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Mostrando entradas de marzo, 2014

Dime tú si no cambiarías el rumbo.

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Si el cielo cae, no te preocupes, yo entiendo de recoger pedazos. Porque muchas veces he tenido que armarme de valor y esperar que el mundo girase hacia otro lado. Y llega un punto en que ya no es cuestión de fuerza, sino de valerse. Ni de tiempo, sino de perderse. Porque las oportunidades son efímeras y nosotros fugaces. Dime entonces si tú no cambiarás el curso de tu vida, si supieses que vas a toda leche y que vas a chocarte contra un muro lleno de ilusiones... Dime tú si no merecería la pena ser mejor para hacer de tu vida algo más increíble.


Distorsión.

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La imagen que refleja el espejo del que huyen tus sueños.
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Caían las lágrimas que desenfrenadamente se hacían un hueco en el universo. Se evadían las sonrisas que perseguían mis sueños. Inmóvil mi alma suspiraba y al mismo tiempo gritaba que las roturas jamás cambiarían.
Las heridas nunca sanan, solo quedan en forma de cicatriz en nuestros cuerpos, para que al mirarnos al espejo, fijando directamente los ojos en nuestro reflejo veamos en qué nos equivocamos y sepamos no rozar de nuevo nuestras heridas. Porque el mundo gira, gira, gira, y jamás se para. Y nosotros rodamos como ruedan tus pisadas por todos aquellos lugares que jamás pisamos. Como en un andén constante esperamos trenes que a veces pasan y por miedo no alcanzamos, otras veces los esperamos con ansías y jamás pasan. Algunas otras, llegamos tarde y el tren ya se ha ido, y quien tiene suerte y valor coge el tren que quiere y llega a la meta que se propone. No es cuestión de fuerza, es cuestión de querer ser. Y sobretodo de quererse.
Podría conspirar el universo entero en tu contra, que …
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Es increíble como el tacto de una piel puede hacerte sentir segura dentro de un mundo tan cruel.
Tú haces de mi vida algo maravilloso, y ahora sé que no quiero cambiarme por nadie, que me gusta mi vida tal y como es y que me gusto yo tal y como soy. Porque hay una persona que me acepta y me cuida día a tras día y ese alguien eres tú.
Te he escrito tanto hoy que solo me queda decirte esto una vez más: Te quiero.

Feliz año, cielo.
No será el último.
Muchos rincones del mundo aún tienen que ser pisados por nosotros.
Y este es solo el principio.
Me presioné fuertemente las orejas.No quería oír. Porque sabía lo que iba a pasar.  Y quizá me daba miedo imaginarlo.
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El simple tacto de una piel que ilumina tus días, o el sonido de una risa que acolcha las paredes de tu propio caos, para que si caes, no duela tanto. El hueco de una cama que se llena y que coincide a la perfección con la silueta que te hace perder la cabeza.
Promesas de un corazón que algún tiempo estuvo roto y que nadie se encargó de recomponer, sino de cambiarlo por uno mejor y más grande. Donde caben más recuerdos buenos y menos malos, no tan frágil, más humilde y con menos parches. Sé que es difícil creer en alguien cuando te han hecho mucho daño, pero como que mi nombre es Noelia y soy acuario, que existen personas que de veras parecen haber caído del mismo cielo.
Me ha aportado tanto con su manera de ver la vida y de cuidarme, como protegiéndome del mismísimo infierno y a la vez enseñándome a cómo ser fuerte...
Infinitas veces le daré las gracias por haber ordenado mi propio desastre. Por haber encajado las piezas del puzzle, por estrechar la mano con mi padre y prometerle con la …

Esas pequeñas dosis.

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Lo importante no es la meta, sino avanzar. No es relevante cuán rápido vayas, porque aunque sean lentos, los pasos pesan igual. No se trata de jugar a qué ser en la vida, sino de saber qué no serás jamás y aprender a no imitar a los demás. Porque mira, al final vas a encontrarte a miles de personas. Algunas harán de tu vida un imposible, dejándote por los suelos, otros simplemente no tendrán valor alguno y su aparición no habrá valido absolutamente para nada. Otros te habrán enseñado tanto que dejaran una huella permanente en tu piel. Tu vida va a estar llena de dolor, nadie se libra de él, porque incluso algo tan bonito como vivir, sigue sin ser perfecto. Y ahí está la gracia. Muchos momentos serán malos, pero algunos, los más pequeñitos, serán buenos. Y esa es la filosofía de vida que habremos de seguir: encontrar esas pequeñas dosis que se convertirán en los más grandes recuerdos.
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Porque hay tatuajes que no necesitan tinta para quedar en tu piel para siempre.

Algunos lo llaman Amor, otros Roma. Yo lo llamo Raúl.

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Eres un cabecita loca. Y te dejas lo mejor siempre para el final. De cada dos pasos que doy en tres tú me proteges y te haces llamar amor cuando en realidad eres mucho más que eso. Te vistes con una sonrisa y sales a la calle como quien camina sin esperar a nadie. Y en cambio yo, tranquila, te miro, y detengo el tiempo en tus pupilas. Me dices que me quieres y sonrío. Y tú dices que por qué me río. Y yo te contesto que soy feliz.
¿Cuántas pulsaciones serías capaz de atrapar en un solo momento? Yo las suficientes como para que esto no muriera nunca. Es como alimentar una planta, pero en vez de agua, creando recuerdos, y un futuro que siempre acabará siendo presente. Lo más bonito es tener un pasado y aun así saber no juzgar las decisiones de antes de estar juntos. Como dos almas veraces que se cruzan y piensan que no puede ser casualidad.
Yo sé que tú no crees en esas cosas en las que yo sí, que el destino y las creencias son algo que alejas de ti en cuanto puedes, y que no crees que hay…
Me tapé fuertemente los oídos. No quería escuchar. No quería estar allí. No quería verla. De repente me di cuenta de que la odiaba y de que había dejado de ser mi familia en ese preciso momento. Entonces comprendí que la mayoría del tiempo durante mi infancia estuvo llena de mentiras. No estuvo en ninguna de las dieciocho velas de mi vida. Y ahora sé que ha sido mejor así. No cabe tanto daño en esta casa cuando ella está. No soporto más. No quiero aguantar esto. La detesto. Y detesto todo el daño que ha llegado a hacer y el que queda por hacer. Quiero olvidar todo esto, pero, ¿cómo huir?  No tengo escapatoria.  No hay salida. No quiero estar aquí. No puedo estar aquí. No quiero que esté.

No hay espacio en mí para sus maneras de herir. Ni quiero que lo haya.