martes, 18 de septiembre de 2018

No somos valientes.

Podría haberlo publicado aquí, pero este texto merecía ser pronunciado. Así que poneos cómodos, que hoy no os toca leer, solo escuchar: 




domingo, 2 de septiembre de 2018

Conversaciones conmigo misma a la 1:43.



Tengo muy buena memoria- cuando quiero- así que se me hace muy fácil recordar las cosas que las personas me dicen, de una forma bastante literal además. Hoy mi mejor amigo me ha dicho: "Las personas solo te valoran cuando te vas, tío, se ve que dejas huella". Al principio no he entendido a qué se refería y me he reído. Después he entendido qué era lo que quería decirme, y ya no me ha hecho tanta gracia, porque en el fondo tiene razón. En muchas ocasiones durante mi corta vida he descubierto que muchas personas me han echado de menos, me han querido y han valorado el tiempo que han pasado conmigo solo cuando me he marchado. Solo cuando saben que ya no podrán tener ni compartir ese tiempo conmigo de nuevo. En realidad no me siento nada orgullosa de ello, detesto que me haya pasado todas esas veces. Tal vez detecto en mí un problema: ¿Doy demasiado a las personas y por eso solo me valoran cuando ya no tienen ese algo? No sé. Solo son delirios de una noche de septiembre cualquiera. No me hagáis caso. Le he respondido algo así como: "Pues ya va siendo hora de que alguien me quiera en el presente y no en un pretérito perfecto que ya no existe". Y joder, lo decía en serio. Lo decía de verdad. ¿Por qué muchas personas no saben lo que tienen hasta que se desprenden de ello? ¿Por qué no somos capaces de valorar un buenos días o un buenas noches los días que los recibimos y solo pensamos en ellos cuando ya no están? ¿Por qué miramos fotos con personas que han sido importantes para nosotros solo cuando ya no están a nuestro lado para hacerse más fotos ni para almacenar más recuerdos?. Me gustaría que alguien me mirase queriéndome. En el presente, en el momento, sabiendo qué tiene o qué no tiene justo en el instante en que me mira. Que nadie tenga que recordar jamás mi risa extraña e irritante, porque la tenga siempre que quiera. Que alguien aborrezca mis bromas pero las prefiera antes que el silencio. Desearía que alguien me mirase mientras camino, en cualquier lugar, y pensase: "Qué guay poder estar aquí con ella".  Ojalá nunca más nadie tenga que hacer uso de un recuerdo conmigo para saber que quiere que esté en su vida. Ojalá nunca más nadie me tenga que pedir perdón por echarme. Ojalá nunca nadie más vuelva diciéndome que me echa de menos, porque eso significará que nunca me habrá echado de su vida.
Ojalá nadie se plantee un "¿Y si...?" conmigo, porque esos "¿Y si...?" son lo peor de este mundo: solo son el resto de un acto de cobardía, el resquicio de lo que nunca fue, aquello que jamás nos atrevimos a intentar. Yo no quiero ser un beso que no fue dado, una pregunta que no fue planteada, una respuesta que no se pronunció. No quiero ser esa cancelación de viaje, ese proyecto a medias, esas palomitas que nunca llegaron a hacerse. Yo quiero ser un beso apasionado en un momento no-correcto, y si puede ser bajo una tormenta o una maldita lluvia de estrellas; quiero ser esa respuesta pronunciada en mayúsculas, ese viaje loco y precipitado que me dé el aire que me falta, ese proyecto terminado aunque cueste horrores, esas palomitas quemadas, recién hechas.
Yo no quiero ser un conjunto de probabilidades, quiero ser un SÍ. Quiero exprimirme, precipitarme, arrancarme de la comodidad. Quiero que alguien me quiera con cinco vocales y que el resto de letras se improvisen. Quiero volar, saltar, cantar, llorar mucho y reírme hasta no poder más. Quiero emborracharme, encontrarme fatal, dormir infinitamente y perder el tiempo. Quiero ser esa conversación a las 3 de la mañana en algún sitio bonito y solitario. Quiero ser especial para alguien y que sepa que lo soy. Quiero que nadie me eche jamás por la puerta de atrás, que siempre me den la bienvenida por la puerta principal, que jamás me vuelvan a matar si no es a cosquillas. Quiero ser la X resuelta, el motivo por el que cualquiera pudiese partir sus esquemas. Quiero ser una llamada a destiempo, lo que ponga fin a la lucha interna, el temblor de unos labios al desear besar otros, un silencio mal puesto detrás de un punto y seguido. Quiero ser la puta razón por la que alguien piense que el mundo es un poco mejor cuando estoy cerca. Quiero que me quieran del mismo modo en que yo quiero, porque ya os lo digo yo, que el amor nunca debe acunarse con miedo. Quiero morirme por valiente, morder esos temores que me persiguen, vencerles, plantarles cara. Quiero que me miren desnuda y piensen en perderse en mi piel sin pensar en otra cosa que no sea ese preciso y finito momento. Me gustaría despertarme con la certeza de que alguien va a estar detrás de mí cuando me gire. Me gustaría ser el desayuno de alguien, que me coman con los ojos, los labios y el corazón. 
No pido tanto, os lo juro. Solo pido un poco de realidad en medio de toda esta fantasía.
Solo pido que alguien pise la luna conmigo, que perdamos los estribos. Que ya no usemos la lógica para vencer el pulso. Que le demos la espalda a la vida un rato. Que juguemos al escondite y no salgamos a decir dónde estamos. Solo pido eso, joder. Que alguien se encierre conmigo en una habitación y piense en que ojalá la noche no acabe nunca. Quiero ser la tormenta que moja la vida de alguien, un chiste malo en medio de una conversación inolvidable.


Quiero que alguien me vuelva a decir te quiero y sepa que es verdad.


Creo que tampoco pido tanto.


La sal hiriente de una lágrima impacta contra mi cerveza. Balanceo un poco el vaso, moviéndolo en círculos inconexos y luego doy un trago. ...