me bebí las calles. Camine al compás del mundo y también nadé a contracorriente. Me perdí en la profundidad del negro intenso de sus ojos. 
- ¿Por qué no me contaste nada antes?.- guardé silencio y mire hacia la calle. Muchos paseaban riendo, otros discutiendo, algunos besándose. Otros simplemente, pasaban, como pasa la vida. No tenía pensado contestar así que no articulé palabra y él continuó, señalándome con el dedo en forma acusadora- Beth, cuando alguien está así busca el apoyo de las personas que la quieren. ¿Por qué no me dijiste nada? ¿Por qué me has tenido a tu lado ignorando todo lo que te sucedía? ¿Por qué no me lo pudiste decir...?
Tragué saliva. También tragué esas lágrimas que amenazaban con salir. 
- Tenía miedo.- mi voz sonó tan débil que me dio la sensación de estar rompiéndome a trozos. Le miré punzante, amenazadora, le miré con intención de asustarle, pero él solo parpadeó rápidamente y reflejó en su cara una tristeza que nunca antes había visto en él. Se le humedecieron los ojos. Estaba apunto de llorar. Tapé mi boca con las manos, como si así pudiera ahogar en un segundo esos chillidos que se desbordaban en mi garganta. 
- ¿Miedo a qué?- su seriedad se me incrustó en el pecho.
- A que te alejaras de mí.
Calló. Apretó la mandíbula. Me miró fugaz, incrédulo. Tal vez no se podía creer lo que le estaba diciendo; tal vez le había dolido. O quizá su silencio era la confirmación de que se habría alejado de mí. Volvió a mirarme y me removí nerviosa, con las piernas temblorosas y mis ojos fijos en él.
- No me puedo creer lo que has dicho.
Espetó.
- Lo que tú no puedes creerte es cómo he podido callarme algo que te ha hecho tanto daño. Sólo quería que estuvierais bien. Sólo quería evitaros el dolor. Sólo quería ser feliz el tiempo que me que...
- No. No hay ningún tiempo, Beth. Ningún temporizador que diga en cuánto tiempo se consume tu vida. Vas a empezar el tratamiento y el cáncer hoy en día es...
- 8 %. 
- Pero...
- Quería que lo supierais cuando pudierais empezar a notar los cambios. Cuando empezara el tratamiento. 
- Soy tu pareja. 
- A ti quería protegerte por encima de todos, Eric...
- Me he sentido ajeno al mundo cuando me lo has dicho. Me he sentido ajeno a tu vida, he dudado en si conozco realmente a la persona con la que estoy...he dudado de tu sinceridad. 
- No sigas hablando, por favor. 
- ¿Tienes una idea de cómo me he sentido...?
- ¿Y tú? ¿Tienes una idea de lo que es saber que cada día que pasa puede ser el último? ¿Tienes una idea de lo que es sonreír cuando estás con tus amigos, con tu novio, para que ellos sean felices mientras tú te mueres? ¿Sabes lo que es ver a tu madre, llorando, desconsolada, en una consulta, con unos papeles en la mano que llevan los resultados de tu último análisis? ¿Sabes lo que es que tu madre te abrace cada noche y te diga que olvides lo malo y sueñes con una vida mejor? No. No tienes ni idea de lo que es intentar ser como los demás, intentar encajar, intentar disfrutar de las fiestas, de las quedadas, disfrutar de mi vida, de mis amigos, de los momentos familiares...de ti. Eric, de ti. No tienes una idea de lo que significa besarte sabiendo que ese beso de despedida en mi portal puede ser el último. No lo sabes. Por eso lloro al abrazarte, Eric. Porque por una milésima de segundo pienso en que realmente soy una chica normal que tiene un novio y una vida normal. Que podrá acabar sus estudios, ir a la universidad y cumplir todos esos sueños que están por llegar...
Quizá no me abandonarías, pero tenía que protegerte.
- Yo no me voy a ir. 
Hizo una pausa larga, contemplando el agua, la tranquilidad, la calma. Dio un suspiro y más calmado, con la voz baja se dirigió a mí.
- Hasta el final, Beth. Y si tenemos que saltar el final y curarte, estaré contigo hasta ahí, e incluso cuando todo haya pasado. Lucharé contigo. Dos contra una enfermedad puede ser más poderoso que una contra una, ¿no?
- No quiero que te veas obligado a...
- Eres lo más bonito que tengo, Beth. Y me niego a despertarme un día en una cama, dentro de una casa, de una ciudad, de un país, de un continente, de un mundo, en el que no estés tú. Por eso voy a luchar. 
Las lágrimas brotaron por mis ojos y le abracé. Diciendo tanto con tan poco. Exclamando tanto en silencio. El frío nos abrazó, pero ya no era gélido. Sentía una calor inmensa, una protección infinita. Sentía que por segundos ese 8% aumentaba, y aumentaba tanto, que por un momento llegué a pensar que salvarme sería fácil. Tan fácil como respirar. 

sábado, 8 de junio de 2013

Errene.




