miércoles, 29 de julio de 2015



Hoy no puedo explicarme.
Llevo borrando todo lo que escribo.
Y lo he intentado casi una hora.
Pero no tengo palabras
quizá
para decidir lo que siento
sin dañar a nadie que lo lea.
Así que mejor dejo esta foto.
Porque quizá sea lo que sienta.








Gracias por haberos marchado, aunque no lo hicierais a tiempo. Aunque me quemarais el alma.
E.S.B.R.
Me va a dar miedo siempre.
Aunque me empeñe en nadar contracorriente y llame 'verdad' a mis sueños. 
Volveré a arder con el hielo.
Y si preguntan por mí les diré que no he vuelto a verme.
No vaya a ser que les dé por buscarme
y me encuentren. 
Sola, atrincherando al corazón, por si se va y no vuelve.


domingo, 26 de julio de 2015

Te has hecho tormenta.





- Eres oscuramente fría. Te has vuelto gélida. Lluvia en una noche de verano, tormenta eléctrica descargadora de sueños. Te tengo miedo y aun así te deseo. Quiero que me quemes las verdades, que conviertas en real todo lo que pienso, que consumas el silencio, que te fumes los recuerdos y te vayas sin más. Que no te despidas de mí, pero que vuelvas. No quiero todas esas palabras que ya no te sale pronunciar, aunque las sientas. Quiero tus heridas, lamer tus preguntas, sentir tus respuestas.
No quiero salvarte, no quieres ser salvada.
Quieres ir a la deriva, y estoy dispuesto a darme la hostia de mi vida,
pero contigo.
Quiero que quites los frenos, que aumentes la velocidad de tu crueldad y que seas algo buena, pero solo a ratos. Quiero sacar lo mejor de ti, y para eso, primero vas a tener que darme todo lo malo.
No quiero esperar nada de ti, quiero que me sorprendas y me des todo lo que ni siquiera me haya atrevido a pensar, a querer, a pedir.
Quiero sentir que eres el caos que consuma lo que queda en esta habitación, que lo gires todo, que te dé igual el tiempo. Quiero que me cambies la vida, quiero salir herido de tu cuerpo.
No quiero que me venzas, no quiero ganarte el pulso, quiero que acabemos perdidos entre sábanas heladas.
Sigue siendo lluvia,
me gustas tal y como eres,
con tus dudas,
tus temores
tus idas,
tus venidas,
tus conceptos.
Tu manera absurda de entender las cosas,
diferente al resto.
Llega y cámbiame la vida. Márchate aunque te pida que te quedes, y quédate cuando te diga que te vayas. Decepcióname constantemente con tus billetes a la nada, pero ni se te ocurra coger un vuelo hacia la desesperanza sin mí.
Nunca lo llames amor
pero no dejes de llamarlo,
y llámame a mí también
si se te olvida lo que es reír por nada.
No cambies,
nunca,
bajo ningún concepto,
y si empiezas a echarme de menos
no digas nada.
Déjanos fluir
y el tiempo dirá el resto.
Si algún día me muerdes el sueño
voy a darte el abrazo más largo del mundo.
Voy a salvarte sin que me veas
y vas a quererme sin que lo quieras.
Al final del día
cuando no nos quede nada
nada más que la oscuridad de la noche
voy a pensarte unos segundos
y creer que eres real.
Sin sospecha previa
sin causa ni razón
para llamarte amor
aún sintiendo
que te pareces
de aquella manera,
a todo lo que yo era
cuando sentía
que estaba
  vivo.

viernes, 24 de julio de 2015

Queridos miedos.

