Si caes, curaré tus alas.

Nacho la miró delicadamente. Raquel estaba guapísima. Bajó ligeramente su tirante negro y le besó el hombro. Ella se estremeció bajo el tacto de sus labios. Nunca nadie le había hecho sentir tan viva.
Miró el mar mientras los labios de Nacho se alimentaban de su cuello. Quería detener el tiempo en ese instante. Él la miró a los ojos y por un momento, sin decir nada, ya se lo dijeron todo. Nacho estaba seguro de que Raquel era todo aquello que no buscaba. Era caprichosa, a veces parecía antipática, y sonreía sólo cuando a su corazón le parecía adecuado hacerlo. Lo controlaba todo y lo planificaba todo, segundo a segundo, temiendo que su vida se pudiera desbordar en cualquier momento. Nacho era más alocado, él improvisaba a cada momento. Raquel también sabía que Nacho era su polo más opuesto, pero le encantaba el sonido de su risa, la manera en la que sorbía la nariz, incluso la manera de dar la mano. No había nada de Nacho que pudiera detestar, porque Nacho era todo lo que ella no era. Tendríais que haber visto cómo se miraban. El cielo bajaba ante ellos para inclinarse. Era algo tan mágico...casi celestial. Nacho la besó. Los labios de Raquel temblaron y por un momento, parecía ver la escena desde fuera. Pero sabía que esos besos tenían que ser reales, no podía ser de otra forma. Almacenó el tacto de su lengua, el olor de sus camisas, hasta el más ligero punto negro de la cara de Nacho en su cabeza. Por si un día tenía que recordarlo. Por si un día sus planes fallaran, sus cálculos se desvanecieran y su vida se desmoronara. No se equivocaba. Raquel sabía que él se iría. No puedes estar atado siempre a algo tan estático. Nacho acabó volando. Quizá la quiso más o menos que ella a él, quién sabe. De todos modos Raquel esperó que volviera cada día. Aguardaba silenciosa, detrás de su carpeta, tras una sonrisa verdadera. Raquel siempre cuidaría a Nacho. Ella tenía una teoría, y es que...aunque el volara, si un día caía, ella podría curarle las alas.
No, Raquel no fue tonta, Raquel simplemente maduró. Raquel guardó en su corazón las palabras bonitas, las fotos, los recuerdos, todo...y eso la hizo más fuerte, más grande. Raquel sonreía con el corazón y no con la mente. Quizá era eso la que la hizo ser tan grande. Porque yo siempre estuve enamorado de Raquel, y porque sé que si ella cae, yo también estaré ahí para curar sus alas.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Ni novios, ni amigos, ni colegas. Somos lo que el tiempo deja.

Si algún día te preguntan por mí.

Palabras que te mereces aunque no lo sepas.