Hoy no es día doce. Ni tampoco veintiséis. Pero ¿sabes? Me apetecía escribirte.
Sé que leerás ésto. A menos que ya no me leas. Confío en que sigues revoloteando por aquí de vez en cuando.
No es un día especial, es más, estamos en semana de exámenes, así que no hay nada importante que marque estos días. Excepto tú. Tú has conseguido marcar todas y cada una de las páginas del calendario de mi vida. Sin ir más lejos, las cinco fotos que tenemos aquí representan días totalmente distintos, que hemos pasado juntos. El día en que pisamos ese puerto por segunda vez juntos e hicimos mil fotos que no me gustaban por mis manías. O un día cualquiera que comimos juntos en la calle del mar. Ese día del Dimoni, cuando después fuimos a la feria y comimos ese algodón de azúcar. Al lado, la foto donde estamos sentados en la playa. Ahí los fuegos aritificales no eran mágicos, no, era mágico tu abrazo. Tu mirada alzada hacia el cielo. Tu piel en la noche.
Y la última es una de todas esas tardes que hemos pasado en mi casa. Estudiando, haciendo deberes, o tumbados, sin hacer nada. Simplemente comiéndonos a besos, tal vez a miradas, diciendo palabras tan sinceras, contemplando lágrimas, siendo testigos de los abrazos más auténticos que jamás se podrán dar...¿No es increíble que en menos de tres meses llevemos acumulados tantos y tantos recuerdos? ¿No es increíble que tus buenas noches sean las únicas que necesito escuchar? ¿No eres increíble?
Jamás me cansaré de repetírtelo, porque no quiero que lo olvides nunca: A pesar de ser una loca paranoica, dar miles y miles de vueltas, ser una viciada a libros e historias, ser tan alocada, reír por mil tonterías, meter la pata tres de cada dos veces que hablo...Quiero que sepas que te quiero. Y que eso salvará todos los miedos y todas las circunstancias que se presenten, ¿entiendes? Lo salvará todo. Nos salvará siempre. Solo el amor nos salvará.
Por eso, Raúl Mejías López, es por eso que ya no siento miedo. Y hasta me conmueven mis propias palabras. No voy a sentir temor nunca más, no a tu lado. Porque sé que tus brazos me van a cubrir del mundo entero. Y te prometo que un día volaremos a kilómetros de esta ciudad, juntos.
Venecia, Nueva York...y esa infinita lista de lugares colgada el corcho de mi habitación nos esperan. No les podemos fallar. Algún día podremos decir delante de cualquier rascacielos de Nueva York a la luz de la luna que por fin empezamos a cumplir todos esos sueños.
Siempre trataré de demostrarte todo lo que significas para mí. El simple hecho de haberte cantado, el simple hecho de ser lo que soy delante de ti, sin pudor, significa tantísimo para mí como me imagino que supuso para ti.
¿Sabes? Tenemos ventaja delante de todas las parejas del mundo...Nosotros ya nos hemos perdido antes, nosotros ya sabemos lo que es hablar si no cada día, casi, siendo simplemente 'amigos', durante meses. Nosotros nos hemos mirado con amor mucho antes de decirlo en voz alta.
Eso nos hizo fuertes, nos dio el impulso para saltar.
Todo ha merecido la pena, Raúl.
Esas iniciales, ese 12, siguen inscritas en aquel árbol. Y ya han pasado casi ocho meses desde entonces. Nosotros éramos mágicos, por eso teníamos que encontrarnos.
Sujeta a tu mano me veo capaz de todo. De acompañarte en los momentos duros, que obviamente existen en la vida. De acompañarte en las victorias, en las alegrías, en los logros. Me veo capaz de escribir ese libro que ansío publicar, me veo capaz si tú estás ahí, a mi lado, siendo mi luz, eliminando esa oscuridad que siempre se posa sobre mí. Coges mis inseguridades y las destruyes una a una, retorciéndolas, haciéndolas invisibles. Le das un respiro a mi corazón cada vez que siente quedarse sin aire. Es simple, te quiero. Y aunque no sea capaz de darte razones concretas, créeme, si hubieran 1000 razones para no quererte, que no las hay, yo encontraría 1001 para seguir luchando por ti. No existe la palabra rendirse en mi vocabulario, eso ya lo sabes.
Así que no te marches- nunca- y quédate.
Nos desearemos las buenas noches por WhatsApp hasta que llegue el día en que solo tengas que acariciarme el hombro y deseármelas al oído, en forma de susurro. Hasta el día en que soñemos sobre la misma almohada.
Llenaré de palabras mil cuadernos, mil palabras tuyas, mil palabras nuestras. Ya no puede salir nada mal, estamos hechos a medida. Y ya nunca más vas a estar solo.
Mis labios son tan tuyos como míos, eso ya lo sabes.
Y no quiero otra marca en mi piel que no sean tus huellas dactilares.
Sé que si la vida intenta hundirnos, saldremos a flote. Juntos.
Porque si multiplicas 2 por 6 el resultado es un 12 infinito.

