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Mostrando entradas de julio, 2015
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Hoy no puedo explicarme. Llevo borrando todo lo que escribo. Y lo he intentado casi una hora. Pero no tengo palabras quizá para decidir lo que siento sin dañar a nadie que lo lea. Así que mejor dejo esta foto. Porque quizá sea lo que sienta.








Gracias por haberos marchado, aunque no lo hicierais a tiempo. Aunque me quemarais el alma.
E.S.B.R.
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Me va a dar miedo siempre.Aunque me empeñe en nadar contracorriente y llame 'verdad' a mis sueños.  Volveré a arder con el hielo. Y si preguntan por mí les diré que no he vuelto a verme. No vaya a ser que les dé por buscarme y me encuentren.  Sola, atrincherando al corazón, por si se va y no vuelve.

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Hay cosas tan fáciles que parecen imposibles.













Te has hecho tormenta.

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- Eres oscuramente fría. Te has vuelto gélida. Lluvia en una noche de verano, tormenta eléctrica descargadora de sueños. Te tengo miedo y aun así te deseo. Quiero que me quemes las verdades, que conviertas en real todo lo que pienso, que consumas el silencio, que te fumes los recuerdos y te vayas sin más. Que no te despidas de mí, pero que vuelvas. No quiero todas esas palabras que ya no te sale pronunciar, aunque las sientas. Quiero tus heridas, lamer tus preguntas, sentir tus respuestas.
No quiero salvarte, no quieres ser salvada.
Quieres ir a la deriva, y estoy dispuesto a darme la hostia de mi vida,
pero contigo.
Quiero que quites los frenos, que aumentes la velocidad de tu crueldad y que seas algo buena, pero solo a ratos. Quiero sacar lo mejor de ti, y para eso, primero vas a tener que darme todo lo malo.
No quiero esperar nada de ti, quiero que me sorprendas y me des todo lo que ni siquiera me haya atrevido a pensar, a querer, a pedir.
Quiero sentir que eres el caos que consum…

Queridos miedos.

Pensé que dos tragos de más tendrían las respuestas a todas mis preguntas. Serían la calma de todas mis dudas. La paz que no sé ver últimamente ni en mí misma. Me siento mal por querer lo que quiero, ¿Hasta dónde llega el límite? ¿Cómo saber si valdrá la pena? ¿Cómo sé que no me equivoco? ¿Que no voy de nuevo a la deriva? Necesito alejarme del mundo, de este mundo que me ha perseguido desde mi último naufragio. Quizá lejos de todos, quizá solos, abandonados al deseo, quizá entonces podría ser. Quizá entonces no habría miedo, traición, duda.Ser quienes somos se ha convertido en la condena que aprieta las cadenas de este mundo que ahora es nuestro.  No sé por qué últimamente cuando escribo acabo hablando de ti. Quizá porque eres esa duda que se agarra a mi coraje, eres fuerza, eres mi espejo, y aunque en el fondo te temo, no  he dejado de verme en tus pupilas cada vez que te miro las heridas. Ese azul que refleja el marrón de mis dos luces.  Ojalá fuera fácil. Pero como siempre, todo lo que…

'' Se llama moral''

Llevas los cordones de tu vida desatados. Se te enredan.Sé que no me dejas tocarlos, pero voy a mirarte mientras te deshaces de los nudos. Ríete de mí me vuelvo valiente cuando lo haces. Y repróchame que quiera cerrar el libro que no hemos sido capaces de empezar a leer. Acepto tus disculpas, vamos a volver a perdernos pero esta vez sin mapa  de repuesto. Sin plan B. Quizá el plan A era el correcto aunque sea terriblemente molesto darnos cuenta de lo equivocados que estaban nuestros dedos cuando esquivaban el deseo de aquel vuelo infrenable.  No voy a tocarte, lo prometo. Tres centímetros de tregua, te doy ese margen para que puedas salir corriendo. Voy a hacerme la cobarde aunque ya no tenga miedo para que puedas mirarme sin sentir que cargas con esa enorme culpa dentro.
Aunque no seamos culpables y esa culpa sea el pretexto para no arriesgarnos a   perder      el   miedo. 


Es algo que va creciendo y que algún día estallará. Pero no me importa, me gusta el caos que nos envuelve. Haces que en mi vida exista lo poco corriente. Y hacía mucho tiempo que nadie me hacía volar sin tan siquiera tocarme. Gracias a tus versos siempre amortiguo la caída contra la realidad. Y aunque no sepa cómo explicarlo llevas en tus ojos las razones suficientes como para intentar no huir más de ti.


Algún día tendré que hacerte frente. 

Nuestros ojos están aprendiendo a hablar.