Pensé que dos tragos de más tendrían las respuestas a todas mis preguntas. Serían la calma de todas mis dudas. La paz que no sé ver últimamente ni en mí misma. Me siento mal por querer lo que quiero, ¿Hasta dónde llega el límite? ¿Cómo saber si valdrá la pena? ¿Cómo sé que no me equivoco? ¿Que no voy de nuevo a la deriva? Necesito alejarme del mundo, de este mundo que me ha perseguido desde mi último naufragio. Quizá lejos de todos, quizá solos, abandonados al deseo, quizá entonces podría ser. Quizá entonces no habría miedo, traición, duda.
Ser quienes somos se ha convertido en la condena que aprieta las cadenas de este mundo que ahora es nuestro. 
No sé por qué últimamente cuando escribo acabo hablando de ti.
Quizá porque eres esa duda que se agarra a mi coraje, eres fuerza, eres mi espejo, y aunque en el fondo te temo, no  he dejado de verme en tus pupilas cada vez que te miro las heridas. Ese azul que refleja el marrón de mis dos luces. 
Ojalá fuera fácil.
Pero como siempre, todo lo que vale la pena suele ser lo más difícil de alcanzar. 

jueves, 23 de julio de 2015

'' Se llama moral''

Llevas los cordones de tu vida desatados. Se te enredan.
Sé que no me dejas tocarlos,
pero voy a mirarte mientras
te deshaces de los nudos.
Ríete de mí
me vuelvo valiente
cuando lo haces.
Y repróchame que quiera cerrar
el libro que no hemos sido capaces
de empezar a leer.
Acepto tus disculpas,
vamos a volver a perdernos
pero esta vez sin mapa 
de repuesto.
Sin plan B.
Quizá el plan A
era el correcto
aunque sea terriblemente
molesto
darnos cuenta
de lo equivocados que estaban
nuestros dedos
cuando esquivaban el deseo
de aquel vuelo
infrenable. 
No voy a tocarte, lo prometo.
Tres centímetros de tregua,
te doy ese margen
para que puedas
salir corriendo.
Voy a hacerme la cobarde
aunque ya no tenga miedo
para que puedas mirarme
sin sentir que cargas
con esa enorme culpa
dentro.

Aunque no seamos culpables
y esa culpa sea el pretexto
para no arriesgarnos a 
 perder
     el 
 miedo. 



miércoles, 22 de julio de 2015

Es algo que va creciendo y que algún día estallará. 
Pero no me importa, me gusta el caos que nos envuelve.
Haces que en mi vida exista lo poco corriente. Y hacía mucho tiempo que nadie me hacía volar sin tan siquiera tocarme.
Gracias a tus versos siempre amortiguo la caída contra la realidad.
Y aunque no sepa cómo explicarlo llevas en tus ojos las razones suficientes como para intentar no huir más de ti.



Algún día tendré que hacerte frente. 

martes, 21 de julio de 2015

Nuestros ojos están aprendiendo a hablar.

Hay un momento en el que todo está claro. Llevamos mil historias colgadas a nuestras espaldas y nos hemos cruzado en medio de un camino desértico. 
Todo ha cambiado sin que nos demos cuenta. Lo que antes era simplemente una chispa se convierte en fuego, y ese fuego trae consigo el incendio.
Se nos quemarán los intentos, pero seguiremos en el lugar de siempre, dentro de ese ciclo en el que últimamente paseamos.
Diremos que está mal, cargaremos con el lastre, nos tragaremos la culpa y volveremos a cargar el arma al día siguiente. Dispararemos contra la moral, contra los principios. Retrocederemos y volveremos a lanzar señales perdidas.
Volveré a desearte.
Volveré a hacerme torpe entre tanta fragilidad. Te pensaré de nuevo. 
Y me veré de nuevo evitando tus señales. Luchando por olvidar que últimamente te paseas por mi mente, en ese zig zag silencioso. Te sumerges en la música de mi vida y le das ritmo a la letra que jamás me atevo a cantar.
Quizá no sea el momento, pero juro que dentro de esos minutos que pasan volando cuando estamos juntos, existen unos segundos en los que olvido quiénes somos. 
Me gusta pensar que te conozco menos, aunque haya contemplado todos tus miedos, aunque en realidad nos conociéramos mucho antes de que esto sucediera. 
Estoy cambiando, y esta nueva yo tiene miedo aunque lo niegue. Hay algo en mí que piensa en ti. 


Y quizá estoy siendo completamente egoísta, pero siento que veo en ti todo lo que soy. Y aunque la culpa amenace con quedarse, en el fondo siento paz. 
Estás aquí, y no me importa no ponerle nombre a esto contra lo que luchamos, me conformo con saber que, aunque dé miedo, o nos pongamos en contra, crece sin querer. 



