Qué vicio, el de colgarme en tu sonrisa.



Esos libros que hablan de caricias de terciopelo y besos imborrables no tienen ni puta idea de lo que es ver tu espalda desnuda sobre mi cama. Esos protagonistas disfrazados de perfección no miran como miras tú. Ni mucho menos hablan como lo haces tú. Sus gestos no transmiten insensatez, honradez, ni una pizca de picardía y a la vez ese toque infantil que llevas en tus movimientos.
Esas parejas no tienen ni puta idea de lo que es un beso tuyo, ni curarte las heridas. No saben de tu risa, ni de esa arruga que se te hace en la cara cuando te ríes a más no poder. Qué sabrán ellos de quererse. Ellos no te han cosido las alas ni te han tomado por la espalda cuando has caído al elevarte, al volar. Ellos no tienen ni idea de la sensación de placidez que se te incrusta en el pecho al caminar de tu mano por la ciudad. Ni saben de tu cara de bienestar cuando mis besos ruedan por tu cuello, tus orejas, por tu piel. No saben qué es mirarte directamente a los ojos mientras te muerdes el labio como pidiendo más. No tienen ni puta idea de lo que es apoyar la cabeza en tu hombro, sentados en cualquier metro, esperando la parada correcta. 
Qué sabrán ellos de caminos, destinos o de la vida. Qué sabrán ellos si no han sentido esas mariposas estallando en pedazos en el estómago al acercarse a milímetros de tu boca.
Dime tú quiénes son ellos, si no conocen la marca de tus mejores miradas, esas palabras preciosas. Si no conocen tus mejores besos. Esos tan lentos que hasta el tiempo se para a observarlos.
Dime tú qué van a entender ellos de tardes perdidas si no han tenido el valor de perderse por la curva de tu sonrisa, dime tú qué sabrán ellos sobre la felicidad. Qué sabrán ellos sobre el amor. Sin ti el amor pierde el sentido, y ellos aún no te conocen. 

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