viernes, 9 de enero de 2015

Aunque sin mí estés bien, quédate.





Quédate. Como se queda siempre el mar cuando no quiere irse. Como se queda el invierno en el mes de enero, como se queda el silencio siempre detrás de la coma. Quédate. Como se queda tu recuerdo, quédate. Y abriga esta agonía, porque me está matando. Ven. Y cuéntame que no has podido vivir sin mí. Y cuéntame que te gusta que me ría. Y explícame otra vez esas historias que solo tú sabes, que solo conmigo compartes. Quédate. Podemos jugar a ese juego de azar que te gustaba tanto. Y a ver quién besa primero. Quédate. Quédate en mis sueños, no te vayas. El universo conspira contra mí y hoy te manda lejos, como si quisiera apartarme de ti cuando más te necesito. Dile a esta mala suerte que cambie su rumbo, que tú y yo caminábamos de la mano, juntos. Quédate. Y dale esa dichosa patada al miedo. Dime que has vuelto a leerme. Quédate y no lo dudes. Piénsame. Como se piensan las cosas que gustan, y devórame a sonrisas como hacías antes. Abrázame fuerte y di que sigo sin oler a nada, y que eso te gusta. Dime que las nubes de azúcar ya no son dulces porque no estoy, y que las norias han dejado de girar. Por favor, suplícame otra vez que no subamos a las atracciones que dan vueltas y vueltas, porque te mareas. Y dime sonriendo que me quieres, como aquel doce en aquel sitio que jamás he olvidado. Dime si nos merecemos un viaje. Dime si podemos irnos. Por favor, llévame lejos. No quiero estar aquí. Quiero que me alejes de todo esto y seamos solo tú y yo para poder decirte cuánto te eché de menos. Cuánta falta me hiciste. Cuántas veces no pude llamarte. Cuánto te quise. Déjame decirte que yo no soy valiente, y después quédate. Y no me preguntes nada, y no me des explicaciones, no quiero hablar del pasado ni tampoco del futuro. Dime que te sigo confundiendo, que te vuelvo loco. Que no se te ha olvidado mi pelo al viento. Ni esa playa, ni nosotros rodando. Ni el silencio. Dime que te acuerdas de aquellos días solos. Y aquella marea constante que chocaba contra las rocas de nuestras vidas. Dime que te has imaginado Venecia y que sin mí no tenía sentido. Aunque sea mentira y tú estés feliz sin mí. Aunque hayas dejado de entrar aquí, aunque te vayas sin querer besarme. Aunque ya no te duela. Aunque duermas por las noches y ni un solo momento aparezca mi nombre. Aunque hayas dejado de verme como la niña del hoyuelo en las mejillas y la locura metida en el bolsillo. Aunque sin mí estés bien. 
Quédate. 

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