Esas pequeñas dosis.



Lo importante no es la meta, sino avanzar. No es relevante cuán rápido vayas, porque aunque sean lentos, los pasos pesan igual. No se trata de jugar a qué ser en la vida, sino de saber qué no serás jamás y aprender a no imitar a los demás. Porque mira, al final vas a encontrarte a miles de personas. Algunas harán de tu vida un imposible, dejándote por los suelos, otros simplemente no tendrán valor alguno y su aparición no habrá valido absolutamente para nada. Otros te habrán enseñado tanto que dejaran una huella permanente en tu piel. Tu vida va a estar llena de dolor, nadie se libra de él, porque incluso algo tan bonito como vivir, sigue sin ser perfecto. Y ahí está la gracia. Muchos momentos serán malos, pero algunos, los más pequeñitos, serán buenos. Y esa es la filosofía de vida que habremos de seguir: encontrar esas pequeñas dosis que se convertirán en los más grandes recuerdos.

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