El ligero suspiro de dos almas, que unidas, acompasaban los pasos ,que al caminar, marcaban sus vidas. Un solo aliento bastaba, miles de sonrisas que amortiguaban caídas desde lugares insospechados. Chispas que fundían los plomos de todos aquellos que callaron su verdad. Así como todo se perdía cuando ya nadie conseguía aguantar más. Ellos, en cambio, ajenos, brotaban. Y alzaron el vuelo para alejarse de todo el mal. Quizá tuvieran razón y el infierno no estuviera bajo el suelo, sino que fuera la tierra quien sostuviera el miedo. Por eso escaparon de prisa, como el que huye para no acabar ardiendo. Como aquel que sueña que volando lejos las alas quedarán ilesas. 

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