Ella era de las que se sentaban en última fila y pasaban desapercibidas. De las que mordían en bolígrafo al estar nerviosas. De esas que no se maquillaban y rara vez llevaban las uñas pintadas.
Ella más que de la copa, era amante de las letras. Y más que de la fiesta, lo era de las películas a media noche cuando empezaba a llover.
Mientras todas se refugiaban en las risas, ella lo hacía en los versos de cualquier poema que la arropara. ¿Rara? Tal vez, pero soñadora. Y creía que un día alguien llegaría y la salvaría.
Como en esos libros salvaban a la chica rara de su aburrida y triste vida para mejorarla.

Y cuando menos lo esperaba, como por arte de magia, como conspiración del destino, del cosmos o del cielo, el chico que jamás había buscado pero siempre había querido encontrar se cruzó. 
Quizá la chica se había salvado.
Y tal vez él fuera la razón. 

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