Fuimos tiempo.

Si me pongo a recordar me hundo. Supongo que nunca te soltaré del todo, siempre nos quedará Madrid, o qué digo, la ansiada ciudad italiana que ahora me da miedo pisar. Siempre te he temido, desde que me enamoré, desde que caí en tu red, has tenido el total poder de derrumbarme. Y lo hiciste. Me dará miedo siempre tu mirada afilada, tus colmillos ansiosos, tu risa ingenua. Me vas a dar miedo siempre. Por eso llevo el cinturón de seguridad, por eso jamás te dejo entrar, por si volvemos a estamparnos, por si vuelvo a morir por ti, contigo.
Claro, claro que te amaba. Joder, cómo no hacerlo. Por ti mataba el tiempo, todo lo que viniera. Luché sin armadura, por tu risa, por hacer que volvieras a ser el de siempre. Sentí que te perdía aquel noviembre, cuando algo en ti murió, y me sentí apartada de repente de tu mundo infinito. Ojalá hubieras luchado entonces, cuando aún me quedaban fuerzas. Ojalá hubieras gritado en medio del silencio, porque te habría escuchado.
Pensé que me habías olvidado, de veras que creí que si marchabas era porque ya no veías esa vida soñada junto a mí. Ojalá hubiera pesado más lo bueno, pero nos quedamos tanto tiempo esperando una señal, esperando que algo pasara, y lo único que pasó fue el tiempo.
Quizá algún día alguien vuelva a quererme, quizá un día vuelva a creer. Quizá la próxima vez no sangre, quizá alguien me cuide.
Lo habría dado todo aquel invierno que pasé sin ti para que volvieras. Pero no volviste. Pero no llamaste. Pero no quisiste. Y juro que morí aquel diciembre, que te lo llevaste todo, que no soy la misma desde entonces, que me vacié. Que creía que volvería a ser como antes de ti, de todo. Pero no, qué va, ya no soy la niña que conociste. Ahora soy una mujer rota, con un corazón que parece apagado. Ahora soy, coexisto con mi pasado, con el recuerdo que seguirá pesando así pasen los años.
Te dije que volverías a amar antes que yo, y quizá sea cierto. Yo no sé cuándo podré volver a hacerle frente a esa sensación de no saber sentir.
No sé si ganaremos o perderemos.
Fuiste el primero y pretendía que fueras el último. Ahora ya no habrá más inocencia. Ya no más promesas, no pueden volver a romperme. Me niego, renuncio a esto, al invierno, a tus ojos, al tiempo, a la esperanza de volver a querer, a nosotros, a ti. Renuncio a mí.

Porque no soporto recordarme tan feliz y saber que todo lo que tuve solo fue un efímero sueño. Maldito día en el que tuve que despertar. Malditas ganas mías de querer salir con vida del agujero en el que me metí. Maldito recuerdo, que siempre viene a decirme que mi presente aún no ha hecho las paces con todo lo que fui.

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