17.





Hoy me apetece hablaros de él.
Dicen que todo el mundo recuerda las cosas importantes de su vida en días importantes. Algunos lo comparan con la muerte, aquello que ves cuando estás a punto de morir. Otros, como yo, quizá el día de nuestro cumpleaños es cuando más pensamos en la gente que queremos.
Es por eso que voy a hablaros de él. Porque hoy lo he tenido más presente que nunca.
Mide más de metro setenta, y es moreno. Tiene el pelo rizado, pero jamás se lo dejaría largo. Pone una cara muy graciosa cuando sorbe la nariz, y siempre que tose tuerce los labios hacia un lado. Camina despacio, y curva un poco la espalda. El fútbol ocupa una parte importante de su vida, y sé, que es una pasión que siempre tendrá. No come, engulle, pero es graciosa la cara que pone cuando tiene hambre y le da vergüenza decirlo. Cuando te mira es imposible que no te ponga nerviosa, sus ojos marrones se clavan en ti. Cuando le da el sol puedes ver manchas verdes en ese marrón clarito que tiene, y cuando sonríe es imposible que por arte de magia no te haga sonreír también. Huele tan bien, que no me importaría que dejara su olor impregnado en mis peluches para dormir todas las noches con ese aroma. Me gusta cuando no sabe qué decir, y sus ojos miran desesperadamente hacia los lados, como buscando respuestas. Me gusta que se crea torpe cuando quiere decir algo, y que camine como pensativo. Como si pesaran sus pasos. Me gusta cuando nada tiene sentido y él se lo da. Es un poco cabezota, pero admiro su capacidad que tiene de entender la vida como si se tratara todo de un puzzle enorme. Como si todo fuera lógica matemática. Me gusta que sea diferente a mí, pero que necesite ser tan cariñoso como yo con los demás. Me gusta cuando se pone serio, y yo no puedo aguantarme la risa. Cuando sonríe sin decir nada y tú interpretas su sonrisa. Le da muchas vueltas a las cosas, y aunque a veces su cabeza esté hecha un lío, siempre piensa en qué será lo mejor para todos.
No os imagináis qué se siente cuando te coge de la cara mientras te besa, o cuando sonríe después de un beso y te mira a los ojos. No tenéis ni idea de qué es que os aparte el pelo de la cara si hace viento, o simplemente el sonido acompasado de sus latidos. No sabéis que es dormir a tres centímetros de él, ni respirar el mismo aire.
Él es tan diferente, que he llegado a dudar de que sea real. No tiene superpoderes, ni alas. No tiene la mirada de Zac Efron, ni los pectorales de Taylor Lautner. Pero creedme si os digo que no cambiaría ni sus ojos, ni su sonrisa por la de ningún otro chico del mundo.
Me gusta que no exista el tiempo para él si tiene un balón entre sus piernas, me gusta que no sostenga la mirada cuando está nervioso, incluso me gusta la cara de enfadado que pone cuando finge que algo le ha sentado mal, aunque sea mentira. Su cara de concentrado mientras hace un ejercicio de física, o simplemente la voz que pone cuando lee en inglés. Cuando se le nota si tiene cartas malas en el póquer, o sus miradas de complicidad.
Puede que hoy no le haya visto, puede que haya ansiado en todo momento verle llegar por ese puerto. Puede que ya no esté conmigo, y que se haya olvidado de lo que sintió un día por mí. Porque puede que yo no sea su último pensamiento por las noches, ni el primero cada mañana, y puede que cuando entra en ese colegio, ya no tenga las ganas de verme que tuvo un día. Puede que ya no espere a que yo vaya a ese parque los viernes, y que ya no mire si estoy o no conectada en el Facebook, o si esto en Línea en el Whatsapp. Puede que yo ya no sea importante, o al menos ya no tanto. Puede que ya no roce sus pensamientos, puede que ahora sólo sea una chica más en su vida. Pero me consuela la idea de que un día sus brazos rodearon los míos, y un día su boca era mi única religión. Me consuela saber que esos Te quiero una vez eran para mí, y que esas ganas que tenía de verle cada día, él también las tenía por verme a mí. Y me consuela saber que a pesar de todo lo que ha pasado, haya existido un pasado en el que apoyarme cuando cierre los ojos y busque sus abrazo y él ya no esté. Porque aunque ahora ya no exista un nosotros, hace algún tiempo, ese nosotros existió.








El puerto estaba vacío sin tu sonrisa, Raúl. Ojalá hubieras estado ahí conmigo.

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