Cuando quise darme cuenta él ya estaba en mis sueños.

No vengo a hablaros del destino, ni de la vida. No vengo a hablaros de mí, o quizá sí, si podéis leer entre líneas. Ni si quiera vengo a a hablar de amor. Vengo a hablar de cambios. De caminos. De ángeles. De salvavidas.
Os vengo a hablar de como  una puta casualidad me cambió la vida, en cuestión de segundos. Vengo a hablaros de lo poco que me interesaba cuando le conocí, hace tanto que ni recuerdo cuándo. Vengo a hablaros de lo que significó para mí compartir el mismo oxígeno, como en cuatro meses alguien se convirtió en una parte de mi vida.
Cuando me reencontré con él estaba perdida. Mi verano fue bueno, es cierto, pero acababa de salir de muchas desilusiones. No tenía intención de fijarme en nadie, y creía que si me fijaba en alguien ese alguien sería nuevo para mí. Que equivocada estaba, cómo quise salir huyendo de allí. No era normal temblar al cruzármelo. No era normal pasar vergüenza si me lo cruzaba en las escaleras el segundo día de colegio, y bajar la cabeza para ocultar mi timidez. Pero las cosas surgieron así, de imprevisto. Hablaba con él y me daba cuenta de que en realidad jamás le había conocido, que nunca había pasado de una primera impresión. Y me cautivó tanto la manera en la que gesticulaba, me llamó tanto la atención su mirada perdida, que cuando quise darme cuenta ya estaba pensando en él, tumbada, por las noches, en mi cama. Cuando quise darme cuenta ya estaba todos los viernes ahí sentada, viéndole chutar una maldita pelota de fútbol. Cuando quise darme cuenta ya había memorizado su olor, y podía encontarlo por las calles. Todo fue tan estupendamente rápido que la magia resultó efímera. Magia que jamás se llegó a apagar. Nunca le he explicado a nadie lo increíble que me parece, nunca. Nunca le he contado a mis amigas que me encanta que escriba ' te hecho de menos' aunque sepa que el verbo echar, va sin 'h'. Y mira que yo soy delicada con eso de las faltas ortográficas...pero nunca me ha molestado en él. Que pronuncie la palabra 'así' como 'asín'. Nunca se lo reprocharía por el simple hecho de que cada vez que lo dice me hace sonreír. Pero lo cierto es que jamás le he contado a nadie mis inseguridades, mis: ¿Y si salgo corriendo de aquí?, mis: ' No quiero fijarme en él, Noelia, no puedes fijarte en él'. No. Porque simplemente es algo que no puedo explicar. Todo lo que no digo, suelo teclearlo. ¿Frustración? No. No es que no sepa decirlo, es que no sé decírselo a él. No ahora, no hoy, no en estas circunstancias.
No quería, os lo juro, no quería fijarme en él. No quería que me gustara pero sin embargo aquí me tenéis, escribiendo cada día sobre lo mismo, recordándome cada día que quizá él no piense tanto en mí. Y ojalá pudiera cambiar las cosas, ojalá todo fuera menos complicado, pero lo cierto es que me deshago si me mira. Y aunque finja ser una chica fuerte, aunque finja que no importa, aunque finja que no me molesta que no me hable, que me da igual pensar que no me echa de menos, lo cierto es que sí. Que sí me gusta que me hable, y me encanta que juegue a molestarme. Me gusta que se enfade y se muerda el labio para no sonreír. Porque no ha pasado un segundo desde que coincidí en clase con él, no ha pasado un segundo desde setiembre en el que no haya deseado besarle. Pero escribirle un ' si te hablo es porque te echo de menos' ahora quizá estaría de más. Ahora es un: ' Ten un poco de orgullo, Noelia. Hoy no le hables...'. Ahora es un constante: ' Ey, Noelia, no te ilusiones'. Y sí, para qué os voy a mentir, aún pienso en él. Y sigo pensando que sus ojos son del color más bonito que existe en este puñetero mundo. Y sigo creyendo en el destino,y en que si nos hemos encontrado ahora es por algo. Porque sigo pensando que lo que sucede es mágico, y aunque puedan llamarme ilusa, soñadora, aunque me alimente de ilusiones, aunque esto no sea real...creedme cuando os digo que cualquier excusa es buena para girarme y verle sonreír.
Porque aunque mi cabeza grite: 'no', hay una fuerza que me empuja a querer creer que 'sí'. Y aunque mi utopía perfecta aún sean sus labios mi realidad es tenerle a centímetros y no tocarle. Y quizá eso es lo que más se clava aquí dentro, el hecho de tenerle tan cerca. El hecho de ya ni si quiera disimular al mirarle, el hecho de que sé que cuando me mira a los ojos comprende mucho más de lo que digo en realidad. Y que si por algún extraño motivo sigue leyendo mis palabras, aún entiende mucho más de lo que jamás podría decirle. Es por eso que ya ni si quiera articulo palabra cuando le miro a los ojos, porque sé que él entiende mejor que nadie lo que pasa por mi cabeza en ese instante.

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