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Mostrando entradas de febrero, 2014
Bajo un cielo estrellado tapado tras nubes gélidas, se hallaba la más temblorosa chica.
De piernas no muy delgadas y sonrisa calmada, expectante del misterio que conllevaba la vida.
Secaba las lágrimas de aquellos que le importaban, y en su corazón siempre hubo hueco hasta para su peor enemigo. Dispuesta a sonreír, a veces con el temperamento subido, calmaba las tempestades de su razón.
Tonta, la llamaban algunos, por perdonar lo imperdonable, por aceptar lo inaceptable, por vivir feliz ajena a los problemas de su alrededor. Astuta, la llamé yo, y sincera por reconocer, que nadie fue cortado con las tijeras de la perfección.
Y que a veces valía la pena equivocarse, porque una vez que te equivocas trescientas veces, por fin aprendes la lección.
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Grité en medio de un desierto pero una voz me escuchó.
Y esa voz fue la que me hizo entender por qué quería quedarme. Quería quedarme porque incluso sumida en el mayor silencio él pudo escucharme. 
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Hace tiempo que vivo por ella. Y solo sé que se llama Noelia.


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Y así fue como llegaste. Fugaz e inimaginable. Extremo, sereno. Imperceptible, rápido. 
Yo ya no creía que la vida fuera a sorprenderme. Tenía dieciséis años y muchos sueños que cumplir. Y te cruzaste. Era septiembre, y yo creía que solo sería un año más. Pero no fue así. 2012 trajo consigo algo mágico. Te trajo a ti. Como si yo mereciera pisar el cielo, o como el cielo fuera propio en mí.
Así te quedaste. Al pasar los meses nos hicimos incalculablemente felices.
Te prometí que siempre estaría contigo, aunque tú me repitieses que jamás dijera siempre. Tan racional tú, tan soñadora yo, que creo que es por cosas así por las que estamos juntos.
La diferencia entre tú y yo. No es casual.

Está hecha a medida. Paso a paso, compás a compás.
Y no tengo palabras para agradecerte tanto que has hecho y haces por mí.
Solo un te quiero, una promesa y un continuar.
Una protección, un beso, un abrazo, un hecho. Esto es lo que puedo darte.
Lo mejor de mí.
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Siempre seré la chica pálida que mira la lluvia a través del cristal.




Y entonces bastará.

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Puedes gritar. Aquí no te oirá nadie. En un rincón de mi alma que se estremece, ahí justamente deberías esconderte. Y decirme que soy tu suerte, aunque la suerte no exista y el éxito sea efímero. Aunque la luna desaparezca cada mañana y los pájaros siempre emigren. Puedes apoyarte en mi vida para hacer más tranquila la tuya. Y refugiar tus miedos en los míos para que juntos se hagan amenos.
Cantaré al son de tu risa y tus cosquillas me endulzarán la vida.
Verás amaneceres que jamás podrás describir con más palabras que un suspiro, y en mi pecho latirá un corazón rendido a tus ojos. Permitiré que entres donde jamás nadie ha entrado y dejaré que indagues donde jamás nadie indagó para que conozcas cada rincón de mí. Sé que las cosas preciosas no llegan con facilidad, así que te diré que por el camino nos desanimaremos y veremos que a veces las cosas no salen como uno quiere, pero te puedo asegurar que de 365 días solo 65 serán malos. Y que todos los demás estarán llenos de sorpresas y feli…

Y entonces desperté.

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No había planeado nada de todo aquello. El pelo rozó mi cara efímeramente. Con la intensidad suficiente como para saber que mi piel debería haber sentido frío. Y sin embargo, ardía. Me ardía cada poro, como si estuviera apunto de estallar en mil pedazos. Como mis mejillas sonrojadas y la velocidad del palpitar de mi corazón . Corrí a una velocidad impropia en mí. Me cubrí la cara con las palmas de las manos ,  con las ideas revueltas. El alma suspiraba, y cogía aire de nuevo. Parecía fortalecerse. Me llené de valor y paré. Me detuve. Una, dos, tres pulsaciones. Todo lo que quedaba a mi alrededor ahora estaba desolado, desértico.  Me hundí en mi propio miedo, y no dejé de mirar hacia todos lados. Temía a la persecución de la vida, intrépida, cambiante, que pasaba volando. Temía a la meta, a la muerte que esperaba quieta a que el reloj avanzara, las agujas volaran, la piel se durmiera, el llanto me estremeciera. Le temía a la fugacidad de las horas y la intensidad de todos y cada uno de…

Para lo más bonito que pisa el planeta Tierra.

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Hace tiempo que no escribía algo así para ti en el blog. Así que ahí va.
Nos espera una semana un poco extraña, y a tan solo dos semanas de trimestrales.
Pero, ¿sabes? Yo no tengo miedo.
Sé que por muy duro que sea el camino al final tendremos nuestra recompensa.
Juntos vamos a poder con todo esto, porque no es nada comparado con el apoyo que podemos darnos el uno al otro.
Eres mi invierno favorito, y voy a abrigarte a base de besos y caricias. De íntimos abrazos, de relatos sin formato, de mi torpeza natural.
Verás que en tan solo 4 meses pensaremos: ''Ha valido la pena''.
Mientras tanto, a pequeñas dosis, seguiremos nuestro pequeño camino.
Con la única finalidad de hacer nuestros sueños realidad. Uno a uno, paso a paso.
No quiero que cambie nada, solo nosotros, y que con los años nos volvamos más y más cercanos. Ya conoces cada rincón de mí. Ya sabes cuándo río y cuándo quiero llorar. Soy el poema que probablemente más veces hayas leído. Y tú llevas en ti mis rimas favoritas.…
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El ligero suspiro de dos almas, que unidas, acompasaban los pasos ,que al caminar, marcaban sus vidas. Un solo aliento bastaba, miles de sonrisas que amortiguaban caídas desde lugares insospechados. Chispas que fundían los plomos de todos aquellos que callaron su verdad. Así como todo se perdía cuando ya nadie conseguía aguantar más. Ellos, en cambio, ajenos, brotaban. Y alzaron el vuelo para alejarse de todo el mal. Quizá tuvieran razón y el infierno no estuviera bajo el suelo, sino que fuera la tierra quien sostuviera el miedo. Por eso escaparon de prisa, como el que huye para no acabar ardiendo. Como aquel que sueña que volando lejos las alas quedarán ilesas. 
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Siempre dará miedo. Porque, ¿sabes algo? Las cosas que merecen la pena hacen que temamos a todo. Y ¿sabes por qué? Porque son grandes. Y donde cabe una gran victoria hay hueco para un gran riesgo.
Las mejores historias de amor son las que nunca fueron perfectas y jamás llegarán a serlo.
Sé que es difícil jurar en un mundo como este que vas a querer a alguien para siempre.
Pero sin saber por qué, algo dentro de ti, de cierta manera, te avisa de que a veces, sí es posible. Hasta el fin de los tiempos.
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Conmigo no habrá nunca dolor.
Eso era lo único que podía prometerle. Eso fue lo único que sabía que cumpliría.
Eso fue lo único que dije.