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Mostrando entradas de octubre, 2015

Ángel, que me dejas sin tu verdad.

El mismo hueco en la ducha, el rincón de siempre.  Cruzo las piernas y, como una niña pequeña,  contemplo la inmensidad del universo desde donde estoy.  Las gotas de agua parecen hipnotizarme, me deshielo en dos suspiros.  Agua templada haciendo cosquillas en mi ombligo.  Y yo apoyo la cabeza, triste, en la piedra gris. Me empapo de desilusiones,  corre en mí el veneno de todo aquello que jamás intento por miedo al fracaso.  Por conocer el delirio que supone arriesgarse a escoger  un camino que sabes que no tiene salida.  En cuanto quiera salir tendré que ir marcha atrás,  y todavía no creo estar preparada para eso.  Sacudo mi temor, venzo al silencio, un gemido se asoma en mi pecho, y por primera vez en meses,  es de dolor. Cómo duele no avanzar jamás.  Cómo duele respirar ahogándose en penas, en broncas, en dilemas, en respuestas que no quieres escuchar.Me tapo los oídos, fuertemente. Fuerte, más fuerte. Como si eso cambiara las cosas. Miro mi reflejo en el cristal, empapada estoy …

Ron que ya no llena, esta noche un poco más rota que entera.

Hoy voy a ser dura conmigo, camarero, así que no hace falta que te quedes le hablaré a la barra. El silencio del vaso llenará esta sala.


Necesitaré doble ración para poder hablar, así que, por favor, sírveme otra. Y a mi amigo invisible dos. He estado dándole vueltas, demasiadas, a por qué siempre pongo el ojo donde no sé llevar la bala. Por qué, si soy tan torpe acierto con lo equivocado. Diana. Cien puntos, ten, Noelia, aquí tienes tu victoria, llévate tus fracasos,  muérdete la lengua, sacude todas las palabras y haz como si no supieras que de nuevo has vuelto a meter el pie en el charco que no  tocaba. Has vuelto a empaparte y ahora hueles a ron barato Vuelves a equivocarte. Vuelves a ver lleno el vaso que siempre ha estado roto. Vuelves a llenarte de dudas los bolsillos rasgados de tanta pregunta ilógica.

Hazte un favor y abandona este bar. Coge la dignidad y cuélgatela en la espalda, por si mañana la necesitas. Por si volviera diciembre y vuelven a rajarse los sueños. Disfrázate de melancolía y pinta de marrón las h…

Let her go.

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Necesitaste más de tres vidas para darte cuenta de algo que yo ya sabía el segundo después de que marcharas. Necesité tres vidas para entenderte, para dejarte ir, para soltarte. Para no aferrarme a los recuerdos que miraba, ansiosa, esperando encontrarte. Encontrarme o encontrarnos. Ahora los miro sin búsqueda fija. Y a veces lloro. A veces lloro porque ya no te veo en ellos, a veces lloro porque no me reconozco. A veces creo echarte de menos. Y se me viene encima todo aquello que tragué, se me viene encima el diluvio universal de tus reproches, mis manías, las anécdotas, todo lo que prometimos contarnos. Todo lo que incumplimos. Desde tu huida hasta mis pupilas empañadas de errores.  Quizá esta canción me recuerde a nosotros. Quizá no me supiste querer hasta que no dejé de hacerlo yo, quizá no me supiste ver hasta que no me fui. Quizá cuando empezó a nevar en tu corazón viste la calidez de mis brazos rodeándote la vida. Tal vez con la llegada del invierno ansiaste nuestro verano insól…

Fuimos tiempo.

Si me pongo a recordar me hundo. Supongo que nunca te soltaré del todo, siempre nos quedará Madrid, o qué digo, la ansiada ciudad italiana que ahora me da miedo pisar. Siempre te he temido, desde que me enamoré, desde que caí en tu red, has tenido el total poder de derrumbarme. Y lo hiciste. Me dará miedo siempre tu mirada afilada, tus colmillos ansiosos, tu risa ingenua. Me vas a dar miedo siempre. Por eso llevo el cinturón de seguridad, por eso jamás te dejo entrar, por si volvemos a estamparnos, por si vuelvo a morir por ti, contigo.
Claro, claro que te amaba. Joder, cómo no hacerlo. Por ti mataba el tiempo, todo lo que viniera. Luché sin armadura, por tu risa, por hacer que volvieras a ser el de siempre. Sentí que te perdía aquel noviembre, cuando algo en ti murió, y me sentí apartada de repente de tu mundo infinito. Ojalá hubieras luchado entonces, cuando aún me quedaban fuerzas. Ojalá hubieras gritado en medio del silencio, porque te habría escuchado.
Pensé que me habías olvid…
De qué me sirve echar de menos a alguien que no eres, echar de menos algo que no somos. De qué me sirve, si ya se rompió todo. Si por mucho que escribiéramos de nuevo la historia, el final sería el mismo: tú huyendo de nosotros y yo echándole alcohol a tu recuerdo. Puedes pedirme que te perdone, pero no que vuelva al mar en el que me ahogaste.

Esta es la última carta que puedo escribirte.

