domingo, 13 de enero de 2013

Arriesgar o rendirse. Esa es la cuestión.




Mi destino, tu casualidad. Escucho la lluvia caer. Ese día llovía, ¿recuerdas?. Al principio no, pero el día era feo. Miento, no era feo, al menos no para mí, no para nosotros. Hablábamos de todo un poco, y llenábamos ese espacio que había entre el sitio donde estabas tú sentado, y el sitio en el que estaba yo, de palabras. Yo con miedo a que me besaras, tú con la intención de hacerlo. Un movimiento estúpido de cabezas tímidas que se acercan. Tu boca buscando la mía. Se estremece el corazón. Me pilla de sorpresa. Un te quiero tímido, pero que parece sincero. Tienes cara de niño cuando lo dices, pienso. Y sonrío. El mar espectador de nuestros primeros besos, el mar espectador de mi felicidad, de algo que empieza.
Un paraguas negro, que tú sujetabas, un paraguas tan grande, que en él cabían todos nuestros sueños. La primera vez que cogía tu mano, con firmeza. La seguridad de un principio sin final. Tu sonrisa. Tu: ‘deja el móvil ya’ al llegar al puerto. El parque en el que acabamos la tarde. Esas escaleras en las que tropezaste torpemente cuando te acercabas a mí. Tu: ‘Puedes reírte’. Yo reía porque era feliz.
Y recuerdo tanto…
Ca l’Arnús. Un árbol. Nuestras iniciales, esas fotos en las que no me gustaba cómo salía. Tus galletas príncipe para merendar. Las dudas. El hablar de cualquier cosa.
Era tan sencillo, tan fácil, tan transparente, que acojonaba.
Pompeu Fabra. Tus locuras. El momento en el que puse esa canción. Y he aquí me recuerdo favorito: tus labios cantando mi canción, tu canción, nuestra canción.
Un cine. Tu boca diciéndome que no sería la última vez que pisaríamos un cine juntos.
Yo pensando en mi venganza para la próxima película. 
Un banco en el Màgic. En el que me contaste tanto, en el que en realidad, pasamos bastante tiempo. Chuches. Tú, diciendo tonterías. Yo, sonriendo.
Esos mediodía en los que no quería dejarte ir. Para mí nunca había último beso, cuando te besaba, se me hacía difícil no querer hacerlo otra vez. 
Ese día en la playa, cuando tenías intención de levantarte y pude retenerte con besos.
Todas y cada una de las veces que jugaba a acercarme sin besarte, sólo porque me encantaba ver tu cara, sólo porque me encantaba que después me cogieras de la cara, delicadamente, y me acercaras a ti, besándome con fuerza, como si el mundo se fuera a acabar, a consumir, en un instante.
Era especial cada pequeño detalle, cada pequeña sonrisa.
¿Sabes cuál es otro de mis recuerdos favoritos?
Tú, poniendo en mi mano un collar con tu nombre. Un collar que no me he atrevido a ponerme otra vez, pero un collar que guardo con el mayor cariño del mundo.
Con decirte que el día en que tenías un examen de recuperación me puse el anillo que tengo con tu inicial para darte suerte…
Quizá sea todo esto una locura, quizá esté nadando en un mar en el que me ahogue después. Pero…
Los recuerdos están cerca, y aunque parezcan lejanos…créeme, no he vuelto a fijarme en ningún chico desde entonces. Nadie me da lo que tú me das con tu sonrisa, nadie.
Y si te miro es porque me encantas. Y si te hablo es porque me da igual el tema, la cuestión es que me haces sonreír con cualquier estupidez.
Eso es lo que me da fuerzas a continuar, a esperar. Esperar a que las cosas sean claras esperar a que no haya complicaciones, esperar a que estés preparado para saltar otra vez, para avanzar un paso más. Eres tú quien sigue dándome ese valor que necesito.
Eres tú el que sigue al otro lado de la balanza.
Y puede que desde que todo acabó otros hayan intentado entrar en mi vida, ocupar tu lugar, pero…créeme, ni uno ha logrado acercarse a ti, ni de lejos, ni de cerca. Todos los que han intentado ocupar el lugar han acabado sabiendo que yo no iba a dejar por el momento que nadie ocupara otra vez  mi corazón.
Porque no tengo ni puñetera idea de qué va a ser de nosotros. De si vamos a estar juntos, de si no, de si va a quedar en un bonito recuerdo o de si esto va a continuar. No sé si es una coma, un punto y seguido, unos puntos suspensivos, un punto y aparte, o un punto y final. Lo único que sé es que me muero por estar contigo.





















Mi vicio de hoy.

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