Y así fue como llegaste. Fugaz e inimaginable. Extremo, sereno. Imperceptible, rápido. 
Yo ya no creía que la vida fuera a sorprenderme. Tenía dieciséis años y muchos sueños que cumplir. Y te cruzaste. Era septiembre, y yo creía que solo sería un año más. Pero no fue así. 2012 trajo consigo algo mágico. Te trajo a ti. Como si yo mereciera pisar el cielo, o como el cielo fuera propio en mí.
Así te quedaste. Al pasar los meses nos hicimos incalculablemente felices.
Te prometí que siempre estaría contigo, aunque tú me repitieses que jamás dijera siempre. Tan racional tú, tan soñadora yo, que creo que es por cosas así por las que estamos juntos.
La diferencia entre tú y yo. No es casual.

Está hecha a medida. Paso a paso, compás a compás.
Y no tengo palabras para agradecerte tanto que has hecho y haces por mí.
Solo un te quiero, una promesa y un continuar.
Una protección, un beso, un abrazo, un hecho. Esto es lo que puedo darte.
Lo mejor de mí.

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