Que nuestros labios pronuncian no,
y nuestros ojos están aprendiendo a hablar. 

domingo, 19 de julio de 2015

Trozos de cosas que no sé pronunciar.

Nos llovieron las prisas,
cayeron todas las verdades.
Cerré todas las puertas
olvidé mis llaves.
Estaban junto a ti
en el cajón de todo aquello
que debía abrir
solo en caso de emergencia.
Me surgieron los daños
pasaban los años
y no te sentía.
Perdida en otros cuerpos
colgada en otras brisas
sintiendo otro tipo de dolor
te vi.
Nunca unos ojos habían dicho tanto
nunca una herida había dejado
tantas
y tantas
y tantas
secuelas.
Nunca un corazón había escupido
tantas ilógicas
ilusiones.
Nunca había querido así.
Y aquella huella era lo único
que iba a quedarme de todo aquello.







Hubo un día en el que dije
y prometí
y juré
que nunca más iba a mirar
una simple fotografía
en la que saliéramos felices.
Y desde entonces no lo he hecho.
Bebí hasta prometerme
que no habría más lunas
iguales
y que debería aprender a mirar
las que eran diferentes.
Ahí mentí.
Volví a buscar las mismas lunas
en otros cielos
en un absurdo intento
de quererte un poco menos
y quererme un poco más.

Y de hecho ahora me quiero más que a ti,
que ya es mucho.
Y hasta he empezado a sentir
que ya no sé quererte.
He perdido la dirección
de todas aquellas calles
donde fui feliz.
Pero por primera vez en meses,
no vuelvo a mirar mapas.
Los lunares de tu espalda 
ya no guían mi vida
y sin embargo aún los recuerdo.

Fuiste cobijo
en las tardes
más gélidas
de mi invierno
favorito.
Pero aún así no puedo quedarme
con lo bueno
y olvidar lo malo.
Sino que debo recordar
más que nunca
todo lo que he llorado
para levantarme un día
y no sentir que te debo la vida
solo porque me salvaste de una soledad
que vuelve a apuñalarme por la espalda.





Recuérdame cuando ya no quede nadie,
hazlo entonces, o hazlo cuando sonrías
y la vida te devuelva la felicidad.
Brinda por mí
choca con otra persona
las copas
y recuerda que una vez brindamos por ese futuro, ahora presente, que ya no está.
Deja que mis labios te persigan a ratos
y aprende a quererme sin más.
Quizá lejos
quizá demasiado poco
quizá en exceso de paz.
Quiéreme como no lo hiciste
cuando aquel día
decir adiós fue lo que cosió el final.
Ojalá me hubieras querido al menos la mitad
de lo que yo dije quererte.
Ojalá entonces yo hubiera sido lo suficientemente fuerte como para batallar
una vez más contra mi mala suerte.







Ahora estamos desnudos
pero en camas diferentes.
Y ya no se me quema la piel
cuando tus labios 
pronuncian
'para siempre'
porque ya no lo pronuncian, quizá,
o porque ahora sé que no era verdad.

Escribir antes era mi propia terapia.

