martes, 14 de mayo de 2013

Pensaba que esas cosas bonitas nunca serían para mí, pero.

Nunca había mirado tan fijamente a alguien jamás. Ni me había conformado con tenerle a dos centímetros de mí, con su nariz pegada a la mía, respirando el mismo oxígeno.
Me pensaba que esas cosas bonitas nunca serían para mí, que yo no podría encontrar a nadie.

El destino me la jugó.
Te cruzó el día menos esperado, en la hora menos esperada, en el sitio menos esperado. Me la jugó pero bien.  Y sin embargo, me siento tan bien que no cambiaría absolutamente nada de lo que ha sucedido hasta ahora. Tampoco cambiaría los meses en los que estuviste alejado de mí. 

Supongo que cuando quieres a alguien de verdad, acabas aprendido mucho más sobre la vida. Y sobre lo que supone aceptar a alguien que no es como tú y que no piensa ni comparte tus mismos ideales. 
Lo cierto es que nunca antes había sentido tocar desde tan cerca la perfección. Nunca me había gustado pincharme con una barbita de tres días o que me llamasen pequeña. Nunca antes me había gustado que alguien me tocara la barriga, o me cogiera por la cintura. Siempre me había dado miedo todo. Hasta que llegaste. Has derrumbado cualquier pasado que hubiera querido volver al presente y has destrozado todas las barreras que nos separaban. Todo ha sucedido tan rápido que algunos días todavía no me creo que esté contigo.
 ¿Alguna vez habéis sentido ganas de llorar cuando tenéis tan cerca lo que queréis que tenéis miedo a que acabe?
Ahora que tengo esos sueños bajo mi almohada me niego a que un día desaparezcan.
Me niego a que tú desaparezcas.

Si antes era cobarde, hoy me siento valiente. 
Si antes luchaba sola, ahora lo hago contigo. Pero jamás contra ti. 
Sonará soñador, pero espero no tener que echar nunca de menos tu olor. Ni el sonido de tu risa, ni tus ojos parpadeando a la velocidad de la luz, ni tus pestañas largas. Espero jamás echar de menos esa sonrisa, rozando sin querer mis labios, a mitad de un beso. No quiero tener que llorar jamás por ti si no es de felicidad. Quiero que nos escapemos lejos donde nadie pueda gritar nuestros nombres.
Sonará trágico, pero el mundo sin tus abrazos dejaría de llamarse mundo.
No me hagas jamás vivir en el infierno que supone no tenerte cerca.
Quiero consumir cada minuto a tu lado, llevar la cuenta de todos esos besos, para que después se nos olvide la cifra, y tenga que volver a empezar.  Solo perderme si es en ti, solo encontrarme si eres tú. No te pido contratos, ni seguros de vida. Me basta con que un día pueda despertarme al filo de tus labios y susurrarte un 'Buenos días'. Solo espero que un día ya no tengamos que imaginar un futuro porque ya estemos en él. 
Venecia nos espera, y la siento tan cerca...
Tanto. 













Si alguna vez dudas de si te quiero o no, lee todas y cada una de las entradas que hablan de ti, 
de mí, de nosotros. ¿Sabes? Los escritores no mentimos. No sabemos hacerlo. No podemos.

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