viernes, 7 de junio de 2013

#

Sabía lo que sucedería ahora, así que lo sujeté con todas mis fuerzas y lo acosté en mis brazos. Tenía los ojos cerrados, tanto, que parecía hacer fuerza para que las heridas no doliesen. Para que las mordidas no doliesen. Alzó la mirada para encontrar mis ojos.
Ni si quiera me dio tiempo a derramar una sola lágrima cuando sentí que algo dentro de mí se partía en mil pedazos para siempre. Tuve la sensación de que mil cristales se partían para clavarse en mi corazón, para clavarse en mi estómago, en mi pecho, en mi alma, tal vez.
Tuve la sensación de que moría a cada latido suyo que iba retrocediendo, que se iba deteriorando, a cada latido que cada vez avanzaba más lento.

- Cuando ves en una película que alguien muere te imaginas cuáles son las últimas palabras. Una frase épica, algo que recordar, incluso algo bonito...y ahora sé que es el final no sé qué decirte.
Le miré como si fuera la última vez que fuera a hacerlo.
Tal vez lo era. Memoricé de nuevo todos esos poros, esos hoyuelos cuando torcía la boca para hablar, esas orejas perfectamente colocadas. Memoricé su perilla. Sus dientes, el color intenso del marrón de sus ojos clavándose en mí. Iba a ser la última vez.

- No digas nada.- susurré sin fuerzas- Por favor, no digas nada.
Hizo una mueca de dolor y se retorció. Sabía que estaban empezando a surgir los efectos y que pronto el chico que yo conocía desaparecería. Y se convertiría en algo tan sumamente diferente que me haría huir corriendo de allí. Que desaparecería. Que se esfumaría...que moriría. 
- A pesar de todo ésto- dijo refiriéndose al caos que se había sembrado a nuestro alrededor. Miró unos instantes el cielo- no me arrepiento de nada. En absoluto.
- Sh...-susurré aun más débil, aun más triste, aun más hundida.- No gastes tus fuerzas.
- ¿Y qué más da ya eso?...- torció el gesto y me miró. Con un esfuerzo sobrenatural alargó el brazo y sujetó mi cara. Me hizo mirarle directamente a los ojos.- ¿Sabes la de posibilidades que tienes de salvarte? 
- ¿Sin ti? Cero. Gracias a ti he llegado hasta aquí, lo sabes.
- No necesitas que nadie te ayude a trepar, Elia. El camino ya está hecho. Solo tienes que correr algún kilómetro más y saldrás de la ciudad. Fuera...-hizo otra mueca de dolor y se retorció. Yo, desesperada, derramé mis lágrimas sobre él. Sonrió. Pero no era una de esas sonrisas que tanto me habían gustado antes. Era la sonrisa más triste que había contemplado jamás en ningún rostro. Eso me retorció las tripas. Eso me desgarró.- Fuera estarás a salvo.
- No quiero irme sin ti, 

- No seas...
- ¿Tonta? Sin ti no puedo. Me niego, no quiero dejarte aquí. 
Pero él ya había empezado a cambiar.
Me asusté.
Dudé.
Pero me mantuve quieta.
Abrió mínimamente los ojos. Me miró. Una parte de él seguía viva.