Se me hace raro no necesitar esto.
Antes era lo primero que hacía al sentarme delante del ordenador, escribir. Escribir todo lo que me agobiaba, todo lo que extrañaba, todo lo que perdí.
Antes escribía sobre mi dolor y ha llegado un punto en mi vida en el que siento que ese dolor se va.
No sé qué me está pasando, pero al fin me libero de ese peso que cargaba en mi espalda.
Escribir se ha convertido en mi refugio, y resulta que ya no necesito refugiarme cada día.
Tras meses de dolor me noto diferente. Estoy viva de nuevo. Siento que respiro sin hundirme, y que vuelo sin caerme. Ya no me rompo por las noches, ni miro el teléfono esperanzada.
Ya no te busco en la mirada de la gente cuando camino por la calle, ya no escribo siempre sobre ti.
Ya no pienso en si me querrás, en si dejaste de hacerlo antes de abandonarme o después. Ya ni siquiera pienso en el dolor aquel 27 de enero cuando no llegó tu mensaje.
Se me hace raro ya no querer escribir todos los días.
Se me hace raro no sentirme la misma chica que temía olvidar. Me siento más fuerte que nunca porque he sido la más débil.
Por fin lo he aceptado. Ahora entiendo de qué va esto. Tú ya sentías esto des del principio. Cuando dejaste de quererme solo querías en tu vida un hueco para mí. Para que te diera esperanza cuando la vida te golpeara. Querías una hermana a tu lado, una chica que te comprendiera. Pero no querías que yo fuera tu gran amor. No me dejaste esa opción. Me quedé con las migajas de ti y ahora lo entiendo.
Al principio, cuando volvíamos a hablar, a estar bien, a sentir esa complicidad, creía que era un absurdo intento de acercarte, que querías volver a mis brazos. Con el paso de los meses he ido descubriendo que soy solo ese cobijo en el que esconderte del mundo cuando duele un poco de más. Soy ese chupito de tequila que rompe las reglas y te hace olvidar por unas horas tus problemas.
Pero fui la causante de unos. El dilema de echarme de tu vida o no. El dilema de olvidarme o seguir manteniéndome cerca de ti, guardando el rencor, esperando una señal.
Ahora te entiendo, créeme.
Tú querías justo esto que nos queda. Las migajas de todo lo que pudimos ser.
Y créeme que lo acepto.
Acepté el trato en su día pensando que volverías, y hoy mantengo el trato sabiendo que no vendrás.
Ya no importa, de veras.
Sé que volverás a amar muy pronto y que ya no seré yo.
Y ya no escuece imaginarte en otras bocas, prendido de otros labios, creyendo otras lenguas, sacudiendo otros cuerpos con tu voz. Puedes ser feliz lejos de aquí.
Lo único que puedo pedirte es que no olvides todo lo que te di, todo lo que fuimos, todo lo que nos dejamos por ser. Todo lo que sentimos cuando dijimos sentir, todo lo que conseguimos al proponernos un mundo lleno de retos.
Ojalá vuelvas a sonreír,
pero ya te digo que espero que no sea como conmigo.
Ojalá siempre te quede un trocito de herida abierta, como la mía, que te recuerde, muy de vez en cuando, lo feliz que pudiste ser, lo bueno que habría sido vivir esas ocho vidas que nos propusimos vivir.


Pero el tren partió. Eran las once de la mañana.
A mí se me rompió el corazón y perdí el tren siguiente.
Esperé en la estación durante horas, por si se te ocurría volver a casa.
Y al final, resignada, tomé el tren de las ocho de la tarde.
Llegué tarde, como de costumbre, Pero llegué.
Y aunque al principio el camino se hacía casi invisible, y la estancia incómoda, acabé acostumbrándome a ese dolor que se metía en las costillas cada atardecer.
Llegué a una estación, llamada yo y me bajé.
En cuanto pisé el andén comencé a quererme.
Y empecé a olvidar que te habías ido en un tren diferente.
Claro que dolió el primer latido en el que no estuviste,
pero supongo que el corazón se acostumbra a tener cicatrices.
Tú eres una de ellas, pero sé que habrá más. Volverán a herirme.
Y aunque antes le temía al dolor,
ahora sé que soy fuerte.





La próxima vez que alguien se plante delante de mí y amenace con quererme no saldré corriendo.
Pondré mi corazón a todo riesgo y me lanzaré al vacío que supone enamorarse.
Quizá vuelvan a herirme,
quizá sea yo esta vez la que mate a un inocente.
Pero me enamoraré, y eso es lo importante.
Del amor nadie sale vivo, y si lo hace, no sale entero.

Dulce y feliz vida, primer amor.
Ojalá no hubieras tenido que irte.
Ojalá no hubiera tenido que dejarte ir.
Ojalá no me hubiera acostumbrado a este dolor.
Ojalá no hubiera olvidado todo lo feliz que fui junto a ti.
Porque el vacío es lo único que duele.
Y me vacié al huir.

miércoles, 15 de julio de 2015

Palabras que nadie más que yo (y quién sabe si él) entiende.

