domingo, 18 de noviembre de 2012

Sube a mi cohete.

Sabes que siempre ponía un ''te quiero'' acompañado de un ''jajaja'' para quitarle seriedad. O un ''te he echado de menos'' al lado de un ''xd'' como símbolo de estabilidad. Como si así las palabras no sonaran tan reales, como si así no pudieras huir de mi lado. Siempre odié las despedidas, y sobre todo si tenía que despedirme de ti. ¿Cómo puedes besar unos labios por última vez si sabes que hasta dentro de dos horas no vas a poder volver a hacerlo? No había límites entre mi cabeza y mi corazón, siempre supiste que caminaban en direcciones contrarias. Pero no te importó. Te sentabas a mi lado y me acariciabas el hombro, y te sentías el hombre más rico del mundo porque me considerabas oro. O eso decías. ¿Como mis rizos, no? Te bastaban dos minutos para convencerme de un ''te quiero'' con tus besos. Sabes que me costaba mucho hacerte saber lo que sentía. Sabes que siempre me hundo. Y sabías entonces que mis ''te quiero'' eran muy verdaderos. No te importaba que me volvieran loca los perritos chiquititos, y que el mar fuera mi símbolo. Tú siempre estabas abrazándome, cubriéndome con tus brazos y tapando la marea que se abalanzaba sobre mí. Nunca dejaste que me ahogase. Siempre tu aire me daba lo que necesitaba para respirar. BumBumBum ¿lo oyes? tú siempre lo oías. Mi corazón, acompasado, contra tu pecho. Sabías que detestaba las parejas que hacían promesas eternas con candados atados en un puente, típicos imitadores del amor de las películas. Yo prefería hacer locuras. Y tú también. Rompíamos con todo lo establecido...y sí, suena a novela rosa, pero lo cierto es que eso éramos. Esos polos opuestos con complejo de imán que a veces se repelaban y otras se buscaban incondicionalmente. Tú y yo, esos éramos tú y yo.

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