- De aquí a donde sea, Elia. Siempre me vas a llevar contigo.
Me estremecí. Rocé sus labios por última vez. El último beso. Agridulce. Una despedida tan cálida como dolorosa. Tan perdida. Tan especial. Tan definitiva. Derramé una lágrima sobre su rostro que bajó hasta morir en sus labios. Y mi lágrima murió con él.
Le dejé apoyado en el suelo antes de que empezara a levantarse. Y salí huyendo. Sus movimientos eran torpes pero bruscos. Ya se había convertido en uno de ellos. 

Corría dejándolo todo atrás. La noche, la ciudad. Los pasos perdidos. Había pisado tantas veces aquellas aceras, jamás con la misma intensidad. Solo resonaban mis pisadas. Parecía la única a la que el corazón le seguía latiendo. La única que respiraba aún. Parecía que estaba sola y el mundo empezaba a hacerse gigante. 
Mis amigos, mi familia...y ahora, ahora él.
Ya nada me ataba a ese mundo.
Quise desaparecer. Que la tierra me tragara. Que algo o alguien me llevara consigo. Incluso me pellizqué un par de veces para despertar de la pesadilla; pero no era ningún sueño.
Todo había sucedido.
Me ahogaban mis propias lágrimas y a cada paso que daba sentía que cogía más velocidad, que corría más y más. Creí estar volando.
Tal vez lo estaba.
Y caí. Me derramé, como se demarraría un vaso de agua en el suelo, y como si de un vaso se tratara, me rompí en mil pedazos. 

Y por primera vez en días sentí que mis respiros se volvían más tranquilos.
Tal vez una parte de mí aquella noche también había empezado a morir. 

miércoles, 5 de junio de 2013

Eres como el sonido de una lágrima al caer, tan silenciosa como impactante.
Eres todo lo que nunca he buscado y sin embargo encontré.
Y ahora que ahí estás, al otro lado de la cama, al otro lado de la balanza, no pienso desequilibrarme. Así que no te atrevas a marcharte nunca; así que no te vayas.
Quédate esta noche. Quédate todas las noches de mi vida, deteniendo el tiempo, deteniendo el momento; deteniéndonos. 

Abandóname en tus brazos; y nunca dejes que me marche.
Porque no se me ocurre otro sitio mejor donde quedarme.

martes, 4 de junio de 2013

Ahí estábamos.



¿No te has planteado nunca por qué hay personas que un día conoces y piensas que no tiene sentido conocerlas? Que las conoces sin una razón aparente, de casualidad. Por una amiga, por situaciones, lugares...No lo sé. Alguien que conoces y pasa desapercibido y después...
Después, plaf. Llegas un día a una clase de treinta y pico personas y ahí está, sentado, mirándote. Y te sonríe, te dice 'hola', y te pregunta que qué tal estás. Y te faltan las palabras, te sobran esos latidos acelerados del corazón. Entonces, al pasar los días lo entiendes. Lo comprendes. Ahora ya sabes por qué hace cuatro años le diste dos besos mientras te pronunciaba su nombre. Ahora tiene sentido la sombra que pasea por tu vida y que huele a pasado. Porque ahora tenéis cuatro años más, mil experiencias vividas, mil personas conocidas, pero tenéis algo en común: una magia que apareció desde el primer día que os reencontrasteis. Y le ves el sentido, de repente lo descubres: sabes que aquel día, hace cuatro años, cuando te dirigías a un centro comercial sin razón aparente más que para conocer a un amigo de tu mejor amiga, te dirigías directamente hacia ese destino que años después se cruzaría. Y ahora todas esas veces en las que has sufrido, en las que has tropezado con otros, tienen sentido: sabes que todo era anterior a él. El antes de. Ahora él es tu ahora, tu después. Y sabes que os teníais que cruzar. Que el destino mezcló las cartas para que justo ahora acabarais en el mismo sitio, a la misma hora, en el mismo curso, en el mismo colegio. Ahora todas esas miradas ilusionadas se convertían en miradas que decían mucho más que unas simples palabras. Y ahora caminabas de la mano con alguien que hace cuatro años no era más que un mero conocido para ti. Ahora sabes que detrás de cada 'Espera' se escondía su nombre. Detrás de cada paso del destino, se escondía él.
Y todo cobra sentido, como si el universo hubiera conspirado contra vosotros y os hubiera colocado en el lugar exacto en el momento exacto. Y plaf. Ahí estábamos. 