Hay un momento en el que todo está claro. Llevamos mil historias colgadas a nuestras espaldas y nos hemos cruzado en medio de un camino desértico. Todo ha cambiado sin que nos demos cuenta. Lo que antes era simplemente una chispa se convierte en fuego, y ese fuego trae consigo el incendio. Se nos quemarán los intentos, pero seguiremos en el lugar de siempre, dentro de ese ciclo en el que últimamente paseamos. Diremos que está mal, cargaremos con el lastre, nos tragaremos la culpa y volveremos a cargar el arma al día siguiente. Dispararemos contra la moral, contra los principios. Retrocederemos y volveremos a lanzar señales perdidas. Volveré a desearte. Volveré a hacerme torpe entre tanta fragilidad. Te pensaré de nuevo.  Y me veré de nuevo evitando tus señales. Luchando por olvidar que últimamente te paseas por mi mente, en ese zig zag silencioso. Te sumerges en la música de mi vida y le das ritmo a la letra que jamás me atevo a cantar. Quizá no sea el momento, pero juro que dentro de esos …

Trozos de cosas que no sé pronunciar.

Nos llovieron las prisas, cayeron todas las verdades. Cerré todas las puertas olvidé mis llaves. Estaban junto a ti en el cajón de todo aquello que debía abrir solo en caso de emergencia. Me surgieron los daños pasaban los años y no te sentía. Perdida en otros cuerpos colgada en otras brisas sintiendo otro tipo de dolor te vi. Nunca unos ojos habían dicho tanto nunca una herida había dejado tantas y tantas y tantas secuelas. Nunca un corazón había escupido tantas ilógicas ilusiones. Nunca había querido así. Y aquella huella era lo único que iba a quedarme de todo aquello.






Hubo un día en el que dije y prometí y juré que nunca más iba a mirar una simple fotografía en la que saliéramos felices. Y desde entonces no lo he hecho. Bebí hasta prometerme que no habría más lunas iguales y que debería aprender a mirar las que eran diferentes. Ahí mentí. Volví a buscar las mismas lunas en otros cielos en un absurdo intento de quererte un poco menos y quererme un poco más.
Y de hecho ahora me quiero más que a ti, que ya es mucho. Y hasta he em…

Escribir antes era mi propia terapia.

Se me hace raro no necesitar esto.
Antes era lo primero que hacía al sentarme delante del ordenador, escribir. Escribir todo lo que me agobiaba, todo lo que extrañaba, todo lo que perdí.
Antes escribía sobre mi dolor y ha llegado un punto en mi vida en el que siento que ese dolor se va.
No sé qué me está pasando, pero al fin me libero de ese peso que cargaba en mi espalda.
Escribir se ha convertido en mi refugio, y resulta que ya no necesito refugiarme cada día.
Tras meses de dolor me noto diferente. Estoy viva de nuevo. Siento que respiro sin hundirme, y que vuelo sin caerme. Ya no me rompo por las noches, ni miro el teléfono esperanzada.
Ya no te busco en la mirada de la gente cuando camino por la calle, ya no escribo siempre sobre ti.
Ya no pienso en si me querrás, en si dejaste de hacerlo antes de abandonarme o después. Ya ni siquiera pienso en el dolor aquel 27 de enero cuando no llegó tu mensaje.
Se me hace raro ya no querer escribir todos los días.
Se me hace raro no sentirme l…

Palabras que nadie más que yo (y quién sabe si él) entiende.

No pueden rozarse nuestros sueños.
No es correcto compartir el silencio
de los que callan por miedo
a decir
justamente
aquello
imposible
incorrecto
e improbable.
En el mundo existirán mil historias de amor.
Y entre ellas jamás estará la nuestra.
Porque tan fugaz y efímera se ha hecho
que no es más que una estrella en el cielo
que solo en las noches más oscuras
puedes ver.
Tan cerca están nuestros dedos de rozarla
tan lejos la tienen que dejar,
por miedo a que no sea el momento
y aún sea pronto
para jugar a ser esos adultos
que saben separar
el bien
y
el mal.


Nuestro presente no ha perdonado aún a nuestro pasado,
por eso no podemos ser un presente sin bañarlo de futuro.
La excusa del tiempo es el escudo
y nuestros ojos son las espadas que parten todas las verdades.
Mientras sigamos atándonos las manos
jamás habrá profundidad
en el corte.

Quizá nadie entienda esto
y solo yo sepa qué es lo que escribo
pero al igual que un náufrago pierde el sentido del tiempo,
yo siento que he perdido el…
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Y ahí está la chica que decía que nunca más iba a soñar, soñando. Llena de miedos, como siempre, sin pronunciarlos. Delante de un vacío que grita demasiado. El ruido del silencio se hace insoportable. Las alas empiezan a olvidar cómo era moverse sin volar. Ella espera, paciente, que todo pase, que la calma le gane el pulso esta vez a la tempestad de sus recuerdos. Y descanse en paz la guerra que se coloca en sus hombros cada vez que abre los ojos por las mañanas. La realidad se ha hecho tan insoportable que cree que ha olvidado todo lo malo solo para no tener que recordarlo. Ya no le habla a nadie de todo lo que fue ahora habla de todo lo que será. Y el presente es solo un billete barato de ida, que no tiene que ver con el de vuelta.


Se ha convertido en una chica fría que ya no abarca calidez en su pecho. Solo vive porque sabe que algún día cuando ría volverá a ser feliz, y esta vez sin fingir que es de verdad.

almas mellizas.

