jueves, 22 de enero de 2015

Hablo conmigo misma. A veces, hay que hacerlo.

Hola Noelia, soy yo. Tu otro tú. Esa Noelia que te habla en los momentos más duros. Esa Noelia que  te observa. Sé cómo te sientes. Sé dónde estás. Y sé que no habías estado así antes. Pensabas que todos los momentos duros de tu vida habían sido dolorosos. Pero te acabas de dar cuenta de que este es el peor. Que jamás habías estado así. Comes, pero mucho menos. Y ya nunca picas entre horas. No te apetece chocolate, ni zumos, ni si quiera un Colacao calentito. Estás ahí por estar. Y te levantas de la cama con un peso en el pecho enorme, solo porque es lo que debes hacer, levantarte. Enciendes la televisión cuando estás en tu cuarto solo para sentir voces, estar distraída y no quedarte a solas contigo misma. Porque duele hablar contigo. Conmigo. Y te maquillas para no llorar. Y sales para no estar en casa, porque las cuatro paredes de tu cuarto te encierran. Y toda distracción acaba agobiándote. Y sientes ganas de correr, escapar, irte lejos, solo para huir del dolor. Pero lo llevas contigo. Cuando sales y ves a tus amigos intentas ser la de siempre, haces bromas y te ríes. Incluso alguna risa es verdadera al 100%. Pero una parte de ti tiene presente constantemente el dolor. Y estás queriendo aprender a vivir con ese dolor. Piensas en él 24 horas. Y sabes que cada día es el mismo. No quieres escuchar lo que todos dicen porque la teoría ya te las sabes. Lo que más duele es la práctica, que se hace eterna. Aprietas los ojos fuerte, muy fuertemente. Te contienes y piensas: 'No llores, tú eres fuerte'. Pero tu fortaleza huyó en cuanto dijiste adiós. Y cómo te habría gustado quedarte en esos brazos para siempre, y que fuera una despedida eterna, para luego no tener que marcharte y estar vacía. No encuentras consuelo en mucho, y si lo haces, dura unos segundos. Es una realidad aplastante que te consume. Y tú luchas, y luchas, y luchas. Y te enfrentas. Y lo haces todo por no sentirte así. No quieres que duela pero...¿Cómo no va doler perder a la persona que se convirtió en tu vida? Si des del 2012 le has tenido. Nunca has dejado de verle, hablarle, tocarle, sentirle, abrazarle, o simplemente sonreírle. Y ahora no está. Y no te puedes enfadar ni si quiera contigo misma, porque no tienes la culpa. Nadie la tiene. Y echas tu ira aquí, en el papel, y pobre, él siempre soporta tus duras palabras. Y te abraza, el papel abraza tu miedo, aunque no lo sana. Ni escribir consigue hacerte sentir mejor. Dicen 'Es normal'. No, normal no es. Perder a una de las personas más importantes de tu vida no es normal. Es jodido. Es punzante. Y se te clava en el estómago. Y sí, me reconozco en el espejo. Sigo siendo esa niña de ayer, claro que sí. Mis ojos siguen brillantes, mi piel pálida, mis orejas respingonas, mi sonrisa torcida. Pero dentro de mí el mundo es diferente. Un nudo en el pecho. Suspiros constantes. Música que diga lo que diga te resulta triste. Y te subes al metro, claro que lo harás, con tus botines, que cuando caminas no dejan de hacer ruido. Y subirás la música cuando el tren arranque, para no oír el ruido de las vías molestas. Y pensarás hasta que llegues. 25 minutos de tu vida pensando. Pensando en si algún día volverás a verle. En si algún día podrás abrazarle con fuerza y decirle que nunca más se vaya. Y desearías que todo fuera diferente. No tener que irte. Tenerle siempre. Pero eso no pudo ser. No pudiste retenerle. No pudiste quedarte aunque quisieras con toda el alma. Y quizá es lo más doloroso que has hecho. Abrirle la puerta para que saliera a la única persona que le pedirías con lágrimas en los ojos 'Quédate'. Y llorarás, lo sé. Y mirarás el Whatsapp y te acordarás de mil y una noches en las que hablabais de Venecia y de locuras que hacer, de sitios que visitar, de planes que vivir. Y te acordarás de lo bueno que era el mundo visto desde las gafas de la felicidad. Esa felicidad que no ha querido quedarse.
Por la calle mirarás, hacia todos lados, y verás en cada rostro su cara, desearás verle, solo para saber que su barba sigue siendo igual de bonita, que sus ojos siguen siendo marrones verdosos, y que sigue llevando los mismos pendientes. Y quizá algún día le veas. Y tendrás que detenerte para no correr y abrazarle. Porque querrás abrazarle. Y le sonreirás. Y le dirás que te alegras de verle. Y tu corazón saltará del pecho. Y tendrás que aguantarlo para que no caiga.
Y es que quién no querría verle todos los días.
Ahora caminas por la calle, aparentemente tranquila, pero por dentro llevas una tormenta infrenable. Y ves en cada rostro sus ojos. Y le sonríes a un niño que se llama como él. Y una anciana tiene el brillo de sus pupilas, y también le sonríes. Como si de este modo él pudiera sentir que sigues sonriéndole. Y te preguntarás: ¿Cómo le habrá ido el día? ¿Qué juego nuevo probará? ¿Le gustará algún youtuber nuevo? ¿Habrá crecido en su canal? ¿Estará orgulloso de sí mismo?
Ay...Noelia, cómo te conozco. Y sé tu secreto: No eres tan valiente como pretendes. Pero le echas ganas a todo lo que haces. Te morderás la lengua, los dedos, para no hablarle. Y tendrás que girar y volverte cuando llegues algún día sin saber por qué hasta su calle. Lo harás, Noelia. Intentarás muchas cosas, intentarás hacer ejercicio, intentarás salir de fiesta, intentarás refugiarte en la lectura, en Youtube o en los estudios. Pero siempre habrá en tu mente una luz que se encienda y te traiga en formato de vídeos muchísimos recuerdos. Y su piel se te grabará en las pupilas. Y desearás acariciarle, como hiciste ayer. Te acordarás de su sonrisa y sabrás que eso era felicidad, y que lo demás son tonterías.
Y escribirás. Escribirás mucho. Intentarás vaciar ese dolor.


Te conozco, Noelia. Y sé que siempre has dicho ser fuerte.
Pero también sé que le querías con todo el alma.
Y que son más de dos años de recuerdos junto a él.
Y que vivir se te hará más duro.
Y que sonreír de verdad, también.

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