Tarde.

No puedes pedirme una tregua, después de tu abandono.
¿Dónde estuviste todos aquellos meses en los que ni siquiera podía estar en casa sin sentir que me moría?
No estabas.
Me reconstruí sin tus abrazos, sin tu paz, sin tus guerras. Me quedé sola ante el desafío de borrar de mi memoria todos aquellos instantes en los que fui feliz.
Ni siquiera sabías si sentías una tercera parte de todo lo que yo sí sentí.
Es injusta tu reciente melancolía. ¿Dónde estaba ese dolor cuando me pediste que marchara?
No estabas. 
Me tiraste en medio del recuerdo, me pediste que avanzara, me aseguraste que sería feliz, me hablaste de un futuro tan cierto y distinto que sentí que ya no volverías.
Y avancé. 
Tras mil despedidas te dejé por el camino, me armé de valor y seguí sin ti. 
Tuve que abandonarte,
tuve que dejar en ti la parte de mí
que sé que no volverá.
Ya no me necesito,
esa Noelia era tan inocente
que te habría esperado siempre.
Ahora mi alma se convierte en piedra,
mis sentidos le rinden cuentas
a mi manera de avanzar. 
Y yo me acuerdo de tus ojos pero ya no recuerdo la forma en que miraban mi vida pasar, puedo recordar tu risa aunque ya no suena igual. Puedo verme a mí, colgada en tu cuerpo, mil momentos que no volverán. Nos recuerdo tan diferentes a lo que somos, tan sumamente idiotas, amando palabras, amando silencios, amando todas aquellas veces en las que prometíamos un futuro juntos.
Qué impostora tu voz, 
prometiste un verano que no he tenido,
una Venecia enorme clavada en el corazón.
Ahora sé que nada era cierto,
que puede que tal vez alguna vez
me quisieras. Pero no era suficiente, no para ti. 
¿Tan fácil fue decirme lo bien que estaría cuando me tenías llorando justo enfrente? Jamás te reproché nada, por eso nunca pienses en reprocharme a mí todos los versos que no escribí.

Te amé, durante algo más de dos años. Pero y qué. 
Acabaste huyendo de mí.
Ahí tienes tu respuesta, por eso te encerré en el cajón de: 'Prohibido mirar'. Porque no puedo hacerlo sin recordar aquella noche en la que me viste temblar. Tuviste la sangre tan fría que me viste marchar sin decir nada.
Tu piel olía a final, la mía iniciaba la guerra de mi vida. Luché por olvidar y olvidé que te quería.

¿Por qué volver al lugar del que siempre me acaban echando?
Si ibas a marcharte de nuevo, ¿por qué debía volver al lugar del crimen?



Ojalá me hubieras querido al tenerme,
ojalá no hubieras necesitado perderme para descubrir lo triste que se vuelve la vida cuando mis manos ya no pasan por tu herida y mis labios ya no sanan tus verdades. 



Tarde. En la estación ya no hay lugar para ese tren puntual. Acabas de llegar y hace ya cinco vidas que pensé en marcharme.
¿Qué hubiera pasado si hubieras llegado cuando debías llegar?


Ahora ya no,
no.

Tarde.


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