Tu insensatez es paralela a mi sin-razón.
Te mueves calculando cada paso, usando el control por primera vez en la vida. No te desatas jamás, no puedes hacerlo. Seríamos el caos más absoluto. La verdad eterna hecha fuego.
Me calas los huesos y los tuerces con sonrisas que no deberían estar y sin embargo, acechan. Tu huida amenaza con persistir en mi historia.
Y cada vez es más evidente que al igual que algo se enciende en nosotros, un lado se vuelve oscuro.
Atrapados en una rueda constante, en la que nunca paramos en el mismo punto. Ver en nosotros la razón y la excusa para intentarlo, pero permanecer atados a todo lo que no deberíamos hacer.
Estamos en el cuerpo equivocado.
Nos conocimos en el momento equivocado.
Somos almas mellizas, no gemelas. Y sin embargo, somos idénticos.
Dos gotas de agua que no impactan sobre el mismo mar y sin embargo, conectan. 
Esa chispa que provoca la risa es la misma que enciende el incendio que arrasaría con todo.
Quizá no en esta vida,
quizá en la siguiente,
nos c…

Al final lo he entendido.

Al final lo he entendido. He roto las cadenas. Ya no voy a quedarme anclada. Me apetece nadar. Quiero salir de este agujero. Y he comprendido, al fin, que estoy sola en esto. Que yo misma voy a coserme las alas, calmar las heridas y esperar, paciente, a que cicatricen. He conocido a alguien: A mí misma. Y yo sí valgo la pena.

Hoy no tengo ganas de estar aquí.

En mi defensa diré que todo lo que hice lo hice porque así lo sentía. 
Me quedé aun sabiendo que debía irme. Pero sé que cuando su condena acabe acabará también conmigo el desastre que me persigue.
Volará sin mí y yo tendré que coserme las cicatrices. 
Seguir se me hará tan duro como ignorar lo que duele estar lejos de lo que más me importa. Pero tiene razón, yo solo soy la medicina pasajera, el hombro en el que apoyar la cabeza del desastre. El pañuelo que seca la condena de la soledad.
No soy importante.
Y si lo soy, no es como me gustaría.





Ahora toca mirar al dolor a los ojos. Aunque sea ya tarde y yo siga siendo el desastre que amenaza con destrozar el mundo.
Pero vivo en una mentira.
Y quizá sería mejor seguir viva en otra parte.


Si me quisieras.

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Si realmente me quisieras me habrías echado de menos cada día. Habrías entrado aquí, al menos una vez a la semana, a lamerte las heridas con mis palabras. Si realmente me quisieras aún pensarías, como mínimo, una vez al día, en mí. Si me quisieras sería sencillo mirarme y confiarme tus más callados secretos. Seguirías contando conmigo al contar con alguien. Si me quisieras, cualquier pareja te recordaría a lo fácil que resultaba ser feliz cuando estábamos juntos. Pensarías en cualquier momento absurdo y te reirías en silencio,o por el contrario, un momento perfecto te arrancaría una lágrima. Si me quisieras las noches se convertirían en algo que matar lentamente, con cualquier videojuego o película. La ventana solo te llevaría a una luna que ahora, ajena a todo, te respondería en silencio con el brillo de mi sonrisa. Si me quisieras, ahora mismo, quizá, podrías estar leyendo esto. Y preguntarte por qué decidiste irte, por qué dejé que lo hicieras, y en qué clase de monstruos nos conver…

Cuando ya no queda nada

Ella levantó la vista y lo vio leyendo con el ceño fruncido. No le preguntó. Él no articuló palabra. El silencio se acomodó entre el dolor. Sonrieron como por inercia, contemplando así el secreto más grande del mundo: Nadie excepto ellos sabría jamás todo lo que aquellas cuatro paredes habían visto. Se dieron cuenta de lo poderoso que es el recuerdo cuando se abalanza y amenaza con doler. Unas palomitas en el cine más pequeño de la ciudad, una risa alocada en pleno invierno subiendo Montjuic. Un metro testigo de besos de despedida. Una playa bañada de amor loco y perdido. Unos barcos que la habían oído cantar. Mil recuerdos que embotellar y lanzar lejos, muy lejos, al mar. Había tanta sal guardada en esas heridas que se negaban a sanar que ambos habían comenzado de nuevo a bajar sus miradas. Los pasos en la acera resonaban haciendo eco del silencio. Una gorra mal puesta, unas bambas desatadas. Unos besos aún guardados en cajitas de primavera. Un almacén de caricias enlatadas. Dos cuer…
Cómo me duele verte tan lejosde todos estos silencios.
Me siento tan sola que duele.

Me pregunto.

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Sólo pude ver sus lágrimas caer. La gente desapareció. Le dije: Aquí estoy. Pero me hice invisible. Me pregunto qué habría pasado si hubiera vuelto a sonreír. Si una buena noticia golpeaba al fin su vida. Me pregunto cuánto tiempo hace falta para olvidar sus promesas. Cuánto valor basta para cerrar todas las puertas. Dónde estaré yo cuando al fin la felicidad se instale en su día a día y ya no quede hueco para mí.