domingo, 13 de diciembre de 2015

Rota. Y por qué no.

Tiemblo.
Me trago las lágrimas y tiemblo.
Me agarro el corazón y tiemblo.
Me miro en el reflejo y tiemblo.
Todos los miedos afloran, se deshace el silencio y un gemido de dolor me rompe la garganta. Hacía mucho tiempo que no temblaba así.
Me da miedo supongo, porque si volvieran a atravesarme no podría renacer.
Porque prometí que nadie más podría romperme y me he roto.
Porque ya no tengo las cosas tan claras.
Porque este momento es precisamente el que me recuerda por qué no quería volver a darle a nadie el poder de destruirme.
Porque me caigo otra vez y ya no hay alas que salven la distancia de mi cuerpo y el infierno.
Porque estoy siendo sincera, y sinceramente muero.
Ya no recordaba lo que es sentirse hundido. Ya no recordaba lo que era temer perder. Ya no me recordaba débil.
No me recordaba desnuda arañándome la piel.
No me recordaba sangrando.

Siempre he perdido en todos los juegos, esta vez no iba a ser menos.
Me destierro de este silencio
y vuelvo a la botella de siempre
para volcarla
y tirar encima de mí
todas las culpas.

Me siento sin ganas
ya no creo en el tiempo
siento haber descubierto
lo que sabía desde un principio,
que no era solo mía la batalla.
Que aún quedaba el recuerdo
y las ansias,
que amenazaban firmemente
con romperle todos los mapas.


Qué injusta tu balanza
cuando pasas por alto
todo lo que siempre
he dado
y equilibras nuestro presente
con tu pasado.


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