viernes, 2 de enero de 2015

Escribo porque es uno de esos momentos. Momentos en los que echas de menos. En los que te bloquean una soledad y una tristeza indomables. Escribo porque a veces me pierdo. Escribo porque te recuerdo tumbado dándome los buenos días con un beso, y recuerdo la primera vez que besé tu piel. Escribo porque recuerdo esos trenes y esas ganas de ir a ese parque de atracciones en pleno invierno. Escribo porque lloro y lloro porque pesa no poder abrazarte igual. Escribo los recuerdos que se escapan de mis manos, escribo como escribieron mis labios en tus piernas, en tu pecho, en tu espalda. En tus labios. A veces hablo con los recuerdos, y también a veces suelen contestarme. Ellos también nos echan de menos, pero permanecen callados, latentes. Miles de fotos y cartas podrían explicarte mejor que yo todo esto. Un sin fin de noches y juegos. Un sin fin de secretos y charlas sobre el universo. Demasiados recuerdos. Demasiados días. Demasiadas estaciones. Demasiada felicidad para ahora estar bien, entera sin tener ya todo esto.
Hoy es uno de esos días. Uno de esos en los que no sé estar, y no estoy. 
Uno de esos días en los que no marcaré tu número por cobarde, o porque sé que estás mejor sin mí.
Hoy es uno de esos días en los que me pregunto si esto también está en tu cabeza. Si durante algún momento del día tú también te quedas pensativo sin saber si quiera dónde tienes la mente. Me pregunto si tú también nos recuerdas y un dolor te aprieta el pecho con fuerza.
Me pregunto si alguna vez desearías que estuviera en ese sofá, con cualquier camiseta tuya, abrazada a ti, viendo cualquier película sin dejar de sonreír. Si alguna vez piensas en mis ojos, en mi manera de hablar, en mis locuras. Si alguna vez sientes ganas de desaparecer, o de venir a buscarme.
Me pregunto si esa Góndola seguirá con el brillo de siempre sin nosotros sentados en la misma mesa, en el mismo lugar, rodeados de distinta gente, pero sonrientes. Me pregunto si a ti también se te hacen duras las noches, el momento en que apagas las luces, y solo estáis la oscuridad, tus pensamientos y esa cama. Me pregunto si tú también lloras a veces, si tú también piensas que muchas cosas han dejado de tener sentido. Qué será de ese puerto sin ti y sin mí. Y sin mi voz cantándote. ¿Recordarás mi voz? ¿El sonido de mi risa cuando me matabas a cosquillas?
Escribo para no escribirte.
Y este invierno me grita tu nombre.
Y las calles a veces me dejan vernos, en un pasado, en un recuerdo, riendo.
Esa calle donde corrí, donde reíste. Esa calle perdida cerca de la Isla Fantasía, donde rojos como tomates, nos refugiábamos del calor. Bailando y riendo como si el mañana no fuera más que una palabra. Sin saber que un día ya no seríamos dos.
Me pregunto si estoy loca, o tú también sientes vacío el corazón.Si cuando pasan cosas malas aún piensas en contármelo o llamarme. Si me abrazarías con todas tus fuerzas.
Si alguna canción te recuerda a mí.
Me pregunto si hay besos más sinceros y apasionados que los que creábamos tú y yo.
Echo de menos hasta tu casa. Tu silla. Tu habitación. Tu ordenador. A ti, sentado al lado, aburrido, sin saber qué más enseñarme. Te echo de menos contándome locuras. O hablándome de fútbol. O videojuegos. Echo de menos que te rías.

Escribo aunque no deba hacerlo.
Porque siempre he sido de las que se dejan llevar por lo que sienten.
Y hoy te siento. Más lejos que nunca, más cerca que siempre.
Y te recuerdo. Recuerdo la mejor versión de ti. Y te echo de menos.

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