Salvar(nos).

- ¿Tú nunca has tenido miedo? ¿No el suficiente como para querer lanzarte al vacío?
Yel pasó sus piernas por la baranda y se quedó mirando el cielo. Parecía infinito.
- He sentido un miedo enorme muchas veces, un miedo oscuro- Ruan se acarició el pelo, pensativo y se acercó un poco más a ella- y nunca he hecho tonterías como la que estás a punto de hacer ahora. Pero sí he sentido cómo caía por un precipicio. Duele más aquello que crees que te sucede que aquello que te está sucediendo realmente. No hagas tonterías.
El silencio se apoderó de ambos. Casi no quedaban luces encendidas en la ciudad. Yel lanzó sus tacones e hicieron un ruido extremadamente fuerte cuando impactaron contra el suelo, bajo el puente.
- No puedes hacerlo- dijo con sinceridad, él.- Ojalá no tengas el valor de hacerlo.
Yel tragó saliva. No quería girarse, sabía que si lo hacía él la convencería para que volviera al suelo. Sabía que su mirada le daría ilusiones por las que borrar de su cabeza esos pensamientos suicidas que jamás le llevarían a nada.
- Siento que si me quedo un minuto más aquí acabaré destrozando la vida de todos los que me rodean.
- Tú no tienes la culpa de lo que le pasó a tu padre, Yel. Deja de culparte por todo, deja de creer que eres un jodido error. Entre un millón de posibilidades, algo, alguien, quiso que nacieras tú. ¿No lo entiendes? No tires por la borda todo lo que has conseguido durante estos años.
- ¿Y qué he conseguido?
- Muchas más cosas de las que crees.
- Veo mi futuro negro, Ruan, tengo miedo, mucho miedo.
Él suspiró y se acercó a ella. Puso sus manos sobre las de ella, sujetando con más fuerza aún la baranda. Ambos sintieron cómo sus corazones se aceleraban mínimamente y un escalofrío invadió sus espaldas. Ambos lo sintieron.
- Todos vemos un túnel negro, infinito, y creemos que no acabará.  Pero siempre hay un final, siempre se llega a algún lugar. Yo también tengo miedo, pero eso no hará que me rinda. No puedo permitir que eso sucediera.
- ¿Por qué te empeñas en salvarme? ¿Servicios humanitarios?
- Servicios del corazón. Hay algo que me obliga a querer salvarte, y no soy yo.
- ¿No eres tú?
- No sé qué hago aquí. He tenido un presentimiento, sabía que tenía que venir. Y te he encontrado. Llevo días viéndote, Yel, observándote. No sé qué es pero hay algo que me dice que no debo dejarte sola. Y, ¿sabes qué es lo más raro? Que desde que siento que debo protegerte, hasta yo mismo deseo hacerlo. Es como si algo hubiera hecho que te quisiera y yo ahora fuera feliz haciéndolo.
Yel sonrió y se giró un poco, para mirarle.
- ¿ No me estarás diciendo eso para que no salte, no? Me estarías salvando la vida para después destrozármela.
- Te estoy diciendo ésto porque siento que es ahora cuando debo decírtelo. No voy a destrozarte, Yel, estoy aquí para salvarte.

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