viernes, 9 de noviembre de 2012

Absurdo sería pedir un te quiero de tus labios.

Me dejaste tirada, como se tiran esas bambas viejas a las que le tienes cariño pero ya te da hasta vergüenza ir con ellas por la calle. Me sentí sucia, pero no físicamente hablando, sino en mi interior. Sentí como todo lo que había estado construyendo en mi vida se derrumbaba poco a poco: primero ellos, luego ellas, y por último, tú. Todo por lo que había luchado, todo lo que había logrado, iba hacia atrás, como los cangrejos, como las olas cuando hacen el intento de regresar dentro del mar. Lo cierto es que siempre había sido así, yo siempre había alimentado a los demás con mis sueños hasta quedarme vacía. Regalaba mis ilusiones hasta quedarme sin.
Y es lo que me pasó contigo. Por eso estaba ahí, bajo la lluvia, sentada en la acera de la avenida dieciséis, con los cascos puestos, el volumen de mi ipod verde a toda pastilla, y mis esperanzas rotas. Llorando como si fuera una muñeca de plástico. Pero si las muñecas no lloran. Pero yo sí. Te eché tantas noches de menos, tantas, que hasta algunas veces me había planteado volver.
Ríete, te doy permiso. Yo también me veo inútil cuando me observo bajar por las escaleras con una sonrisa falsa pintada en la cara, pensando en que todo va a salir bien.Pero lo cierto es que el mundo seguirá dando vueltas, estando o no contigo y tu vida seguirá andando, así, a toda velocidad.  Sin mí, sin un nosotros. Y qué tristes suenan los poemas de amor cuando no estás tú susurrándomelos. Qué triste es mirar todos los libros, los poemas, las fotos, las cosas que me diste. Qué triste.
Pero lo cierto es que fui tu juguete preferido, eso no puedes negármelo. Siempre me escogiste a mí para jugar más rato...creo que hasta pudiste pensar que me querías. No me equivoco,¿verdad? Lo convertiste en un juego por miedo. Miedo a...¿que saliera bien? Porque algo tan grande sólo podía salir bien. Por eso me convertiste en la segunda. Porque sabías que siempre he sido la primera, y eso te acojonaba. Aunque la vieras cinco veces más que a mí por semana, sabías perfectamente que deseabas que esos dos días en los que estabas a mi lado llegaran. Porque te sumergías en mis besos, entrelazabas nuestras manos y te sentías el chico más protegido, más feliz y más querido del mundo.
Sabías que te amaba como a nadie...



Por eso te fuiste y me dejaste tirada. Avenida
dieciséis, la de besos que habrá presenciado esa calle.  Ojalá pudiera pedirle un trozo de ese recuerdo, ojalá, para tener nuestros besos guardados, almacenados, y vivirlos cada vez que quisiera, cada vez que te echara de menos. Pero es tan inútil como pedirte a ti un te quiero.
Es tan inútil como desear regresar al pasado. Es tan inútil como querer que admitas, que en el fondo, ambos sabíamos que estabas tan
enamorado de mí como yo de ti.

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