'Feliz cumpleaños, Noelia'

He luchado con todas mis fuerzas para no hacerlo, pero ya ves, no ha funcionado. Aquí estoy. En un día tan importante para mí se me ha hecho inevitable  hablarte. Aunque sea a kilómetros y solo un papel sustituya mis palabras. Vaya, hace un año estaba subiéndome por las paredes de felicidad. Acababa de cumplir dieciocho años y pensaba que podría comerme el mundo. Estabas ahí a mi lado, con tus tres increíbles regalos y esa sorpresa que me pellizcó el corazón.
Y este año he estado rodeada de los míos, y me he sentido plena, bien, contenta, alegre, feliz.
Pero...No estabas.
He sido ingenua. O quizá esperanzadora. Creía que ibas a hablarme, te lo juro. Que ibas a poner un 'Felicidades', solo un 'Felicidades' y después ibas a marcharte. Pero no. Cómo ibas a hacerlo, Si nos tenemos prohibido hablar, por respeto a nuestros corazones. Para poder mantenernos a flote, aunque yo - tú no lo sé- esté hundida. Créeme, he vivido al máximo el día, nadie cumple años todos los días. Era mi día y ver que no estabas me ha matado. Ha matado a esa Noelia que guardo en el subconsciente, la misma que me susurraba: Aunque solo sea eso, va a felicitarte. Él no puede olvidarlo. Él no puede negarlo. Él no puede callarlo. 
Sé que no. Sé que la realidad es mucho más dura que la ficción. Sé que la realidad es que tú estás allí y yo aquí y que nos separan solo quince minutos, pero parece que nos separe un abismo. Un abismo enorme. Un vacío. Saber que hace una semana que no sé de ti. Que no sabes de mí. Que no sabemos nada. Has desaparecido. Sin dejar rastro. Sin dejar huella. Ni tan si quiera he podido verte.
Ni tan si quiera has estado aquí. No por nada, sino por la vida.
Me habría gustado que vivieras esto. Que hubieras sido partícipe de esa sorpresa que me han hecho, que me hubieras visto soplar velas. ¿Sabes lo que he pedido? Sé que estás cosas no se dicen, pero no creo que al destino le dé por pasarse por aquí. Le he pedido ser escritora. Que algún día alguien lea mis libros. Siempre has sido mi fan número uno. La persona que me decía: Noelia, tú puedes hacerlo. Tú vales para esto. El que leía mis cosas y me admiraba -o al menos, eso recuerdo- y me decía que podría con todo.  Siempre, con todo.
Esta vez la gran diferencia es que tendré que escalar sola. Y cuando la tristeza llame a mi puerta, cuando el fracaso se pose en mis hombros, y rechacen un escrito, un libro, o mi propio nombre, no serán tus orejas las que escuchen el llanto que acumule. Ya no podré reventar. No contigo. No contra ti. No serás tú quien diga: Que les den, habrá otra editorial que te quiera.
¿Sabes cuál era mi motivación cuando se acercaba septiembre?
Empieza una nueva etapa de mi vida y él estará en ella. Me apoyará en los exámenes de la universidad. Me vendrá a recoger, quizá, a la puerta, algún día, de sorpresa. Quizá él encuentre trabajo, y con el tiempo yo también, y podamos irnos a vivir juntos,  empezar esa ansiada vida. Ahorrar y viajar. Pisar Venecia, en poco tiempo.
Eran tantas las metas que quería conseguir junto a ti...Y ahora me veo sola, queriendo alcanzarlas. Me veo ante un precipicio, subida en un trozo de madera, jugando a sostenerme, rezando por no caer.
Y a veces me tropiezo. Caigo de rodillas. Sangro. Y no estás para recogerme. Porque la vida quiso que no estuvieras. Porque pasaron las navidades, como pasará San Valentín, como pasará nuestro amado marzo, tu fresco abril, ese mayo de fuegos artificiales, ese junio de hogueras, ese calor de julio y esa aventura de agosto, y no habrás vuelto. Y el tiempo será amargo. Quizá, a veces, dulce. Pero solo a ratos. Y me preguntarán: ¿Eres feliz? Y no tendré respuesta.
Nunca he sido tan feliz como cuando me abrazaban tus sentidos.
Como cuando te sanaba heridas.
Como cuando lamía tus miedos.
Como cuando nos teníamos, nos queríamos.
El frío nunca había sido un impedimento. Ahí estábamos abrazados al abismo, arrancándonos la piel a cosquillas, temblando, rozando nuestros labios al ritmo de una vida que avanzaba rápida y fugaz. Noviembre no nos había matado, pero esta pasada vez, sí.
Han sido dos años tan efímeros que me saben a poco. Tengo la sensación de que me ha faltado más. He necesitado tanto de ti, he pedido tan poco...
No podía quedarme. No querías quedarte. No sabíamos quedarnos. Tú por miedo, y yo por temer no poder superar esto. ¿Cómo coño se vive sin la persona que te daba la vida? ¿Si la misma razón que te la devuelve es la misma que te la quita?
¿Te habrás acordado de mí durante el día?
Quedan a penas dos horas para que deje de ser mi cumpleaños. Y sin quererlo miro el móvil. Como si él pudiera darme por ti una felicitación.
Me ahogan muchas cosas. La sensación de que este día ya ha pasado y lo especial que ha sido, que también ha resultado un poco triste.
Me ahoga estar sin ti. Pero es que no puedes quedarte. No podemos quedarnos.
No vas a volver. No vas a aparecer y vas a decirme: Me he dado cuenta de todo, no quiero vivir sin ti.
Si no quisieras vivir sin mí no nos habríamos tenido que decir adiós. Habríamos avanzado juntos.
¿Qué pasó por tu mente? ¿Cuándo decidiste que ya nada era suficiente? ¿En qué momento nuestros planes y recuerdos quedaron en segundo plano? ¿Cuál fue el día en que dijiste: 'No puedo más con esto?
Sé que el fallo no ha sido mío, sé que hice lo que tenía que hacer. Sé que me quisiste, también. Sé que lo nuestro fue real. Y quizá eso es lo que más duele. Tratar constantemente salir del mundo que habíamos construido.
Te he querido como a nadie. He luchado como nadie. Y me habría quedado siglos a tu lado, diciéndote una y otra vez, que si querías, podías cumplir tus sueños. Y seguro que los cumplirás. Aunque sea sin mí. Esa Noelia que conociste siempre estará orgullosa de ti. Siempre. Por todo lo que has sido. Aunque ahora parezcamos distintos, en realidad somos los mismos, solo que un poco más tristes.
¿Seguirás leyendo mis palabras?
¿Pensarás en mí?
¿Se hará eterno el camino que nos separa?
¿De qué forma se olvida el terremoto que ha causado la huida?





Con todo el dolor del mundo esta noche me despido de ti. Diciéndote que ojalá en estas horas sí que llegue ese mensaje. Ese 'felicidades'. Diciéndote que si no llega, aunque se me rompa el alma, sabré que en realidad, es lo que toca. Echándote de menos. Pero callándome todo el dolor.
Siento que no estés aquí.
Habríamos sido los más felices. Eso lo sé.
Te he querido, y aunque ahora no quiera decirlo, creo que mis letras hablan por sí solas.
Echo de menos a aquel chico que me traía bolas del mundo y soñaba junto a mí, el que me escribió ese diario durante un mes antes de mis dieciocho. Echo de menos el chico que me regaló la edición especial de mi película favorita. El mismo que con su torpeza me enamoró.
Te echo de menos, hoy como nunca.
Hoy como siempre.
Hoy.

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