No pueden rozarse nuestros sueños.
No es correcto compartir el silencio
de los que callan por miedo
a decir
justamente
aquello
imposible
incorrecto
e improbable.
En el mundo existirán mil historias de amor.
Y entre ellas jamás estará la nuestra.
Porque tan fugaz y efímera se ha hecho
que no es más que una estrella en el cielo
que solo en las noches más oscuras
puedes ver.
Tan cerca están nuestros dedos de rozarla
tan lejos la tienen que dejar,
por miedo a que no sea el momento
y aún sea pronto
para jugar a ser esos adultos
que saben separar
el bien
y
el mal.


Nuestro presente no ha perdonado aún a nuestro pasado,
por eso no podemos ser un presente sin bañarlo de futuro.
La excusa del tiempo es el escudo
y nuestros ojos son las espadas que parten todas las verdades.
Mientras sigamos atándonos las manos
jamás habrá profundidad
en el corte.

Quizá nadie entienda esto
y solo yo sepa qué es lo que escribo
pero al igual que un náufrago pierde el sentido del tiempo,
yo siento que he perdido el tiempo cambiándole el sentido a mi vida.


Esto no entraba en mis planes
y hace tiempo que he dejado de saber cómo se improvisa
sin que las cosas salgan mal.










Ojalá no fuera el tiempo el único que sabe darme la respuesta.



martes, 14 de julio de 2015







Y ahí está la chica que decía que nunca más iba a soñar, soñando.
Llena de miedos, como siempre, sin pronunciarlos.
Delante de un vacío que grita demasiado.
El ruido del silencio se hace insoportable.
Las alas empiezan a olvidar cómo era moverse
sin volar.
Ella espera, paciente, que todo pase,
que la calma le gane el pulso
esta vez
a la tempestad de sus recuerdos.
Y descanse en paz la guerra que se coloca en sus hombros
cada vez que abre los ojos por las mañanas.
La realidad se ha hecho tan insoportable
que cree que ha olvidado todo lo malo
solo para no tener que recordarlo.
Ya no le habla a nadie de todo lo que fue
ahora habla de todo lo que será.
Y el presente es solo un billete barato de ida,
que no tiene que ver con el de vuelta.



Se ha convertido en una chica fría
que ya no abarca calidez en su pecho.
Solo vive porque sabe que algún día
cuando ría
volverá a ser feliz,
y esta vez sin fingir
que es de verdad.

lunes, 13 de julio de 2015

almas mellizas.