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Que haya elegido este día para escribir esta carta no es casual, pero sentía que debía hacerlo. Prometí no hablar más de ti, pero hay riesgos que son necesarios. Si algún día lees esto, sabrás que en el fondo sí tenemos despedida.
Es increíble que hayan pasado tres años. Es increíble que ya haga tres años que me quedé prendida de ti. Es increíble lo enamorada que llegué a estar, y fascinante lo poco que tardé en quererte. Me bastó un beso, tu torpeza y aquella mirada sincera que parecía quererme.  Caí rendida, perdidamente.  Redonda. Al suelo, ante ti.  Si recuerdo aquel día aún se me parte un poco el corazón al ver lo mucho que ha cambiado todo, lo mucho que cambiaste tú, lo mucho que cambiamos ambos. Siento todo lo que ha pasado este mes, siento que haya sido ahora justo el momento en el que te hayas dado cuenta de todo. Siento que el tren se fuera de la estación cuando llegaste. Siento mucho no haberte podido dar esa oportunidad que ahora me pedías a gritos.
Me duele haber tenido que ser …
Ojalá no me equivoque esta vez. Ojalá no confíe más en ningún desastre. Ojalá no sea de nuevo destrucción.
No importaqué  cómo cuándo. Somos. Y eso es suficiente.
Cierro los ojos y se apaga el mundo.
No quiero escuchar nada. 
No quiero saber nada.
Voy a irme lejos. 
Ya no soporto este ciclo infinito de presión en el pecho. 
Cierro los ojos y duermo. Despertadme cuando el invierno regrese y hayan pasado siete vidas.

Hasta entonces prefiero el refugio  de la soledad pactada la brisa corta y las caras largas. Mirada juez,  mejillas rosas. Silencio precoz, paracídas roto. Esperanza fundida, duda infinita, respuesta errónea.


Uno, dos, tres.

Corazón vs Noelia.

- Eh, Noelia, ¿te acuerdas de todo aquello que sentías? Se te iba la vida cada vez que él te rozaba el mundo.- Sh... - Y habrías estado dispuesta a luchar por él contra viento y marea, porque sentías que era lo un... - Sh, corazón. Calla.  - ¿Por qué te empeñas en borrar todo aquello bueno que sentías, Noelia? - Corazón, ingenuo, diminuto, inocente. Me preguntas por qué. Que por qué no regreso junto a él, por qué no recuerdo todo lo bueno, por qué no le doy otra oportunidad... Corazón, ¿cómo eres capaz de preguntarme eso después de todo lo que has vivido? No regreso junto a él porque el día en que le prometí que lo intentaría mil veces más él me dijo que ya no quería intentarlo. Si no recuerdo lo bueno es porque cuando viví todo lo malo esos recuerdos fueron insuficientes para saciar el dolor. Y aún me preguntas por qué no regalo una tercera oportunidad... ¿Tú recuerdas cuando dejé de comer, corazón? Perdí siete kilos y toda la dignidad. Llegaba a casa y sólo iba del sofá a la cama. Leer,…
Sigo sin entenderme, pero ya no me esfuerzo. No, de veras, ahora sólo soy paz. Ya no siguen mis batallas contra imposibles, ya no creo en causas perdidas, he descubierto que no puedo salvar a nadie. Ya no voy a salvar a nadie que no lleve mi nombre.  Me abandono. Abandono mis apuestas, mis delirios. Abandono el exilio del papel, la corriente eterna que me lleva a precipicios kamikazes. Ya no sé salir del laberinto de todos mis miedos, huyo. Huyo del pasado, renuncio a la herencia de las heridas que él me dejó.
Renuncio al pasado, ya no lo quiero. Ya no sé convivir con él.
Ya no caigo en el lugar donde solía tropezar, ya no. Aún te recuerdo, claro, cómo no voy a recordar al primer hombre de mi mundo. Cómo no voy a recordar los sitios, los momentos y recuerdos felices. Claro que lo recuerdo. Todo.Pero eso no significa que quiera volver al mundo donde, aunque todo parecía mágico, se convertía en dolor al dar media vuelta. No podría soportar caerme de nuevo. No podría plantearme ni siquiera si volverte a querer, porque te quise tanto que no he salido entera. Te llevaste cosas de mí que no espero recuperar, quizá tampoco quiero tomar esa parte de mí, insaciable, que lo habría hecho todo para que te quedaras.  Ya no corro en dirección contraria a mis heridas, ya no me agobia el dolor, ya no siento angustia, ya no me recojo el corazón del suelo cuando alguien pronuncia tu nombre.  No voy a ser yo la que vuelva, no vas a ser tú el que hable.  No puedes quererme por capricho no puedes tenerme por despecho no puedes quedarte si al irte juraste  que sería sin regreso. Pued…

Tarde.

No puedes pedirme una tregua, después de tu abandono. ¿Dónde estuviste todos aquellos meses en los que ni siquiera podía estar en casa sin sentir que me moría? No estabas. Me reconstruí sin tus abrazos, sin tu paz, sin tus guerras. Me quedé sola ante el desafío de borrar de mi memoria todos aquellos instantes en los que fui feliz. Ni siquiera sabías si sentías una tercera parte de todo lo que yo sí sentí. Es injusta tu reciente melancolía. ¿Dónde estaba ese dolor cuando me pediste que marchara? No estabas.  Me tiraste en medio del recuerdo, me pediste que avanzara, me aseguraste que sería feliz, me hablaste de un futuro tan cierto y distinto que sentí que ya no volverías. Y avancé.  Tras mil despedidas te dejé por el camino, me armé de valor y seguí sin ti.  Tuve que abandonarte, tuve que dejar en ti la parte de mí que sé que no volverá. Ya no me necesito, esa Noelia era tan inocente que te habría esperado siempre. Ahora mi alma se convierte en piedra, mis sentidos le rinden cuentas a mi manera de avan…