lunes, 3 de junio de 2013

''Di pasos de astronauta por cada uno de tus lunares''

Me has sanado una a una todas esas cicatrices que dejaron a lo largo de diecisiete años en mi piel. Y te has encargado de sellar cada sonrisa con un beso. Llegaste y a pesar de que ardió Troya, te encargaste de apagar las llamas. ¿Cómo haces posible que cada día se convierta en un reto nuevo, en una esperanza nueva, en una ilusión?
Antes de ti me costaba creer en que alguien llegaría y me sacaría del pozo.
Y reapareciste. Después de cuatro años. Después de cuatro veranos. Fuiste cómplice de nuestro quinto otoño; y se hizo solo nuestro.
Y ahora me veo incapaz de no sonreír si pronuncian tu nombre.
Dime qué has hecho de mí, que no te saco de mis sueños. Que estás en todas esas imágenes que contengo, en todos esos planes de futuro que sostengo en mis manos.
Has hecho de mí lo que nadie había antes hecho. Y a ti siempre te dejaré entrar en mi mundo. Donde nadie más tiene paso. Te dejaré acariciarme, y seré parte de ti, tan parte de ti, que te cueste distinguir dónde empieza tu cuerpo y acaba el mío.
Déjame decirte que cumpliré como llevo haciendo hasta hoy todas y cada una de mis promesas. Porque me niego a pisar una Venecia si no es de tu mano; me niego a besar otros labios.
Quiéreme como nunca has querido a nadie. Acaríciame como nunca antes habías acariciado a nadie. Y piérdete en mis lunares, en cada poro de mi piel, en cada esquina de mi corazón. Aquí hay sitio de sobras para ti. Estoy hecha a tu medida. No busques más, soy de tu talla. En tus sueños hay un hueco para mí. 
Así que si un día estás hundido y piensas que nada podrá hacer de tu día algo mejor, si piensas un día que el mundo gira en tu contra, que la vida te ha repartido unas malas cartas...mira hacia un lado y ahí estaré yo, sonriéndote, como si del fin del mundo se tratase, contándote mil cosas que te hagan sonreír, haciéndote reír con mis tonterías, agarrándote fuerte la mano para enfrentarme contigo al mundo.
Ya nunca más vas a volver a estar solo, R.
Ahora estoy contigo.
Ahora y por mucho tiempo.
Quizá mucho tiempo, para mí, sea siempre.

domingo, 2 de junio de 2013

Como las estrellas al fundirse en el cielo.



El cielo era infinito. Me perdí en el tono anaranjado, en las nubes que corrían y parecían participar en una carrera que no acababa nunca. Las estrellas acechaban y amenazaban con aparecer en cualquier momento. De mientras tú, caminabas nervioso. Te pisabas tus propias chanclas y reías. Decías que los atardeceres desde la montaña son aún más preciosos que desde la ciudad.
También repetías que no habías conocido nada parecido aún a mí sonrisa. Que el cielo aquella tarde me tendría envidia. Y yo reía.
Me gustaba que curiosearas por cualquier rincón y yo te siguiera. Cogías mi mano, como protegiéndome del mundo. Y creías que así nada podría afectarme. Te creías un héroe, y tal vez lo fueras. Tu marrón en los ojos abarcaba toda la ciudad, que vista desde arriba parecía más y más grande. Me cantabas canciones inventándote la letra. Siempre decías que una canción en inglés está hecha para que tú pongas la letra. Yo pensaba que estabas loco, y cantaba contigo.
Cualquier niño habría tenido celos de la niñez e inocencia que desprendían nuestros ojos cuando nos mirábamos. Saltaban chispas. Nos convertíamos en fuegos artificiales. 
- Algún día arderemos- decías mirándote los zapatos- y ese día sabremos que estamos hechos el uno para el otro.
Ardíamos, amor. Como ardió Troya hace muchos años. Como ardían los bosques cuando alguien tiraba un cigarro y el fuego se propagaba de árbol en árbol. Ardimos, como las fogueras de San Juan, como las estrellas al fundirse en el cielo. Nos habíamos hecho inquebrantables, inseparables, indispensables. Tenías razón, amor. Estábamos hechos para permanecer juntos. 

abrumador

Quizá pueda sonar raro, pero cuanto más cerca estoy de ser aquello que he deseado ser desde que mi uso de razón se coló en esta habitaci...