Tu insensatez es paralela a mi sin-razón.
Te mueves calculando cada paso, usando el control por primera vez en la vida. No te desatas jamás, no puedes hacerlo. Seríamos el caos más absoluto. La verdad eterna hecha fuego.
Me calas los huesos y los tuerces con sonrisas que no deberían estar y sin embargo, acechan. Tu huida amenaza con persistir en mi historia.
Y cada vez es más evidente que al igual que algo se enciende en nosotros, un lado se vuelve oscuro.
Atrapados en una rueda constante, en la que nunca paramos en el mismo punto. Ver en nosotros la razón y la excusa para intentarlo, pero permanecer atados a todo lo que no deberíamos hacer.
Estamos en el cuerpo equivocado.
Nos conocimos en el momento equivocado.
Somos almas mellizas, no gemelas. Y sin embargo, somos idénticos.
Dos gotas de agua que no impactan sobre el mismo mar y sin embargo, conectan. 
Esa chispa que provoca la risa es la misma que enciende el incendio que arrasaría con todo.
Quizá no en esta vida,
quizá en la siguiente,
nos cruzaremos.
Te veré antes de que puedas decir palabra,
me verás con los ojos llenos de nostalgia marchita
y puede que entonces
comience algo parecido a aquello que jamás podremos ser.
La perfecta línea trazada sobre el lienzo de una vida que parecía estar en blanco.
Destinados a conocerse tarde, como siempre.
Condenados a no creer que es amor.
Es algo parecido al tiempo, siempre presente, incontrolable, malvado y ameno, persistente, calmado y sonriente.
Solo somos eso, cuestión de tiempo.
Este no es el momento de arriesgar todo lo que hemos conseguido,en esta vida voy a mirarte de lejos.
Aunque no sea partícipe de tus logros,
ni cómplice de tus silencios.
Aunque no pueda acariciarte las derrotas,
me llenaré de reproches las manos y tocaré cada línea del destino que esté unida a nuestros puntos de conexión.
Somos unos insensatos que creían que era fácil ser algo sin haberse atrevido a serlo. Llamar 'nada' a un miedo que acecha. No saber dónde colocar las piezas para que todo encaje. Que ninguna pieza del engranaje corresponda al linaje de certezas que llevamos por bandera.
Cada noche la misma duda: ¿Por qué no?. Cada noche la misma respuesta: ¿Por qué sí?
No hubo tiempo, espacio, palabra, que definiera jamás qué era lo que podrían llegar a ser esas dos almas impares.
Solo sabíamos que estábamos conectadas por la misma razón por la que debíamos mantenernos separados.
Sería demasiado fácil caer en la estúpida definición de encajar, pero es lo que hacíamos. Encajábamos y mientras lo hacíamos era tan sencillo todo que acojonaba. Volar ante la caída del precipicio era sinónimo de mantenerse a flote dentro del mar de sus ojos.
Escribirle se convirtió en dar señales de vida. No nos encontramos los puntos cardinales, no quisimos ver más allá, porque mirar más lejos supone rechazar lo que hay cerca. Y cerca teníamos los recuerdos y el dolor.
Heridas que solo nosotros comprendíamos.
El dolor de entender que hay que saber despedirse de todo lo que fuimos en otra vida.
La duda de pensar si sería posible coincidir en esta , quizá un día en el que nada duela ya, nada se esconda. En el que la pasión sea solo sinónimo de drogarse el corazón. Un día en el que pueda ser sin pegas todo lo que nunca pudo ser.
Un día en el que volar significara no estar condenado a la caída.
Un día en el que arriesgar significara ganar, y no rendirle cuentas al destino. 
Un día infinito, vacío de 'peros' y lleno de ganas.
Un día en el que hacer el equipaje no suponga tener que marchar. 
Y en el que marchar no suponga no volver jamás.





Querida alma melliza,
qué lástima que no me miraras un poco más
aquel día en el que nos vimos iguales
ante las dudas.
Desnuda tu alma dice más de mí que de ti.
Desnuda la mía te conoce como si te hubiera rozado.
Puedes no estar aquí,
pero no dudes que te llevo conmigo,
rompiendo las leyes que juramos no romper.
Disfrazando de valiente este corazón cobarde.
Querida alma melliza,
ojalá estuvieras aquí. 

sábado, 11 de julio de 2015

Al final lo he entendido.

Al final lo he entendido.
He roto las cadenas.
Ya no voy a quedarme anclada.
Me apetece nadar.
Quiero salir de este agujero.
Y he comprendido,
al fin,
que estoy sola en esto.
Que yo misma voy a coserme las alas,
calmar las heridas
y esperar,
paciente,
a que cicatricen.
He conocido a alguien: A mí misma.
Y yo sí valgo la pena.

lunes, 6 de julio de 2015

Hoy no tengo ganas de estar aquí.

En mi defensa diré que todo lo que hice lo hice porque así lo sentía. 
Me quedé aun sabiendo que debía irme. Pero sé que cuando su condena acabe acabará también conmigo el desastre que me persigue.
Volará sin mí y yo tendré que coserme las cicatrices. 
Seguir se me hará tan duro como ignorar lo que duele estar lejos de lo que más me importa. Pero tiene razón, yo solo soy la medicina pasajera, el hombro en el que apoyar la cabeza del desastre. El pañuelo que seca la condena de la soledad.
No soy importante.
Y si lo soy, no es como me gustaría.





Ahora toca mirar al dolor a los ojos. Aunque sea ya tarde y yo siga siendo el desastre que amenaza con destrozar el mundo.
Pero vivo en una mentira.
Y quizá sería mejor seguir viva en otra parte.


