Apocalíptico.

Le miré con la misma intensidad que se mira algo que se sabe que volará lejos. Le tomé por la espalda y lo atraje a mí hasta casi dejarlo sin aire.
- Vamos a salir de ésta, te lo prometo.
Me tragué las lágrimas. Un nudo se posó en mi garganta y un dolor inmenso en la parte superior del estómago. Promesa de azúcar.
- Tenemos tres minutos para llegar a la otra punta de la ciudad si queremos saltar la valla antes de que nos alcancen. Tú podrías llegar, corres tantísimo...
Me quedaré aquí. Yo no puedo. No quiero que me veas morir. Ve, corre.
Me miró. Nunca antes había visto ese brillo en sus ojos. Me estremecí de tal manera que empecé a temblar. Me temblaba el corazón y la fiebre había empezado a subirme.
- ¿Estás loca? No voy a dejarte aquí.
Me quité el collar que rodeaba mi cuello y lo puse en la palma de su mano.
- Prométeme que no me olvidarás. 
- No, no, no, no, no- se agarró del pelo y bajó la cabeza. Miró al suelo, confuso, con rabia, increíblemente enfadado consigo mismo- ¡Tú no te vas a quedar aquí! Ponte ese collar y echa a correr. Yo los distraeré hasta que...
- Eh- le cogí de las manos, de la cara, lo atraje hasta mí.- Sh- tomé aire, respirando profundo, ahora no podía verme llorar, tenía que ser fuerte- Corre hasta la valla y vete. Mira, ¿recuerdas todas esas veces que pensaste en una situación así, un momento así? Aquí está tu sueño. El mundo es un caos, pero tú eres el único que puede salvarse. Yo no formo parte del plan, mi vida. Yo no sé seguir esos pasos, no estoy en los esquemas. Tú aún puedes hacer historia.
- Cuando dije que quería compartir los momentos malos contigo también quería decir que los buenos serían parte de ambos. No voy a salir de esta isla sin vida si no estás tú. 
- Prefiero morir a que muramos los dos. Sálvate. 
- Ya nadie podrá salvarme, Kasya. Tú ya me salvaste. Ahora esto será una pura copia barata de la supervivencia. Lo que tú llamas vida dejará de existir en el momento en que te deje aquí. 
- Te quiero- susurré. Y un beso fugaz detuvo el tiempo. Un beso fugaz acabó con mi vida.
Sus pasos se alejaron tan rápidos que a dos simples parpadeos lo había perdido de vista.
Luché contra mi misma para no salir tras de él, corriendo, suplicándole que me salvara.
Nadie podría hacerlo ya. Me tumbé en el suelo, en medio de la calle, mirando las estrellas.
La última persona a la que había visto, tocado, hablado y besado era la única persona que salvaría.
- Ahora eres una leyenda- susurré mirando las estrellas- Yo ya te lo había dicho, amor. Tú eras el héroe. 
Suspiré al cielo, y las estrellas me miraron compasivas. Cerré los ojos. Ya oía todos esos pasos, todas esas bestias, acercándose al lugar donde me había quedado. Respiré tranquila, le habría dado tiempo a salvarse.
 Esperé, como quien espera que llegue el verano, a que la tortura me invadiera.
Apreté los puños y recordé su sonrisa por última vez, antes de perder la conciencia.
 Algo me había mordido. La vida humana consumiéndose, algo peor acercándose a mí.
El principio del fin. 

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