Si me quisieras.

Si realmente me quisieras me habrías echado de menos cada día. Habrías entrado aquí, al menos una vez a la semana, a lamerte las heridas con mis palabras. Si realmente me quisieras aún pensarías, como mínimo, una vez al día, en mí. Si me quisieras sería sencillo mirarme y confiarme tus más callados secretos. Seguirías contando conmigo al contar con alguien. Si me quisieras, cualquier pareja te recordaría a lo fácil que resultaba ser feliz cuando estábamos juntos. Pensarías en cualquier momento absurdo y te reirías en silencio,o por el contrario, un momento perfecto te arrancaría una lágrima. Si me quisieras las noches se convertirían en algo que matar lentamente, con cualquier videojuego o película. La ventana solo te llevaría a una luna que ahora, ajena a todo, te respondería en silencio con el brillo de mi sonrisa.
Si me quisieras, ahora mismo, quizá, podrías estar leyendo esto. Y preguntarte por qué decidiste irte, por qué dejé que lo hicieras, y en qué clase de monstruos nos convertimos como para que se nos hiciera tan fácil seguir pegados. Seguir anclados al mismo mar. Compartiendo el dolor y la alegría,como hacíamos entonces.
Si me quisieras, tu cama me echaría en falta. Y recordarías momentos, extrañarías mi piel. Te refugiarías en recuerdos que solo son nuestros. 
Si me quisieras el verano se te haría pesado. El más caluroso de tus veinte primaveras.
Si aún quedará en ti alguna pequeña partícula de mí, quizá te dolería leer que no ha pasado un solo día en el que no me haya planteado cómo sería mi vida si siguieras aquí.
Si te duele ese 'feliz cumpleaños' que ya jamás tendré por esos diecinueve inviernos que cumplí, y sientes que se te quema la piel al recordar lo diferente que habría podido ser nuestra vida, entonces quizá es que mis cenizas aún siguen prendiéndose cuando algo sopla fuerte hacia tu recuerdo.
Si realmente me quisieras sabrías que existen muchas noches perfectas en el mundo y que probablemente un día alguna noche superará lo que ninguna ha conseguido aún: Un San Juan que no necesitó fuegos artificiales para encendernos la vida.

Si me quisieras me habrías buscado entre la gente algún día,
esperando ver en mis pupilas la respuesta a todas esas preguntas
que no supiste, ni supimos, responder.

Si me quisieras tu boca aún tendría restos del invierno que te regalé.
Si me quisieras, quizá, entonces, sabrías que nadie ha vuelto a pisar tan fuerte este suelo. Que no se han vuelto a caer mis paredes desde que destruimos el cielo.  Si me quisieras entenderías que aunque hayan pasado 187 días desde que te fuiste, para mí solo ha pasado una hora. Porque el tiempo empezó a avanzar tan lentamente que no he salido de diciembre y me sigue oliendo a dolor el silencio que amenaza con hundirme. 
Si me quisieras, me querrías tan fuerte, que la impotencia se acomodaría cada noche en tu almohada, recordándote que no estoy aunque esté.

Si me quisieras quizá algún día vendrías a salvarme de esta condena a la que llaman libertad, ahora que en mi bandera ya nadie lee tu nombre.
Presa del invierno te digo adiós, con la esperanza de que me reproches
que no quieres que me vaya
aunque no irme implique
quedarse contra el muro.
Aunque a quemarropa
el silencio se acomode 
entre tus ganas de irte
y mis ganas de quedarme.
Si me quisieras entenderías esto solo como algo que escribo cuando no quiero entenderme.
Si me quisieras me querrías tanto que no podrías dejarme en silencio
y volverías a buscar los pedazos que quedaran de mí.
Quizá si me quisieras me llamarías amiga, por etiquetar la vida que te entregué en mano.
El destino amenazará con rompernos cada vez que nos vea felices riendo
recordando que somos todo dentro de un nada que nosotros mismos construimos.


Ojalá me hubieras querido.
O mejor dicho: Ojalá no hubieras dejado de hacerlo.
Aunque si aún me quisieras,
no haría falta
decirlo,
supongo que lo sabrías
y las palmas de mis manos jugarían a encontrar tu hielo
y derretirlo.
Como siempre he hecho,
como siempre has querido.
Tu cuerpo contra mi cuerpo
deshaciendo las leyes
rompiéndonos las pieles
encontrando en amaneceres
las noches más bonitas.




Mayores secretos.
Adolescentes jugando a ser adultos.
Así te quise.
Y así me habrías querido, si por casualidad, aún me quisieras. 
















¿Por qué esta canción dice todo lo que yo te cantaría?

domingo, 5 de julio de 2015

Cuando ya no queda nada

Ella levantó la vista y lo vio leyendo con el ceño fruncido. No le preguntó. Él no articuló palabra. El silencio se acomodó entre el dolor. Sonrieron como por inercia, contemplando así el secreto más grande del mundo: Nadie excepto ellos sabría jamás todo lo que aquellas cuatro paredes habían visto. Se dieron cuenta de lo poderoso que es el recuerdo cuando se abalanza y amenaza con doler. Unas palomitas en el cine más pequeño de la ciudad, una risa alocada en pleno invierno subiendo Montjuic. Un metro testigo de besos de despedida. Una playa bañada de amor loco y perdido. Unos barcos que la habían oído cantar. Mil recuerdos que embotellar y lanzar lejos, muy lejos, al mar. 
Había tanta sal guardada en esas heridas que se negaban a sanar que ambos habían comenzado de nuevo a bajar sus miradas. Los pasos en la acera resonaban haciendo eco del silencio. Una gorra mal puesta, unas bambas desatadas. Unos besos aún guardados en cajitas de primavera. Un almacén de caricias enlatadas. Dos cuerpos que se pegaban al calor de un verano perfecto. Una felicidad envasada al vacío. Dos palmas que impactaban siendo manos torpes. Una falda subida, unas pupilas gigantes, la ropa y la vida tirada en el suelo. Y las cartas sobre el colchón, apostando el corazón a cada tirada. Él nunca era perdedor, siempre dueño de la baraja. Ella siempre con su mala suerte y su poco azar, con el amor entre las piernas proclamándose ganador de la pelea. Dos corazones victoriosos que no respiran mientras se rozan tímidos. El latido acelerado, el olor de una vida que comienza a ser perfecta. La mejor cena era entonces aquella improvisada cualquier sábado noche, cuando entonces la mejor opción era acurrucarse dentro del invierno de sus pupilas y ver la  película de todo aquello que querían ser cuando aquel presente fuera futuro.
Ahora ya es futuro, y no se miran.
Cambian palabras secas acompañadas de lágrimas invisibles que apuntan como balas en sus corazones. A ver quién dispara primero, a ver quién se muere después. Ingenua la vida que se empeña en hacerles ver que siguen respirando aunque su razón de ser ahora se conjugue en pretérito imperfecto.
Ella le devolvió el otoño para que no doliera, él se lo llevó todo con su huida.
Él supo de ella un día, que a lo lejos vio cómo seguía su vida. Ella no le volvió a ver, pero no lo dejó de pensar, ni tan siquiera un día.
¿Y si se hubieran quedado fabricando veranos en aquellas tormentas de invierno? ¿Habrían sido más felices si no le hubieran escrito el final al cuento?



Ojalá responder fuera tan sencillo como preguntarse qué hay después de todo, cuando ya no queda nada. 

miércoles, 1 de julio de 2015

Me pregunto.



Sólo pude ver sus lágrimas caer.
La gente desapareció.
Le dije: Aquí estoy.
Pero me hice invisible.
Me pregunto qué habría pasado si hubiera vuelto a sonreír. Si una buena noticia golpeaba al fin su vida. Me pregunto cuánto tiempo hace falta para olvidar sus promesas. Cuánto valor basta para cerrar todas las puertas.
Dónde estaré yo cuando al fin la felicidad se instale en su día a día
y ya no quede hueco para mí.


abrumador

Quizá pueda sonar raro, pero cuanto más cerca estoy de ser aquello que he deseado ser desde que mi uso de razón se coló en esta habitaci...